El hombre sin boca nunca pudo expresarse con palabras. El hombre sin boca no fue un niño sin boca. No recordaba cuándo fue, pero un día despertó y no tenía boca para expresarse.
Un pequeño, pero sentido, homenaje al señor Stephen King y a su libro Mientras escribo, una delicia de la que toma la premisa propuesta por su autor de relatar una historia en base a una idea proporcionada por King dejándose llevar por la improvisación. Veremos si mi cepillo es capaz de desempolvar un fósil con algo de dignidad. Que lo disfrutéis.