Generalmente hay que esperar a tener una cierta edad y experiencia antes de ponerse a dar consejos. El problema es que como siempre se aprende, nunca es el buen momento, y al final te vuelves viejo y raro. Es por ello que he decidido adelantarme a mi tiempo y recopilar este humilde decálogo para que sirva de guía a los protoescritores que vienen por la página. Espero que sepáis sacarle provecho.
Dejadme que os cuente una historia, una cierta, la de un niño que se quedó encerrado en el cuerpo de un hombre de tanto escuchar chismes de viejas, antiguas leyendas y crujidos de huesos prisioneros en el cabecero de su cama.
La literatura circula, silenciosa, al lado de nuestras vidas, y a veces se muestra para darnos una pequeña lección de su arte sutil donde menos lo imaginamos. En esta ocasión ha sido en el Taco del Mensajero