El leñador y la ninfa


Relatos de Fantasía

22-11-2002 12:59
Por: Gandalf_Mithrandir

Encontrado en: http://www.ociojoven.com/article/articleprint/169116/

Otra leyenda galaica.

Hace mucho tiempo vivía un leñador muy pobre que tenía como una de sus pocas pertenecias una vieja hacha de hierro oxidado. Cierto día, el leñador se levantó como siempre hacía muy temprano y se dirigió al bosque. Allí se paró a beber de un lago muy bello y plácido. Pero la fortuna le jugó una mala jugada y su preciada hacha se deslizó de su cinto y fue a caer a las profundas aguas del lago. El pobre leñador se puso a llorar del disgusto, pero inesperadamente una hermosa ninfa emergió de las aguas y miró piadosamente al hombre.

-¿Qué te pasa? -le preguntó con una hermosa y clara voz.

El leñador tragó saliva y le narró lo ocurrido, así que la buena ninfa sintió pena por el mortal y tras sumergirse en el lago le enseñó una hermosa hacha de plata.

-¿Es ésta? -preguntó el hada.
-No -respondió el leñador-. No es esa.
-¿Y ésta? -dijo la ninfa alzando un hacha de oro puro.
-Tampoco, señora ninfa -contestó el leñador.
-Tal vez sea ésta -dijo de nuevo la ninfa, esta vez mostrando un hacha de oro y diamantes.
-No -dijo por tercera vez el leñador.
Finalmente, el hada volvió a submergirse en el agua y volvió con el viejo hacha del hombre.
-Es ésa -gritó con alegría-. Ésa es mi hacha.

Entonces, la ninfa vio que el leñador era un hombre honesto y bueno y, en compensación, le regaló las tres hachas, además de devolverle la suya.

Aquella misma tarde, de regreso a su casa el leñador se encontró con un amigo suyo. Se trataba de otro leñador, pero era un hombre codicioso y mentiroso. El buen leñador le contó la fabulosa historia que le aconteciera poco tiempo antes, y su codicioso amigo vio la oportunidad de hacerse rico. Así pues, el avaricioso hombre cogió su hacha y fue a junto el lago, donde, todavía titubeando un poco, la arrojó. Al instante, la ninfa reapareció y le preguntó al leñador qué le ocurría, pues simulaba sentir una gran pena. El leñador le contó lo sucedido y la ninfa le enseñó las hachas de plata y la de oro, de las que el hombre negó ser propietario pero, en cuanto vio la de oro y diamantes no dudó en afirmar que era suya. Esto enfureció a la ninfa y, por causa de su falta de honestidad y su exceso de codicia, el leñador se quedó sin las hachas, incluida la suya.

 

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