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Una de ciencia ficción muy al estilo Star Wars. Se trata de los dos primeros capítulos de un libro que escribí hace mucho tiempo
CAPÍTULO 1º: Crisis en Chaos
Era media noche en la mitad norte del planeta Chaos. En Roth, uno de los desiertos más inmensos de toda la galaxia del norte, los slugs, gusanos gigantes de los desiertos, salían de las arenas para comer algún que otro tiggeter, tigres humanos que se daban en estos parajes. De las aguas del lago salían a la superficie peces con sus grandes, altos y espléndidos saltos, produciendo una gran cantidad de espuma al volver a caer al agua. En este lago se reflejaban las dos lunas que se poseía el planeta, Eros y Tánatos. Todo parecía ir bien en el planeta, pero los problemas no tardarían en aparecer, unos problemas que cambarían todo el curso de la historia no sólo de la galaxia del norte, sino de todo el universo.
En la F.D.C., Fuerza de Defensa de Chaos, nadie paraba un momento de trabajar. Los chaositas entraban y salían por las puertas automáticas. Los chaositas eran unos seres particulares de color rosa con unas antenas que se encontraban en dos zonas: unas encima de la cabeza que eran importantes para la actividad mental y otras en las mejillas, relacionadas con el equilibrio. Poseían dos ojos colocados en un único hueco ocular y sus manos contaban tan sólo con tres dedos. El capitán de los chaositas regía los trabajos de sus subordinados. Así llegaban noticias de todo tipo:
-Señor –dijo uno de sus hombres-, otro slug se ha comido un tiggeter.
-Vaya, estos siempre nos dan problemas. Hay que tomar serias medidas o los tiggeters acabarán extinguiéndose. En fin, intensificad las vallas protectoras.
-Sí, señor.
Los hombres siguieron continuamente con su trabajo hasta que, de repente, el radar empezó a emitir una extraña señal que provenía de unos 1000 Kilómetros del exterior del planeta Chaos. Se trataba, indudablemente, de una nave nodriza alienígena. La señal proveniente del objeto no identificado era muy contundente, lo que significaba que era de algo de proporciones gigantescas.
-Señor –dijo de repente un soldado-, se acerca una nave espacial.
-¿Quién será? –se preguntó el capitán-. Bueno, diles que se identifiquen.
-Sí, señor.
El soldado se acercó a la radio y mandó una señal al vehículo. Un tiempo después llegó la respuesta, que decía: CALLAOS, IMBÉCILES, EL PLANETA ES NUESTRO.
-¡¡Señor!! –exclamó el soldado-, quieren conquistar nuestro planeta.
-Prepárense para el ataque.
Los chaositas apretaron una serie de botones e ipsofacto surgió un gran cañón energético en el exterior de edificio. El cañón empezó a acumular energía para más tarde disparar un poderoso rayo láser. El rayo energético salió del planeta y se estrelló contra la enorme nave alienígena, pero no tuvo ningún efecto. Mientras, en Chaos, todo el mundo estaba preocupado, ya que la nave espacial debía de ser poderosísima.
El navío estelar se colocó enfrente de Chaos y en su base inferior se abrió una compuerta de la que surgió una especie de cable con una ventosa que se lanzó al planeta. El cable no tardó en llegar al planeta y su ventosa se pegó a la fuente energética principal de la F.D.C. y empezó a absorber su energía, que se acumulaba en generador central de la nave. Los dispositivos de control de energía aullaron y los chaositas miraron asustados cómo descendía la energía. Una vez que toda la energía se hubo agotado, se conectó la fuente de energía alternativa y la sala entera se iluminó. El capitán esperó:
-A ver lo que ocurre –les dijo a sus hombres-, ahora estamos en manos de esos extrachaosianos.
El interior del navío estelar era tétrico. Estaba lleno de pasadizos oscuros y de esqueletos. Tenía pozos infestados de monstruos hambrientos y horribles. Los componentes del vehículo eran igual de tétricos. Se trataba de unos seres gruesos, con grandes músculos, cuernos y colmillos. Los ojos mostraban una crueldad inmensa y mucha maldad. El que parecía el jefe, el más tétrico de todos ellos, dijo:
-Prepárense para la inversión de los fotones, vamos a destruir el planeta.
-Sí, señor.
Las criaturas empezaron a pulsar una serie de botones y de palancas. De este modo una voz femenina y robótica se escuchó en la computadora diciendo: INVERSIÓN DE LOS FOTONES COMPLETADA, LISTO PARA EL NIVEL 2. Los horribles monstruos apretaron otros botones y, en la proa de la nave, surgió un poderoso y espectacular cañón.
-Señor –dijo un soldado-, el cañón de fotones invertidos ya está preparado, cuando quiera arrasamos el planeta Chaos. Amo Mutator, espero su orden.
-¿Eh?¡Oh, sí! Bien, disparen el rayo fotonético invertido –dijo Mutator..
Uno de las criaturas respondió y apretó un botón, con el que un rayo surgió del cañón y se estrelló contra Chaos, que empezó a sufrir transformaciones y cambios de color y luz antes de, simplemente, desintegrarse. Todos empezaron a reírse a carcajadas y cogieron botellas de mouth, una bebida muy fuerte que solían beber estas criaturas.
-¡Je, je! –rió Mutator-, este es el principio de una serie de victorias que nos llevarán de nuevo al poder. ¡Nos vengaremos de todos los seres del universo!, excepto de Engendrus, nuestro liberador. Entremos en el hiperespacio, ya me tarda nuestro dominio de todo el universo. ¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja!
Súbitamente, el navío estelar desapareció por la velocidad alcanzada al entrar en el hiperespacio, dejando tras de sí el lugar donde debía estar el planeta Chaos.
CAPÍTULO 2º: La reunión
En Obradoiro, la Tierra, se estaba celebrando una reunión muy importante que versaba sobre la destrucción del planeta Chaos. Estaban reunidos allí los representantes de todos los planetas miembros de la Unión Estelar, una organización que trataba de resolver distintos problemas del universo por medio de una serie de agentes especiales que se enfrentasen a ellos. El presidente de la Unión Estelar era un humano llamado Tomas “O Ferreiro”. A pesar de sus limitaciones psíquicas, propias de los humanos, él había conseguido, por medio de un trabajo muy duro, eso sí, ser la criatura más inteligente de la galaxia.
Al lado de Jhon Smith, un humano, se hallaban sentados un hombre-perro y un mink, ser que tenía por cabeza una calavera llena de ojos. El presidente de la Unión Estelar se levantó de su sillón y habló:
-Bien –comenzó-, hubo una gran catástrofe en el planeta Chaos: se destruyó extrañamente. No tenemos ni la más remota idea de lo que ha ocurrido allí ni de los motivos que llevaron a sus atacantes a hacer tal cosa –después señaló y se dirigió al hombre-perro-. Ork, lea su documento.
-Sssí, ssseñññorrr –respondió y, justo cuando lo iba a hacer, lo detuvo Jhon.
-Nada de eso –dijo-, usted habla muy mal el idioma humano. Leeré yo el documento.
-Cccommmo qqquierrra –dijo Ork, y le pasó su libro de notas.
-Vamos a empezar... ¡ejem! –Jhon miró la libreta, pero como estaba en el idioma del hombre-perro, no entendió nada-; bien, no tengo ganas de leer, lea usted, Ork – y le devolvió su libreta.
-Elll ppplllannnettta fffue dddessstttrrruidddo ppporrr ccconnn unnn arrrmmma dddesssccconnnocccidddo, fffotttonnnes innnvvverrrtttidddosss.
Tanin, un joven, inteligente y fuerte remuliano se sobresaltó al oír lo de los fotones invertidos. Los remulianos eran una especie que se caracterizaba por su falta de nariz, colomillos medianos, cuernos pequeños y por ser unos magníficos guerreros.
-¿Fotones invertidos? –preguntó-, ¿es eso lo que ha dicho?
-SSSí, esss essso lllo qqque dddijjje.
-¿Qué ocurre, Tanin? –preguntó Tomás, el presidente-, ¿sabe lo que pasa?
-Puede que sí.
-¿Y qué es?
-Sólo es posible que haya una raza en el universo capaz de realizar los fotones invertidos –comenzó el extraterrestre-, pero esos seres debían de estar encerrados en la zona oscura de mi planeta, Remulón. Es una historia muy larga:
“Hace mucho tiempo los remulianos vivían en paz hasta que llegó el sentimiento de destrucción. Los remulianos sufrías ataques de ira que los llevaban a destruirse mutuamente. Así llegaron a la conclusión de que poseían una parte oscura que les obligaba a actuar de ese modo tan brutal. Los antiguos remulianos intentaron por todos los medios redimir su parte oscura, pero el sentimiento de destrucción que ésta les provocaba era demasiado fuerte, con lo que se sucedieron muchas guerras entre los remulianos”.
“Al final, nuestros antepasados decidieron que la única forma de deshacerse de la parte oscura era exteriorizarla. Así, tras un entrenamiento muy duro, los habitantes de Remulón lograron echar fuera de sí a su lado oscuro, formándose unas criaturas llamadas remulianos oscuros, mucho más tétricos y malvados. Entre mis antepasados y aquellos monstruos surgió una guerra que duró, exactamente. 3000 días y 3000 noches”.
“La guerra la ganaron mis antepasados y, a los remulianos oscuros los encerraron en la zona oscura de Remulón. Por eso, compatriotas, esos seres tuvieron que ser liberados, voluntariamente, por alguien o por algo”.
-Ya veo, Tanin –dijo Tomás tras escuchar la historia-, y... ¿cómo los vencieron?
-Bueno, parece ser que aquellos entes no eran muy inteligentes.
-¿Qué? –saltó Jhon Smith-, ¿saben generar fotones invertidos y no son muy inteligentes? Realmente no lo entiendo.
-Bueno –dijo Tanin-, según cuenta la leyenda, descubrieron los fotones invertidos de pura suerte.
-Habría que hacer algo –dijo el presidente-, ¿propuestas?
-YYYo cccrrreo qqque dddebbberrríammmosss mmmannndddarrr a alllggguiennn fffuerrrttte y ágggilll –dijo Ork
-Y además que sepa algo sobre esos seres –propuso Fill, el mink.
-Alguien como yo –fanfarroneó Carl Washington, otro humano, que se encontraba sentado enfrente de Tanin.
-No creo que sea buena idea –rechazó Tomás.
-¿Por qué no?
-No eres lo suficientemente bueno para la misión, y además, no sabes nada sobre esos monstruos.
-¿Qué no soy lo suficientemente bueno para la misión? –protestó Carl-, ya has visto lo que mejoré en los últimos días. Y sé más de lo que te imaginas sobre esas criaturas.
-He dicho que no –dijo Tomás.
-¡Te acordarás de esto! –gritó Washington a la vez que se levantaba de su silla.
-Como no se calle ni se siente le echaré. ¡¿ESTAMOS?!¡SIÉNTATE!
-¡Me importa un bledo marcharme!¡Estoy harto de ti, presidente!
-Márchese.
-Como quiera, Tomás –dijo burlonamente Washington-, me marcho.
Carl Washington se levantó de su silla, golpeándola, y salió de la habitación dando un enorme y sonoro portazo que retumbó por toda la sala.
-Fuimos inesperadamente interrumpidos por ese imbécil de Washington –dijo el presidente-, ahora voy a deciros quien, a mi juicio, debe ser el líder de la Unión Estelar: Tanin.
-Gracias, señor –respondió Tanin-, intentaré hacerlo lo mejor que pueda.
Jhon Smith se quedó mirando a Tomás durante un rato y, cuando todos se fueron, se acercó a él.
-¡Jhon! –exclamó “O Ferreiro”-, ¡qué sorpresa!¿A qué viene tu visita?
-Bueno, era una pregunta.
-Adelante.
-¿No me escoge a mí como la última vez? Supongo que eso significa que no es algo tan trivial como aquella ocasión. Parece grave.
-Así es –dijo Tomás-, creo que el universo está en crisis. Sabes que si fuera algo de menor importancia te escogería a ti, pero la situación no es así. Tanin es más inteligente que cualquier otro remuliano y, por supuesto, humano. Además, él sabe mucho más que nosotros de esos horribles monstruos.
-Sí, tiene razón. Me fascina la inteligencia de los “Gallegos”.
-Mira, Jhon –siguió el presidente-, eres un gran guerrero. Te adaptaste muy a las costumbres milenarias de los “Gallegos” y aprendiste de sus técnicas de ataque y defensa. Por eso he decidido que seas tú el capitán segundo de la Unión, ¿qué te parece?
-Muchas gracias, presidente.
Jhon salió de la sala de congresos y se dirigió, dando una pequeña vuelta, al café bar de la Fundación Tomás “O Ferreiro”. Allí vio a Tanin sentado en una mesa. Cuando a éste se le acercó un camarero, le pidió un regullón remuliano, una especie de café de dicho planeta. Jhon pensó que sería una buena idea entablar amistad con Tanin, ya que iban a ser compañeros en la misión que les había sido entablada, así que el terráqueo se acercó al remuliano. Al principio no se decidió a hablar con él, ya que los remulianos tenían fama de ser muy poco amigables y muy rudos, por lo que tenía miedo a que Tanin le gritase o le insultase diciéndole que le dejara en paz, pero al final Jhon tuvo el valor suficiente para hablarle:
-Tanin –dijo-, pienso que, ya que vamos a ser compañeros en la misión, deberíamos saber más cosas de nosotros, hacernos amigos, ya sabes tú lo que digo.
-Te comprendo, y tienes razón. Te invito a tomar algo. ¿Qué quieres tomar?
-Un café colombiano, gracias.
-De acuerdo. ¡Camarero!¡Un café colombiano para mi amigo, por favor!
-Por supuesto, señor –dijo el camarero.
-Tanin –empezó Smith-, eres más amable de lo que creía. Yo creía que los remulianos eran rudos para la amistad y todo eso.
-Bueno, eso es porque...
-¡Smith! –dijo Washington interrumpiendo a Tanin-, me alegro de verte. Fuiste tú el elegido para ser el líder de la Unión Estelar, ¿verdad? Pues me alegro por ti.
-Lo siento, Carl –respondió Jhon-, pero no lo fui yo. Lo fue Tanin, y con muy buen criterio.
-¿Qué?¿Ese extraterrestre asqueroso? No lo puedo consentir.
-Ya basta, Carl –advirtió Jhon.
El camarero llegó con el café colombiano y el regullón remuliano junto a Tanin y, cuando Washington vio que le pedía la cuenta al habitante de Remulón, le tiró al duro, rígido y frío suelo de un fortísimo empujón. El café y el regullón se derramaron por todo el suelo y las tazas se quebraron en miles de pedazos pequeños y cortantes. Tanin se levantó rápidamente, tirando la silla en la que estaba sentado. Sus ojos echaban chispas y su boca se había tornado en una mueca de furia.
-¿Cómo te atreves a hacerle eso? –preguntó gritando-. Págale ahora mismo lo que le has tirado, y también el daño que le has ocasionado al arrojarle al suelo.
-NO QUIERO.
-Como quieras –dijo el remuliano-, salgamos fuera.
-¿Cómo?¿Quieres pelear conmigo? Te voy a dar una paliza.
Tanin salió del bar seguido de Carl Washington. Después se situaron uno delante del otro, observándose, midiéndose. Carl se sacó su pesado jersey, y mostró su camiseta corta, resaltando sus musculosos brazos. Tanin se mantenía serio, mientras que el humano tenía dibujada en su face una sonrisa diabólica. Tanin le señalaba a Carl que podía atacar por donde quisiese. En ese momento se lanzó al remuliano. Éste, sin más, realizó un magnífico salto por encima del humano, fruto de sus entrenamientos de kárate remuliano. Cuando éste cayó de tras de él, le dio una patada en la espalda. Carl se enfureció y se lanzó a Tanin, pero el segundo, con una gran llave, le tumbó. Washington se enfureció aún más y extrajo de su bolsillo una enorme navaja.
-Mira el regalo que tengo para ti –dijo entre enfurecido y entre risas-, ahora vas a morir.
Tanin miraba fijamente el cuchillo que Carl blandía, a la vez que iba esquivando los ataques de Washington. En uno de sus ataques, el remuliano lo detuvo y le empezó a dar una serie de fuertes puñetazos que hicieron que Carl empezara a sangrar por la boca. Tanin agarró al humano por su camiseta y le obligó a retirarse.
Tanin volvió al bar a junto Jhon.
-Bien hecho, Tanin –le felicitó Smith-, pero siento que no puedas pagar al camarero con el dinero de ese imbécil.
-No creas –dijo Tanin mientras sacaba doscientos créditos de su bolsillo-, le saqué esto a Carl cuando le agarré.
-Magnífico.
-Bien, como te decía, lo de que los remulianos no somos amables es sólo un mito. Lo que pasa es que siempre estamos con armas y entrenando debido al gran peligro que hay en la galaxia.
-Ya comprendo.
Y los dos amigos se quedaron hablando largo y tendido mientras tomaban sus respectivas bebidas. Más tarde se despidieron y se fueron a sus respectivos cuartos en la Fundación Tomás “O Ferreiro”. El día siguiente sería un día muy duro y necesitarían descansar. Tomás “O Ferreiro” aún debía elegir varios miembros para la misión, aunque estos no abandonarían la Tierra. Únicamente dejarían el planeta Jhon y Tanin en una aeronave especialmente equipada para la misión. Pronto llegaría el día.
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