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El 6º. Toda una aventura en un planeta hostil
CAPÍTULO 6º: En el planeta Mork
La nave espacial en la que viajaban Tanin y Jhon seguía avanzando por el espacio con el fin de acabar con en imperio de Mutator. El hiperespacio formaba un túnel de luces y colores imposibles. El hiperespacio había sido un gran descubrimiento por parte de los humanos. No se recorrían distancias enteras, pues a través de él la materia se introducía en dimensiones donde esas distancias eran menores. Aún así, los radares de la nave podían detectar objetos de la realidad humana.
Estaban comiendo en aquel preciso instante. La comida consistía en unos deliciosos huevos fritos sin colesterol y patatas sin grasas. Pronto acabaron en almuerzo y, cuando volvieron al puente de control, Tanin se fijó en que el radar emitía una señal. Inmediatamente se volvió al humano.
-Vamos a parar por aquí -le dijo-, hay algo.
-Muy bien -respondió Jhon.
La nave se detuvo en alguna parte del universo y, ¡oh, sorpresa!, había dos naves de remulianos oscuros. En cuanto los divisaron empezaron a disparar sus fotones invertidos, que tuvieron que ser esquivados por los misioneros. Las naves eran muy rápidas y disparaban muy bien. Los dos compañeros comprendieron que sen encontraban ante dos magníficos pilotos.
-¡Pilota tú la nave! -gritó Tanin-. Yo dispararé a esos malditos monstruos.
El remuliano bajó por unas escalerillas y llegó a una cápsula donde había un cañón que sobresalía de ella. Apretó unos cuantos botones y la cápsula bajó hacia el exterior de la nave. La cápsula seguía los movimientos de las naves. Entonces empezó a disparar a los cazas enemigos pero, como los pilotos eran buenísimos, esquivaban los proyectiles fácilmente.
Tanin iba apuntando con el arma a las naves con el potente visor que tenía éste. Pero los malvados seres le seguían esquivando. “Maldición”, pensó el remuliano, “son muy buenos. Es raro en los remulianos oscuros”. Tanin seguía disparando sus potentes lásers sin resultados. Pensó que todo se acababa cuando un rayo de fotones invertidos casi se estrellaba contra ellos, pero Jhon consiguió esquivarlo en el último momento.
Tanin se concentró para disparar a una de las naves y realizó la acción. El tiro fue afortunado y consiguió destruir a una de las naves. El remuliano lanzó un grito de alegría al comprobar su gran triunfo. Ahora sólo quedaba uno.
El piloto del segundo caza estaba a punto de destruir a la nave de los dos héroes de esta historia, cuando recibió una llamada de Mutator.
-¿Qué quiere, señor? -preguntó el piloto.
-Escúchame bien, Gork -estalló la radio-, Engendrus tiene un plan.
-¿Ah, sí?¿Y cuál es?
-Él quiere hacerlos sufrir -volvió a estallar la radio-. Enfrente de ti se debe de encontrar el planeta Mork. Él quiere que, conectando los rayos láser de tu arma, le dispares al reactor de su nave y los mandes a dicho planeta, cuando no puedan controlar el vehículo y se vuelva loco.
-Sí, jefe -dijo el soldado mientras pulsaba un botó con el que apagaba la radio.
Acto seguido, Gork desconectó la inversión de fotones y pulsó una serie de palancas y botones, con los que conectó los rayos láser de su caza. “Esto es por mi compañero”, se dijo el remuliano oscuro mientras agarraba los mandos de pilotaje y rozaba los botones del arma del caza.
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Tanin seguía los movimientos del caza enemigo mientras le iba disparando, pero el piloto monstruoso era demasiado bueno como para derribarlo fácilmente. El malvado pasaba muy de cerca y Tanin le disparaba, pero no lo conseguía alcanzarle. Lo que le extrañaba era que no le disparaba. Sólo estaba pasando cerca de él, como esperando una ocasión mejor para apretar los malditos botones de disparo y matarles.
La nave de los miembros de la Unión Estelar estaba pasando muy cerca de la atmósfera del planeta Mork cuando, de repente, la nave enemiga se lanzó a ellos. Gork estaba esperando una ocasión para apretar los botones de fuego y, a la vez, apuntando a los otros. Entonces lo hizo, ya había llegado el momento. Pulsó los controles y una luz azul salió del arma del caza. “¡Es un láser!”, pensó exclamando Tanin, “¡No son fotones invertidos!”.
El rayo impactó en el reactor de la nave y ésta, por sí misma, penetró en la atmósfera del planeta.
-Misión cumplida -dijo Gork. Y tomó una botella de rico y sabroso mouth. Tomó un sorbo y eructó, mientras lanzaba una sonora y grotesca carcajada.
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Tanin no podía elevar la nave. Sin el reactor esta hazaña era prácticamente imposible de realizar. Mientras, la nave iba cayendo más y más rápido al suelo del planeta. Abajo sólo eran visibles bosques y selvas y, por su estética, muy peligrosos.
-Creo que tendremos que realizar un aterrizaje forzoso por esa selva de allí.
-Pero, ¿no nos machacaremos?
-No tenemos nada que perder, Jhon. Si no hacemos el aterrizaje, sí que nos machacaremos.
Así, Tanin, que había ocupado el lugar de Jhon en la nave, empezó a hacer una serie de maniobras con su nave. Dado el estropicio del reactor, era muy difícil controlar la nave espacial, con lo que el remuliano sudaba a chorros. No conseguía enderezar correctamente la dirección del vehículo estelar.
-¡Nos la vamos a pegar! -exclamó Jhon-, ¡haz algo!
-¡Ya lo intento! -le gritó furioso Tanin-, ¡si no me dejas concentrar nos la vamos a pegar de verdad!
-¡Tanin! -gritó el humano-, ¡mira lo que haces!¡Que nos matamos!
-¿¡Qué!? -exclamó el remuliano y, cuando miró al suelo lanzó un fuerte grito de terror.
La nave estaba muy cerca del suelo cuando, de repente, con todos sus esfuerzos, el remuliano consiguió controlar la nave y realizó un discreto aterrizaje forzoso. El interior y el exterior de la nave temblaron terriblemente y los dos amigos tuvieron que agarrarse a sus asientos para no caer al suelo. Tanin se levantó con dificultad y miró los visores para conocer la composición del planeta.
-¡Mmmmh! -meditó el alienígena-, hay vida en el planeta. Según el visor hay una civilización a unos 2000 Km del planeta. Quizás allí nos puedan vender un reactor nuevo.
-Muy bien.
-Debemos andar todo ese camino.
-¿Debemos? -preguntó Smith.
-Creo que debes acompañarme, pues esta selva tan espesa puede ser peligrosa. Y, aunque muera yo sólo, tú quedarías atrapado aquí para siempre.
Así, Tanin y Jhon cogieron sus armas y salieron al horrible bosque, lleno de mosquitos y de serpientes con cuernos. Con un pequeño artefacto el remuliano era capaz de detectar la zona donde había un cierto grado de urbanidad. Los dos guerreros fueron siguiendo la señal del radar por la espesa selva. El sol les daba directamente en la cara.
Aparentemente no había señales de peligro en aquel lugar, todo parecía muy tranquilo en ese sitio. Esto se lo había dicho el humano a Tanin, quien respondió que no todo era lo que parecía, que debía desconfiar. En aquel momento, una extraña y horrible criatura se abalanzó sobre Jhon. La bestia perdió la vida por medio de un disparo del remuliano. “¿Lo ves?”, sonó la voz de Tanin en los oídos de Smith.
El camino se hacía cada vez más complicado por culpa de las cada vez más numerosas arenas movedizas (Tanin y Jhon se tuvieron que enfrentar varias veces a ellas) y por las horribles criaturas que les acechaban y atacaban. Era una selva inmensa que parecía no tener fin. Ya habían conseguido pasar un obstáculo cuando, de repente, se encontraban con otro mucho peor. El humano conseguía evitar gemir o lloriquear un poco de vez en cuando, pero el remuliano iba serio, impasible, sin darle importancia al terrible cansancio y dolor de piernas que sentía. El bosque era cada vez más húmedo, con lo que resbalar en aquel lugar era muy fácil. Tanin extrajo de un pequeño bolsillo que presentaba una de sus botas un pequeño mango que no presentaba hoja.
-¿Para qué quieres esa hoja de espada si no tiene hoja, Tanin? -preguntó Jhon.
-Es una espada de energía -respondió el remuliano.
El guerrero pulsó un botón y una luz blanca y resplandeciente se formó en el mango. Con esto empezó a cortar la vegetación que cortaba el camino de los dos miembros de la Unión Estelar. Así se formó un pequeño camino entre las plantas de la selva en la que los dos compañeros se encontraban. Andarían unos 5000 Km cuando llegaron a un claro de la selva. Tanin examinó el lugar y, más tarde, dejó su mochila en el suelo. El remuliano se volvió enseguida al humano:
-Éste es un buen lugar para acampar -dijo-. Deja tus cosas ahí, en el suelo.
-De acuerdo.
-Debemos acostarnos temprano, mañana será un día muy duro. Deberemos andar mucho.
-¿Cuánto falta para llegar a la civilización? -preguntó Jhon.
-Pues, si seguimos a este ritmo, llegaremos en unas 18 horas.
-Entonces debemos dormir, y ahora.
Él y Tanin, después de cenar, se metieron en sus sacos y cayeron en un profundo sueño. Jhon durmió perfectamente, mientras que Tanin recibió la visita de esos extraños sueños que le atormentaban tanto.
En medio de la noche Jhon y el remuliano se levantaron por un ruido que les sobresaltó. Tanin observó, pero no vio nada. Sin embargo el ruido estaba allí, aún era audible. Jhon también estaba extrañado por eso cuando, de repente, del suelo salieron unos tentáculos. Uno de ellos había cogido a Smith. La cabeza del monstruo salió del suelo. ¡Era un Trust! Peor. Parecía mucho más grande que los que había en Remulón, el planeta amado de Tanin. Le disparó con su FULMINATION, pero no le pasó nada. El monstruo tumbó de un tentaculazo al alienígena mientras iba acercando a su boca a Jhon.
-¡Tanin! -chillaba-, ¡ayúdame!
¿Qué podría hacer Tanin? Entonces pensó en su espada láser y la conectó. Se la clavó al monstruo en la espalda y ése soltó a Smith, pero agarró al remuliano. La horrible bestia lo iba acercando a su horrible boca infestada de enormes dientes y colmillos. Tanin estaba en grandes y serios problemas. No era capaz de escapar de ese horrible y asqueroso bichejo. Sólo tenía una oportunidad para matarlo. En cuanto abriese la boca, le volaría la cabeza. Logró difícilmente extraer la pistola se su cartuchera y apuntó a la boca del gigantesco y monstruoso animal. Los Trusts era muy rápidos, así que debía darse prisa, en cuanto abriese la boca, acabaría con él.
Y así sucedió que, justo cuando lo iba a comer, Tanin disparó en el interior del monstruo por su boca. El monstruo soltó al remuliano antes de explotar por dentro.
-Volvamos a dormirnos -ofreció Tanin.
-Sí.
La noche pasó rápida y sin nuevos incidentes para los dos miembros de la Unión Estelar. Durmieron ampliamente y profundamente debido al cansancio que sentían tras la dura batalla que habían tenido contra el enorme Trust.
Al día siguiente, Jhon y Tanin comenzaron muy temprano su durísima caminata por las selvas del planeta Mork. Cuando parecía que el camino se hacía más fácil, de repente se tornó en un auténtico infierno. Estaba lleno de arenas movedizas y mosquitos con veneno mortal. Muchas veces tuvieron que detenerse por caer en las arenas o por ser atacados por horribles bestias. Aquel día no llegarían a la zona de civilización, era imposible que llegasen a aquel lugar. Iban demasiado lentos. No les daría tiempo a llegar.
Tanin estaba jadeando cuando, súbitamente, su visor emitió una extraña señal. Estudió la señal y descubrió que se trataba de una señal de vida.
-La señal viene de aquel árbol -dijo-. Mira eso, hay un agujero en el tronco. Voy a investigarlo.
El remuliano se acercó sigilosamente al árbol. Sudaba del miedo que tenía a que saliera de allí otro horrible animal. Cada vez estaba más cerca de la planta. Cogió y miró de lejos al interior del agujero. Por él se asomó la cabeza de un pequeño animal parecido a un hámster. Tanin sonrió al simpático animal que parecía querer jugar con él. Jhon fue a ver al pequeño roedor y quiso acariciarlo. Cuando alargó la mano con tal fin, el animalito se ocultó en el fondo del hueco. Poco después volvió a asomarse por el agujero. Jhon quiso intentar acariciarlo de nuevo, pero Tanin desconfió del comportamiento del animal.
Jhon intentó acariciarlo de nuevo, pero la pequeña criatura se volvió a ocultar en el árbol. El humano decidió meter la mano en el agujero y capturarlo. Cuando lo hizo, algo le agarró del brazo y tiró de él. Smith chocó contra el tronco de la planta y notaba cómo algo intentaba introducirlo por el hueco.
-¡Tanin! -chilló Jhon con terror-. ¡Ayúdame!¡Me va a comer!¡Ayúdame!
Tanin tiró de Smith con todas sus fuerzas, pero la criatura que le tenía agarrado era demasiado fuerte. No era capaz de librarle de la garra de la bestia que lo tenía atrapado. Cogió su espada energética y cortó el árbol. Un monstruo, que tenía agarrado con la garra de una de sus patas el brazo de Jhon, cogió al remuliano con la otra pata por el cuello. Tanin no podía respirar por la obstrucción que le producía la mano del monstruo en la garganta así que, difícilmente, alzó su pistola después de sacarla de su cartuchera. Por la falta de aire se le nublaba la vista, así que esperó antes de disparar.
-¡Gggggh! -gimió el remuliano-, ¡verás cuando te... ggggh... ggggh... ggggh... dispare!
El monstruo abrió la boca y Tanin pudo ver, en la punta de la lengua de la criatura, la cabeza del roedor que se asomaba por el árbol.
Tanin realizó dos disparos: uno se estrelló contra la cabeza que tenía en la legua, lo que produjo un gran dolor al horrible monstruo. El monstruo le soltó y el remuliano, dando una espectacular voltereta en el suelo, le disparó en la cabeza. El monstruo cayó muerto. La carne de la criatura parecía apetitosa, con lo que la cocinaron para la cena. Al final resultó que estaba deliciosa. Era la mejor comida que habían comido en mucho tiempo.
Después de la deliciosa cena, se fueron obligados a dormir, pues sólo habáin caminado, debido a lo despacio que habían ido, unos 200 Km.
Durante la noche, Tanin no presentó ningún problema para poder dormir tranquilamente. No sufrió las terribles pesadillas que le iban atormentando noche tras noche. El remuliano no sabía por qué ocurría esto. Sin embargo, Jhon no podía dormir bien aquella noche, tenía pesadillas sobre lo que le había ocurrido aquel día con la criatura que estaba escondida en el árbol. Él soñaba que era devorado por aquel horrible, espantoso y enorme monstruo. Notaba los colmillos clavados en su carne. Su carne se iba desgarrando de su cuerpo, mientras una risa fina y diabólica salía de la boca de la cabeza pequeño roedor. Jhon se despertó sobresaltado al verse morir en sueños. Estaba sudando a chorros, ¡qué a chorros!, a litros. Tenía miedo a aquel bosque. Le parecía la mar de extraño. Sería un auténtico milagro que lograsen escapar de ese horripilante bosque. Para él, ambos guerreros iban a tener un final terrible, tarde o temprano tendrían ese final, quesería de sufrimiento.
Al día siguiente se pusieron temprano en marcha. Tanin opinaba que, si no tenían muchos problemas en la caminata, iban a llegar muy pronto a la civilización. Afortunadamente, no tuvieron muchos problemas en aquella parte de la selva. Avanzaron rápidamente por el espeso (ahora no tanto) bosque. En sólo una hora quedaban 20 Km. para llegar a lo que Tanin creía que era una ciudad.
Tanin y Jhon iban hablando sobre cosas diversas mientras caminaban por lo que parecía ahora un bonito campito. El aire allí era muy puro. El remuliano oyó algo por ese lugar que le pareció raro y sospechoso. Mandó parar a Jhon:
-¿Qué ocurre, Tanin? -preguntó el humano.
-No lo sé, pero oigo algo bastante raro. Creo que por aquí hay algo misterioso.
De repente, muy cerca de ellos, se empezó a oír el sonido de un tambor como el que usaban los africanos. Súbitamente, empezaron a llegar de todas partes unos seres que debían de ser los habitantes racionales del planeta. Eran unos seres larguiruchos, de unos 3 metros de altura, extremadamente delgados, ágiles, con una cabeza grande en comparación con el resto del cuerpo, lo que indicaba una gran actividad cerebral. Todos ellos tenían el pelo negro. Iban vestidos como indígenas y se les acercaron con unas lanzas que parecían ser mágicas, pues estaban rodeadas de rayos. Tenían a los miembros de la Unión Estelar rodeados. El que parecía el jefe tenía el pelo muy largo y lo llevaba en una larga y magnífica coleta. El individuo se les acercó y habló en perfecto idioma interestelar:
-Hola, extranjeros -dijo-. Vosotros seréis los primeros extramorkianos en gozar del placer de ser sacrificados en honor del dios de la oscuridad y de las tinieblas, el gran y malvado dios Motrium.
-Calla -estalló Tanin-, no lo conseguiréis. Tenemos armas para volaros la cabeza.
-No seas estúpido -replicó el brujo-, no eres lo suficientemente bueno como para vencernos a todos. Si no te resistes, nuestro dios te dará un puesto en su Ejército Tenebroso.
-Antes la muerte.
-Tranquilo, eso ocurrirá ahora. ¡Matadles!
Todos las personas que les rodeaban estaban ya invocando sus armas mágicas cuando, de repente, un ruido se oyó en el cielo. Todos miraron hacia arriba y divisaron un vehículo que bajaba del firmamento. Los indígenas lo miraban aterrados. La máquina empezó a disparar a los atacantes de los miembros de la Unión Estelar, que escaparon. La nave descendió al suelo, se abrió y de ella salió una criatura igual a los indígenas, pero con una indumentaria mucho más avanzada. Se acercó a los dos amigos y les habló:
-Perdónenme, ¿podrían decirme que hacen ustedes aquí?
-Bueno... nosotros -empezó a decir Tanin-... nos estrellamos contra este planeta porque sufrimos una avería en uno de los reactores de nuestra nave.
-Vaya -suspiró el individuo-. ¿Estaban buscando la ciudad de Erk?
-Bien, sí. Buscamos un reactor nuevo para nuestra nave.
-Entonces les llevaré a la ciudad. Allí podrán comprar el reactor. Suban. Me llamo Ernesto.
Los tres subieron al vehículo, que les llevó rápidamente a la ciudad de Erk. Habían llegado muy rápido, los habitantes de ese planeta parecían, después de todo, muy desarrollados, tanto psíquicamente como tecnológicamente. Bajaron de la nave y el remuliano se dirigió a una tienda para comparar el reactor. Tanin estaba sorprendido por la calidad de los reactores que había en aquel planeta, eran mucho mejores que los que había en Remulón, su planeta.
-Gracias, Ernesto -agradeció Tanin tras volver a la nave-. Lo malo es que ahora debemos atravesar de nuevo aquella selva tan espesa.
-No seáis tontos. Os llevo yo a junto vuestra nave espacial. No os preocupéis.
-Gracias -dijo el remuliano.
-Te lo agradecemos mucho, Ernesto -agradeció también Smith.
-Bueno -dijo el morkiano-, no es nada. No puedo dejaros sólo en esa selva, podrías morir.
Así pues, volvieron a subir en la nave para volver al vehículo espacial. La nave sobrevoló la nave en menos de lo que canta un gallo. Ernesto le preguntó a Tanin dónde había dejado su nave espacial. Se lo dijo y ambos, después de aterrizar al lado del navío estelar, cambiaron el reactor estropeado por el nuevo y mejor reactor que habían comprado. Al final, tras despedirse del morkiano, despegaron y se alejaron de Mork, dirigiéndose a su destino.
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