Fuego en el espacio


Relatos de Ciencia Ficción

30-12-2003 22:23
Por: UrULoKi

Encontrado en: http://www.ociojoven.com/article/articleprint/433413

Comienzo de un relato basado en el mundo de Starcraft y en las guerras del Sector Koprulu.

¡Demonios! Donovan era un buen soldado. Tan bueno como puede llegar a serlo cualquier condenado tarsoniano de poco cerebro y muchos músculos. ¿Cuántas veces habían disparado juntos sus rifles de descarga automática? ¿Cuántas veces había volado en el último momento la cabeza de un traidor antes de que lo matara? ¿Cuántas veces había dejado las trincheras bajo fuego enemigo? ¿Cuántas veces había manchado con su propia sangre y la de sus compañeros el emblema de la Confederación? Y todo eso... ¿para qué? ¿Para ser ahora condenado a muerte?

No, no era justo. Ese oficial imberbe se había pasado de listo y Donovan sólo se había tomado la venganza que se merecía. ¿Quién hubiera pensado que el muy idiota sería capaz de sacar su arma por un simple puñetazo de Donovan? ¿Y quién podía culpar a Donovan de defenderse del disparo del maldito oficial? No, no era justo demonios. La Confederación iba a asesinar a uno de sus mejores soldados para nada.

Langley se paseaba nervioso por cubierta. Aunque estuviera fuera de servicio por “causas morales de gravedad” como bien dijo el oficial médico, el soldado no había regresado a la superficie, como ya lo habían hecho la mayoría de sus congéneres. Él permanecía en la plataforma orbital Alpha-4, la gran defensa del mundo fortaleza de allí abajo, contra la amenaza de los traidores. La gargantuesca estructura metálica, junto a sus dos hermanas menores, Alpha-4b y Alpha-4c, hacía imposible cualquier intento de bajar a la superficie sin exponerse a las 100 baterías de cañones láser y al terrible poder del Cañón de Iones de la superficie.

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Nadie estaba tan loco como para intentar una agresión contra ellos y con el tiempo, la seguridad al principio inflexible en la plataforma orbital, se había relajado. Y ahora, sólo 1 destacamento de marines, vigilaban una plataforma que normalmente habría albergado hasta tres compañías completas.

Pero todo esto no preocupaba a Langley, vestido aún con el uniforme confederado, y paseando nervioso por los pasillos de acero forjado de las celdas. Enfrente de él, dos guardias mirándolo curiosos, mientras vigilaban la celda de Donovan. Era un trabajo tan aburrido como innecesario, las prisiones estaban directamente controladas por el ordenador central de la estación y sin que éste lo autorizara se habría necesitado un equipo entero de demolición para derribar la triple pared de acero de la compuerta.

Sin embargo el código establecía que debían vigilar la celda y ¿quienes eran ellos para desafiar la sabiduría del código? Contemplaban las idas y venidas de Langley por los pasillos. Lo conocían de sobra, más de una vez habían perdido el sentido bebiendo a su lado, como la mayoría de los chicos del Escuadrón Delta. También conocían a Donovan, “la esponja”, apodo ganado gracias a permanecer en pie tras tragarse tres botellas de alcohol sintético. También es cierto que un minuto después cayó al suelo perdiendo el sentido y no fue hasta tres días después que Donovan supiera del mote que había ganado... Pero bueno... eran cosas de los chicos del Delta.

Langley volvía pasillo arriba hacia la sala de la tropa. Los soldados que no tenían guardia ni una tarea asignada estarían allí perdiendo el tiempo. Entró dando un sonoro portazo a la compuerta que por otra parte era automática.

-Vaya, parece que estás algo cabreado Langley.- la mujer estaba colgada de una barra de hierro que dejaba por debajo de su garganta con cada esfuerzo de sus brazos- ¿Cómo es que no estás en la superficie?

-Es un perro apaleado Sánchez- esta vez un hombre, manejaba una consola en la que anotaba algo de poca importancia- No esperes que “perro apaleado” Langley se tome un descanso así como así.

-No estoy de humor para tus tonterías Scott- Langley ahora se había parado delante de los dos mientras registraba su taquilla- Parece mentira que estéis tan tranquilos mientras se disponen a asar a "la esponja".

La mujer dejó la barra mientras se dejaba caer con soltura al suelo y se encaraba con Langley.

-¿Qué insinúas? ¿Crees que nos gusta que frían a uno de los nuestros por una idiotez? Pero, ¿qué podemos hacer nosotros?

Langley miró cara a cara a Sanchez, la mujer sudaba copiosamente y su mirada era dura, pero él ya estaba acostumbrado.

-No sé que podéis hacer pero yo no me voy a quedar quieto mientras se lo cargan.

...

El espectro volaba bajo sobre la plataforma. Su niquelada superficie brillaba bajos los rayos lejanos del sol cercano como si de una estatua de hielo se tratara, sólo el atronador ruido de sus retroreactores de fusión relevaba su presencia, aunque si su piloto lo deseara podría llegar a ser tan imperceptible como invisible a los radares enemigos activando el mecanismo de camuflaje y los silenciosos reactores de energía. Pero no era el caso y no había motivos para abusar de la batería, así que tanto él como el otro espectro que estaba de guardia describían acompasados giros alrededor de la estación orbital en su ronda de guardia.

Una extraña lectura del radar llamó la atención del jefe de guardia de la estación Alpha-4. Uno de los operadores del radar de detección insistía en haber visto algo extraño en su pantalla, a pesar de que el ordenador central no hubiese dado ninguna lectura de alerta de proximidad. En concreto se trataba de Lewis, una joven operadora recién salida de la escuela de oficiales de mando de la Federación y destinada a este cargo menor aunque le permitiera librarse de un pesado mando en las luchas de guerrillas de cualquier luna del borde exterior. La joven operadora insistía en haber visto una silueta de algo enorme, de un tamaño superior a un Crucero de Batalla, orbitando a menos de 3 medidas de la estación.

Y sin embargo ahora nada aparecía en pantalla, cuando un objeto de ese tamaño habría sido detectado en cualquier radio inferior a 50 medidas de la estación y ni ningún otro operador ni el ordenador central habían revelado nada. La mirada de su oficial superior lo decía todo. Era una novata y eso era lo único que importaba, se esperaba de ella que cumpliera su trabajo llamando lo menos posible la atención y sin molestar a los miembros más veteranos del equipo. Aunque ninguno de los dos dijo eso, la frase de su superior era demasiado evidente: “Siga observando la pantalla.”

....

Una inmensa sala con silenciosas figuras blancas sentadas en bancos y mirando hacia el exterior, ningún movimiento visible tan sólo las manos unidas a una especie de mecanismo y con los ojos cerrados. En el centro de la sala, sentado en un alto trono dorado una figura inmóvil, escrutando la lejanía de una pantalla sin forma visible. En la pantalla una figura muy parecida a la del trono, pero a la vez distinta, ubicada en una especie de habitáculo rodeado de mecanismos. Fue la primera en romper el silencio:

-Los corsarios y los exploradores están listos. A la espera, ejecutor Tassadar.

-Proceded...
Los dos marines de guardia en las celdas estaban pasando una tarde demasiado aburrida. Mientras que la mayoría del cuerpo del 8º de marines de Tarsonis se hallaba en la capital confederada gastando la mísera paga y agotando las pocos días libres que les habían concedido, los dos debían hacer guardia para un mísero preso traidor. Todo el día allí perdiendo el tiempo, pues nadie podía salir de las celdas ni entrar en ellas sin autorización directa del ordenador central. ¿Pero acaso podía uno quejarse ante los mandos? No, hay que ser muy idiota para cuestionar una orden estando candente el tema del traidor en la plataforma espacial.

¿Además quién iba a quejarse al nuevo jefe? El capitán Starling era el cabrón uniformado más estricto que uno pudiera encontrarse en todo Tarsonis. A uno de ellos, Jackson, ya le había hecho hacer 100 flexiones por el enorme crimen de bostezar durante una guardia en su presencia. “Poner en peligro la integridad de la plataforma orbital Alpha-4 y con ello toda la seguridad planetaria de Tarsonis y del alto mando de la Confederación”. Joder... por un simple bostezo. Cómo explicaría una docena de veces desde aquel día Jackson argumentaba “que todo es por culpa de la holovisión que les come la cabeza a los oficialitos de la academia” y “que vaya peligro podría correr la Confederación porque un pobre marine mal pagado como él bostezara un poco en una guardia de tantas horas”. Pero bueno, Jackson ya sabía que los “oficialitos” acaban por darse cuenta de que no hay nadie tan loco cómo para atacar directamente al mayor ejército de todo el Sector Koprulu, del universo conocido para el soldado.

Y esto no es de extrañar pues bien pronto los colonos de nueva generación habían olvidado que no llevaban más de 60 años viviendo en estos planetas dejados de la mano de Dios, la Humanidad o cualquier nueva deidad a la que rezar y por la que olvidar el desamparo qué ofrecía el negro espacio y los arenosos planetas del sector a los colonizadores expulsados de la Tierra.
Todos estos pensamientos se agolpaban en la cabeza de Jackson y Tracker, pues así se llamaba el otro soldado, cómo la forma de una única frase: “Vaya con el jodido oficialito” ; quién por supuesto había sido el encargado de dejar a los dos en una guardia cómo ésta.

Lo que no sabían los dos soldados es que no eran los únicos en patrullar los solitarios pasillos metálicos de las celdas. Había otro invitado en el que ninguno de los dos había reparado pues no se había hecho visible a sus ojos. El tercer individuo también patrullaba, aunque sin emitir el más leve sonido y procurando siempre aprovechar la menor sombra para ocultar su figura. Las veces en que la clara luz de los pasillos revelaba parte de su figura se podría ver una forma confusa, mitad sombra y mitad parte corpórea aunque inconsistente a la vez.

Sin embargo su cuerpo era totalmente consistente y sobre él llevaba unas ajustadas ropas de soldado y un peto antiperforante. Además usaba una especie de binoculares que emitían un leve parpadeo como una batería agotándose. A la espalda portaba algo parecido a un rifle gauss de precisión como el de los soldados. Aunque más largo y con una misteriosa segunda boca. Parecía llevar todo tipo de compartimentos a lo largo de la parte superior de las piernas y la cintura pero con el sistema de camuflaje activado era prácticamente imposible decir en verdad qué eran. Era un fantasma y ese día había sido informado de un posible incidente en las celdas. Su misión era observar y no ser observado. Matar a todo aquél que intentase perturbar la paz de la estación orbital. Pues los fantasmas son a la vez jueces y verdugos de los enemigos de la Confederación. Expertos asesinos capaces de degollarte mientras tomas tranquilamente la sopa precalentada de un REP (recipiente estanco a presión) y te preguntabas por qué sería que la sopa te salía roja por la garganta.

El terror de todos los separatistas y a la vez su máximo objetivo, durante 20 años habían garantizado la seguridad asesinando a los cabecillas de las posibles revueltas contra la Confederación. Más de un alto mando confederado expuso que la “desgraciada situación de Korhal” podría haberse evitado con una intervención más dura de los fantasmas. Quizás no hubiese hecho falta reducir la superficie del planeta rebelde a una masa humeante si se hubieran cortado algunas cabezas, pero eso era ya agua pasada...
Dentro de una cabina que bien podría haber sido la de un caza espacial clase Espectro, si no fuera por que simplemente no había ningún tipo de control visible, y por la intensa luz que brillaba en su interior. El punta de lanza Zaignur esperaba la señal de atacar. A su derecha dos naves idénticas a la suya, de una especie de color dorado y verde por fuera y formadas por algo que no era exactamente metal y cuyo motor cósmico se hallaba a media potencia como el suyo.

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Detrás del tridente de la lanza de aeronaves “Explorador” protoss se encontraba el grueso de la flotilla de cazas, formada por “Corsarios”, “Interceptores” y dos “Exploradores” de reserva. Aún más atrás la inmensa mole de hasta tres naves nodriza “Carrier” se hallaban a la espera. Toda la flotilla se hallaba oculta por una pequeña aeronave de aspecto extraño, parecía una especie de doble triángulo tridimensional de vértices redondeados y que tenía en medio un generador de campo de ocultación, haciendo invisible a todas las naves a su alrededor.

Pero justo entonces llegó la confirmación de ataque desde la nave capitana de la flotilla y en realidad de toda la escuadra de ataque protoss, la Hyperion, comandada por el gran Ejecutor Tassadar. Zaignur ajeno a todo tipo de pensamientos que pudieran enturbiar su mente y los contactos que mantenía con su lanza de ataque procedió. Sus manos provistas de 3 largos dedos se introducieron en los agujeros de lo que bien podría ser un cuadro de mandos, el veterano piloto dio plena potencia al motor cósmico de su Explorador y junto al resto del tridente de la lanza de ataque salió disparado rumbo a los patéticos cazas humanos que protegían la plataforma orbital.

...

Lewis ojeaba el radar una y otra vez. ¿Cómo podía haberse imaginado esa enorme mole? Lo había visto tan claro como había visto la mirada condescendiente del jefe de guardia. Y ahora simplemente ya no estaba ahí. Había desaparecido a sus ojos y el ordenador insistía en que nunca había llegado a aparecer. Pero la joven operadora no había vuelto a despegar los ojos de su pantalla de radar y por eso fue la primera en verlo. Tres puntitos brillantes avanzando a una velocidad endiablada hacia la estación salidos de donde antes no había sido negro espacio y demasiado cerca como para verse afectados por las baterías de misiles de la plataforma.

La duda le impidió reaccionar a tiempo, una décima de segundo más tarde de lo que debió haberlo hecho, seguramente producida por la estúpida mirada de su superior. Una décima de segundo más tarde de lo necesario para salvar a los pilotos de los “Espectros”. Su grito y la voz de código rojo a los dos pilotos llegó justo cuando ya salían los torpedos de iones salían de los tres cazas protoss, estrellándose medio segundo más tarde contra los dos “Espectros” y reduciéndolos a polvo estelar.

...

La aguda señal de alarma retumbaba por toda la estación llamando a los pilotos a sus naves y a todos los soldados a las baterías y equipos de derribo. A Langley, Sánchez, Scott y los otros los sorprendió en mitad de una discusión acerca del futuro de Donovan y a pesar de las circunstancias no fueron necesarias palabras algunas para coordinar el grupo. Los rifles gauss volaron de los almacenes portátiles y las armaduras antiproyectil fueron puestas sin la menor dilación. Los 10 soldados presentes se dividieron en dos grupos mientras corrían hacia los puentes superiores y los almacenes respectivamente.

Langley se encontró dejando atrás todas las anteriores disputas y gritando ordenes a los demás mientras corría en dirección al almacén de armas anticazas. No era la primera vez que había sufrido un ataque orbital y reconocía un código rojo en una estación a la primera. Sin embargo a pesar de su veteranía no alcanzaba a comprender quien podía estar tan loco cómo para atacar los sistemas defensivos de la Capital Confederada, en menos de 1 hora tendría a la 3ª y 4ª flota espacial rodeando su posición con 100 baterías de cañones láser en cada uno de los 15 “Cruceros de Batalla” que podrían reunir entre ambas flotas, por no hablar de los 200 “Espectros” que podrían ser reunidos en la superficie planetaria y enviados a la lucha en el cielo. Locos, debían estar locos. Aunque claro a él tampoco le pagaban por entender a los locos.

Sin embargo, justo entonces un pensamiento cruzó su mente. Era tan ajeno, tan contrario a sus principios que se detuvo y por un momento se olvidó de su deber. Los cuatro soldados que le habían seguido le miraron sorprendidos. Sánchez por supuesto fue la primera en reaccionar y gritarle a Langley que tenían que seguir adelante. La guapa soldado respiraba entrecortadamente, quizás fuera su primera lucha en el espacio, ya sabéis la primera vez que luchas sin tener suelo firme bajo tus pies resulta algo extraño y por qué negarlo, asusta. Pero Laura Sánchez no tenía miedo ni ningún tipo de temor, más bien era una especie de nerviosismo por las ansias de entrar en combate y demostrar cuánto valía. Cuánto se habían equivocado en la escuela de oficiales por negarle un puesto que ella merecía, y que algún día ocuparía.

Langley no vio nada de esto, pues su mente estaba tan confusa que por primera vez en su vida tartamudeó y lo hacía mientras miraba sólo a Sánchez obviando a los otros tres soldados que había a su espalda. Su voz tartamudeó una orden a los otros tres soldados para qué se equiparan con armaduras de combate en el espacio y misiles guiados TAK. Sánchez entendió entonces mirando a los ojos de Langley lo que el muy loco quería hacer y por mucho que le pesara supo que ella debía también hacerlo y que le acompañaría. Los tres soldados ya habían desaparecido por el pasillo metálico rumbo a los almacenes cuando Langley volvió a hablar.

-Hay que rescatar a la esponja.

...

El ataque combinado de los tres “Exploradores” protoss había acabado con los cazas humanos en unos segundos y ya se lanzaba la segunda ola de ataque desde la invisibilidad del campo formado por la nave “Judicator”. Zaignur se retiró rápidamente del espacio aéreo de la plataforma orbital secundado por las dos naves gemelas, no era necesaria ninguna orden pues la sincronización era total. Bajo ellos las plataformas lanzamisiles ya despedían furiosos ataques contra los tres exploradores. Zaignur realizó una maniobra de evasión a la perfección y los dos misiles lanzados contra su caza erraron miserablemente.

Sus dos compañeros también hicieron maniobras similares y eludieron cada uno el misil dirigido a su nave. Nuevas plataformas de misiles estaban preparándose para disparar cuando una misteriosa luz azulada sobrevoló cada plataforma formando una especie de campo eléctrico sobre cada una ellas. Si los protoss pudieran sonreír Zaignur lo habría hecho. El ataque disruptor de los “Corsarios” dejarían incapaces de responder a sus ataques a las plataformas de misiles. Sin embargo el ataque protoss no había acabado aún.

La decena de pequeñas naves “Interceptor” ya habían salido del campo de invisibilidad y descargaban sus rayos de fotones contra la central de comunicación de la plataforma orbital, en apenas 30 segundos fue volada por la acumulación de impactos. Alpha-4 se había quedado prácticamente sin defensas, sin posibilidad de salir al exterior y con un grupo de aeronaves extraterrestres apuntando sus cañones contra los muelles de salida de los cazas humanos.

Tan sólo pequeños grupos de marines protegidos del vacío del espacio por armaduras de combate y equipados con misiles anticazas podrían suponer algún riesgo para las naves protoss. Ya los “Interceptores” volaban hacia sus posiciones, quizás abatieran algunas de las pequeñas aeronaves robóticas antes de ser abatidos, pero eso no tenía ninguna importancia puesto que ningún protoss iba en ellas.

Zaignur comunicó a la nave nodriza que el descenso podía ser realizado...

 

Azul casi transparente
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