La horda se acerca


Batallitas

31-12-2003 20:59
Por: Davidelgnomo

Encontrado en: http://www.ociojoven.com/article/articleprint/462832/

Un informe de batalla verídico a la vez que inaudito entre orcos e imperio.

Esta batalla fue jugada hace unos meses como preparación para un torneo posterior (en el cual quedé en semifinales). Me ha parecido que al ser tan asombrosa merecía la pena colocarla aquí. Siento no poder incluir los planos del campo y las imágenes que tiene el que hice originalmente, pero espero que os podáis guiar suficientemente bien con las explicaciones. Hasta otra.

¡Alla vamoz!

Fer: Bien, podríamos decir que con esta partida empieza mi camino hacia el torneo que jugaremos en Septiembre. Tal vez ahora los lectores estéis pensando cosas como “éste no sabe lo que le espera” mientras lloráis de la risa, pero comprended que de la ilusión vive el hombre y vosotros leéis esto cuando ya sabéis el pasado, pero yo lo escribo cuando no sé el futuro. Que Dios nos asista.

Una cosa que tengo clara en estas partidas de preparación es que ni por asomo voy a utilizar en ninguna el ejército que he diseñado para el torneo. ¿Qué queréis saber cuál es?

Pues aunque yo ya lo tengo totalmente pensado, me temo que tendréis que leer todas las batallas hasta que empiece el torneo, porque esta página del libro está muy poco numerada para revelar mis secretos en ella. Baste decir que es un ejército totalmente equilibrado y con el que he procurado tener opciones reales de victoria independientemente del ejército al que me enfrente. Con esto quiero decir que no hay necesidad alguna de probarlo, y que si pierdo probablemente sea por un error táctico absurdo o por (y esto es mucho más habitual) un saco de mala suerte. Y ante eso, ya puedo jugar tres millones de partidas de preparación.

Sin embargo, esto no quita que las partidas de preparación sean de eso, de preparación, y por tanto me he asegurado de que todas las unidades que utilizaré en el torneo estén presentes en una partida o en otra.

Realmente he ido más lejos, porque he colocado a lo largo de las batallas pretorneo a todos los tipos de tropa de los que dispongo en mi colección, incluso aquellos que llevan años condenados en el fondo de montañas de tornillos, como la vagoneta de ataque snotling o el caudillo orco en serpiente alada. Así cojo un poco de práctica con todo lo que puedo llevar algún día.

Por tanto, he realizado todas mis listas pensando en diferenciarlas lo más posible de la lista final, con el único fin de volver locos a todos mis adversarios (divertido, ¿verdad?). Sí, tenéis razón, tal como estáis pensando, la lista final es una lista lógica y equilibrada, y por tanto, me vi en un dilema al intentar diferenciarlas de ella. Y por tanto, ¡lo habéis adivinado! Decidí hacer ejércitos completamente basados en una idea extrema: proyectiles, combate cuerpo a cuerpo, miniaturas montadas, etc...

Con estas listas me aseguro partidas más divertidas y emocionantes, y al mismo tiempo me aseguro que probablemente perderé muchas de las partidas de preparación, porque flaquean de bastantes puntos. Sin embargo, no me desagrada la idea de que mis adversarios se confíen y se vean sorprendidos al final, donde verdaderamente importa. Además, todas las listas tienen posibilidades más que notables contra el rival al que se enfrentan, porque al menos en eso sí que me he fijado. Es decir, no he organizado un ejército de carros contra un ejército lleno de cañones ni nada por el estilo.

Bien, por cuestiones laborales y estudiantiles parece ser que mi primer rival disponible será mi querido amigo Lázaro. Esto no está mal, ya que así me lo quito de encima. Para los que no sepáis de lo que hablo he de aclarar que Lázaro me ha ganado al menos un 90% de las batallas que hemos jugado hasta la fecha. Nunca he sabido con certeza si es que Lázaro me tiene tomada la medida tácticamente o es que la suerte me abandona como el desodorante en esos días calurosos de partidas bajo el sol.

En realidad creo que Lázaro me gana, simplemente, porque tiene que ser así, porque lo manda el destino o porque es el elegido. A veces tengo la sensación de que Lázaro podría ganarme mientras se toma una coca-cola al tiempo que manda mensajitos a su novia y se lee uno de esos cómics obscenos que compra por su “calidad narrativa”. Pero es cierto que no me vendrá mal empezar por una prueba de fuego de este calibre.

¡Ah! Tal vez os estéis preguntando que lleva Lázaro. Pues está al mando de un ejército color gris y plateado del Imperio. Tal vez para cuando empiece el torneo haya pegado ya su cañón de salvas, lo espero con ansiedad. De momento, he de conformarme con ver como un montón de hierros apiñados que ni siquiera tiene peana me masacran cada día. Es bastante humillante.

Pero vamos al grano. De todas las listas estúpidas que tengo en mente, he considerado que las más adecuada para enfrentarse a Lázaro es la que se sostiene en los ataques a distancia. He llegado a esta conclusión después de pensar que el ejército de Lázaro siempre se ha apoyado sobre sus dos unidades de caballeros. Cuando Lázaro pierde a sus caballeros, acostumbra a perder la partida. Como todo el mundo sabe, los caballeros son tropas poco resistentes pero de mucha armadura, y que desde luego, hacen mucha pupa en combate.

Todas estas características hacen idóneo a un ejército plagado de cosas que atacan de lejos y que atraviesan las armaduras como al papel higiénico usado. Mi idea se ve apoyada por los sudores fríos que pueblan la frente de Lázaro cada vez que incluyo contra él un par de máquinas de guerra.

En realidad, si pensase con claridad, se daría cuenta de que si consigo una mayor potencia de fuego es sólo a costa de perder pegada en combate, y creo que esto puede aprovecharlo si avanza con su ejército como bloque (algo que casi nunca hace, y que por tanto, hará hoy sin duda).

A pesar de todo, es evidente que el espíritu orco me obligará a avanzar hacia el enemigo, pero intentaré hacerlo despacito mientras lo ablando con métodos más sutiles que los puñetazos (¿cómo una roca en la cabeza?).

Bien, todos los que hemos ido al colegio sabemos que lo único que no debe hacerse jamás en ninguna batalla es basar la estrategia en las máquinas de guerra. Tal vez puedan hacerlo los garbanzos peludos con sus todopoderosos garabatos luminosos, pero no cualquier otra raza. Como eso es exactamente lo que voy a hacer yo, no me cabe la menor duda que hoy mis máquinas de guerra decidirán que es un día muy adecuado para explotar, desviarse o no herir ni a los chicles que el enemigo lleve en las suelas. Esto tendría como resultado la aniquilación total de mi ejército, así que ya sabéis, no lo hagáis en casa. Es el riesgo a correr en los ejércitos extremos.

Vale, al organizar mi ejército sólo tenía una cosa en mente: disparar. Así que no lo dudé ni un instante. Mis dos opciones de unidades singulares fueron ocupadas por sendas catapultas lanzagoblins.

Ellas solas han aniquilado más de una vez a unidades enteras de caballería, y Lázaro las odia especialmente. Para no dejarlas desamparadas, las unidades especiales redondearon la artillería con dos lanzapiedroz y dos lanzapinchoz.
Lázaro iba a querer suicidarse antes de empezar (dudo que después siga con esa idea).

Es indudable que con tanto tirachinas en mesa, y en el utópico caso de que todas hiciesen bien su trabajo, podría acabar con una unidad completa cada turno. Esto no va a pasar, claro, pero uno se siente bien cuando lo piensa. Ya que mi ejército se mueve en torno a estos seis kacharros, los acompañé a todos con un ezpabilagoblins con el fin de dar un puntito más de liderazgo por si acaso.

Ante este despliegue artillero, probablemente Lázaro empleará su cañón en obtener de mis máquinas piezas para amueblar su nueva habitación, así que redondeé mi capacidad de ataque a distancia con la magia. Mis máquinas no podían perder el tiempo apuntando al cañón mientras los caballeros se acercan, pero esto es algo que sí se pueden permitir los hechizos. Mi comandante sería un gran chamán goblin nocturno.

Me gustan los goblins nocturnos porque disponen de setas de chamán que pueden llegar a ser decisivas provocando fuerzas irresistibles. Ya, provocan más disfunciones que fuerzas irresistibles, ¿pero eso qué importa?. Lo equipé con el baztón rugoso de Buzgob por si acaso me pasaba con las disfunciones (a veces la repetición de tirada te da hasta fuerzas irresistibles) y como opción de última hora lo equipé con las zetaz zombreroloko, por si los caballeros lograban acercarse con pocos agujeros en las armaduras a mis tropas.

Para apoyarle, incluí un chamán orco de nivel 2 con un pergamino de dispersión, ya que me causa mucha intranquilidad ir a las batallas sin ninguna protección de este tipo.

Aún me quedaba una opción de unidad especial, así que decidí empezar a formar mi “centro de batalla” para aguantar un combate que tarde o temprano iba a tener que llegar. 20 orcos negroz equipados con el estandarte del beztia de Nogg (+1 ataque a todos los miembros de la unidad una vez por batalla) harían a las mil maravillas este trabajo y proporcionarían mamporros a todos los desgraciados supervivientes de la lluvia que se acercasen demasiado. (Espero que no sean muchos).

Empecé mi elección de unidades básicas por una gran unidad de arkeroz. Esta vez los equipé con armadura ligera, ya que en anteriores batallas me los han matado sin darme opción a hacer una tirada de salvación. Probablemente la fallaría, pero lo cierto es que odio la sensación de impotencia que produce el no poder tirar ni siquiera.

Su función verdadera es, como los orcos negros, enfrentarse en combate a los que consigan llegar enteros, pero sus arcos proporcionarán algún disparillo más al ejército. Si consiguen hacer alguna baja con proyectiles, Lázaro acabará subiéndose por las paredes de frustración.

Incluí dos unidades de goblins nocturnos con tres fanáticos cada una. En cierto modo, los fanáticos son también una forma de ataque a distancia que ablanda al enemigo (y ablanda bastante) antes de llegar al combate. Incluí dos unidades porque sabía que Lázaro tendría exploradores que me sacarían a los fanáticos de una de ellas, y así al menos me aseguraba de que tres fanáticos por lo menos le darían quebraderos de cabeza. Lázaro lleva mucho tiempo amenazando con comprarse una unidad de herreruelos, y tal vez ya lo haya hecho, pero creo que éstos son demasiado útiles para que se atreva a sacrificarlos. De todos modos, si lo hiciera tampoco estaría mal acabar con ellos y llevarme sus puntos.

Una vez suelten los fanáticos, intentaré que los goblins apoyen por el flanco algún combate. Lázaro acostumbra a cometer el error de avanzar a todo trapo con sus caballeros dejando atrás al resto de su ejército, por lo que suelen quedar desprotegidos. Esta vez intentaré aprovecharlo. Incluso, llegado el caso, los goblins han demostrado ya que pueden aguantar una carga de caballería por el frente, siempre que no les caiga un proyectil de mortero en la cabeza antes.

Como opciones finales incluí dos unidades de jinetes de lobo que intentarían entorpecer el avance de Lázaro para dar más tiempo de machacar a mis kacharros.

¿Os ha gustado mi plan ultratáctico pre-partida? No importa, os aseguro que no va a salir nada tal y como os he contado, y probablemente Lázaro vuelva
a machacarme aunque yo haya preparado esta partida durante días y él venga ahora directamente de dormir la siesta. C’est la vie.


Por Sigmar y por el Imperio

Laza: Bueno, resulta que esto de hacer un informe previo a la batalla me ha llegado de imprevisto y como siempre tendré que improvisar que es lo mío. Se supone que tengo que dar una explicación lógica y razonada de porque me he metido este ejercito pero, ¿para que voy a engañaros? Todo el que me conozca sabe que soy incapaz de ello pero por una vez, y sin que sirva de precedente, voy a intentarlo.

Este ejército lo he pensado mucho antes de hacerlo (siendo mucho tiempo el tiempo que tardé en bajarme el programa para hacer ejércitos para vagos, que es lo mejor que ha nadie se le ha ocurrido en este mundo) y he intentado hacerlo equilibrado. Cuando empecé a confeccionar la lista de ejercito recordé que quería probar ejércitos para un campeonato, así que seleccioné una lista de tropas que, utilizándolas correctamente podría llevarme a la victoria y evitar que entre todos le paguen un cubata al que me elimine, que es una de las cláusulas, según Fernando, más importantes del torneo.

A diferencia del resto de los mortales, que seguro que elegiría sus personajes lo primero yo empecé eligiendo la unidad singular, que como nadie se imaginaba, es mi querido y fantabuloso cañón de salvas. Esta es mi máquina de guerra favorita del imperio, esto es debido a la capacidad de destrozar unidades de infantería que estén lo suficientemente locas para colocarse cerca de esta preciosidad capaz de causar hasta 27 impactos (si tienes ninguna vez problemas, que entonces podría causar 28) de fuerza 5 y –3 a la tirada de salvación si pilla a una unidad cerca lo que puede hacer mucha pupa incluso a una unidad de caballería.

Después de tener esta unidad pensé ya en mis personajes, la primera elección fue un portaestandarte de batalla con el estandarte Imperial, cuya habilidad de poder repetir todos los chequeos de psicología a 30 cm es una gran ayuda para un ejército como el Imperio que no destaca por su liderazgo elevado.

Siguiendo la línea del liderazgo elegí a un Conde Elector como comandante porque, aunque no sea lo mejor en combate, su liderazgo 9 y su coste relativamente bajo en puntos, me permite tener más liderazgo en mis unidades y más potencia de combate.

Estos dos personajes están asignados a la unidad de Grandes Espaderos para así reforzar la potencia de combate de esta poderosa unidad y tener un sólido núcleo de infantería capaz de causar miedo a cualquier unidad de infantería que sea cargada por ella.

Lo siguiente que era obligado que adquiriese eran dos hechiceros de nivel 2 con sendos pergaminos de dispersión, sobre todo para tener defensa mágica contra ejércitos como los Altos Elfos (que estarán presentes en el torneo) y los Hombres Lagarto que tienen un gran potencia mágica. Uno de ellos está montado a caballo y se unirá a la unidad de caballeros de la reiksgard y el otro a la unidad de espadachines.

Las unidades básicas fueron elección fácil:

Lo primero que elegí fue una unidad de doce caballeros de la reiksgard del circulo interior con maestre y todos los adornos como el estandarte de acero, cuya habilidad de sumar unos cuantos centímetros a la carga dará más de una sorpresa a más de uno debido a la potencia de combate que pueden desplegar.

A continuación me metí una unidad de 20 espadachines por su HA 4,I 4 y por tirada de salvación de 4+ en combate cuerpo a cuerpo que la hacen una buena unidad de combate si es debidamente apoyada, que es ahí donde entrarán el destacamento de alabarderos que la acompaña, que dará más de un disgusto a quien no haya jugado nunca contra el imperio.

Mis últimas unidades básicas fueron una unidad de 10 arcabuceros (había que rellenar hueco) (-eso díselo a Sebastián –Fer) y una unidad de cinco batidores para dar el follón y sacar a los posibles fanáticos.

En cuanto a las unidades especiales me he metido una unidad de grandes espaderos que me darán una potente unidad de infantería con una buena tirada de salvación (armadura de placas) y potente en combate cuerpo a cuerpo (armas a dos manos y HA 4). Esta unidad lleva el estandarte de guerra para ayudar un poco en combate (+1 al resultado del combate) y su habilidad de tozudos, y al tener al portaestandarte de batalla en la unidad espero que no huyan fácilmente.

Luego vino la otra máquina de guerra que fue un mortero debido a la enorme plantilla de efecto que tiene y la capacidad de poder diezmar a la Infatería ligera si se apunta bien y los dados acompañan. La ultima incorporación al ejército ha sido una unidad de 5 herreruelos, una muy buena unidad de caballería ligera con una carga muy poderosa debido a los diez ataques de fuerza 4 que pueden realizar los 5 jinetes de esta unidad de caballería “ligera”.

Por si solos no serán capaces de destruir a una unidad normal de infantería pero pueden fastidiar y acosar los flancos y retaguardia de un ejercito lento, como los enanos, que sin ninguna duda tendrán que disparar algunas de sus valiosas máquinas de guerra para destruir a esta unidad.

Espero que este ejército que considero equilibrado me pueda dar la victoria pero, como ocurre en todos los ejércitos (en algunos más que otros) no hay ninguna unidad que por si sola te pueda dar la victoria, solo si todo el ejército trabaja conjuntamente se podrá lograr la victoria. Ya solo me queda rezar a Sigmar y pedirle fuerzas para aniquilar a los enemigos del Imperio.

Conde elector Lazarus Von Kovich


EJÉRCITOS
ORCOS Y GOBLINS
Gran chamán Goblin Nocturno: Arma de mano, nivel de magia 4, baztón rugozo de Buzgob, Zetaz zombreroloco. Conoce los hechizos del gran waaagh de el pie de Gorko, Gorko kamina kon noz y ¡A por elloz!, y la Mirada de Morko del pequeño ¡Waaagh!

Chamán orco: Rebanadora, nivel de magia 2, pergamino de dispersión. Conoce los hechizos del pequeño ¡Waaagh! de ¡Allá vamoz! y

Explotacerebro. Es el general del ejército.

10 Jinetez de lobo goblins: Arma de mano, lanza, escudo, grupo de mando

10 Jinetez de lobo goblins: Arma de mano, arco corto, escudo, grupo de mando.

26 Goblins nocturnos: 3 fanáticos goblins nocturnos, arma de mano, escudo, grupo de mando. Están al mando del gran chamán goblin nocturno.

26 Goblins nocturnos: 3 fanáticos goblins nocturnos, arma de mano, escudo, grupo de mando. Están al mando del chamán orco.

33 Arkeroz orcos: rebanadora, arco, armadura ligera, grupo de mando

2 Lanzapinchoz goblin: Ezpabilagoblinz
Lanzapiedroz goblin: Ezpabilagoblinz

20 Orcos negroz: rebanadora, arma de mano adicional, armadura pesada, grupo de mando. Portan el eztandarte del beztia de Nogg.

2 Katapultas lanzagoblinz:

Ezpabilagoblinz


EL IMPERIO

Conde elector: Arma de mano, armadura de placas, escudo, espada de Segismundo, reliquia sagrada.
Portaestandarte de batalla: Arma de mano, armadura de placas. estandarte imperial.

Hechicero de batalla: Arma de mano, caballo de guerra, nivel de magia 2, 2 pergaminos de dispersión. Conocen los hechizos del saber de los cielos 2º sello de Amul y rayo múltiple.

Hechicero de batalla: Arma de mano, nivel de magia 2, 2 pergaminos de dispersión. Conoce los hechizos del saber de los fuegos de Deflagración infernal y Bola de fuego.

12 caballeros de la Reiksgard: Arma de mano, lanza de caballería, armadura de placas, escudo, barda, miembros del círculo interior, grupo de mando. Portan el estandarte de acero. Incluyen uno de los hechiceros de batalla.

10 Arcabuceros: Arma de mano, arcabuz.

20 Espadachines: Arma de mano, armadura ligera, escudo, grupo de mando. Incluyen un hechicero de batalla.

Destacamento: 7 alabarderos con arma de mano, alabarda y armadura ligera.

18 Grandes espaderos: Arma de mano, espada a dos manos, armadura de placas, grupo de mando. Dirigidos por el conde elector y el portaestandarte de batalla.

Destacamento: 8 alabarderos con arma de mano, alabarda y armadura ligera.

5 Herreruelos: Arma de mano, dos pistolas, armadura ligera, tirador.

Mortero

Cañón de salvas
TURNO 1 DE EL IMPERIO

La gran horda orca había aparecido en cuestión de segundos en la línea del horizonte. Durante semanas habían arrasado las aldeas contiguas a la fortificación imperial, y miles de refugiados habían acudido al bastión huyendo de la marea pielverde.

El conde elector Don Diego de la Vega sabía que tarde o temprano los orcos atacarían el emplazamiento, así que reunión un ejército para enfrentarse a ellos. Cuando el ¡Waaagh! comenzó a vislumbrarse, las fuerzas del Imperio se pusieron en marcha.

El ejército imperial avanzó a una, con completo orden y disciplina. Los herreruelos se encararon hacia las antiguas ruinas con el fin de buscar protección de los babeantes lobos que parecían seguirlos con la mirada desde la lejanía. El resto de las tropas imperiales, con el conde elector a la cabeza, avanzaron directamente hacia el ejército orco. Incluso el cañón de salvas imperial fue empujado por su dotación para asegurarse de que los pielesverdes se encontrasen a un alcance óptimo. Por su parte, los caballeros comenzaron a rodear el bosque que les separaba de los goblinoides.

A una señal casi imperceptible del conde elector, unas figuras ocultas en el bosque, que hasta el momento habían pasado desapercibidas, se pusieron en movimiento. Los batidores provenían de familias anónimas de distintas ciudades imperiales, y su único deseo era hacerse con el favor del emperador.

Tenían una misión suicida, de la cual probablemente saldrían muertos, pero para ninguno de ellos había recompensa mejor que ser recordados como unos auténticos héroes. Los batidores debían obligar a aquellos goblins de ropajes oscuros a soltar a sus peligrosos fanáticos, con los que habían averiguado que contaban tras días de espionaje. Sin previo aviso, surgieron en tromba del bosque y se plantaron delante de la unidad del Gran chamán.

Al verlos, este dio la orden directa de soltar a tres figuras que echaban espumarajos por la boca, tras darles de beber una extraña poción. En milésimas de segundo, los tres goblins recibieron una gigantesca bola maciza sujeta a una cadena y fueron empujados lejos de la unidad.

Levantando las bolas de un peso con el que no habría podido un ogro, los fanáticos comenzaron a girar sobre si mismos a una velocidad endiablada. Los batidores no pudieron apartarse de la trayectoria de estos monstruos, y los tres chocaron contra ellos en una explosión de sangre que sólo dejó restos mutilados de todos los miembros de la unidad. Al ver aquello, el conde encomendó sus almas a Sigmar.

En ese momento, el hechicero montado a caballo intentó concentrarse en las palabras de un hechizo, pero cuando comenzó a pronunciar las sílabas mágicas que tostarían a los jinetes de lobo que se aproximaban, su concentración se quebró y el hechizo se perdió en el aire. El otro hechicero intentó también acabar con esa preocupante unidad, pero una desconocida fuerza mágica le impidió reunir la energía necesaria.

Midiendo cuidadosamente la cantidad de pólvora para acertar en el centro de la horda, la dotación del mortero encendió la mecha. Sin embargo, algo falló, y el mortero no disparó. Tras un silencio
mortal, el mortero estalló en una gran explosión que acabó con todos los miembros de la dotación. Los arcabuceros no se dejaron impresionar por este contratiempo y acabaron con uno de los gigantescos orcos negros. La batalla había empezado con malas sensaciones.

TURNO 1 DE LOS ORCOS Y GOBLINS

El gran chamán orco se lamentó. Esos estúpidos goblins habían lanzado sus fanáticos demasiado pronto, y aunque los humanos habían pagado por ello, intuía que después los iba a necesitar.

Mientras el orco pensaba de este modo, los fanáticos perecieron oírle y dos de ellos chocaron entre sí dejando sólo una masa sanguinolenta sobre las que descansaban dos bolas de metal con las cadenas entrelazadas. El choque produjo un gran estruendo metálico, y esto pareció alterar al fanático restante, que sufrió un paro cardiaco y murió en un frenesí de convulsiones.

Tras ver este espectáculo en primera línea, los goblins jinetez de lobo se pusieron en marcha y se ocultaron tras el bosque esperando coger desprevenido a algún humano que bajase la guardia.

Los goblins nocturnos al mando del gran chamán les siguieron mientras el hechicero daba su merecido a los inútiles que habían lanzado a los fanáticos, olvidando por completo el insignificante hecho de que había sido él quien había dado la orden.

El resto del ¡Waaagh! avanzó lentamente y bastante malhumorado. Los orcos sólo deseaban machacar cabezas y el chamán les había ordenado esperar a que las máquinas de guerra debilitasen al enemigo. Por su parte, los lobos del flanco derecho se ocultaron también tras las ruinas en un intento de emboscar a esos humanos a caballo.

Y en ese momento, los goblins vieron como su plan se esfumaba. El chamán orco (que no confiaba para nada en los jinetez de lobo) lanzó un rayo de pura energía orca que impactó en los herreruelos. Con una sonrisa, vio como las cabezas de los humanos estallaban una a una, derribando de sus monturas a todos y cada uno de ellos.

Tras este éxito, el gran chamán sonrió satisfecho. Levantando sus manos al cielo, invocó a Gorko para que acudiese en ayuda de sus servidores. Con un crepitar de energía, un gigantesco ser verde se materializó sobre el cañón de salvas. El mismo dios acudía a la batalla. Con un pisotón acabó con uno de los miembros de la dotación del cañón de salvas, y siguiendo su caminar uno de los caballeros y un gran espadero fueron aplastados sin contemplaciones.

Finalmente, Gorko abandonó el campo de batalla aburrido por la delicadeza de los humanos. A pesar de que aquellos caballeros habían sido diezmados, seguían siendo una amenaza, así que el gran chamán dirigió su atención a los orcos negroz y tras unos pocos gestos el espíritu de Gorko penetró en sus mentes. Ahora sí serían capaces de luchar sin miedo.

En ese momento un chillido rasgó el aire. Antes de que nadie pudiese percibir desde donde venía un goblin alado cayó a plomo sobre los caballeros, acabando con dos de ellos. Dispuestos a demostrar que no eran menos que sus camaradas, los goblins del lanzapiedroz de la colina izquierda dispararon su gigantesca máquina.

El colosal proyectil describió un parabola en el aire para aterrizar justo en el centro de los humanos a caballo, aplastando a tres de ellos. Los goblins estallaron de júbilo, las mejores tropas de El Imperio se deshacían. No fueron tan afortunados los disparos de los demás artilugios orcos. Los lanzapinchoz no lograron impactar a sus objetivos, y la katapulta y el lanzapiedroz restantes vieron como sus proyectiles caían muy lejos de los humanos. Para redondear la masacre, los arkeroz apuntaron sus arcos y uno de los miembros del destacamento de los espadachines cayó con una flecha atravesándole la garganta.


TURNO 2 DE EL IMPERIO

El conde elector maldijo su suerte. Los pielesverdes estaban matando a sus hombres sin que pudiera hacer nada por evitarlo. Con vistas a llegar al combate cuanto antes, todo el ejército se puso en marcha. Sólo los caballeros retrocedieron intentando dejar una línea de visión limpia al cañón de salvas.

Esos seres iban a pagar por cada muerte. Los grandes espaderos y su destacamento se encararon hacia los amenazantes lobos que se escondían tras el bosque. Los espadachines se acercaron con precaución a los arqueros orcos. Sin embargo, su destacamento tenía otras órdenes. A toda velocidad, el destacamento corrió hacia los goblins nocturnos. Éstos, sorprendidos por la decisión de los humanos de poderosas alabardas, cometieron el mismo error que antes habían cometido sus compañeros.

Tres goblins fanáticos surgieron de entre sus filas y pronto comenzaron a dar vueltas y a acercarse al destacamento a toda velocidad. Dos de ellos chocaron contra la masa de alabardas y seis humanos cayeron con el esqueleto totalmente fracturado. Sólo un alabardero quedó en pie en medio de tal carnicería.

El hechicero de batalla a caballo, preocupado por el flanco izquierdo tras la pérdida de los herreruelos, se concentró. Levantando un único dedo hacia los jinetez de lobo, proyectó un rayo azul que pronto se dividió en tres para luego atravesar al mismo número de pielesverdes. Estos, que creían tener dominada la situación, se acobardaron y huyeron mientras el chamán orco maldecía a voz en grito su cobardía.

El hechicero se dispuso a lanzar un segundo hechizo, pero la magia acumulada produjo un enorme vórtice que absorvió toda la energía del hechicero en un crepitar de energía estática. El hechicero bajó los brazos agotado.

Los arcabuceros dispararon a los jinetes de lobo que aún mantenían la posición, pues se encontraban en un lugar preocupante, y uno de los goblinoides fue derribado. El cañón de salvas tenía una visión limpia hacia los orcos negros, así que fue disparado. La máquina logró disparar una vez y un orco negro calló con un horrible agujero en el pecho. Sin embargo, un extraño humo comenzó a salir tras el disparo, algo que no presagiaba nada bueno.

Cuando la dotación fue a mirar qué había ocurrido, el cañón estalló disparando trozos de metal y esquirlas en todas direcciones y atravesando a cada uno de los miembros de la dotación. El conde elector no podía creerlo, sus tropas estaban siendo masacradas y sus máquinas de guerra le habían fallado en el momento en el que más necesarias le eran.


TURNO 2 DE LOS ORCOS Y GOBLINS

Cuando el único superviviente de la colisión con los fanáticos vio alejarse a los seres babeantes, se dio la vuelta aliviado. Este gesto le impidió ver como uno de los goblins se giraba lentamente para luego dirigirse de nuevo hacia él a toda velocidad. Mientras el humano era lanzado contra las ruinas con el cráneo roto, el chamán orco sonrió. No podía creer que todo estuviera saliendo tan bien. Otro goblin fanático que volvía de la masacre le hizo salir de sus pensamientos con el tiempo justo para agacharse y ver como un miembro de la unidad perdía la cabeza en un descuido.

Por suerte la unidad estaba acostumbrada a este tipo de percances y la mayor parte de la unidad logró apartarse a tiempo. Sin embargo, la situación le había ayudado a ver que aún debían llevar cuidado. El último de los fanáticos se colocó enfrente de la unidad de espadachines, en un lugar en el que no era un peligro inmediato para nadie.

Los jinetez de lobo que se ocultaban tras el bosque se lanzaron contra el destacamento de los grandes espaderos. Al ver a las bestias acercarse, los alabarderos huyeron. Ver a los humanos alejarse no disgustó a los goblins, pero su carga perdió ímpetu y quedaron sin darse cuenta delante de los caballeros de la Reiksgard.

Al ver esto, los goblins nocturnos dirigidos por el gran chamán comenzaron a discutir entre sí, al parecer debido a que algunos miembros de la unidad sostenían que debían haber soltado unos pocos escorpiones para que corrieran más y otros defendían que habría sido mejor hacerlo prendiéndoles fuego en las colas. La refriega tardó bastante en quedar controlada por el jefe de la unidad.

Al otro lado del campo de batalla las amenazas del chamán orco surtieron efecto, y el miedo a ser triturados tras la batalla por su general calmó bastante a los jinetez de lobo, que se reagruparon y comenzaron de nuevo a rodear las ruinas. Una vez lanzados todos los improperios que tenía en mente, el chamán orco abandonó la unidad de arkeroz orcos para unirse a la de goblins nocturnos.

Mientras tanto, el gran chamán goblin nocturno (algo más inteligente que el resto de pielesverdes) vio próxima una situación de combate cuerpo a cuerpo y abandonó su unidad para adentrarse en el bosque.

Una vez situado en la unidad, entrecerró los ojos y pronunció las palabras de un conjuro. Una vez acabado el sortilegio, un rayo verde surgió de las yemas de sus dedos acabando con algunos grandes espaderos. Al mismo tiempo, el gran chamán goblin volvió a invocar a Gorko entre alaridos. El Dios cayó de nuevo sobre la unidad de grandes espaderos, aplastando a otros muchos.

La magia ¡Waaagh! había acabado con 11 de los poderosos guerreros imperiales de un solo soplo. El chamán goblin comenzó a carcajearse.

Su risa fue brutalmente interrumpida por un estruendo lejano. Mirando hacia la colina más lejana, el chamán se percató de que uno de los lanzapiedroz había saltado en pedazos. El lanzapiedroz restante no tuvo mucha más suerte, ya que la gigantesca roca cayó muy lejos de los caballeros. El lanzapinchoz próximo logró ensartar a uno de los imperiales montados, mientras que el otro no logró impactarles. Los grandes espaderos finalizaron su duro castigo con dos muertos más, que cayeron con dos flechas clavadas en el pecho. los arkeroz estaban siendo más efectivos que de costumbre.

TURNO 3 DE EL IMPERIO

El conde elector miró a su alrededor. Sólo veía gritos de agonía de los caídos y sintió una gran impotencia. Había llegado la hora de cambiar el curso de la batalla. Abandonó la mermada unidad de grandes espaderos y junto con el portestandarte de batalla se unió a los espadachines. Mientras cambiaba de unidad, ordenó a la lejana unidad de caballeros que tomasen la iniciativa.
El maestre no tardó en captar la señal.

Espoleó a su montura y se lanzó a la carga contra los jinetes de lobo que habían sido tan inconscientes de ponerse en medio de su camino. Iban a demostrar a esos orcos que los pocos caballeros que quedaban eran realmente mortales. Al ver el ímpetu de la carga, los goblins rompieron filas y se alejaron a toda velocidad. Sin embargo, el estandarte de hierro ondeaba al viento y llenaba de vigor los corazones de los imperiales, que con una velocidad inhumana arrollaron a los pielesverdes y sin pararse se estamparon de frente contra los orcos negros.

Al ver que la batalla podía cambiar, el destacamento de los grandes espaderos superó sus miedos y logró reorganizar sus filas. Su unidad principal, de la que quedaba una sombra de lo que fue, se refugió tras a unidad de espadachines, que avanzó con determinación.

Los hechiceros de batalla no lograron lanzar ninguno de los hechizos que planearon, puers no lograron obtener la energía. parecía que los vientos de magia no eran favorables aquel día.

Los arcabuceros, ya los únicos capaces de atacar a distancia en el ejército imperial, acabaron con dos arqueros orcos de un certero disparo.

En el titánico combate del centro del campo, los caballeros imperiales vengaron a sus camaradas muertos sesgando la vida de tres de los brutales orcos negros. Sin embargo, todo parecía indicar que la superioridad numérica de los pielesverdes decidiría el combate.

Sin embargo, en ese momento ocurrió algo totalmente inesperado. Los caballos, furiosos tal vez por saberse alimento habitual de los pielesverdes, comenzaron a cocear y morder en una orgía de sangre que acabó con otros tres orcos negros. Esto neutralizó el empuje de los otrora confiados orcos, que rompieron filas y huyeron. Los caballeros, motivados después de haber sufrido tantas bajas, persiguieron y aniquilaron a los orcos sin dejar ninguno en pie.

Ante esta visión de muerte, los goblins nocturnos próximos huyeron de la carnicería. El Imperio había abierto un hueco en la masa de orcos, y la batalla comenzaba a equilibrarse.

TURNO 3 DE LOS ORCOS Y GOBLINS

Mientras los goblins nocturnos continuaban huyendo, el chamán orco no podía creerlo. Había tenido la victoria en la mano, y sus inútiles tropas estaban echándolo todo a perder. Los arkeroz se lanzaron a la desesperada contra los espadachines, pero pronto fue evidente que éstos se encontraban demasiado lejos y los orcos fueron parándose desilusionados. Los goblins nocturnos se encararon hacia los espadachines, con vistas a cargarles por el flanco si llegaban a cargar.

Poco más a la izquierda de los goblins uno de los fanáticos se estampó contra las ruinas, que acabaron sepultándolo. El fanático que se interponía en el camino de los espadachines cayó cuando su maltratado sistema cardíaco dijo basta, y el goblin superviviente se alejó de la batalla. Los jinetez de lobo continuaron rodearon las ruinas, amenazando la retaguardia de la unidad de espadachines.

En un vago intento de dar su merecido a esos caballeros que estaban destrozando a su ejército, el chamán goblin nocturno volvió a invocar a Gorko. El Dios volvió a materializarse, y aburrido machacó a otro de los humanos. Tras esto, sobrecargó la mente del insignificante goblin con un impresionante poder. El chamán cayó al suelo, cuando se levantó, no fue capaz de recordar qué hechizo había formulado.

La artillería orca apuntó a los caballeros masivamente. Sin embargo, la batalla había entrado en una racha negativa y era evidente que los dioses gorko y Morko habían abandonado a los goblinoides. Una de las katapultas no logró alcanzar a los caballeros, mientras que el lanzapiedroz sólo consiguió que el resorte que dispararía la máquina se encasquillase. Los lanzapinchoz no impactaron y la katapulta que tenía delante a los caballeros redondeó el éxito disparando al goblin en una dirección totalmente vertical.

Desgraciadamente, los goblins jamás fueron muy entendidos de las leyes físicas, así que cuando el proyectil pielverde volvió a bajar enloquecido, uno de los goblins voladores que esperaba para ser lanzado fue destrozado sin que tuviera oportunidad de apartarse.

Definitivamente, pensó el chamán orco, la batalla se le estaba volviendo a escapar de las manos.


TURNO 4 DE EL IMPERIO

Motivados por el inesperado giro que había tomado la batalla, y al mando del conde elector, lois espadachines se lanzaron contra los arqueros orcos. Los grandes espaderos y su destacamento se colocaron en la retaguardia de la unidad, con el fin de obstruir la carga de los jinetes de lobo. Mientras el Imperio intentaba hacerse con el control de ese flanco del campo de batalla, en la colina los caballeros cargaron al lanzapinchoz.

El hechicero a caballo notó la debilidad del gran chamán goblin y decidió aprovecharse, sin embargo, su hechizo se disolvió en el aire con la lectura que realizó el chamán orco de un pergamino arcano. Esto no desanimó al hechicero, que logró lanzar un hechizo con el objetivo de atraer a la diosa fortuna hacia el lado de los humanos. Sin embargo, el comienzo no fue alentador, ya que el hechicero a pie no logró obtener la energía necesaria para acabar con los jinetes de lobo.

Los arcabuceros dispararon a los goblins nocturnos, pero no lograron hacer ninguna baja en la unidad. Los espadachines acabaron con tres de los orcos, mientras que el conde elector acabó con otros tres. Esto fue demasiado para los arqueros, que huyeron con los humanos pisándoles los talones. El chamán no se inmutó, se lo esperaba.

Ahora su unidad cargaría a la desprotegida unidad desde el flanco. Sin embargo, el chamán no se dio cuenta mientras maquinaba su plan de que su unidad había dado media vuelta al ver a sus primos morir de aquella manera. En cuanto se percató, el chamán se acordó de muchos familiares de los goblins mientras los perseguía intentando reestablecer el orden.

En el centro del campo de batalla, los caballeros de la Reiksgard pasaron por encima de la dotación del lanzapinchoz y siguieron su marcha más allá del escenario de la batalla.

Definitivamente, los orcos habían perdido el control de la situación.


TURNO 4 DE LOS ORCOS Y GOBLINS

El gran chamán goblin se acercó al linde del bosque con el fin de tener una visión directa hacia los grandes espaderos. Tal vez si pudiese acabar con ellos el ejército imperial se resentiría. Los goblins nocturnos que se encontraban huyendo vieron a los caballeros salir del campo de batalla, lo cual les tranquilizó bastante y les permitió dejar de correr.

Del mismo modo, los arkeroz decidieron dar media vuelta y enfrentarse de nuevo a esa unidad de humanos que les perseguía de cerca. Ignorando a los grandes espaderos y a su destacamento, los jinetez de lobo cargaron al flanco de los arcabuceros.

Desde su nueva posición, el gran chamán intentó invocar a Gorko una vez más, pero el hechicero de batalla ya había visto de lo que era capaz la deidad y decidió dispersar el hechizo leyendo un pergamino mágico. La lectura del pergamino permitió al hechicero acumular toda su energía en dispersar con facilidad el siguiente conjuro que intentó lanzar el chamán orco.

Tanto las katapulta como el lanzapinchoz no lograron alcanzar a los pocos grandes espaderos que quedaban. Su escaso número era su mejor defensa ante los proyectiles.

En el extremo del campo de batalla los arcabuceros pudieron hacer poco ante la carga de los goblins. Dos humanos fueron ensartados por las lanzas, y el resto huyó presa del pánico para ser cazados uno a uno por los lobos. Era una victoria mínima para los orcos y goblins, pero una victoria al fin y al cabo.
TURNO 5 DE EL IMPERIO

Viendo que los arqueros volvían a darse la vuelta, los espadachines se lanzaron de nuevo a la carga para acabar definitivamente con todos los orcos. Los grandes espaderos y su destacamento se giraron con el fin de no perder de vista a los jinetes de lobo responsables de la muerte de los arcabuceros.

Mientras, al otro lado del campo de batalla, los caballeros volvieron a la refriega y se situaron al costado de la katapulta lanzagoblinz.

El hechicero a caballo, recién llegado al campo de batalla, intentó acabar con los jinetes de lobo por medio de la magia, ya que se estaban convirtiendo en una molestia, pero el rayo azul que surgió de las manos del hechicero se disipó en el aire a unas palabras del gran chamán goblin nocturno. Mientras pronunciaba estas palabras, el goblin se abstrajo del universo que le rodeaba, momento que fue aprovechado por el hechicero a pie para descargar una lluvia de fuego sobre él. El goblin salió herido, pero milagrosamente vivo de la explosión de llamas.

Las tropas del imperio estaban eufóricas mientras vertían sangrs de los pieles verdes invasores. Los espadachines acabaron con otros siete arqueros orcos, la mayoría de los cuales cayeron bajo el filo de la espada de Segismundo que portaba el conde elector.

Esto convenció finalmente a los orcos de que la batalla estaba perdida, por lo que se desmoralizaron y fueron aniquilados en una persecución arrolladora de los humanos. Esta carnicería fue demasiado incluso para los dementes Goblins voladores, que huyeron del campo junto con la dotación del lanzapiedroz. El Imperio se había hecho con el centro del campo de batalla sin sufrir apenas bajas una vez comenzó el combate.

TURNO 5 DE LOS ORCOS Y GOBLINS

Los goblins nocturnos se reagruparon después de que el chamán tuviese que chocar varias cabezas entre sí. Sin embargo la situación pintaba muy mal para los orcos. Apenas tres unidades quedaban en pie para enfrentarse a unos renovados soldados imperiales. Y lo peor de todo, pensó el chamán, todas ellas eran de goblins. Los orcos habían demostrado una cobardía indigna de su raza y el chamán se sentía profundamente indignado.

Al otro lado de la colina, la otra unidad de goblins nocturnos comenzó a discutir sobre quién había tenido la culpa de que la batalla estuviese tan mal encaminada. Mientras tanto, los jinetez de lobo, que estaban luchando solos contra el mundo, dieron la vuelta para dirigirse a los grandes espaderos y su regimiento, que estaban esperándolos.

El fanático que quedaba finalmente se estrelló contra la colina, dejando sólo una masa sanguinolenta empotrada en la piedra. El gran chamán intentó de nuevo invocar a su Dios, pero parecía que ya le era esquivo y los hechiceros de batalla volvieron a dispersar el hechizo fácilmente con la lectura de un nuevo pergamino.

Aburrido de la ineptitud que demostraba el goblin, el chamán orco decidió acabar con los grandes espaderos con su propia magia. Sin embargo, la energía Waaagh le sobrecargó el cerebro y le dejó sin la posibilidad de articular palabra. Había olvidado el hechizo. En ese momento, apareció una isla en el océano de desgracia en el que estaban sumidos los pielesverdes. La katapulta que quedaba fue disparada y un goblin salió por los aires con un penetrante chillido. El goblin aterrizó justo en medio de la unidad de caballeros, levantando polvo, metal, esquirlas de madera e incluso miembros humanos en todas direcciones.

Cuando la nube se disipó, tan sólo el hechicero a caballo quedaba en pie. La unidad de caballeros había sido finalmente aniquilada por las máquinas de guerra, pero tal vez demasiado tarde para la horda, pensó el chamán orco. El lanzapinchoz disparó al solitario hechicero, pero el proyectil pasó muy por encima de su cabeza.

TURNO 6 DE EL IMPERIO

El mago a caballo salió de la masa de restos humanos y goblinoides y se colocó tras la unidad de goblins nocturnos de la derecha de la colina, con la esperanza de pasar desapercibido.

Tras haber saciado su venganza con los arqueros orcos, los espadachines se encararon hacia los goblins dirigidos por el chamán orco. Ambos hechiceros parecían agotados por la batalla, pues no lograron reunir la energía necesaria para lanzar ninguno de los conjuros con los que pretendían apuntillar a los goblins.

A menos que el mermado ¡Waaagh! hiciese milagros en minutos, El Imperio había logrado salvar a su población una vez más de la amenaza pielverde.


TURNO 6 DE LOS ORCOS Y GOBLINS

En un último intento de acabar con los hombres, los jinetez de lobo cargaron contra el destacamento de los grandes espaderos. El resto del ejército goblin permaneció observando la escena, derrotado.

El gran chamán goblin llamó por última vez a Gorko, pero una vez más un pergamino mágico leído en el momento justo le impidió comprobar si realmente su dios le había abandonado. El chamán orco, que aún sentía un agudo dolor de cabeza, no fue capaz de atravesar las defensas mágicas de los hechiceros imperiales y tampoco logró lanzar ningún conjuro efectivo.

Tanto la heróica katapulta como el lanzapinchoz que quedaba ileso no consiguieron alcanzar a los grandes espaderos. Al final iban a salir vivos a pesar de la lluvia de proyectiles.

En el combate final, los jinetes de lobo acabaron con dos de los alabarderos, mientras que los alabarderos desmontaron a un goblin y mantuvieron la posición. El ejército goblin estaba totalmente disperso y sus dioses lo habían abandonado. El chamán orco, sin ningún líder más al que poder acudir, era consciente de que no sería capaz de reagrupar a su ejército sin enfrentarse abiertamente a los humanos. Y hasta él sabía que no era un combate que pudiera ganar.

Dando media vuelta, y maldiciendo al cobarde chamán goblin que se escondía en los bosques y jamás saldría para echarle un cable, el general orco escapó del campo de batalla abandonando a los restos de su ejército a su suerte.

RESULTADO FINAL:
IMPERIO: 1337,5
ORCOS Y GOBLINS: 998,5
DIFERENCIA: 339
VICTORIA MARGINAL DE EL IMPERIO

¡¡¡MUERTE AL REINO ANIMAL!!!

Fer: ¡¡Malditos y estúpidos caballos, creo que los del círculo interior eran los caballos y no los caballeros!! La partida estaba controlada hasta que esas fieras dopadas machacaron a mis orcos negroz... En fin, tal como había avisado, Lázaro, que hasta ése momento había pasado desapercibido, sacó su suerte y con cinco ataques de caballo que impactaban en el 4+, herían en el 5+ y me salvaba con un 5+ mató a 3 orcos negroz.

Sí, sí, es lo único en lo que Lázaro tuvo suerte en la partida, en lo demás predominó la lógica o la suerte mía, pero eso le bastó para vapulear miserablemente una preparación de una semana.

Sin embargo, aunque no se puede negar la suerte del individuo en cuestión, analizar mi derrota achacando todo a esa tirada es algo poco imparcial y muy estúpido. No creo que haya perdido por eso. La suerte normalmente no se tiene, hay que buscarla, y en este caso yo busqué mi mala suerte.

La verdad es que jamás debí de permitir que los caballeros cargasen a mis orcos negroz, ya que la posibilidad de perder el combate (a pesar de que ganaba por 4-0 al tener tres filas y la potencia de unidad) existía (y más con mi racha). En realidad, podría haberme quedado atrás esperando la desintegración de Lázaro, pero esto no habría ido con mi espíritu, así que no me arrepiento de haber avanzado.

En realidad creo que la solución real debería haber sido el no reaccionar huyendo ante la carga de los caballeros. Esto los hubiera dejado entretenidos y tal vez, los hubiese obligado a perseguir dejándolos a merced de mis chicoz. Mi reacción permitió a Lázaro acabar con una de mis unidades de lobos, con mis orcos negroz y posteriormente con las máquinas de guerra de la colina central. Todo por una decisión equivocada.

Por otra parte, en la batalla he cometido el mismo error que suelo cometer. Mido muy mal las cargas y avanzo sin precaución. Como resultado, jamás realizo yo las cargas y siempre las recibo. Si mis arkeroz hubiesen cargado, la historia habría sido diferente (no logré hacer ni un ataque ni con los orcos negroz ni con los arkeroz como consecuencia de atacar en último lugar), no hubiesen perdido el combate y se habrían visto apoyados por los goblins del flanco en el turno posterior.

Por otra parte, he notado mucho en falta la presencia de un general sólido en el centro, así como la de un portaestandarte de batalla. Contar con dos chamanes me ha dado la superioridad mágica (lo que me ha sido bastante útil), pero esto ha supuesto que mis tropas no hayan sido capaces de superar prácticamente ninguno de los chequeos de liderazgo que han realizado.

Por otra parte, Lázaro no se ha metido un gran cañón tal como esperaba, y con su racha, probablemente le habría explotado igualmente.

La verdad es que de todos modos creo que he salvado los muebles tal como se había puesto la partida. La eliminación de los caballeros en un golpe de suerte me ha llevado a sufrir tan sólo una derrota marginal. Al final, incluso podría haber logrado un empate de no ser por que con la derrota de los orcos negroz me desmoralicé y casi tiré la toalla (mi plan se había ido volando).

En realidad esto me llevó a no pensar con claridad, porque tal como he dicho, podía haber acabado con los espadachines si hubiese coordinado bien mi ataque de los goblins y los arkeroz, y esto hubiese arreglado la partida.

Sin embargo, no puedo evitar sentirme
muy desgraciado cuando pienso cómo empezó la partida. Mis máquinas de guerra se han portado bastante bien y mis temores de que no serían fiables han quedado infundados, ya que han rentabilizado cada uno de los puntos que han costado (me han dado todos los caballeros y la mitad de los grandes espaderos). La partida iba bien y la eliminación de los herreruelos con magia en el turno 1 (es normal, ya que Lázaro los estrenaba hoy, y ya se sabe qué pasa cuando estrenas una miniatura) junto con la explosión de las dos máquinas de guerra imperiales me daban camino libre a las dos unidades de lobos para hacer estragos en el Imperio.

Sin embargo, no he sabido o no he podido aprovechar esto de la debida manera. Pero como digo, la partida iba para masacre mía y Lázaro comenzaba a soltar improperios cuando dijo la frase que cambió esta batalla, al igual que ha cambiado tantas otras antes que esta:

“Voy a perder”. Cualquiera que conozca a Lázaro saldría corriendo durante kilómetros al oír esa frase. Creo que tendría más posibilidades jugando contra 10,000 puntos del caos con 100 puntos de snotlings que si oigo esa frase en una batalla contra Lázaro. No estoy seguro, pero creo que Lázaro jamás ha perdido cuando ha dicho esa frase, pero no en este juego, si no ni siquiera en las canicas.

En fin, creo que podría haber ganado la partida de no haber cometido dos errores fundamentales pero aislados, y tal vez la próxima vez sea diferente.

Puedo achacarme también el no haber incluido un portaestandarte de batalla ¡¡¡o un general con algo más de liderazgo 7!!!, pero no lo voy a hacer porque he incluido dos chamanes conscientemente y con la claridad de saber que en un torneo no me haría un ejército tan extremo.

En cualquier caso, prefiero perder ahora al principio que al final.

¡¡¡VICTORIA, POR SIGMAR!!!

Laza: Ufff esta vez he tenido más potra de lo normal y esta victoria marginal ha sido por los pelos.

El ejercito que Fernando ha usado me ha sorprendido mucho (tendríais que haber visto mi cara cuando me dijo que se había metido 6 máquinas de querra) y la verdad es que no estaba preparado para hacer frente a esa potencia de fuego, ¡ ni siquiera me había metido el gran cañón para poder romperle algo !

La batalla estuvo muy equilibrada, con un claro dominio de Fernando durante los primeros turnos, cuando redujo a la mitad a mi unidad de caballeros, aniquiló con magia a mi unidad de herreruelos, diezmó a mi unidad de grandes espaderos y tanto mi mortero como mi cañón de salvas explotaron.

En ese momento estaba desanimado y abatido, estaba seguro de que iba a perder hasta que una carga de mi reducida unidad de caballeros arrambló con una unidad de lobos y se estampó con los orcos negros de Fre.

Después de un combate donde mis caballeros y mis caballos causaron las mismas bajas (tres cada uno, lo que refuerza la teoría de que son los jinetes los que deberían de llevar encima a sus monturas) vencieron a los orcos negros, que tenían una ventaja de 4 puntos debido a las filas y la potencia.

Estos orcos negros fallaron el chequeo de liderazgo por un punto y huyeron. La verdad esto ocurrió debido a la ausencia de portaestandarte de batalla en el ejercito de Fre, lo cual tambien me sorprendió, debido a la mundialmente conocida incapacidad de Fre de superar chequeos de liderazgo a la primera.

Esta carga desequilibró las cosas a mi favor, ya que después de esta carga conseguí reorganizar el centro de mi ejercito al colocar en mi unidad de espadachines a mi conde elector y mi portaestandarte de batalla, ya que al turno siguiente esa unidad se enfrentó a los arqueros orcos de Fre, que fallaron la carga anteriormente declarada, y les vencieron e hicieron huir por dos veces, siendo destruidos en la segunda vez.

Aquí acabó una batalla muy equilibrada.
Tengo que decir que cuando Fre me dijo que se había metido dos unidades de goblins nocturnos (con sus fanáticos correspondientes) me preocupé un poco.

Sabía como deshacerme de los fanáticos de una de esas unidades (con mis poco apreciados batidores) pero para la otra tuve que improvisar sobre la marcha, y al final utilicé un destacamento para hacerlos salir.

Mi plan inicial de batalla (pensando contra un ejercito más o menos equilibrado) era formar un centro de ejercito firme con una unidad de grandes espaderos con mi conde y mi portaestandarte de batalla, con un destacamento de alabarderos de apoyo, y una unidad de espadachines que la apoyase con otro destacamento.

Uno de mis flancos estaría ocupado por mis caballeros que se iban a enfrentar a los jabalís (en casos de que Fre se hubiera metido un ejercito normal), pero al ver el paronama decidí que se enfrentaran contra los orcos negros. Los herreruelos los iba a usar para enfrentarme a una de las unidades de jinetes de lobo pensando que si cargaba yo tendría muchas posibilidades de vencer. Pero al ver a ese ejército mi plan se fue al garete y decidí que haría lo que he hecho en muchas de las batallas que he jugado: improvisar sobre la marcha, y la verdad es que no me fue tan mal.

Esta ha sido una de las batallas que más me han gustado de los ultimas que he jugado.


BALANCE DE PUNTOS CONSEGUIDOS POR UNIDAD:

El Imperio:

Espadachines: 552
Caballeros de la Reiksgard: 498
Hechicero de batalla a pie: 137,5
Destacamento de grandes espaderos: 75
Causas ajenas: 75

Orcos y Goblins:

Katapulta lanzagoblinz: 377
Causas ajenas: 200
Gran chamán goblin nocturno: 133,5
Jinetez de lobo izquierda: 104
Chamán orco: 92
Fanáticos derecha: 50
Fanáticos izquierda: 42

 

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