Choque de hordas I


Batallitas

15-06-2004 12:08
Por: Davidelgnomo

Encontrado en: http://www.ociojoven.com/article/articleprint/705134/

En este informe de batalla reflejo un enfrentamiento entre Grimgor y Archaón, Señor del Fin de los tiempos.

Tal vez recordéis una batalla colocada aquí con anterioridad que enfrentaba a mi ejército orco contra el Imperio de mi amigo Lázaro y que tuvo un final inaudito. Para los que no lo hayáis leído, os aconsejo que empecéis por esa (el artículo se llama La Horda se acerca). Esta batalla que relato se jugó posteriormente a la susodicha y en ella me enfrenté con Grimgor al ejército de Archaón. Como con razón en el anterior artículo recibí quejas de la longitud del mismo, este he decidido dividirlo en dos partes (¡Y aún así sale largo!). En fin, espero que os divirtáis. Recordad que, por surrealista que pueda parecer, la batalla se jugó realmente y pasaron las cosas que en ella se indican.

LA BATALLA

Fer: Ahora, siento la urgente necesidad mi última derrota. Procuraré no acercarme demasiado a los caballos, porque sé por experiencia que la suerte funciona por rachas. Aunque realmente las circunstancias de mi vida me pondrán esta partida al frente de mi propio hermano, os aseguro que no lo he querido yo así y no ha sido hasta hoy (un día antes de la batalla) cuando me he decidido. Si Lázaro simboliza todas mis penas en este mundo, hasta ahora Jorge ha supuesto todo lo contrario, y la verdad, sólo he acudido a él cuando me ahogaba en depresiones recordando tiempos pasados. Jorge comanda un ejército de guerreros del caos, lo que me dio una estupenda idea para enfocar esta batalla. El individuo siempre anda quejándose de su reducido número de tropas, así que le daría una oportunidad. Este vez le daría una gran batalla. Me salté el guión que me obligaba a jugar tan sólo enfrentamientos de 2000 puntos por bando, y doblé esa cantidad. Ambos ejércitos se verán las caras con 4000 puntos para machacar al rival. Personalmente, suelo ser partidario de partidas más pequeñas, creo que son más dinámicas y más interesantes estratégicamente, amén de no ocuparte un día entero. Sin embargo, si me parece interesante jugar de vez en cuando batallas colosales como ésta, porque son ésas las que realmente se recuerdan. Pero tenéis razón, no he olvidado que os prometí que haría un ejército extremo en cada batalla o basado en una idea bastante marcada. Bueno, no descubro nada si os digo que en 4000 puntos he de meterme prácticamente todos los tipos de tropa de los que dispongo, por lo que el tema estaba complicado. Sin embargo, la idea de esta partida (que ya tenía pensado jugar desde hace mucho tiempo, aunque no pensé que la jugaría tan pronto) me vino un buen día de casualidad. Necesitaba un jefe para mi unidad de orcos negroz, así que me hice con la miniatura de Grimgor, ya que me parece estupenda, para hacer la labor. Mientras salía de la tienda con la fiera esa en mi poder, se me iluminó la cabeza. Yo quería jugar una partida con todo mi ejército dirigido por Grimgor.Los siguientes pasos ya los podéis deducir fácilmente. ¿Qué mejor batalla para estrenar a Grimgor que una a 4000 puntos? El tipejo iba a tener a su mando un buen puñado de orcos y goblins. Así pues, la decisión estaba tomada: mi ejército se formaría en torno a el mejor personaje especial de color verde que habían inventado los chicos de Workshop en toda su historia. Lamentablemente, ningún rival del mundo que no hubiese bebido antes barriles de Whisky hacendado aceptaría dejarme utilizar a Grimgor sin pedir nada a cambio. Pensando en esta idea, me puse a buscar el rival ideal para plantarle delante a esta mala bestia, y así fue como me topé con Jorge y su reciente compra, Archaón. Bueno, bueno, cuando elegí enfrentarme a Archaón lo hice pensando en lo espectacular que sería una batalla que enfrentasen estos dos titanes, y la verdad es que no me cabe la menor duda de que así va a ser.

warhammer, Caos, Orcos y Goblins
Probablemente ambos formen una auténtica carnicería a su alrededor. (¡lo necesitarán para rentabilizar los puntos que cuestan!). Sin embargo, el asunto tiene sus inconvenientes. En realidad, lo único que me preocupa es que Grimgor da mucho miedo, pero da menos si el señor del fin de los tiempos, del caos absoluto y décimo en la sucesión al trono de Inglaterra y no sé cuantos estúpidos títulos más está delante. Todos pensáis que sería épico lo de un enfrentamiento entre los dos mastodontes estos, pero la verdad es que sospecho que mi chico acabaría hecho espinacas, así que no creo que opte por esa opción. Por lo demás, he incluido prácticamente todo lo que tengo, y como ocurre en las partidas así de grandes, es bastante inútil hablar de una táctica previa. Iré diseñando una.

TURNO 1 DEL CAOS

Tras meses de marcha, la gran horda del caos se disponía a entrar en el Imperio. Era el ejército más grande que estas tierras habían visto en décadas, formado por guerreros totalmente consagrados a los dioses del caos con una habilidad inigualable en combate. Al frente de la terrorífica masa cabalgaba archaón, Señor del fin de los tiempos, dispuesto a acabar de una vez por todas con la débil y molesta raza humana. Sin embargo, un obstáculo inesperado se había dispuesto en su camino.

Aquel caudillo orco debía tener poco aprecio a su vida, no podía explicarse de otro modo que hiciese frente a un ejército tan imparable. Archaón decidió que sería un interesante oponente, y espoleó a su demoníaca montura Dhorgar para que se dirigiese hacia el piel verde suicida. Junto a él, avanzaron los poderosos espadas del caos, destinados a ir junto a él hasta los confines de la tierra si fuese necesario.

El resto del ejército, poseído por el sangriento Khorne, avanzó enloquecido hacia el ejército orco. Los dos hechiceros del caos se unieron al avance del ejército buscando acercarse al enemigo para alcanzarlo con sus peligrosos conjuros. En el flanco izquierdo, uno de los carros se movió con precaución, al percatarse de la presencia de los veloces jinetes de lobo goblins al otro lado del campo de batalla.
Con un repugnante gorgoteo, la gran inmundicia se comunicó con su Dios con la atención puesta en el monstruo alado que se escondía tras el enjambre piel verde. Al momento, la gigantesca serpiente comenzó a comportarse de forma extraña y a arrastrar la cabeza, como si un terrible peso hubiese caído sobre ella. Los gritos del kaudillo orco intentado que la bestia despegase se oían en la lejanía, pero parecía que el animal había caído enfermo y que el orco se esforzaba en vano.

Dispuesto a abandonar aquellas posiciones, Archaón pensó que debía dejar el flanco controlado. Se concentró y comenzó a pronunciar las palabras de un hechizo. Mientras las retumbantes palabras llenaban el aire, un fuego mágico consumió a cinco de los jinetes de lobo que lo miraba estupefactos. Al momento, un demonio rosáceo apareció de las cenizas de cada uno de los consumidos goblinoides. Ante esta horrible visión, los goblins restantes huyeron del campo de batalla sin haber siquiera comenzado a tomar parte en ella. Los horrores rosas quedaron cara a cara con la aturdida serpiente alada. Al ver aparecer a los demonios sin previo aviso, los goblins nocturnos soltaron a los fanáticos en una descarga de miedo incontrolada en direcciones aleatorias. Uno de los enloquecidos goblins quedó tras la unidad, mientras que los dos restantes fueron lanzados hacia el ejército enemigo que se aproximaba.

Los hijos de Tzeentch intentaron dañar a la serpiente alada acudiendo al poder de su Dios, pero los vientos de magia no les fueron favorables y no lograron reunir la energía necesaria.

La nueva dirección que habían tomado los vientos impidió que ninguno de los hechiceros lograse lanzar un nuevo conjuro. Sólo el estandarte de la ira que portaba una de las unidades de guerreros del caos logró descargar un rayo de energía mágica que impactó en un brazo del gigante, hiriéndolo y enfureciéndolo, como pudo comprobarse a tenor de los rugidos que lanzó el coloso.

TURNO 1 DE LOS ORCOS Y GOBLINS

Grimgor Piel’ierro no podía creer la suerte que tenía. Sus chicos habían estado aburriéndose durante semanas por la falta de adversarios decentes, ya que ningún hombre o animal se atrevía ya a penetrar en sus territorios. Cuando las escaramuzas y rencillas comenzaban a proliferar entre su horda, había aparecido aquel ejército en el horizonte. Y ahora estaba atacándole. Bien, pronto se arrepentirían de ello. Todo el ejército se dirigió firmemente pero con precaución hacia el enemigo bajo sus órdenes. Los pieles verdes avanzaron muy coordinados para lo que es habitual en su raza, la presencia de Grimgor intimidaba incluso a los orcos más grandes, y esto ayudaba enormemente a que las cosas funcionasen. Tan sólo dos pastores goblins comenzaron a apostar sobre quién sería capaz de hacer correr más a un garrapato, pero se callaron al instante tras comprobar que el gran kaudillo les dirigía una mirada asesina.

El fanático que se movía tras el ejército orco dio unas pocas vueltas más antes de caer al suelo agotado. Otro de los dementes goblins se giró y se lanzó frenéticamente hacia los goblins nocturnos, la mayor parte de los cuales se apartaron, excepto uno de ellos al que sus compañeros mantuvieron agarrado hasta que el fanático le arrancó la cabeza de cuajo. Unas casi imperceptibles risas se escucharon entre los miembros de la unidad.

Entre una nube que le provocaba la fiebre, la serpiente alada notó los golpes que le propinaba su jinete y se fijó en los horrores antinaturales que la amenazaban. Lanzó un grito desgarrador y se lanzó hacia ellos valiéndose de sus patas, sin la fuerza suficiente para levantar el vuelo. Mientras, los carros y jinetes de lobo comenzaron a moverse hacia los flancos del campo de batalla, con el fin de rodear al reducido ejército del caos. Los jinetes de jabalí no se movieron, esperando la orden concreta de Grimgor.

El Gran Chamán goblin nocturno intentó en vano concentrar la energía ¡Waaagh! para lanzar dos conjuros contra los seguidores de los dioses oscuros. Finalmente, la adrenalina acumulada por las tropas a su alrededor logró generar la energía suficiente para que Gorko se materializase sobre el campo de batalla. El dios verde pisoteó a uno de los carros del caos, haciéndolo astillas al instante. En ese momento, la energía sobrecargó al Chamán, que perdió el control del hechizo. Gorko, desorientado, mató a tres jinetes de lobo goblins antes de desaparecer del campo, y el chamán cayó al suelo escupiendo sangre, lo que le impidió ver como los jinetes de lobo que quedaban en la batalla daban la vuelta y huían desapareciendo entre el bosque del límite.

Con un chasquido, uno de los goblins voladores salió disparado más allá de las nubes. El goblin planeó unos escasos segundos antes de lanzarse en picado contra los caballeros del caos, en una mezcla de sed de sangre y locura. Uno de los espadas del caos fue totalmente aplastado por el proyectil viviente. La dotación de los lanzapinchoz, animada por el éxito de sus enloquecidos compañeros, apuntó al mismo objetivo, y otro de los caballeros fue atravesado de parte a parte. Por su parte, la roca disparada por el lanzapiedroz cayó muy lejos de la unidad de Archaón.

La fiebre que Nurgle estaba desatando en la serpiente comenzaba a afectar también al kaudillo que la montaba, y ambos sólo pudieron acabar con dos de los horrores. Sin embargo, los tres restantes no lograron hacer daño alguno al orco y desaparecieron cuando se rompió el lazo que les unía al mundo mortal.
TURNO 2 DE EL CAOS

Al ver a una inmensa mole que corría hacia él haciendo temblar la tierra con cada uno de sus pasos, el hechicero del caos absoluto huyó presa de un incontrolable terror. La presencia del gigante no intimidó del mismo modo a los guerreros del caos ni al carro, que se lanzaron contra el inmenso monstruo lanzando un estruendoso grito de guerra. Los bárbaros se llenaron de valor al oírlo y cargaron igualmente contra los garrapatos, pero los extraños animales se encontraban demasiado lejos y los bárbaros fueron perdiendo ímpetu hasta que se pararon, adoptando una posición más defensiva.

Por su parte, la unidad de guerreros del caos del centro del campo de batalla, dominada por el ansia de sangre, cargó contra grimgor y su guardia personal, en una mezcla de valor y demencia incontrolada. Grimgor se preparó para estrenar a Gitsnik. Simultáneamente, los espadas del caos cargaron a una orden de Archaón contra el flanco de los orcos grandotez. Los caballeros rodearon al fanático que se encontraba en su camino, el cual no pudo más que alcanzar a uno de los elegidos de Khorne, desmontándolo con un horrible agujero en la caja torácica. El resto se estamparon brutalmente contra los desprevenidos orcos, que se prepararon para recibir los ataques del señor del fin de los tiempos. Al fin, los dos colosos iban a entrar en acción.

Con casi la totalidad de su ejército en combate, la gran inmundicia se apresuró en acercarse al enemigo. Sin embargo, su ansiedad le impidió adquirir la concentración necesaria para lanzar dos de sus hechizos que buscaban a la enferma serpiente. Del mismo modo, Archaón no logró recordar las palabras de ninguno de sus conjuros en medio del frenesí del combate. Tan sólo el hechicero de Tzeentch logró que unas llamas comenzasen a materializarse en torno a los pastores de garrapatos, pero se apagaron de inmediato cuando el chamán orco leyó uno de sus pergaminos. Puesto que no había necesitado emplear energía alguna en neutralizar los hechizos enemigos, el gran chamán goblin nocturno intentó liberar a la serpiente alada de las aflicciones de Nurgle, pero el dios de la podredumbre tenía una defensa muy poderosa, y el chamán no logró acabar con el hechizo.

Viendo al carro de lobos próximo, la gran inmundicia abrió la boca y expulso todo un torrente de ácidos corrosivos, bilis de demonio y todo un conjunto de deshechos contra el mismo, pero la sustancia sólo alcanzó trozos de madera sin causar más daño que unas simples manchas humeantes.

warhammer, Caos, Orcos y Goblins
En el flanco izquierdo del campo de batalla, el carro se estampó contra el gigante, quebrándole una de las piernas. El monstruo comenzó a tambalearse, y los guerreros del caos aprovecharon este momento de indecisión para lanzarse sobre él, derribándolo y matándolo al instante. Tanto los guerreros del caos como el carro estaban bendecidos por khorne, y el ímpetu de sus cargas les llevó a pisotear el gigantesco cadáver y seguir corriendo hacia el enemigo en un movimiento de arrasamiento.

Mientras, en el centro del campo de batalla se producía una masacre. Grimgor piel’ierro lanzó un rugido y retó al paladín del caos que dirigía a los guerreros a un combate personal. El paladín, deseoso de ofrecer cráneos a su dios, aceptó el desafío. Los guerreros del caos acabaron con dos de los guardias personales de Grimgor, mientras que los orcos negros degollaron a uno de los devotos de Khorne. Pero esto no llamó la atención de los dos combatientes, que sólo tenían ojos para el rival. Cuando el paladín se disponía a atacar con toda su furia, Gitsnik brilló y Grimgor se movió con una velocidad endiablada. El paladín cayó, desangrándose a través de un muñón en el brazo. Los guerreros del caos, al ver esto, perdieron la fe en Khorne y huyeron, poniendo rápidamente tierra de por medio con el gigantesco orco y su guardia personal. Éstos, no dispuestos a dejar que su enemigo escapara, corrieron tras ellos. En ese momento el carro que había acabado con el gigante se cruzó en el camino de los pieles verdes, que satisfechos de poder causar una nueva carnicería, se lanzaron contra él. La huida de los poderosos guerreros del caos fue excesiva para los bárbaros, que dieron media vuelta y huyeron.
Sin embargo, el líder del caos, el todo poderoso Archaón, no iba a ser menos. Sin apenas esfuerzo, el señor del caos lanzó estocada tras estocada, y cinco de los grandotez cayeron víctimas de su espada. Los espadas del caos ensartaron a 4 más, y Dorghar, el caballo demoníaco de Archaón, acabó con dos más machacándolos con sus poderosas pezuñas. Todo esto fue demasiado para los orcos, que huyeron. Los espadas los persiguieron atravesando el mismo terreno que segundos antes había ocupado la guardia de Grimgor y se estamparon contra el flanco de la unidad de garrapatos. Las bestias chillaron excitadas. Parecía que el encuentro de los dos comandantes aún tendría que esperar.

TURNO 2 DE LOS ORCOS Y GOBLINS


La muerte del gigante no desanimó a las tropas del flanco izquierdo, y la vagoneta de ataque snotling, los trolls y el carro de lobos se lanzaron contra sus asesinos a una orden del gran chamán goblin.

Mientras mataba a placer, Grimgor miró hacia atrás e hizo una señal. Los jinetes de jabalí la captaron y chocaron contra la retaguardia de los espadas del caos, en un desesperado intento de acabar con el señor del fin de los tiempos. Los grandotez, que habían sufrido en sus carnes el poder de Archaón, no dejaron de correr por ello y se alejaron de la matanza. Por su parte, el fanático que había matado a uno de los goblins se alejó del campo de batalla dando espectaculares giros. El fanático restante se acercó al combate de Archaón con los garrapatos y los jinetes de jabalí.

A pesar de que el vómito de la gran inmundicia no les había causado daños, la tripulación del carro de lobos se amedrentó ante el gran tamaño del gran demonio de Nurgle y abandonó el campo de batalla. Cercanos al demonio, los guerreroz orcos, los goblins nocturnos y la serpiente alada retrocedieron ligeramente y se dispusieron a recibir la carga de los guerreros del caos elegidos y la gran inmundicia.

El gran chamán goblin intentó invocar el poder de Morko y, aunque no lo consiguió inicialmente por estar demasiado próximo al fragor de la batalla, se resarció y logró posar la bendición del dios sobre la unidad de garrapatos, que parecieron despertar y comenzaron a morder en todas direcciones enloquecidos. Tras este éxito, invocó a Gorko, que volvió a materializarse en el campo de batalla pisoteando al hechicero de Tzeentch, que quedó enterrado en una masa de polvo y piedras para salir después magullado y herido, pero vivo. No fue así con el hechicero del caos absoluto, que murió aplastado inmediatamente después. Pero Gorko se reservó una sorpresa para el final, y de un resbalón acabó con dos de los jinetez de jabalí, tras lo cual abandonó el campo de batalla algo avergonzado.

La katapulta lanzagoblinz fue apuntada hacia la gran inmundicia, pero el goblin pasó varios metros por encima de la cabeza del demonio. No tuvo más suerte el lanzapiedroz, que con un sonoro crujido perdió una de sus soportes y tuvo que comenzar a ser reparado. Los lanzapinchoz tampoco lograron alcanzar a los guerreros del caos elegidos.
El carro de lobos ensartó a cinco de los guerreros del caos, mientras que la vagoneta y los trolls acababan con uno más cada uno. Los guerreros del caos fueron capaces de herir a un troll, pero eran ampliamente superados y se vieron obligados a retirarse ante el empuje de los grandes monstruos, siendo cazados por los lobos uno por uno en la persecución resultante.

Los garrapatos cavernícolas, que habían sido excitados por el poder de morko, saltaron sobre los caballeros antes de que estos pudiesen atacar siquiera. Dos de los espadas del caos fueron devorados en el acto por las feroces bestias. En ese momento, Archaón decidió tomar cartas en el asunto, invocando el poder del demonio Uzuhl, su espada brilló en un azul incandescente y atravesó a seis de los animales sin contemplaciones. Los caballeros restantes vengaron a sus compañeros caídos acabando con otros tres. Dorghar se unió a la carnicería devorando a otros tres garrapatos. En la retaguardia, el gran jefe orco negro logró desmontar a uno de los caballeros, mientras que uno de los jabalíes acababa destrozando a otro en una brutal embestida. Aunque los pieles verdes estaban siendo destrozados, podían ver como la todo poderosa unidad iba reduciendo sus efectivos, y esto los empujó a mantenerse firmes en el combate.

Por su parte, Grimgor piel’ierro no dejó la más mínima oportunidad de atacar ni a los tripulantes del carro ni a sus guardias personales, ya que acabó en escasos segundos con los dos guerreros del caos y los dos caballos, tras lo cual destrozó el carro mientras buscaba con la mirada a otro rival que pudiera salirle al paso. Nadie se ofreció voluntario.
TURNO 3 DE EL CAOS

Los bárbaros del caos lograron finalmente sobreponerse y dieron media vuelta dispuestos a recibir a los enormes trolls que se acercaban. No hicieron lo mismo los guerreros del caos, que habían visto como Grimgor acababa con el carro y siguieron huyendo presos del pánico.
El hechicero de Tzeentch se alejó de la imponente presencia del señor de la guerra orco negro mientras que los elegidos se lanzaron contra los guerreroz orcos. Sin embargo, la distancia era excesiva y los seguidores de Khorne se vieron obligados a darse por vencidos a favor de prepararse para el combate que tarde o temprano tendría que llegar. Por su parte, la gran inmundicia se acercó a la serpiente alada, que aún se revolvía en la fiebre provocada por Nurgle.

Preocupado como estaba de alejarse del combate, el hechicero de Tzeentch no logró recordar las palabras del hechizo que intentó lanzar a los garrapatos.

Archaón, en cambio, logró pronunciar las palabras necesarias para que un extraño fuego consumiese a 3 de los pastores de garrapatos. Tres horrores rosas ocuparon su lugar de inmediato.

Satisfecho de su éxito, el señor del caos dirigió su atención hacia los orcos negroz de ese huidizo kaudillo orco, pero las palabras se borraron de su mente. Archaón tuvo una fugaz visión de un pergamino deshaciéndose en las manos del chamán orco, lo que lo enfureció. Finalmente, el chamán goblin nocturno logró liberar a la serpiente alada de las aflicciones provocadas por Nurgle. El animal rugió y se levantó altivo, dispuesto a devorar a los enemigos que habían querido acabar con ella.

warhammer, Caos, Orcos y Goblins
Viendo que la fiebre se había disipado, el gran demonio de Nurgle regurgitó un torrente de inmundicias hacia el monstruo, que se agachó en el preciso momento para no ser alcanzado. Unos horribles alaridos indicaron al kaudillo orco que tres de lo guerreroz orcos estaban disolviéndose a sus espaldas.

En ese momento, todas las miradas se dirigieron al campo de batalla, donde los orcos luchaban desesperadamente por acabar con el omnipotente señor del fin de los tiempos. Sin embargo, éste no estaba dispuesto a dejar que unos miserables pieles verdes le pusieran las cosas difíciles. Con el poder que le otorgaba el demonio que poseía su espada, Archaón descargó golpe tras golpe sobre los sorprendidos orcos jinetes de jabalí. Antes de que ninguno de ellos se diera cuanta de lo ocurrido, ocho jinetes de jabalí habían muerto con quemaduras y cortes horribles en diversas partes de sus cuerpos. Sus monturas se revolvieron y pisotearon los cadáveres antes de huir de aquella matanza. Dorghar aplastó a otro de los orcos y los espadas del caos desmontaron a otros dos. Hasta uno de los corceles del caos se unió a la orgía de sangre y acabó con el jefe de la unidad con un poderoso mordisco que lo dejó fuera de combate. En unos segundos, toda la unidad de jinetes de jabalí había sido masacrada, y sólo quedaban en pie el gran jefe orco negro y el portaestandarte de batalla. Por su parte, uno de los pastores de garrapatos acabó con uno de los horrores rosas. Pero esto no fue suficiente para superar el trago de la muerte masiva de sus compañeros. Los pastores huyeron y fueron aniquilados por los veloces y ágiles demonios. El gran jefe y el portaestandarte de batalla también huyeron, y los espadas del caos los persiguieron. El portaestandarte de batalla fue aplastado por la persecución demoledora de los caballeros elegidos, y el gran jefe salvó su pellejo por centímetros. Esos orcos aprenderían a no cruzarse en el camino del elegido de los dioses del caos.

TURNO 3 DE LOS ORCOS Y GOBLINS

A pesar de la poderosa presencia de la gran inmundicia, los goblins nocturnos se mantuvieron en sus posiciones con la ayuda de unos pocos puñetazos del jefe de la unidad. El fanático que continuaba deambulando peligrosamente por el campo de batalla hizo un giro imprevisto y letal, que le llevo a atravesar a la unidad de grimgor Piel’ierro de parte a parte. El propio Grimgor se salvó por los pelos, mientras 4 de sus guardias personales caían con enormes boquetes abiertos en las armaduras. La huida desenfrenada de los orcos grandotez sembró el pánico en la dotación de uno de los lanzapinchoz, que huyó del campo de batalla dejando su máquina abandonada. En el mismo momento en que los goblins se perdían en el horizonte, los grandotez dieron media vuelta y consiguieron dominar el pánico, en parte animados por la cobardía demostrada por sus hermanos menores. Para desgracia de los orcos, el gran jefe orco negro no había visto la escena, y preocupado por el poderoso señor del caos que le pisaba los talones, continuó huyendo alejándose del lugar.
Al unísono, los guerreroz orcos y la serpiente alada cayeron sobre los guerreros del caos elegidos, rodeándolos. Los hijos del caos se prepararon para el combate. Del mismo modo, el carro de lobos, la vagoneta y los trolls cargaron contra los bárbaros. Los goblins nocturnos se encararon hacia el gran demonio de Nurgle, pues recordaba vagamente las instrucciones de llamar su atención que Grimgor les había dado antes de la batalla. En realidad, los goblins no parecían nada orgullosos de su trabajo y el jefe de la unidad tuvo que agarrar a muchos cuando ya corrían lejos de la unidad. La unidad de goblins comenzó a alejarse poco a poco.

warhammer, Caos, Orcos y Goblins
El chamán goblin nocturno intentó pedir el favor de Morko, pero el dios parecía ausente y no lo escuchó. En ese momento el chamán orco entró en acción y convocó el poder de Gorko. Una gigantesca mano se materializó bajo los goblins nocturnos que comenzaban a alejarse y los depositó a los pies de la gran inmundicia. Los pequeños goblins se dispusieron a defenderse, al verse entre la espada y la pared, cuando el demonio se dejó caer sobre ellos. Sin embargo, la gran excitación de los goblins provocó una sobrecarga de energía ¡Waaagh! y el chamán comenzó a tambalearse mareado. Tras caer al suelo desorientado, la cabeza le estalló lanzando una masa verde y esponjosa en todas direcciones. Tras esto, el gran chamán goblin nocturno no logró volver a invocar a Gorko, aunque logró que Morko vigilase por la unidad de guerreroz orcos al ingerir dos setas que le proporcionaron la energía necesaria.
Sin embargo, Morko no comenzó realizando un gran trabajo, ya que en cuanto el hechizo comenzó a surtir efecto y los orcos se lanzaban con renovada furia hacia los guerreros del caos un inesperado goblin volador se sumergió en la unidad acabando con tres de ellos. El gran chamán miró disgustado a la dotación de la katapulta, que pareció no darse por aludida mirando a todas direcciones. La mirada del chamán puso nerviosos a los encargados del lanzapinchoz, que no lograron alcanzar al hechicero de Tzeentch.

El carro de lobos se cobró la vida de seis de los bárbaros del caos, mientras que la vagoneta acabó con otro de los humanos y los trolls devoraron a otros tres. Los snotlings se unieron al banquete y se lanzaron sobre otros dos bárbaros, que se vieron devorados y cayeron envueltos entres seres diminutos. Los supervivientes huyeron con una velocidad sorprendente, y ni siquiera los veloces lobos lograron alcanzarlos.

En el otro extremo del campo de batalla, al caudillo que montaba a la serpiente alada acabó con la vida de dos de los elegidos de Khorne, mientras que la serpiente alada celebraba su recobrada salud devorando a otros dos. Ayudado por Morko, el jefe de la unidad de guerreroz orcos atravesó a otro con su poderosa rebanadora. Sin embargo, los guerreros del caos habían sido elegidos por Khrone y no estaban dispuestos a ceder terreno. Con un grito de guerra demencial, rajaron la garganta de seis de los orcos. Mientras tanto, los garrapatos que habían sobrevivido a la matanza de su unidad comenzaron a saltar en todas direcciones. La guardia de Grimgor comenzó a dirigirse hacia el lugar, esperando arreglar la situación allí donde el combate era más intenso, y olvidando a los guerreros del caos que huían por el momento.

Los goblins, nerviosos por tener que enfrentarse a aquella bestia contra su voluntad, se lanzaron desesperadamente contra el gran demonio sin causarle daño algún. Éste se defendió partiendo por la mitad a dos de los goblinoides con su enorme espada. Sin embargo, los goblins eran demasiados y comenzaron a aplastarla con su peso. El gran demonio de Nurgle comenzó a verse desbordado y notó como su Dios lo abandonaba. Sin previo aviso, el coloso desapareció, volviendo a la dimensión de la que provenía. Los pequeños goblins se habían deshecho del brutal demonio, aunque tardaron bastante en darse cuenta de su hazaña, y no fue hasta que miraron debajo de cada uno de sus zapatos comprobando que allí no había nada cuando comenzaron a gritar hacia sus hermanos mayores pavoneándose de su éxito.

 

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