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Llega el día en que Lance y sus compañeros deben partir hacia el Bosque Gris.
Capítulo 14: La partida
Lance y Kara durmieron el resto del día y parte del siguiente. Se despertaron relajados y descansados, pero no del todo despejados. En cuanto se levantaron, Parsh entró en la estancia y les comunicó que Elmer deseaba verles. Los dos compañeros despidieron al guerrero y, después de desayunar, salieron de la cueva de invitados y se dirigieron a la del gran líder. Allí les esperaban todos sus amigos. Elmer les miró desde su silla de mando, se levantó y les invitó a pasar.
- ¡Bueno, por fin despertáis! - exclamó, y soltó una carcajada.
- Así es - dijo Lance, tímidamente-. ¿Nos querías ver, Elmer?
-Sí - respondió el guerrero -. Tenemos que hablar de algo importante. No va a ser fácil llegar al Bosque Gris, aunque consigas destruir la barrera de hielo mágico con esa hacha. Parsh no acertó del todo al decir que al norte no hay nada, a parte del Bosque Gris. Aún hay otra cosa.
- ¿El qué, señor? - preguntó Lance.
Elmer miró al joven guerrero directamente a los ojos.
- Infinidad de peligros - respondió -. Puede que mis hombres hayan evitado que el Demonio Rojo domine esta zona, pero aún tiene criaturas a su servicio. No va a ser un paseo de rosas esta aventura, por lo que yo, Parsh y algunos de mis hombres os acompañaremos hasta Tauton, pero no más. De ahí al Bosque Gris no hay más que una jornada de camino.
- Eres muy amable, Elmer - dijo Lance -. Te lo agradecemos enormemente. ¿Cuándo saldremos?
- Ahora mismo - dijo Elmer, con una sonrisa -, en cuanto os hayáis vestido.
- ¿Qué? - exclamó Lance -. ¿Ni siquiera comemos?
- En realidad, ya hemos comido - dijo Elmer -. ¡Estamos cerca del atardecer!
- Pero, ¡yo tengo hambre! - protestó el joven guerrero, incómodo.
Elmer miró durante un rato a Lance y se echó a reír. El Maestro Lung reía también, acompañando al veterano guerrero. Elmer dejó de reírse y se sentó en su silla de mando antes de decir:

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- Eres exactamente igual a como me contó Lung. Tranquilo. Mis hombres llevarán comida para el viaje, de esa que prepara mi padre y que parece gustarte. Ahora corred a vestiros. Mientras lo hacéis, prepararé a mi grupo.
Elmer dio por concluida la reunión y dejó a los siete compañeros solos, para que se cambiaran. El poderoso guerrero salió de la cueva, junto con Parsh, y fue al bosque para seleccionar algunos valientes, vigorosos y leales hombres. Elmer escogió solamente a tres, tres grandes guerreros de tres reinos diferentes: Drutt de Turán, Atcor de Thordon y Tamik, procedente del lejano Rondor.
Drutt era compañero y amigo de Elmer. Había servido con lealtad y valentía al rey Lood hasta su desaparición. Cuando el Demonio Rojo provocó la esfumación del rey, Drutt fue uno de los primeros, junto con Elmer, en rebelarse al poderoso enemigo. Juntos cabalgaron fuera de los límites de Turán y escaparon de las garras del Demonio Rojo para poder hacerle frente. Sabían que Zork andaba conquistando más y más tierras para su amo, con lo que los dos amigos decidieron separarse durante un tiempo e ir en busca de hombres valientes y poderosos, para después encontrarse en el campo de batalla. Tras la primera victoria frente a Zork, tanto él como Elmer decidieron hacer frente a los demás ejércitos del Demonio Rojo y juntos reunieron a los supervivientes de la batalla y se instalaron en la colina, donde crearon su base de operaciones.
Atcor era otro poderoso guerrero que provenía del gran reino de Thordon, guardián de la Joya Sacra y portador del Brazalete de Fuego. Atcor resultó ser uno de los pocos sobrevivientes de un ataque perpetrado por un inmenso ejército de orcos y trolls, liderados por Zork. Los territorios que vigilaba, que pertenecían a Thordon, cayeron en manos del malvado demonio y Atcor se vio obligado a huir junto con los demás supervivientes. Desde ese momento vagaron de un lugar para otro, al margen de la ley impuesta por el Demonio Rojo, hasta que fueron encontrados por Drutt, que les convenció para alistarse a sus filas. Tras la batalla, él también decidió seguir a Elmer y Drutt y los siguió hasta la colina.
El caso de Tamik era muy distinto. Él no había participado en la batalla contra Zork ni lo había encontrado Drutt ni Elmer, sino que fue él quien buscaba a los dos. Venía de Rondor, el otrora reino oscuro del Rey Dragón, y ahora un próspero reino donde se ubicaba el Templo de Erioss. Allí se preparaban los Guerreros del Dragón, una orden de caballeros encargados de vigilar la Puerta Sacra y evitar que se abriera. Hasta Rondor llegó la noticia de la llegada del Demonio Rojo y Tamik se enteró de la existencia del grupo de proscritos liderados por Elmer. Entonces, el Guerrero del Dragón pidió permiso al Maestro Lidirek, fundador del Templo de Erioss, para que le dejase partir en busca de los rebeldes y combatir de esta manera al mal. Lidirek accedió a la súplica de Tamik y el guerrero abandonó Rondor ese mismo día. Muchos días cabalgó sin descanso, buscando en cada región de Nortia, hasta que al final los encontró cuando el grupo volvía victorioso del campo de batalla. Ni Elmer ni Drutt dudaron un solo momento en admitirlo en el conjunto ya que, además de ser un gran guerrero, dominaba los secretos de la magia.
Elmer ordenó a sus hombres que se preparasen para la partida y se retiró a sus aposentos, también para prepararse. Mientras tanto, Parsh, ya listo para el viaje, ordenó a sus subordinados que dispusiesen los víveres y el padre de Elmer cocinó algunos de sus mejores platos.
Mientras esto ocurría, Lance y sus compañeros se cambiaban y recuperaban sus ropas, ahora lavadas y remendadas. El joven guerrero afiló su preciada espada, la envainó y ató el hacha mágica a la espalda con una gruesa cuerda. Una vez listos, Parsh entró en el cuarto y les pidió que le siguiesen. Ya así, Lance, Kara, Lung, Lot, Lobo y Leonel abandonaron para siempre la cueva y se reunieron en el exterior con Elmer y sus hombres. El gran guerrero llevaba su armadura brillante y portaba la lanza de doble filo que los seis compañeros habían visto junto a Elmer la primera vez que habían estado en sus aposentos. Los tres hombres que seguían a Elmer también vestían espléndidas armaduras, aunque eran muy distintas las unas de las otras. La armadura de Drutt era prácticamente igual a la Elmer o Parsh, y tenía la misma insignia. La armadura de Atcor tampoco se diferenciaba mucho de las de Turán. Sólo era diferente en el color, dorado, y en la insignia, el Brazalete de Fuego bajo un fondo negro. Sin duda, la armadura más espectacular y diferente era la de Tamik. Era una gran armadura de Mithril verde con un extraño yelmo en forma de cabeza de dragón. Los brazos también eran grandiosos, simulando las escamas de los brazos de un dragón. La insignia era la sombra de un dragón sobre la luna llena. Los tres hombres también tenían sus propias armas. Tanto Drutt como Atcor llevaban sendas espléndidas espadas. Como antes, el que difería era Tamik. El Guerrero del Dragón portaba un gran mazo de combate y llevaba sujeta a la espalda una gran ballesta con forma de dragón.
Después de realizadas las pertinentes presentaciones, Elmer se volvió hacia Parsh y le indicó que se acercara. Entonces, miró al norte y se volvió otra vez a su hombre.
- Bien - le dijo -. ¿Cuál crees que sería el camino que deberíamos tomar?
- Bueno - respondió Parsh -, puede que yendo por el Bosque Negro no tengamos muchas posibilidades. Los niveles de orcos y trolls han subido alarmantemente. Ahora mismo, el camino más rápido a la barrera de hielo es atravesar el puente sobre el río Germión.
- ¡Vaya! - murmuró Elmer -. No va a ser un camino fácil, ése es un terreno muy accidentado. ¿Estás seguro de que no hay otro camino?
- Si quiere vamos por el Bosque Negro -dijo Parsh -, pero yo, desde luego, no lo haría. Podríamos tener problemas.
- Sí - accedió Elmer- , tienes razón. Haremos lo que nos has aconsejado. ¡Bien, en marcha!
Los seis compañeros siguieron de cerca de sus cinco guías y empezaron a descender por la ladera de la colina. Abajo les esperaba un camino que se bifurcaba en dos. Tomaron el de la izquierda.
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