El Demonio Rojo (18)


Relatos de Fantasía

31-01-2005 16:28
Por: Gandalf_Mithrandir

Encontrado en: http://www.ociojoven.com/article/articleprint/951262/

La compañía por fin llega al Templo de La Gran Bestia, pero por allí son atacados por el malvado Sombre y otros demonios.

Capítulo 18: El Templo de la Gran Bestia

Al mismo tiempo que Lance y sus compañeros habían llegado al Bosque Gris, el mensajero del Demonio Rojo le comunicaba a su señor el hecho. La noticia enfureció al malvado tirano, pero en seguida se tranquilizó y observó a sus guerreros, Zork, Sombra y Eric. Entonces fijó su atención en los dos primeros y les dijo con voz ronca:

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- Bien, uno de vosotros dos tendrá que ir al Bosque Gris e impedir que Lance llegue al Templo de la Gran Bestia y que recupere el poder del Dios.
- ¿Por qué no puedo ir yo? -;replicó Eric, indignado.
-¡Porque lo digo yo! -;rugió furioso el Demonio Rojo.

Eric miró al suelo, conteniendo toda la ira que había acumulado desde que había pasado al servicio del Demonio Rojo. Zork iba a hablar, pero Sombra se le adelantó sonriendo con malicia, y le dijo a su señor:

- Si no le importa, me gustaría ir a mí. Supongo que recordará el fracaso cuando traté de raptar a la Sacerdotisa. Me gustaría vengarme de Lobo, me humilló.
- Sí -;dijo el Demonio Rojo -, puedes ir tú. Te enseñé bien las artes de la Oscuridad. Creo que puedes derrotarlos. Ve, pues.
- Gracias, mi señor -;respondió Sombra.

Sombra intensificó su maliciosa sonrisa y se esfumó.

Mientras tanto, Lance y compañía se internaron en el Bosque Gris y empezaron a buscar el Templo de La Gran Bestia. La hierba de hielo crujía bajo sus pies y se clavaba en sus calzados. Afortunadamente, el viento helado había dejado de soplar y la nevada había cesado por completo. Sin embargo, el frío era mucho más intenso que antes. Sólo Lung, Lobo y Leonel avanzaban sin quejarse. El resto del equipo temblaba sin poder contenerse. Era medianoche cuando Lung decidió parar la marcha para dormir, y aún no habían encontrado el templo. Leonel cogió ramas de los gélidos árboles y los amontonó en un claro del bosque. Entonces invocó sus poderes y creó una llama. El demonio observó atónito que la leña de hielo no ardía, sino que se derretía. Leonel gruñó al ver lo tonto que era Leonel y Kara soltó una risita, que hizo reír también a Lot. El veterano guerrero se acercó a Lung y le contó sus inquietudes.

- No podemos dormir así -;dijo-. Acabaremos congelados. Hace demasiado frío para quedarnos dormidos sin una hoguera.
- No te preocupes, mi buen Lot -;respondió el Maestro-. Creo que tengo una solución. He recogido algo de leña por el camino. Me figuraba que algo así iba a ocurrir.
- Pues nos has salvado -;suspiró Lot-. Además, como Lance, yo ya estaba perdiendo la paciencia con las tonterías que hace Leonel. ¡No se da cuenta de que lo que intenta quemar es hielo y no madera!
- Tranquilo -;dijo Lung-. No te olvides que el Demonio Rojo le robó parte de su inteligencia -;miró el diablo-. Leonel, toma mejor esta leña.
- ¡Oh, gracias! -;exclamó Leonel-. ¡Menos mal! ¡No sabes lo mala que era esta madera de aquí!

El Maestro Lung aguantó como pudo la risa y le entregó la madera que sabiamente había estado recogiendo a lo largo del camino hacia el Bosque Gris. Leonel hizo un pequeño hueco en la nieve, apartando un poco la hierba de hielo, y colocó con cuidado la leña. Entonces, volvió a invocar sus poderes y una llama surgió del hueco, prendiendo instantáneamente la madera. Los seis compañeros se acercaron lo máximo posible a la fogata y se dispusieron a dormir. Como siempre, Leonel se quedó despierto y aguzó sus seis sentidos para vigilar el campamento. Fue entonces cuando vio una extraña luminosidad en una región del Bosque Gris, al oeste. La luz apenas duró dos segundos, pero fue tiempo suficiente para que su sexto sentido le dijera que allí estaba el templo. También tuvo suficiente tiempo para recordar el lugar exacto donde había visto el fenómeno.

Al día siguiente, una vez que todos ellos se hubieron levantado, el demonio les contó lo que había visto la noche anterior. El Maestro Lung se mostró muy interesado en el relato de Leonel, y confiaba plenamente en el sexto sentido del demonio. Tras preguntarle el lugar donde había descubierto la extraña luminosidad, Lung indicó a los demás que recogiesen los bártulos y que le siguieran hasta el sitio donde Leonel había visto la luz. Lance, Kara, Lot y Lobo obedecieron al Maestro con rapidez y en seguida se pusieron en marcha, con Lung y Leonel a la cabeza. A medida que se acercaban al punto indicado por el demonio, el frío se iba haciendo más intenso. Además, todos ellos sentían una extraña inquietud que, al igual que el frío, iba en aumento. Lance caminaba distraídamente, intentando no pensar en la profunda intranquilidad que se había instalado en su corazón, cuando, de repente, se dio cuenta de algo asombroso: su espada estaba emitiendo un curioso resplandor verdusco. El joven guerrero adelantó a sus compañeros y fue a junto el Maestro. Lung le miró con una amplia y burlona sonrisas y le preguntó qué quería.

- Es mi espada -;respondió Lance desenvainando su arma-. Observa. Mira el brillo de la hoja. ¿A qué se debe?
- No estoy seguro -;dijo el Maestro-, pero quizá sea algo parecido a lo que ocurría con el hacha de aquella mina, que brillaba cuando se acercaba a la barrera de hielo. Creo que tu espada brilla cuando se acerca al Templo de La Gran Bestia.
- Es lo que pensaba -;dijo Lance-. Entonces debemos de estar cerca en el buen camino. Gracias por tu opinión, Maestro Lung.

La compañía siguió avanzando a través del gélido bosque y, hacia el mediodía, vieron en la distancia una gran construcción de mucha altura y forma circular. Era el Templo de La Gran Bestia. A medida que se acercaban al lugar, descubrían que las dimensiones del templo eran mayores de lo que les había parecido al principio. Era ya avanzada la tarde cuando llegaron a un camino de marfil que llevaba hasta las mismas puertas del templo. Lung detuvo su paso y sonrió. Había llegado a su destino. En ese momento, el cielo se oscureció y frente las puertas de la enorme construcción se concentró una espesísima bruma que se extendió por toda la pared. Cuando la niebla se disipó descubrieron a unos entes idénticos entre sí, unos demonios encapuchados de largas túnicas grises, cuyas ropas sólo mostraban unos ojos rojos en medio de la oscuridad de las capuchas. Su terrorífico aspecto causó un gran pavor en todos los miembros de la compañía excepto en Lung, pero en seguida tuvieron la sensación de que la verdadera amenaza de esos demonios se precisamente en eso, en su aspecto. Eran en total diez, cinco a la izquierda del gran portón y otros cinco a su derecha. Los Diez empezaron a reír con maldad y uno de ellos se adelantó unos pasos, diciendo:

- ¡Vaya, vaya! Unos pobres diablos perdidos en estos parajes. ¡Qué mala suerte haberos encontrado con los Diez! Bueno, haremos una cosa: si os largáis ahora mismo, prometemos no haceros ningún daño, ¿qué me decís?
- Debéis estar de broma -;dijo Lance, sonriendo con ironía-. No os tenemos ningún miedo. No parece que tengáis tanto poder como se presume.
- ¿Cómo dices? -;rugió furioso el demonio-. ¿Te atreves a desafiar a los Diez? Eres hombre muerto, te vas a acordad de nosotros, mortal. Hasta nunca.

El demonio que había hablado se rodeó de una brillante aureola rojiza y se transformó en un gigantesco y monstruoso perro negro. Era un urco, y Lance siempre había temido a los urcos, con sus tenebrosos y truculentos mensajes de mal augurio y muerte. Pero el joven guerrero comprendía que lo único que quería el demonio era paralizarle de terror para atacar con facilidad. Por eso, cuando el urco se abalanzó sobre él, Lance lo esquivó con un movimiento rápido y elegante, desenvainó su espada como un rayo y ágilmente cercenó la cabeza del monstruo. Ante los impresionados y amedrentados ojos de los demonios restantes, el cuerpo de su compañero se desvaneció. Lance sonrió a los ahora Nueve e indicó con un movimiento de la mano que se acercara otro. En ese momento, oyeron una voz que parecía venir de todas partes.

- Una demostración impresionante -;dijo la voz-, pero me temo que esas habilidades no serán suficientes para derrotarme a mí.

Un nuevo personaje se materializó frente al portón del templo. Al igual que los Diez, iba encapuchado, pero sus ropas eran negras y su cara era humana y contaban con una joya incrustada en el medio de la frente. Era Sombra. El malvado ente sonrió con maldad y se acercó lentamente a la compañía.

- Bueno -;dijo-. Se terminó el viaje. Mi señor, el Demonio Rojo, os ha subestimando. Nunca imaginó que pudierais llegar tan lejos. Por eso me ha enviado a mí, para que solucione ese error.

Lobo se acercó a Lance y miró con desprecio a Sombra, que los observaba burlonamente.

- Lance -; dijo-, tú y los demás debéis entrar en el templo ahora mismo. No hay tiempo. Yo me ocuparé de Sombra.
- ¿Qué? -;exclamó el joven guerrero-. Pero, ¿podrás con él? Tiene mucho poder.
- Confía en mí -;dijo Lobo sonriendo-. Bien, ahora iros de aquí. ¡Ya!

Sombra frunció el entrecejo y atacó directamente a Lance con un rayo rojo como la sangre que surgió de sus ojos. No podía permitir que el guerrero de Noelia entrase en el templo. Pero otro meteoro desvió el del malvado ser y se estrelló contra uno de los Diez, acabando con él. Sombra volvió la cabeza con furia y vio a Lobo en posición de ataque, agarrando con fuerza su bastón de combate. Sombra empezó a reírse, pero un nuevo rayo del bastón del licántropo impactó en la joya de su frente y el malvado cayó al suelo.

- ¡Ahora! - ;gritó Lobo con todas sus fuerzas-, ¡entrad en el templo!
Lance y los demás obedecieron al hombre-lobo y se apresuraron al interior del lugar. Una vez dentro, comprobaron que no estaban solos, porque se vieron rodeados por una gran multitud de demonios. Lance desenvainó su espada con rapidez al ver que un ágil y elegante vampiro se lanzaba a por él. El joven guerrero pegó un poderoso mandoble, pero el monstruo lo detuvo sin muchos problemas, abrió la boca e intentó morderle en el cuello. Lance se apartó con rapidez y los colmillos del vampiro mordieron la nada. Lot, Leonel, Kara y Lung se enfrentaron a otros demonios que iban surgiendo de todas partes. El veterano guerrero del Templo de Seth se lanzó a por dos demonios y, con un solo movimiento de su arma, les partió la cabeza a ambos. Leonel atacaba a sus enemigos con sus poderes demoníacos, mientras que Lung y Kara usaban la magia para deshacerse de ellos. El demonio más poderoso que se encontraron en aquel lugar era el vampiro que estaba atacando a Lance, aunque tampoco lo era mucho y después de un rato el joven guerrero le atravesó el corazón con el filo de su espada. Una vez limpia la zona, los cinco corrieron hacia un amplio y tenebroso túnel y se internaron por él.

Mientras tanto, el combate entre Lobo y Sombra había comenzado. El hombre-lobo llevaba una ligerísima ventaja sobre su malvado adversario, aunque éste no se daba por vencido y sonreía con maldad. Lobo alzó su bastón y golpeó con fuerza la joya de la frente de Sombra. El malvado ser gruñó de dolor y saltó hacia atrás, aunque todavía sonreía. El licántropo volvió a atacar y movió con agilidad su bastón, pero Sombra lo detuvo con las manos desnudas y lo agarró con fuerza. La sonrisa del ser se ensanchó y colocó la mano libra sobre el pecho de la bestia, que intentaba desesperadamente recuperar su arma. Un poderoso rayo surgió de la mano de Sombra y lanzó por los aires a Lobo, yendo a caer varios metros más atrás. Lobo se levantó a tiempo de esquivar su bastón, que había sido arrojado por Sombra en su dirección. El hombre-lobo agarró su arma y lanzó un rayo hacia su contrincante, pero éste lo detuvo con las manos sin mucho esfuerzo. El ataque de Sombra fue mucho más poderoso que el de Lobo, e impactó de lleno en él. Afortunadamente, logró soportar la fuerza de la energía y siguió combatiendo, exhausto pero vivo.

Dentro del templo, el túnel por el que avanzaban Lance y sus compañeros se iba haciendo cada vez más estrecho a medida que se iban adentrando en él. En esos profundos lugares también les salían al encuentro multitud de demonios, y a sus espaldas podían oír las pisadas y voces de otros que les perseguían, por lo que optaron por ir corriendo. Cuando el guardián del templo, un demonio similar a Zeros, aquel que habían derrotado en la caverna a Cassnam, les impidió el paso, Lot agarró su arma con agilidad y, golpeando al demonio con ella en la cabeza, dejándolo sin sentido. Por desgracia, el Maestro Lung tuvo la mala suerte de pisar una trampa camuflada con ingenio en una de las baldosas que adornaban el suelo. Oyeron a sus espaldas un ruido atronador y vieron aterrados que una gigantesca y rocosa bola venía rodando hacia ellos. Lance, Lot, Lung, Kara y Leonel corrían con todas sus fuerzas para evitar ser aplastados por la bola, pero ésta iba ganando terreno. De repente, el túnel se estrechó bruscamente y la esfera chocó contra las paredes, pero derrumbó parte de la pared y los cinco compañeros salieron despedidos hacia delante. Lance fue el primero en levantarse y vio asombrado que estaban en un cuarto extraño. Había dos estatuas de La Gran Bestia convertido en monstruo. En el medio de las estatuas había un altar. El joven guerrero se acercó al altar sin apartar la vista de las imponentes esculturas. Se apoyó en el altar y vio que había una curiosa ranura en su superficie. Pasó la mano por la ranura, sin entender el propósito de aquella sala, que era la última del templo. De repente, una pared se abrió hacia arriba y del hueco resultante surgieron gran cantidad de demonios, lo que obligó a Lance a desenvainar su espada y defenderse.

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Fuera del templo proseguía el combate entre Lobo y Sombra. Si antes era el hombre-lobo quien llevaba la voz cantante, ahora era todo lo contrario. Sombra estaba debilitando completamente a su adversario, quien caía al suelo en numerosas ocasiones. El malvado ser alzó las manos en un movimiento brusco, se agachó con rapidez y tocó el suelo con la palma de la mano derecha. En ese momento surgieron del hielo una serie de gélidas agujas que avanzaron directamente hacia Lobo. El licántropo esquivó como pudo el ataque, aunque uno de los picos le produjo un profundo corte en la pierna derecha. Sombra soltó una carcajada y estiró los brazos hacia su contrincante, lanzándole un terrible rayo. La fuerza de la energía liberada lanzó a Lobo hacia atrás, golpeándose en la cabeza con el tronco de uno de los árboles de hielo. El licántropo se levantó con dificultad y miró con odio a su adversario.

- Déjalo ya -;dijo Sombra-, no tienes ninguna oportunidad de salir con vida de este combate. Será mejor que no te resistas. El Demonio Rojo me enseñó demasiado bien los poderes de la Oscuridad para que me puedas hacer frente.
- Me cuesta mucho admitirlo -;dijo Lobo, apretando los dientes con furia-, pero tienes razón. Estoy exhausto, no puedo continuar el combare. Creía que el odio que siento por ti me ayudaría a destruirte, pero veo que no es así.
- Bien -;murmuró Sombra-, ¿alguna cosa antes de que te mate? ¿Alguna voluntad?
-Sí -;respondió el licántropo, alzando la vista con repentino interés-, quiero saber quién soy yo. Ya que voy a morir, supongo que no pasará nada por que me lo digas.
- De acuerdo -;accedió Sombra-. Te lo contaré todo. Lo cierto es que tú eras alguien, un humano de cierto y elevado nivel. Yo era un subordinado tuyo, pero en verdad te odiaba a muerte.
- ¿Qué? -;aulló Lobo, atónico y colérico a un tiempo-. Entonces, ¡eres también humano! ¡Eres un traidor!
- Así es -;rió Sombra-. Y yo te odiaba tanto que no dudé en unirme al Demonio Rojo y entregarte a él en cuanto tuve ocasión. Deberías saber lo que disfrute en tu transformación. Lo hicimos para que la gente que antes te amaba te rechazara y despreciara. Tú eras.

Sombra enmudeció al ver la cara de su adversario. Los ojos brillantes de Lobo relampagueaban con una intensísima luz roja. Los colmillos parecían más grandes y la furia se reflejaba en su rostro. Una aura amarilla rodeaba a Lobo y lanzaba haces de luz hacia arriba, perdiéndose en los cielos. Sombra miró furiosamente al licántropo y le lanzó un poderoso rayo, pero el aura de Lobo absorbió el ataque. El hombre-lobo sonrió orgullosa y confiadamente y alargó su bastón hacia su malvado adversario. Entonces, apretó los dientes y echó con él un meteoro de energía que impactó contra la joya de la frente de Sombra. La joya saltó de su ubicación antes de reventar y el malvado hombre se llevó las manos a la cara, aterrorizado. Sombra chilló de dolor y su cuerpo se iluminó con intensidad. Poco a poco, sus manos y su rostro se transformaron en luz antes de desaparecer. Entonces, las ropas vacías cayeron al suelo con un ruido sordo. Lobo miró durante un momento las ropas negras y se lanzó a interior del templo, donde Lance continuaba defendiéndose de la repentina avalancha de demonios que no paraban de salir del hueco en la pared. Si esa salar era una trampa, parecían no tener escapatoria.
Los demonios tenían completamente rodeada la estancia, y su número aumentaba con alarmante velocidad. Sin embargo, Lance esta seguro de que aquello no era una trampa, por lo que el objeto que almacenaba el poder de La Gran Bestia debía estar cerca, pero, ¿dónde? Estas dudas asaltaban al joven guerrero mientras se enfrentaba junto a sus compañeros a la numerosa horda de demonios que no cesaban de salir del hueco de la pared. Lot se unió a Lance y movió su arma de una al otro, acabando con muchos demonios. Cuando tuvieron ocasión, Kara y Lung también entraron en acción, con sus poderes mágicos para enfrentarse a sus enemigos. Leonel se agazapó detrás de una de las dos estatuas de La Gran Bestia, muerto de miedo, cosa que por otra parte le ocurría muy a menudo desde que el Demonio Rojo le había robado parte de su poder e inteligencia. La situación era crítica.
Mientras Lance, Lung, Kara y Lot luchaba con fiereza contra los demonios, Lobo corría a lo largo que éstos habían recorrido antes. El hombre-lobo era consciente de que sus compañeros había pasado por aquel camino, pues veía los restos de la batalla que se había librado en el lugar. Con la rapidez de un lobo, llegó al sitio donde la bola de piedra había destruido la pared, y se quedó paralizado ante lo que vio. Delante de él había una sala donde sus compañeros estaban luchando contra un terrible ejército de demonios, aunque no se fijó precisamente en eso. Vio dos estatuas de La Gran Bestia y un altar entre ellas, y fue entonces cuando recordó las palabras del Oráculo cuando les hablaba del aspecto del objeto que buscaban. -;Tiene dos estatuas de La Gran Bestia cuando estaba transformado en monstruo. Entre las dos hay una especie de altar -;, había dicho el Oráculo. Lobo alzó los ojos, y comprendió.

- ¡Lance! -;aulló con todas sus fuerzas-. ¡Esta sala! ¡Esta sala es el objeto mágico!
- ¿Qué dices? -;exclamó Lance, también gritando-, ¿estás seguro?
- Hazle caso a Lobo -;dijo Lung-. Ahora que me fijo bien, esta sala coincide con la descripción que hizo el Oráculo sobre el objeto. ¿No decías que había una ranura en el altar? Introduce la hoja de tu espada en ella.
- ¡No hay tiempo! -;respondió el joven guerrero-. ¡Hay demasiados demonios!
- No discutas -;gritó el Maestro, irritado-. Contendremos a los demonios, no te preocupes.

Lance se abrió paso rumbo al altar, acabando con los demonios que se interponían en su camino. Cuando llegó a la ara, un demonio le agarró por el cuello a sus espaldas. El joven guerrero pensaba que ya había llegado su final, pero un rayo atravesó el cráneo de monstruo y éste cayó al suelo, muerto. Lance volvió la cabeza y vio que Leonel, luchando contra su miedo, había salido de su escondite y empezado a luchar de su parte. El joven guerrero sonrió a su compañero y se acercó a la ranura del altar. La miró durante unos instantes que a sus compañeros les parecieron eternos. Entonces, introdujo la hoja de su espada en la ranura del altar con un movimiento violento. Lance notó que un enorme poder recorría todo su cuerpo justo antes de que unos relámpagos brotasen del altar, en todas direcciones. Entonces, una gran cantidad de energía salió disparada hacia la pared de la que salían los demonios y acabó con todos ellos. La luz procedente de la ara se propagó por la sala, alcanzando a Lance, Lung, Kara, Lobo, Lot y Leonel, y en seguida fueron engullidos por ella. Entonces, vieron atónitos que las paredes desaparecían del lugar y entraron en una especie de túnel de luz y color por el que viajaban sin moverse del sitio. El rostro de Lance se mantenía serio y expectante, mientras que sus amigos miraban asombrados a todas partes. Cuando el túnel se extinguió, se encontraban en un largo campo de hierbas ennegrecidas y podridas. Sobre una pequeña colina vieron el castillo del Demonio Rojo, sobre el que había una negra nube de la que no cesaban de surgir rayos. Lance y sus compañeros reconocieron el lugar al instante. Estaban en Turán.

 

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