Encontrado en: http://www.ociojoven.com/article/articleprint/952348/ |
A puertas del castillo del Demonio Rojo, les espera un peligroso enemigo a Lance y sus compañeros, Zork, causante de la destrucción de su pueblo
Capítulo 19: La muerte de Kara
Un profundo rugido hizo reventar una de las otrora hermosas ventanas del castillo. La furia había renacido en el Demonio Rojo cuando su mensajero le había contado todo sobre el fracaso de Sombra y la recuperación del poder de La Gran Bestia por parte de Lance, y este hecho había provocado su ira con más intensidad que nunca. Zork y Eric miraban a su señor con temor, expectantes con nuevas órdenes. Cuando el Demonio Rojo se calmó, miró a Zork con severidad y le dijo:
-Bien, ahora no podemos volver atrás. Creo que ya es hora de que les muestres tu verdadero poder a esos estúpidos.
-Como desee –respondió Zork, inclinando la cabeza y sonriendo en señal de respeto.
-¡Quiero ir yo! –increpó Eric-. ¡Ya estoy harto! ¡Me habéis prometido que podría matar a Lance!
-¡Pues no me da la gana de que vayas, gusano! –rugió el Demonio Rojo-. No eres más que un estúpido mortal. No tienes poder para derrotar a Lance.
-Puede que te equivoques –dijo Eric mientras lucía una cínica sonrisa-. No sabes lo mucho que mejoré últimamente. A lo mejor ya he sobrepasado a ese fantoche de Zork, mi señor.
-¿Va a seguir escuchando a este… humano? –replicó Zork, visiblemente molesto-. No está diciendo más que tonterías. ¿Más poderoso que yo? ¡Ja!
-Eric, te repito que no –gritó el Demonio Rojo-. Aquí mando yo, así que acata mis órdenes si no quieres sufrir las consecuencias –se volvió a Zork-. Bien, tú parte al encuentro de Lance y sus patéticos amigos.
Zork hizo una profunda reverencia y se esfumó tal como había hecho Sombra en numerosas ocasiones. El demonio dejó solos a su señor y a Eric, que rechinaba sus dientes furiosamente. Entonces, sin poder contenerse más, el guerrero de Seth salió corriendo de la sala, dispuesto a encontrarse con Lance y acabar con él. El espía del Demonio Rojo se preparó para saltar sobre él y matarle, pero su amo le ordenó que lo dejase marchar. Quizá fuera mejor así.
En el exterior, Lance seguía perplejo, con la mirada fija en el castillo. Leonel miraba a sus compañeros sin comprender por qué estaban tan asombrados. Incluso Lung parecía no dar crédito a lo que veían sus ojos. Kara, Lot y Lobo contemplaban boquiabiertos el desolado paisaje, aunque las razones del hombre-lobo no eran las mismas que las del resto de sus compañeros. Él nunca había visto un paisaje tan desolado como aquél.
-¿Qué os pasa? –preguntó de repente Leonel-, ¿qué os sorprende tanto?
-Es este lugar –respondió Lung-. El Demonio Rojo nos ha engañado por completo. Hizo creer a todos que, tras conquistar Turán y hacer desaparecer al rey Lood, había abandonado este reino para siempre. Como veis, no es así.
-¿Rey Lood? –murmuró Lobo-. No sé por qué, pero me suena mucho ese nombre.
-Bien –dijo Lance-. Dejemos eso para luego. Debemos ir al castillo. Presiento el poder del Enemigo.
Lentamente, el grupo empezó a subir por la empinada ladera de la colina, sobre la que se alzaba majestuoso el impresionante castillo de Turán. No era una subida fácil, ya que el antiguo camino al castillo había desaparecido. Les costó un gran esfuerzo llegar a la cima y, una vez arriba, vieron un amplio campo de hierba más corrompida que la que había pendiente abajo. Allí, a unos cien metros, estaba el castillo, sobre una pequeña elevación del terreno. Lance detuvo el paso unos momentos y contempló la fortaleza. Un escalofrío recorrió su columna vertebral, y el joven guerrero era consciente de lo terrorífico que debía de ser el edificio. Inmediatamente después aceleró el paso y llegaron sin problemas a la pequeña elevación, en la que había un cómodo camino que ascendía directamente hacia la fortificación. En cuanto Lance se dispuso a dar el primer paso por el camino, una voz de una terrible y cruel potencia le detuvo. El joven guerrero y el resto de sus compañeros miraban para todas partes, pero no conseguían ver nada.
-¡Bienvenidos! –dijo la voz-. Habéis llegado tan lejos… ¡qué pena que ahora tengáis que morir!
-¿Quién eres? –aulló Lance.
-¿Qué quién soy? –rió la voz-. ¡No puedo creer que no me reconozcáis! Me mostraré, si es vuestro deseo.
De repente se oyó un ruido atronador y el cuerpo de Zork se materializó en lo alto de la elevación del terreno. El malvado demonio llevaba su dorada armadura, la misma que llevaba cuando había atacado Goelia. La joya incrustada en su yelmo, también dorado, brillaba con una intensa luz azul. Los pies de Zork despegaron del suelo y llevaron al resto de su cuerpo a pies de la colina, obligando a Lance y sus compañeros a retroceder mientras le contemplaban atemorizados. Zork sonrió maliciosamente mientras cruzaba los brazos y miraba las caras de sus enemigos.
-Me parece –dijo pausadamente-, que ahora me reconocéis.
Todos ellos recordaban el combate contra el doble de Zork, en el que si no fuera por Lung habrían perdido la vida. Para colmo, el malvado demonio aseguraba ser mucho más poderoso que su doble. Al verlos a todos enmudecidos por el terror, Zork soltó una terrible y atronadora carcajada. El demonio avanzó unos pasos hacia el grupo y estiró un poco los brazos.
-Bien –dijo-. Creo que éste es el final. No podréis hacer nada contra mí. A decir verdad, tanto el Demonio Rojo como yo estamos sorprendidos por el hecho de que lograrais llegar hasta aquí. Aún no sé cómo ese ridículo hombre-lobo pudo haber derrotado a Sombra.
-¡Venga, Lung! –exclamó Lance-. ¡Acaba con él igual que hiciste con su doble!
-No creo que pueda –respondió el Maestro-. Para destruir al doble tuve que usar todo mi poder, y puedo comprobar que este demonio no presume en vano. Nunca me enfrenté con un monstruo tan poderoso.
-Veo que eres sabio –dijo Zork-. Es cierto que no me puedes derrotar, al igual que es cierto que todos vosotros vais a morir ahora mismo.
-¡Alto! –aulló de repente Leonel, reuniendo todo el valor que fue capaz-. No dejaré que les hagas daño, maldito.
-Tú sí que eres un maldito –gruñó Zork, visiblemente irritado-. Un maldito traidor, y por eso mismo serás el primero en morir.
Leonel miró aterrado al malvado demonio, que se disponía a cumplir su amenaza. Pero en ese momento Lance se adelantó de un salto a su demoníaco amigo para protegerle de la ira de Zork. Confiando en el poder que debería haber recibido en el Templo de la Gran Bestia, el joven guerrero se abalanzó sobre su adversario y lanzó un mandoble directo al cuello del rival. Pero Zork fue más rápido y detuvo el sablazo empleando únicamente los dedos índice y medio de su mano izquierda. El monstruo tiró con fuerza y violencia de la espada y se la arrebató a su portador. Lance soltó una maldición al ver lo que había sucedido y cerró los ojos temiéndose lo peor. Zork estaba contemplando el arma con interés y admirándola, pasando las manos por el hermoso y potente metal. Entonces, el demonio decidió destruir la espada y echas por tierra las esperanzas de liberación de Nortia, pero algo falló.
-¡Vaya! –murmuró-. Esta espada es más resistente de lo que esperaba. No pude destruirla –sonrió con maldad-. Entonces destruiré a su dueño.
Con la rapidez de un relámpago, Zork puso la mano derecha sobre el pecho de Lance y disparó un rayo, lanzando al joven guerrero hacia atrás y haciéndole chocar contra una roca cercana. Zork soltó una carcajada y lanzó la espada a su rival. Lance esquivó el arma en el último momento y la hoja se clavó profundamente en la piedra. El malvado demonio volvió a reír y disparó otro rayo, esta vez dirigido a los amigos del joven guerrero. La explosión no tardó en producirse, pero los compañeros de Lance consiguieron esquivar el ataque. Entonces, el Maestro Lung invocó toda le energía que le otorgó Zorbom y arrojó un poderoso rayo hacia su enemigo. Zork sonreía confiado mientras estiraba el brazo derecho hacia la energía que venía hacia él. La mano desnuda del monstruo detuvo el ataque de Lung y lo aguantó en forma de una bola energética azul, a la que añadió un poco de su poder, convirtiéndola en una bola negra.
-Eres un necio –dijo Zork-, ¿crees que con esto me podrás derrotar?
El malvado demonio lanzó la bola de energía hacia los compañeros de Lance. Esta vez, ni Lung, Kara, Lobo, Lot ni Leonel fueron capaces de esquivar la bola de energía y la gran masa de fuerza explotó en medio de ellos. Una gran humareda se levantó donde había estallado la gran esfera energética. Lance miró hacia esa zona, esperando lo peor, pero uno por uno fueron apareciendo Lung, Lobo, Lot y Leonel. Sin embargo, el joven guerrero fue incapaz de ver a Kara. Lance miraba desesperadamente a todas partes, tratando de localizar a su amada.
-¡Kara! –aulló, exasperado-, ¿dónde estás?
-Estoy aquí –dijo una voz femenina. Era Kara-. No te preocupes.
Lance observó de nuevo la humareda y vio a la chica cuando una parte del humo se disipó. El joven guerrero lanzó un suspiro de alivio y alegría al ver a su amada con vida. Zork también miraba a la chica, pero tenía dibujada una diabólica sonrisa en el rostro. De repente, el monstruo lanzó una atronadora carcajada y contempló con una maldad inimaginable a Lance.
-Veo que aprecias mucho a esa chica –dijo riendo-. Creo que voy a hacerte sufrir un poco.
-¿Qué quieres decir? –exclamó Lance, intuyendo lo que se disponía a hacer el malvado demonio.
-Creo que es obvio –dijo Zork, alzando un dedo y señalando a Kara.
-¡No! –gritó Lance-, ¡Kara, apártate!
Pero la advertencia había llegado demasiado tarde. Un rayo brotó del dedo de Zork y fue a estrellarse contra el cuerpo de Kara y una luz envolvió a la chica. Cuando la luz se extinguió, Kara cayó al suelo, sin vida. Aparentemente no tenía heridas y a ojos de sus compañeros parecía dormida, pero todos sabían que no era así. Lung miraba furioso y apenado al mismo tiempo a su hija adoptiva. Leonel, a su lado, sentía verdaderamente la muerte de su amiga. Lobo y Lot también parecían afectados, y miraban con rabia al malvado demonio. Pero el más afectado era, sin duda, Lance, quien era incapaz de apartar los ojos del cuerpo sin vida de Kara y daba la impresión de haber entrado en una actitud catatónica. Entonces, Zork soltó una nueva carcajada de triunfo y miró a Lance, riéndose de su pena y su abatimiento. Al oír su risa, el Maestro Lung se volvió al demonio y le increpó la muerte de su hija adoptiva, pero Zork se burlaba del hecho. En ese momento, el gesto del rostro de Lance cambió en una mueca furiosa y miró con rabia al malvado demonio. El joven guerrero estiró los brazos en actitud amenazadora, lo que provocó la risotada de Zork.
-¿Qué te propones? –cloqueó el demonio-. No vas a poder hacer nada contra mí, gusano asqueroso.
Pero Lance no le hizo caso y, cuando alzó los brazos, una gigantesca aura de energía le rodeó. Zork miró atónito al joven guerrero. Nunca había sentido una energía tan poderosa. A decir verdad, ninguno de los presentes daba crédito a sus ojos. Todos miraban sorprendidos a su amigo, quien juntó las dos manos dispuesto a lanzar un poderoso ataque. Zork contempló con odio a su contrincante, incapaz de aceptar la derrota e, insultando al joven guerrero, abrió la boca y de ella salió un meteoro que salió disparado hacia su rival. Lance disparó otro rayo con sus dos manos y partió por la mitad al del demonio. El rayo del joven guerrero siguió su curso y se estrelló contra Zork, atravesó su armadura, su vientre y salió por su espalda.
-¡No puede ser! –aulló Zork de asombro y dolor-. ¡Yo, Zork, derrotado!
De la herida del malvado demonio emergían haces de luz de distintos colores que se fueron expandiendo por todo su cuerpo hasta que el monstruo se desintegró por completo. Lance permaneció unos momentos con los brazos extendidos y, lentamente, los fue bajando. Entonces, el joven guerrero miró el cuerpo de Kara y cayó de rodillas, sollozando. Pero el Maestro Lung se le acercó despacio y le puso una mano sobre la nuca.
-No te preocupes –dijo-. Todavía podrás ver de nuevo a Kara.
-¿Qué? –exclamó Lance, alzando la cabeza, con los ojos llenos de lágrimas-. ¿Cómo es posible?
-Satán creó al Demonio Rojo con la Esencia de la Vida –respondió Lung-. Se cree que cuando sea destruido, su cuerpo se desprenderá de ella, y podrás utilizarla para resucitar a Kara.
-¿En serio? –suspiró Lance-. Y, ¿tú crees que eso es posible?
-No lo sé con seguridad –dijo Lung-, pero yo diría que sí. La Esencia de la Vida es indestructible, y si destruyes al Demonio Rojo, quedará la Esencia.
-Gracias, Maestro –dijo Lance, sonriendo débilmente-, me has animado mucho. Vayamos al castillo.
Una potente voz hizo volverse a Lance y a sus compañeros.
-Por encima de mi cadáver –dijo la voz. Era Eric.
|
 |