La última esperanza (VI)


Relatos de Ciencia Ficción

09-06-2005 20:42
Por: Gandalf_Mithrandir

Encontrado en: http://www.ociojoven.com/article/articleprint/954232/

Nah Klawks, Marie Nette y el androide inician el viaje para cumplir la misión encomendad por el profesor Jhon Krane: formar un ejército capaz de derrotar al terrible Imperio Galáctico y al malvado Emperador.

Capítulo 6: El inicio del viaje

techNah Klawks, Marie Nette y el androide inician viaje para cumplir la misión encomendad por profe
Una vez terminada la reunión, Nah Klawks se dirigió directamente a la habitación que le había sido asignada. Justo cuando estaba a punto de llegar, una voz familiar le llamó. El cazarrecompensas se dio la vuelta y vio a Marie, que avanzaba hacia él.

---¿Ya cansado? ---preguntó la chica---. No sabía que eras tan blandengue.

---Fue un día agotador ---respondió Nah---. En un solo día tuve que neutralizar a un Cambista de Forma, interrogar a un androide y asistir a una reunión. ¡Para no estar cansado!

---Venga ---rió Marie---, no te enfades. Era sólo una broma.

---Sí ---murmuró Nah---, ya lo suponía. A propósito, ¿qué clase de doctora eres?

---Soy doctora en química biológica.

El cazarrecompensas miró durante un momento a Marie.

---De acuerdo ---dijo---, ¿qué papel tiene una doctora en química biológica en esta misión?

---Tenemos que reunir un ejército digno de atacar al Imperio ---respondió Marie---. No dudo que tienes muchos amigos, pero no tienes los suficientes como para formar el ejército. Mi tarea será analizar los planetas que visitemos para determinar la posibilidad de que haya vida inteligente en ellos. Por cierto, ¿conoces a Flick?

---Lo interrogué hoy ---contestó Klawks---, pero no sé mucho de él. Sólo que tiene una inteligencia muy similar a la humana. Parecería un hombre si no fuera tan metálico. ¿Por qué lo preguntas?

---Estuve hablando con él mientras me dirigía aquí ---dijo Marie---. Aún no le conozco mucho, pero parece encantador. Es amable, educado y tiene un gran sentido del humor. ¡Ojalá fuera un hombre y no una máquina!

---Sí, claro ---murmuró Nah, algo celoso---. Si no te importa, estoy muy cansado. Me gustaría ir a dormir durante unas cuantas horas. No quiero salir al espacio sin haber descansado antes.

---¡Oh, claro, lo siento! ---dijo Marie---. Buenas noches, o buenos días, Nah.

---Buenas noches, según la hora.

Nah Klawks vio alejarse a la doctora y entrar en uno de los cuartos del pasillo donde se encontraban. El cazarrecompensas dio media vuelta y se dirigió a su dormitorio.

Al abrirse la puerta automática, Nah vio una amplia y acogedora habitación. Contaba con una cama, un pequeño escritorio y un baño. Klawks entró en el cuarto y recorrió cada rincón. Cuando el cazarrecompensas se sentó en la cama para descalzarse, descubrió que el colchón no era ni demasiado blando ni demasiado duro. Era muy cómoda, cosa que Nah agradeció mucho. Klawks se quitó las botas y las tiró a un rincón, provocando un ruido metálico. Como vio un cenicero sobre el escritorio, Nah cogió uno de sus puros y lo prendió. Mientras fumaba, el cazarrecompensas se desvistió y arrojó sus ropas al mismo rincón que sus botas. Entonces se recostó en la cama y terminó de fumar el puro. Después de aplastar la colilla en el cenicero, Nah entró en el baño dispuesto a ducharse y se encontró con un estupendo cuarto. Klawks se tomó una ducha caliente y se acostó en el confortable lecho. Ante su sorpresa, las sábanas se arropaban sin necesidad de tirar de ellas. Inmediatamente, las luces del cuarto se apagaron, y Nah no tuvo más que cerrar los ojos y dormir.

Al día siguiente, Nah se despertó muy temprano por la mañana. Después de ejercitar un poco sus piernas, brazos y espalda, el cazarrecompensas se vistió y salió de la habitación. Descubrió con sorpresa que el cuarto de Marie estaba abierto y que lo estaban limpiando, por lo que dedujo que ella también se había levantado. Nah decidió dirigirse al ascensor y bajar hasta el hangar. Cuando llegó al lugar, Klawks se encontró con el general Sánchez.

---¿Cómo ha dormido? ---preguntó Raúl---. ¿Está preparado para el viaje?

---Dormí bien, gracias ---respondió Klawks---, pero nunca se está preparado para un viaje de estas características.

---Sí, tiene razón ---dijo Sánchez, echándose a reír---. Bueno, si le interesa, el profesor Krane y el androide andan por aquí.

---Sí que me interesa. Gracias por la información, general Sánchez.

---En fin ---suspiró Raúl---. Fue un placer conocerle, Nah Klawks. Espero que su viaje sea un éxito y que nos volvamos a ver. Ahora tengo que ocuparme de un asunto. Buena suerte.

Klawks vio alejarse a Sánchez y continuó su camino. Cuando por fin llegó al lugar donde había dejado su nave, descubrió que junto a ella estaban Jhon y Flick, tal como pensaba. El cazarrecompensas se acercó sin hacer ruido, pues sentía curiosidad en saber el tema del que hablaban. Sin embargo, los sensores del androide lo detectaron con rapidez. PX-32 miró a Nah y dijo:

---Buenos días, señor Klawks.

Una vez descubierto, el cazarrecompensas adoptó una posición más relajada y se acercó a los dos personajes.

---Buenos días, Flick ---respondió.

---¡Ah, Nah Klawks! ---exclamó el profesor Krane---. Parece que ha dormido bien. Se le ve descansado. Eso les permitirá salir cuanto antes al espacio.

---¿Cuándo tiene previsto que salgamos? ---preguntó Nah.

---Dentro de una hora, más o menos ---contestó Jhon---. He decidido nombrarle a usted jefe del grupo. Usted tomará las decisiones más importantes.

---Así es ---intervino Flick---. Usted tiene mucha experiencia como jefe militar. He leído su expediente, y ahora sé que usted estuvo en el ejército rebelde de Darán antes de emplearse como cazarrecompensas.



techNah Klawks, Marie Nette y el androide inician viaje para cumplir la misión encomendad por profe
---Es cierto ---dijo Nah, pensativamente---. Fue hace mucho tiempo, pero lo recuerdo como si fuese ayer. En fin, acepto vuestra proposición.

---Excelente ---dijo Jhon Krane---. Bueno, tengo cosas que hacer. Os dejo por ahora. Hablad de vuestras cosas mientras se prepara Marie.

El profesor saludó efusivamente y dio media vuelta. Cuando Jhon se perdió en la distancia, Flick miró al cazarrecompensas.

---De acuerdo ---dijo---. Ya que ahora eres el jefe, ¿qué planeas hacer al principio?

---Bueno ---suspiró Nah---, mi idea era ir al planeta Merm y recoger algunas mercancías que no he pagado aún. Tengo un muy buen amigo allí, y diseña unas máquinas absolutamente impresionantes.

---No se hable más ---respondió Flick---, eso es lo que haremos.

---Flick ---dijo Nah, tras unos momentos de silencio---, por favor, me gustaría saber a qué clan perteneces y quién es tu creador.

El androide miró a Klawks, aunque pronto apartó la vista y clavó su mirada en el suelo.

---Ya te he dicho que no puedo contarlo ---dijo---, al menos a alguien en quien no confío plenamente. No me gustaría darle la información a la persona equivocada.

---¿Eso significa que no confías en mí?

---No plenamente, señor Klawks ---dijo Flick---. Aunque pareces honesto, y buena persona. Quizás te lo termine contando, pero de momento no.

---Deja de llamare señor Klawks ---replicó el cazarrecompensas---. A partir de ahora, llámame Nah.

---De acuerdo, señor Kla..., quiero decir, Nah.

En ese momento, oyeron unos pasos detrás de ellos y, mecánicamente, ambos miraron en dirección al lugar donde oyeron el ruido. Entonces, vieron que Marie, vestida con una bata científica y ropas de viaje, se acercaba a ellos con firmeza.

---Buenos días, Nah y Flick ---dijo la chica, animada.

---Buenos días ---dijeron a la vez el androide y el cazarrecompensas.

Marie se quedó mirando durante un largo rato la nave y, de repente, exclamó:

---¿¡Vamos a ir en esto!? ¡Menudo montón de chatarra!

---¡Eh! ---replicó Nah, molesto---. Esta nave es de lo mejorcito que hay en la galaxia. Tiene mal aspecto, es verdad, pero eso es debido a las modificaciones y a estar construida con piezas de diferentes naves.

---¡Venga, Nah! ---dijo Marie, entre risas---. No te lo tomes tan mal. Ya descubriremos su funcionamiento en cuanto despeguemos.

La risa de la doctora contagió al cazarrecompensas y pronto se unió a ella. De repente, Flick empezó a emitir un extraño zumbido que hizo que Nah y Marie le mirasen, preocupados.

---¿Te ocurre algo? ---preguntó la doctora.

---¡Claro que no! ---replicó el androide---. Yo también tengo derecho a reírme, ¿no?

---¿Te estabas riendo? ---exclamó Nah, arqueando las cejas---. Es la primera vez que conozco a un cyborg capaz de reír.

---Y no soy el único, puedo asegurártelo.

Los tres compañeros siguieron charlando durante largo rato hasta que el profesor Krane regresó a la nave de Nah. Jhon iba acompañado del general Sánchez, que saludó a Klawks con la cabeza y sonrió a Marie.

---Bien ---dijo Jhon---, es la hora. Debéis partir ya. Recordad que el destino de las galaxias ocupadas está en vuestras manos. Creo que Raúl os quiere decir algo.

---Así es ---respondió Sánchez---. Sólo quería desearos suerte y rogaros que tengáis cuidado. Recordad que los esbirros del Emperador están por todas partes. Mantened los ojos abiertos y no os fiéis de los desconocidos. Ya conocéis las coordenadas donde nos encontramos. En cuanto cumpláis la misión, enviadnos un mensaje.

Raúl calló y el profesor Krane le dio una leve palmada en el hombro antes de dirigirse a los tres misioneros.

---Bien, creo que ya está todo ---dijo, y miró repentinamente a Nah. Jhon cogió una pequeña bolsita y se la lanzó al cazarrecompensas---. Se me olvidaba, ahí tienes la mitad de tu recompensa, 500.000 créditos.

---¿500.000 créditos? ---exclamó Klawks---. ¡Eso hace un total de 1.000.000 de créditos! Es excesivo, profesor Krane.


---No, no lo es. Te juegas mucho en esta misión, hijo. Esa recompensa es justa.

---En fin, gracias, profesor Krane ---dijo Nah.

Jhon se atusó la barba y mirar con orgullo a Nah, Flick y Marie.

---Bueno ---dijo---, es la hora. Tenéis que partir ya. No nos podemos demorar por más tiempo. Vosotros sois la última esperanza que nos queda. Recordad que nos mantendremos en contacto. Buena suerte.

Klawks inclinó la cabeza respetuosamente y se adentró en el interior de su nave, seguido de Flick y Marie, quienes también se despidieron de Jhon Krane y de Raúl Sánchez. Nah conectó el generador central del vehículo y los propulsores respondieron con un rugido y una llamarada azul. Rápidamente, la nave se elevó unos metros sobre el suelo y giró en redondo hacia la puerta, que permanecía cerrada. Cuando Jhon, Raúl y las demás personas que estaban en el hangar se retiraron, las puertas se abrieron y permitieron a la nave salir de la base e internarse en el espacio, rumbo al planeta Merm.

 

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 Imágenes
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