La Última Esperanza (VII)


Relatos de Ciencia Ficción

28-05-2005 02:09
Por: Gandalf_Mithrandir

Encontrado en: http://www.ociojoven.com/article/articleprint/954980/

Los tres aventureros se dirigen al planeta Merm para que Nah haga negocios con su amigo, el inventor Folian

Capítulo 7: El planeta Merm


techLos tres aventureros se dirigen al planeta Merm para que Nah haga negocios con su amigo, el inv
Una vez que la nave espacial de Nah Klawks abandonó el hangar de la base del profesor Krane, las compuertas volvieron a cerrarse herméticamente y la inmensa fortaleza estelar se ocultó gracias al camuflador. Desde el interior del vehículo del cazarrecompensas, Marie contemplaba la desaparición del único hogar que había tenido. La doctora había estado en muchos planetas y había convivido con infinidad de criaturas, pero únicamente en la base de Jhon Krane había encontrado algo similar a una familia. Flick miraba también al exterior, pero en otra dirección. Su vista se perdía en la inmensidad del espacio, recordando su hogar. El androide giró su cabeza hacia la doctora Nette y comprendió perfectamente la expresión dolida que revelaban sus rasgos. Flick se alejó de la ventana por la que miraba el cosmos y se acercó a Nah, quien estaba atareado en la realización de los cálculos para saltar al hiperespacio. Con un súbito acelerón, la nave entró en un túnel de luz azul rotatorio. Klawks conectó el piloto automático y se retiró del sillón de pilotaje, encontrándose de frente con el androide.

—Hola, Flick —dijo—. Voy a preparar café. ¿Quieres acompañarme a mí y a Marie? Si quiere café, claro...

—Por supuesto —contestó Flick—. ¿No tendrás un generador eléctrico de la gama Beta, por un casual?

—Sí, creo que sí —dijo Nah—. ¿Necesitas energía?

—Así es. Estuve funcionado dos días seguidos sin recargarme, y cuando me recogieron los hombres del profesor Krane ya me faltaba energía.

—Vale, acompáñame —murmuró Klawks—. Creo que estás de suerte y tengo uno en el comedor. Por aquí.

El cazarrecompensas y Flick se alejaron de la consola de pilotaje y se acercaron a Marie, que todavía seguía contemplando el espacio. Cuando oyó la voz de Nah, la chica giró la cabeza hacia él, ondeando su larga cabellera negra. Klawks le preguntó si quería café y la doctora sonrió y aceptó la invitación del cazarrecompensas. Nah sonrió también y avanzó junto al androide y Marie a través de un corto y estrecho pasillo. Pronto llegaron a un pequeño pero acogedor comedor. Allí, Nah encontró lo que buscaba, el generador eléctrico de la gama Beta. Se lo pasó a Flick, quien se abrió una portezuela ubicada en el pecho. Dentro tenía dos tomas eléctricas donde conectó el generador. Inmediatamente, el androide empezó a sentir que la energía volvía a él.

—Bueno —dijo Nah—, voy a preparar el café. Sentaos a la mesa.

Marie y Flick obedecieron mientras Klawks colocaba unos granos de café en una extraña máquina. Poco después, el aparato había generado dos tazas de humeante café. El cazarrecompensas cogió las dos tazas, las llevó a la mesa y le entregó una de ellas a la doctora Nette.

—¿Cuándo llegaremos a Merm? —preguntó Marie después de beber un poco de café.

—En dos horas, más o menos —respondió Nah—. Tengo un amigo allí que se llama Folian. Él nos ayudará en la misión.

—¿Folian? —dijo Flick—. ¿No es ése un psíquico de nivel 2?

Klawks miró sorprendido al androide. Parecía que su buen amigo era más conocido en la galaxia de lo que esperaba.

—Así es —contestó el cazarrecompensas—. ¿Lo conoces?

—No personalmente —dijo Flick—, sólo he oído hablar de él. Por lo que sé, es un psíquico de nivel 2 que está muy próximo a alcanzar el nivel 1. También tengo entendido que es un notable inventor.

—Tienes razón —respondió Nah—. Precisamente, es a él a quien compro todos los cachivaches que uso en mis misiones.

Marie, que escuchaba con atención todo lo que se decía, arqueó las cejas y dijo con picardía:
—¿Un psíquico de nivel 2? Eso quiere decir que aún tiene pelo. Quizá sea atractivo...

Nah giró repentinamente la cabeza hacia la chica y la miró con los ojos abiertos como platos. En el fondo, se sentía un poco celoso.

—Humanos... —murmuró Flick.


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Cuando la nave de Nah entró en el sistema solar donde se encontraba Merm, el hiperespacio se desconectó. Una pequeña señal auditiva avisó a la tripulación de la cercanía del objetivo, por lo que Klawks se levantó y abandonó el comedor. El cazarrecompensas volvió al sillón de pilotaje y pasó a control manual. Estabilizó un poco la velocidad y fijó el rumbo hacia Merm. Flick se acercó por detrás y observó la pantalla.

—Vaya —murmuró el androide al ver el planeta—, tiene un cierto parecido con...

—¿Con? —preguntó Nah volviéndose hacia el robot.

—¡Con nada, con nada! —se limitó a contestar Flick—. Con un planeta que conozco. Tiene casi tantos niveles de agua como éste.

—Entiendo —dijo Klawks—. Vale, dile a Marie que se ponga el cinturón de seguridad. Vamos a llegar a Merm.
Flick asintió y volvió junto a su asiento. Entonces, Nah comprobó que toda la tripulación estuviera llevando el cinturón de seguridad y se adentró en la atmósfera del planeta. Poco después, la radio crepitó y el cazarrecompensas pulsó el botón de escucha. Una voz profunda y cavernosa pidió que se identificaran. Nah apretó el botón de envío de mensaje y dio su nombre y apellido y su destino. Tras unos momentos de silencio, la radio volvió a chasquear y la voz anterior les concedió el permiso de aterrizar en la superficie de Merm. Klawks descendió y viró un poco la nave. Poco a poco, la superficie del planeta se iba haciendo visible y ya se empezaban a distinguir casas. Entonces, Nah divisó en el monitor del ordenador de pilotaje lo que buscaba y aceleró el descenso. Flick y Marie miraron por la ventanilla del transporte y vieron que se acercaban a una enorme y lujosa mansión. En frente del edificio había una casa bastante más modesta con un garaje bastante grande. Klawks disminuyó un poco la velocidad y, cuando estaban ya a pocos metros del suelo, vieron que un alegre, risueño y joven psíquico les hacía señas desde el garaje. La nave del cazarrecompensas aterrizó delante del psíquico y, una vez desabrochados los cinturones de seguridad y que el motor se hubiese enfriado un poco, las puertas del transporte se abrieron y una rampa bajó hasta el suelo. El primero en salir de la nave fue Nah Klawks, que descendió por la rampa con paso firme hacia el psíquico.

—Hola, Nah —dijo el habitante de Merm—, es un placer verte de nuevo.

—Lo mismo digo, mi querido Folian —respondió el cazarrecompensas, y abrazó al psíquico.

—¿Cuánto tiempo tienes pensado quedarte?

—Yo y mis compañeros nos quedaremos hasta mañana.

—¿Tus compañeros? —inquirió Folian—. ¿Es que no vienes solo?



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Nah sonrió y miró hacia la entrada de su nave. Folian siguió su mirada con los ojos y los abrió algo más cuando vio que una chica y lo que parecía una androide imperial lo observaban desde la puerta del transporte estelar. Klawks les hizo una señal y los dos bajaron desde lo alto de la rampa.

—El androide es Flick y la chica es la doctora Nette —dijo el cazarrecompensas, y volviéndose a sus compañeros, continuó—. Chicos, este alegre muchacho es mi amigo Folian, psíquico de nivel 2.
El psíquico hizo una profunda reverencia y fijó su atención en el cyborg. A primera vista, le parecía un androide imperial, pero bien mirado tenía diferencias substanciales con respecto a uno de estos robots. Notaba su cara muy amable en comparación con las cabezas de los androides imperiales. Éstos tenían caras tétricas y mal encaradas para intimidar a sus enemigos. Al cabo de un rato, Folian sonrió y dijo a los compañeros de Nah:

—En fin, es un honor conoceros. Los amigos de Nah Klawks pueden ser considerados mis amigos. Mi casa es vuestra.

—La verdad es que no sé si podemos ser considerados amigos de Nah —intervino Flick—. De momento somos sólo compañeros, porque todavía no he tenido tiempo de conocerle mejor, aunque parece un buen hombre.

—Lo es —dijo Folian—, y un buen amigo también. Parece que razonas muy bien. Debes tener un buen sistema de inteligencia artificial —se volvió a Nah—. Vale, sé que no viniste aquí sólo de visita. ¿Qué es lo que quieres de mí?

El cazarrecompensas se rascó un momento la barbilla antes de hablar.

—Veo que no te puedo engañar —dijo sonriente—. En realidad vine a adquirir alguno de tus inventos. Traigo dinero.

—¿Cuánto traes? —preguntó el psíquico—. Seguro que el suficiente. Siempre te las arreglas para conseguir alguna de mis máquinas.

—Lee mi mente.

Folian sonrió ante el desafío y miró intensamente a su amigo. Durante un momento no hizo nada, pero al cabo de un rato abrió los ojos como platos y miró sorprendido al cazarrecompensas.

—¡500.000 créditos! —exclamó—. ¡Ya lo creo que es suficiente! ¡Y sólo es la primera parte de la recompensa! Pasad adentro, te mostraré mis últimas genialidades.

El psíquico corrió rumbo a su casa mientras hacía señas a sus invitados para que le siguieran. Flick y Marie fueron tras los pasos del simpático hombrecillo, mientras Nah se encargaba de cerrar su nave espacial. Folian llegó hasta la puerta de su hogar, colocó la mano derecha sobre un lector de palmas e, inmediatamente, la puerta se abrió hacia un lado. El psíquico cruzó el marco seguido de la chica y el androide. Un momento después, Nah entró en la casa y la puerta se cerró tras él.

El interior del hogar de Folian era acogedor. Nada más cruzar la puerta, se encontraron en un gran recibidor. Había dos tramos de escaleras a mano izquierda y derecha respectivamente que se unían en el piso superior. Allí arriba podían ver varias habitaciones cerradas y poco más. El psíquico condujo a sus invitados a lo largo del recibidor y los llevó hasta una puerta al fondo a la izquierda. Dentro había una especie de sala de estar. El habitante de Merm señaló el amplio sofá que había al fondo y dijo:

—Bien, voy a buscar mis últimos inventos. Sentaos, que en seguida vuelvo. Ya me contaréis algo de vosotros. Especialmente tú, Flick. Como eres un androide no te puedo leer la mente.
Folian los dejó solos un momento. Durante ese tiempo de intimidad, Nah, Marie y Flick estuvieron charlando de sus cosas.

—Así que ése es Folian —comentó la doctora Nette—. Parece atractivo. La verdad es que creo que es muy guapo.

—¡Parece que siempre piensas en lo mismo! —exclamó el cazarrecompensas, algo celoso aunque lo disimulara muy bien—. Pero, si eso es lo que piensas realmente, no tendrás necesidad de decírselo. Ya sabes que los psíquicos pueden leer la mente...

Marie miró intensamente a Nah y bajó los ojos hacia el suelo.

—¡Vaya! —exclamó—. No me había dado cuenta de ese pequeño detalle. Aunque la verdad, no me importa lo más mínimo.

—¿Cuánto tiempo hace que lo conoces? —preguntó Flick—. Parece que te llevas muy bien con él.

—Desde que éramos niños —respondió Nah—. Él y su familia me acogieron cuando mis padres murieron y me llevaron a Merm.

—Aquí viene —dijo Flick—. Mis sensores me advierten que alguien se acerca a nosotros, y no puede ser otro que Folian.

Así era. Al cabo de un momento, la puerta de la sala se abrió y entró el psíquico de nivel dos. Aguantaba con la mano derecha una especie de bote y empezó a sacar cosas. Folian se acercó a Klawks y le tendió una pistola de aspecto estrafalario.

—Ésta es una pistola estupenda —dijo—. Es cien veces más potente que la que llevas ahora. No estoy seguro de a lo que puede llegar como máximo, pero no descarto que sea capaz de destruir estructuras reforzadas.

Finalmente, le entregó un pequeño casco que se ajustaba perfectamente a su cabeza.

—Esto es un casco de bloqueo —dijo Folian—. Bloquea el control mental de cualquier ente psíquico, aunque falla mucho y la mayoría de las veces no funciona, aunque si lo hace podría salvarte la vida.

El cazarrecompensas recogió la mercancía y le dio las gracias al psíquico. Folian sonrió satisfecho y comenzó con las preguntas, generalmente orientadas en torno a Flick. Cuando comprendió la situación, el habitante de Merm miró a Nah y dijo:

—Puedes contar con los psíquicos para lo que sea. Nuestra flota está a tu completa disposición. Sólo nos tienes que avisar en caso de posible ataque a la base del Emperador y acudiremos.

—Gracias, Folian —respondió Klawks—. Por cierto, ¿crees que llegaré alguna vez a necesitar este casco?

—Nunca se sabe —replicó Folian—. ¿Quién no nos dice que el Imperio ha contratado a un famoso asesino de Merm?

—Reknac.


El psíquico miró intensamente a su amigo y asintió.

—¿Sabes algo de él? —preguntó Nah—. ¿Lo han llegado a contratar?

—No lo sé, Nah —dijo Folian—. Reknac es un psíquico de nivel 1, y como tal no tengo acceso a su mente. Alguna vez intenté leer la mente de su criado, pero Reknac oculta los nombres de sus clientes demasiado bien.

—Bueno, dejémoslo —dijo Klawks—. Necesito hacer unos reajustes a mi nave. Si no te importa, me gustaría utilizar tu caja de herramientas.

—¡No faltaba más! Eso ni siquiera se pregunta. Utiliza todas las herramientas que necesites.

El cazarrecompensas lanzó una agradecida mirada al psíquico y le pidió a Flick que le echara una mano. Después de que el androide accediera a prestarle su ayuda a Nah, ambos abandonaron la estancia y fueron hacia el garaje, dejando solos a Folian y Marie. Durante un rato los dos estuvieron hablando sobre sí mismos. El psíquico fingía sorpresa cuando la chica le hablaba de su doctorado y de sus interminables estudios, pues en realidad Folian ya había extraído toda esa información de la mente de la doctora. Una hora después, Folian y Marie todavía seguían conversando, pero el habitante de Merm decidió cambiar de tema radicalmente.

—Por cierto —dijo mirando a la mesa—, ya sé lo que piensas de mí.

El corazón de la chica dio un vuelco y miró a Folian con los ojos abiertos como platos.

—¿Ah... ah... sí?

—Sí —confirmó el psíquico—, y tengo cosas que decir al respecto.

Marie cerró la boca mientras Folian se levantaba del sofá y se acercaba a la ventana, a través de la que vio a Nah y Flick apretando tornillos y cambiando piezas de la nave del cazarrecompensas. Poco después, el psíquico se volvió y dijo:

—Sé que le dices a Nah que te parezco guapo para ponerle celoso. No es que yo te parezca feo, al contrario. Sólo que no soy tu tipo y, como es natural, prefieres a alguien de tu misma especie.

—Lo siento si te he ofendido —dijo Marie—, de veras.

Folian miró durante un momento a la chica y estalló en una estridente carcajada.

—¡Venga, mujer! —exclamó—. No tienes necesidad de disculparte por algo así. No me has ofendido, ni mucho menos. Además, estoy casado con una bella mujer de mi especie —guiñó un ojo—. Comprenderás que no sería ético iniciar un romance con otra mujer de otra especie, ¿verdad?

—Tienes razón —respondió la doctora Nette tras soltar una risita—, no sería ético.

—Bueno —continuó Folian tras un breve instante de silencio—, a lo que iba. Todo esto te lo digo a cuento de que Nah sintió celos. Lo leí en su mente. Nah sabe guardar sus sentimientos, incluso a veces a mis poderes psíquicos, pero creo que siente algo por ti, algo más que simple amistad.

—¿En serio lo crees? —exclamó Marie—. ¿Crees que debo lanzarme ya a por él?

El psíquico se acercó de nuevo a la mesa y volvió a sentarse.

—No creo que sea buen momento —respondió—. Sigue con tu técnica, pero sin pasarte, pues puede llegar a perder el interés.

—Muchas gracias, lo tendré en cuenta —dijo la doctora—. Seguiré tus consejos.

—De acuerdo —murmuró Folian—, pero no le digas a Nah que te dije esto.

En ese momento, entraron en la sala el cazarrecompensas y Flick. Nah se tiró literalmente en uno de los sillones, exhausto, mientras que el androide prefirió quedarse en pie. Hacía bastante calor. A esa hora del día, en esa zona acababa de salir Auron, el Sol más grande del sistema Rotis. En este sistema había dos soles, Auron y Amron, uno en frente del otro. Esto explicaba que en Merm no existiera la noche, lo que a su vez justificaba la escasez de vegetación. Folian miró a sus huéspedes, sonrió y dijo:

—Parecéis hambrientos, aunque es normal. Hace tiempo que pasó la hora del almuerzo. Esperad un momento, que voy a preparar la comida.

Todos estuvieron de acuerdo y, poco después, el psíquico regresó con dos fuentes llenas de comida. A nuestros ojos parecerían sustancias extrañas de forma y textura, pero en aquella época los habitantes de los distintos planetas ya conocían el menú de los distintos sistemas. Además, Folian resultó ser un excelente cocinero y todos menos Flick disfrutaron del almuerzo. Después se deleitaron con una sabrosa infusión muy parecida al café. A eso de las ocho de la tarde, llegó la mujer de Folian, Azda. Al igual que su marido, Azda estaba en el nivel 2 de la escala de los psíquicos. Era una bella psíquica, que trabajaba en el mayor colegio mental de Merm como profesora de control mental. La mujer también mostró gran interés en Flick. Después de todo, no siempre se veía un androide tan similar a los robots imperiales. La conversación se alargó hasta la madrugada y llegó el momento de irse a dormir. Folian y Azda prepararon las habitaciones para los invitados y desconectaron a Flick por expresa petición del androide, pues no quería quedarse toda la noche solo y aburrido.

Al día siguiente, Nah y Marie se levantaron temprano y se encargaron de conectar a Flick. Folian y Azda estaban ya en pie, pues la mujer psíquica tenía que ir a trabajar y su marido siempre le preparaba el desayuno. También había puesto unos cuantos cuencos y pan tostado para sus invitados. Tras desayunar con calma, llegó el momento de las despedidas. Era el momento de partir y de buscar otro planeta para reclutar hombres para el ataque a la base del Emperador. Desgraciadamente, Reknac había elegido el mismo momento para abandonar Merm e ir en busca de Flick y Nah Klawks. El psíquico de nivel 1 salió de su lujosa mansión y se dirigió al lugar donde había dejado su nave. Sin saber por qué, miró al garaje exterior de su vecino Folian. Entonces fue cuando los vio. Allí estaban sus dos objetivos, dirigiéndose a la nave del cazarrecompensas. Reknac sonrió perversamente y miró fijamente a Nah Klawks. Entonces, estableció contacto mental.

¡Vaya, vaya! ¡Pero si es mi querido Nah Klawks, uno de los mejores cazarrecompensas del universo!

Esto fue lo que oyó Nah en su interior antes de que sintiera un agudo dolor en el cerebro. Por un momento, Klawks perdió el equilibrio, pero Flick y Marie lo agarraron antes de que cayese. Una malévola carcajada les hizo alzar la cabeza y vieron el rostro pálido y calvo de Reknac, que avanzaba con determinación hacia ellos. La doctora Nette desenfundó su pistola láser y apuntó al asesino, pero la voz penetrante y dolorosa del psíquico inundó su cabeza.

No sé aún quién es usted, pero tampoco me importa. Mi misión es únicamente matar a Nah Klawks y al androide, pero usted será un extra. A usted también la voy a matar.

Reknac ensanchó su sonrisa y el dolor en las cabezas de Nah y Marie aumentó, obligándoles a taparse los oídos y a doblarse del sufrimiento. Esta vez fue Flick quien reaccionó. El androide apuntó con el cañón oculto en su brazo derecho al psíquico y se preparó para disparar. Pero Reknac movió una mano y el brazo del androide se desplazó contra su voluntad, obligándole a apuntar con el cañón a Marie.

—Ni lo intentes, androide —dijo el psíquico—. A ti no te puedo hablar mentalmente ni hacerte explotar el cerebro. Pero mis habilidades no se reducen a la telepatía. También soy un maestro en la telequinesia. Ahora, vosotros tres vais a morir.


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De repente, una nueva presencia inundó el cerebro del asesino. Reknac alzó los ojos, furioso, y vio que Folian estaba delante de él, desafiándole.

Reknac: ¿Qué intentas, idiota? Sabes muy bien que no puedes detenerme. Tengo demasiado control como para que un simple psíquico de nivel 2 logre detenerme bajo cualquier circunstancia.
Folian: Es posible que no consiga derrotarte, pero al menos les doy a mis amigos una oportunidad de escapar de tus garras.

Reknac: ¡No me hagas reír! ¡Ni siquiera has podido romper el control que ejerzo sobre tus amigos! No tienen ninguna oportunidad de escapar de mí. Va a morir y tú lo sabes. Y también sabes que tú serás el siguiente.

Folian: Entonces, por lo menos habré intentado salvarles y moriré con honor, cosa que tú has perdido hace tiempo.

Reknac sonrió con placer y su mente también entró en la de Folian, intentando reventar su cerebro. Por el momento, ya controlaba a cuatro individuos, Nah, Flick, Marie y Folian. Con la telequinesia hacía que el circuito que activaba el disparo del cañón del androide se conectase poco a poco, haciendo peligrar la vida de la doctora Nette. Pero una presencia en la que no había reparado el malvado psíquico se acercaba a ellos.

Sin previo aviso, Azda se introdujo en la mente de Reknac y ayudó a su marido a combatir al asesino. Un psíquico de novel 2 no suponía un mayor problema para Reknac, pero dos ya eran otro cantar. Los oídos del asesino pitaron y sintió un agudo dolor en el cerebro, exactamente el mismo que el que sentían sus objetivos. Incapaz de soportarlo por más tiempo, el psíquico de nivel 1 rompió el control sobre Nah, Flick y Marie para enfrentarse a Folian y a su mujer. El amigo de Klawks le miró fijamente y le habló mentalmente.

¡Escapad ahora! No queda tiempo. No podremos seguir enfrentándonos a Reknac por mucho más tiempo. No seáis insensatos y huid.

Nah contempló a Folian durante un segundo más y ordenó a sus compañeros correr hacia la nave. Ante los impotentes ojos de Reknac, Flick y Marie corrieron detrás de su jefe rumbo al transporte espacial del cazarrecompensas. Lo más deprisa que pudieron, los tres compañeros ascendieron por la rampa de la nave, se pusieron los cinturones de seguridad y Nah se encargó de hacer despegar el vehículo. En pocos segundos, ya habían abandonado el planeta.

Reknac rugió de ira y cerró el contacto mental con Folian y Azda. Miró con resentimiento al matrimonio y fue hasta el garaje exterior de su mansión, donde tenía estacionada su nave. Por suerte para él, incluso a esa distancia podía sentir las mentes de Nah y Marie. El asesino subió a su nave, despegó a gran velocidad e inició la persecución.

 

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