El Dibujo (capítulo 2)


Terror y Supense

25-03-2006 19:13
Por: xiana69

Encontrado en: http://www.ociojoven.com/article/articleprint/962426/

Llegó a su casa, miró su ropa y comprobó que no tenía manchas; miró sus manos y lavó la navaja lentamente, sin olvidar ningún rincón que pudiera descubrir para qué había sido utilizada.


tech Llegó a su casa, miró ropa y comprobó que no tenía manchas; sus manos lavó la navaja lentame
Llegó a su casa, miró su ropa y comprobó que no tenía manchas; miró sus manos y lavó la navaja lentamente, sin olvidar ningún rincón que pudiera descubrir para qué había sido utilizada.

Después, guardó el papel en una bolsa de plástico que metió dentro de la bolsa de basura, la cerró y la bajó a los contenedores. Era el último rastro que podía quedar de aquella tarde, aunque en su mente seguía vivo lo que había visto antes de matarla. Tuvo que ser una mala jugada de su imaginación. Sí, seguro que había sido así.

Ella había quedado tendida en el suelo, desangrándose. Se arrastró lentamente hasta teléfono y marcó tres dígitos. Después, agotada, desfallecida, sin fuerzas y notando cómo se iba… se sumió en un profundo sueño.

La policía llegó al cabo de poco tiempo, tiraron la puerta y se dispersaron por la casa. Uno de ellos entró en la habitación y la encontró, dio la voz de alarma y se acercó el inspector que dirigía la operación.

Los demás pasos fueron seguidos como una rutina por los agentes, al mando de su jefe. Se comprobó el estado de la chica y llamaron a la ambulancia, aunque ninguno tenía confianza de que pudieran salvarle la vida, ya que, si bien sólo había una herida, había sido certera en su destino. Sin desánimo, le practicaron unas curas de auxilio, principalmente para cortar la hemorragia.

El policía que la había encontrado se había fijado en un detalle que llamó su atención. Parecía que en el suelo, a unos pasos de la chica, había un papel que ella debía de estar mirando cuándo la mataron. Lo que vio en él le sorprendió, así que llamó a su jefe y se lo dijo.

Éste se acercó, se puso los guantes y lo cogió. En el papel sólo había un dibujo, pero le llamó la atención lo que había dibujado en él; claro que no se veía con claridad, sólo se distinguían las siluetas y poco más. Así que pidió que lo guardaran y se lo llevaran para mirarlo con más detenimiento los colegas de la Policía localizar al autor. Científica. Ellos se encargarían del rastreo de posibles evidencias para localizar al autor.

Mientras tanto, los demás agentes buscaban huellas, el arma del posible homicidio y algo que les indicase el motivo de aquel posible homicidio.

Al día siguiente, la noticia era la muerte de una chica en su piso, sin motivo aparente y por alguien que aún no había sido detenido, aunque parecía que la policía tenía algunos indicios en sus manos, huellas del asesino.

Cuándo marchó de la casa de la víctima, se desvió hacia su casa. Llevaba en una bolsa el dibujo, en el asiento de al lado. Lo vería después, tenía que tomarse un pequeño descanso, lo necesitaba. Llegó a su casa, entró y sintió una voz llamarle:

- Juan, ¿eres tú?

- Sí, cariño, soy yo. ¿Estás con la niña?

Mientras le preguntaba, se acercó a la habitación de la niña. Se acercó despacio, disfrutando de la escena. Al llegar a su altura, ella giró la cabeza y le besó.
Ella dejó a la niña en la cuna y le acompañó a la cocina.

Por el camino, él le iba contando el hallazgo de la chica y el dibujo que les había llamado la atención. Así que, al llegar, se puso el guante, abrió la bolsa y lo cogió para enseñárselo, pero, al sacarlo… algo había pasado. Seguro que se había equivocado aquel chico, era un policía novato, al dárselo para guardarlo en la bolsa. Tendría que ir a la comisaría y avisar para que recogieran el verdadero de la escena del crimen, ahora estaba convencido que tenía algo que ver en todo lo sucedido

Tomó un café rápido con su mujer y se dirigió a la comisaría. Para los miembros de su grupo, el de Homicidios, era una persona seria, reflexiva, que no daba un paso sin haber pensado anteriormente los motivos y cuyas decisiones siempre estaban basadas en los hechos. Realmente era así en su trabajo, pero con su familia era alegre; le gustaba disfrutar cada momento de su vida. Sabía, por su trabajo y las circunstancias que lo habían acompañado a lo largo de su vida, que uno nunca sabe qué puede pasar mañana, así que siempre vivía el hoy, el momento.

tech Llegó a su casa, miró ropa y comprobó que no tenía manchas; sus manos lavó la navaja lentame
Cuando llegó a la comisaría, buscó al chico. Le comentó que el dibujo no era aquél que habían visto. El chico se azoró, pero le explicó que no había más dibujo ni folio que aquél, así que no había posibilidad de equivocación. Al escucharle, se puso los guantes y volvió a sacarlo de la bolsa; esta vez la cara de sorpresa, incredulidad, fue de los dos… aquello no podía ser, no tenía explicación posible.

De repente, Marc entró en su oficina y se dirigió a él:

- Jefe, creo que tenemos una huella. Hemos pedido a los de la Científica que hicieran un otograma en la puerta del baño y creo que lo hemos conseguido; ya tenemos por dónde pillarle… -la sonrisa fue amplia en los tres allí presentes: No se escaparía.

El asesino bajó a la calle por la mañana como cada día, compró el periódico y lo miró como siempre, buscando lo que le interesaba en él. No le pasó desapercibida la noticia; ya lo esperaba. Siempre pensó que la encontraría de noche el novio al ir a verla como cada día. Comenzó a leer la noticia sonriendo, seguro de sí mismo, pero al llegar al punto en el que informaban de que la policía tenía huellas, su sonrisa se borró y apareció una mueca de incredulidad primero, que fue pasando a una sonrisa cínica, después.
Había que ver lo que esa policía se inventaba. Él sabía de sobra que no había huellas: llevaba guantes, se había llevado el arma y en ningún momento dejó huella alguna de su calzado, así que era imposible. Sólo intentaban quedar bien con el público, como otras muchas veces… dijo, y tiró el diario a una papelera.

Mientras, en la comisaría le daban vueltas al asunto. Habían ido entrevistando a unos cuantos sospechosos, vecinos, amigos, el novio, un ex - novio de la víctima, pero sin estar convencidos de que pudiera ser ninguno de ellos. Había algo que no cuadraba y era el móvil del asesino. Por más que habían mirado, no había indicio alguno de robo: parecía no faltar nada y la expresión de la chica al encontrarla no era de sorpresa sino relajada. Daba la impresión de conocer a su asesino.

Llegaron a la conclusión de que si bien el móvil parecía ser el robo, ella le había sorprendido en la faena y él, (opinaban era hombre por la forma de actuar) había decidido quitársela de en medio.

tech Llegó a su casa, miró ropa y comprobó que no tenía manchas; sus manos lavó la navaja lentame
Había habido un total de seis robos en distintos lugares, pero todos tenían un punto de conexión. Las diferentes víctimas habían asistido y adquirido algún artículo en las dos diferentes casas de subastas que había en la ciudad. Ahora quedaba comprobar si la víctima también había acudido a alguna de ellas y si había adquirido algo, como el escritorio que tenía allí, pieza que no había pasado desapercibida para el inspector.

Efectivamente volvía a ser el nexo de unión. También ella había adquirido el citado mueble en una subasta, y a tenor de lo que había pagado, debía de ser una pieza fuera de lo normal.

Se llegó a la conclusión de que no pudo llevarse lo que quería, pero la había matado, y ahora les tocaba a ellos dar con él. Claro que esta vez ya era otra cosa, tenían la huella del otograma. No estaban en blanco como en los otros casos. No sabían cuánto tardarían, pero le cogerían.

El asesino seguía con su vida. Pensaba que no había ningún rastro de él, así que siguió preparando su próxima “aventura”. Ya tenía localizada la siguiente subasta, volvería a ir por allí para fijarse en algún comprador. Cualquiera de los que compraban pagando precios tan elevados le serviría para después entrar en sus casas a robar.

Fue a la subasta y se fijó en una chica que estaba allí, realmente no la vio comprar nada en directo, pero sabía que entendía, pues la mirada y sus comentarios no dejaban lugar a duda alguna. Decidió que la próxima sería en su casa.

El inspector decidió dar por finalizada su jornada de trabajo. Su equipo aún continuaría unas horas más investigando, recopilando datos e intentando encontrar algo. Reconocía que necesitaban una ayuda de la suerte que les llevara al presunto culpable.

Nunca le había gustado llevar su trabajo fuera de su horario, salvo que fuera totalmente necesario Así que, al marchar, cogió su coche y se encaminó al piso donde vivía, soleado y tranquilo. Destacaba en él algunos muebles, no muy caros, que habían ido adquiriendo; El resto era como cualquier otra vivienda, muebles funcionales, cómodos y que facilitaban el estar a gusto en la propia casa.

Al llegar se encontró con su mujer que iba a sacar a la niña a dar un paseo; quería aprovechar la tarde y las buenas temperaturas que aún había ese año. Bajó del coche, y se unió a ella tranquilamente por el parque.

El asesino había seguido a la chica de la subasta; ya había anotado el portal, y el piso; haciéndose pasar por el chico de la floristería había subido con ella en el ascensor, el resto era fácil.
Durante una semana controló sus idas y venidas hasta que ya tuvo la idea exacta de cuánto tiempo tendría para actuar mientras ella se ausentaba.
Decidió que lo haría la semana siguiente, el lunes, pues así tendría tiempo después para ver qué hacía con el material robado y sacar dinero. Ya empezaba a hacerle falta.

El lunes, como siempre, se encaminó tranquilamente hacia allí; esperó a verla salir, subió en el ascensor, se acercó a la puerta, pegó su oreja y confirmó que no había nadie dentro. Forzó la puerta y entró. Con la otra chica había sido más fácil: no tuvo que forzar nada. Hacer amistad con ella le había servido para conseguir una copia y tener otra llave de la puerta. Pero esta vez no quiso arriesgarse, ya que ésta estaba casada. Su experiencia en abrir puertas era grande, las forzaba suavemente sin armar escándalo, para que nadie advirtiera nada.

tech Llegó a su casa, miró ropa y comprobó que no tenía manchas; sus manos lavó la navaja lentame
Entró y comenzó su visita rutinaria decidiendo si algo de lo que veía merecía la pena y pensando dónde podrían guardar las cosas de valor. Se le daba muy bien imaginarlo después de conocer un poco su forma de actuar.
Decidió llevarse dos o tres objetos que había por allí, después se encaminó hacia el armario de la habitación. No sabía por qué, pero intuía que ahí guardaría algo, bien en una cajita de seguridad, en un falso cajón o en cualquier otra de esas tretas que a veces la gente usaba, sólo en las casas más pudientes. Sin ser los ricachos de siempre, se había encontrado con verdaderas cajas de seguridad y algún que otro impedimento aparte: alarmas sofisticadas, perros guardianes, etc.

María se sintió cansada. Había sido una jornada dura de trabajo y estaba deseando volver a casa. Así que apagó su ordenador, cogió su chaqueta y se marchó. De camino a casa compró fruta, pues últimamente le había dado por cenar a base de eso y a su marido le gustaba mucho picar cualquier cosa y terminar la cena con la fruta. Siempre llegaba agotado y lo que menos le apetecía era una cena tradicional. Además intentaba cuidarse; los años iban pasando (ya sólo le faltaban unos meses para los cuarenta), y a ella, aunque era cinco años más joven que él, también le venía genial.

Abrió el portal, subió en el ascensor y, mientras, fue buscando la llave de casa: así dejaría las compras en la cocina y volvería a buscarla. Al acercarse a la puerta, despacio, notó algo extraño.

 

Ojos de fuego
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