|
|
 |
Encontrado en: http://www.ociojoven.com/article/articleprint/967112/ |
Breve artículo sobre la clase política y su distanciamiento de la realidad social.
Parece ser que en mi localidad los responsables del consistorio, apoyados por el Gobierno regional, están llevando a cabo una campaña que explique a los jóvenes como drogarse reduciendo al máximo los riesgos para su salud. Sobra decir que el lío ya está montado. Asociaciones de padres, parroquias, colectivos vecinales, sindicatos, partidos políticos... todo el mundo tiene al parecer algo que decir; todos menos los jóvenes.
Y es que, para variar, la gente más ajena a la juventud es quien más tiene que decir sobre ella. ¿Afán controlador?, ¿corrección política? Tal vez un poco de ambas cosas. Lo que está claro es que la mayoría de esos sectores se muestran ajenos no sólo a una realidad social que golpea en sus narices cada fin de semana, cada sábado. Porque díganme ustedes cómo satanizar la campaña sabiendo que el hospital se llena todas las semanas de comas etílicos, taquicardias y demás lesiones derivadas de su consumo.
Resta decir cual es su alternativa: campañas contra las drogas. No digo que no estén bien, no; pero es evidente que si un día tu hijo se mancha la camisa por jugar en el parque, al día siguiente no sólo no le podrás ropa nueva, sino que lavarás la ya manchada, y no es tampoco desdeñable la idea de que estando ya enquistado en nuestra sociedad un problema como lo son las drogas, no puedes limitarte a prevenirlo, habrá que tratar de solucionarlo -y un buen comienzo para hacerlo es tratando de reducirlo-.
Pueden considerar la campaña inmoral, poco ética, de un progresismo mal entendido; pueden considerar lo que ellos quieran, pero siempre me quedará la esperanza de que un día por fin se decidan a salir de sus casas y rompan esa burbuja en la que parecen vivir. Sólo entonces comprenderán la magnitud del problema y se darán cuenta del error que están cometiendo al censurar una campaña por motivos que, a fin de cuentas, no van más allá de lo tabú y lo que no debe hablarse.
Y es que los poderes públicos y algunos colectivos, creen que el problema aún es la falta de información sobre los efectos que las drogas causan. Craso error. A los jóvenes no sólo no nos falta información objetiva, sino que estamos saturados de mensajes que han perdido ya la poca efectividad que tenían. Y no lo digo yo, lo dicen las estadísticas: año tras año el consumo de drogas va en constante aumento y, año tras año, los jóvenes cada vez comienzan a drogarse a edades más tempranas.
Está claro que el consumo de drogas responde a factores tan dispares y particulares para cada caso que no podría aventurarme a afirmar como predominante ninguno de ellos: presión social, exceso proteccionista de los padres, entablar nuevas formas de relación social, experimentar nuevas sensaciones y así un largo etcétera. Pese a todo ello y no es tanto una hipótesis arbitraria como una realidad empírica, si podría lanzarme a decir que en última instancia un joven consume drogas de motu propio, por decisión propia.
Y todo esto no responde sino a una constante en la historia reciente de España: el distanciamiento entre la clase política y pseudo política de la realidad y su dejadez para con los más jóvenes. Ése, y no otro, es el verdadero problema que corroe nuestra sociedad.
Pero que sabré yo si sólo soy un joven sin nada que decir
|
 |
| |
|
|
|
|
 |
|