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Los chismorreos, personalidad de los barrios, sin duda hacen algo más que dar vida, y si nos paramos a oírlos quizá encontremos algo de sórdido interés.
Ah, señora Jacinta, con usted quería yo hablar desde hace unos días. Ya se me estaba haciendo raro eso de no verla barrer la entradita del portal y fíjese que me empezaba a preocupar y todo. ¿Que cogió una infección dice? ¿Y pues? Bueno, ya dicen eso que la suerte no es de los pobres, ¿verdad? Me alegra oírla entonces, no quisiera echarla en falta para siempre, ya me entiende.
Mire, corra, allí. ¿No es ésa la Ernesta, la de la nueva? Sí, sí la es, y no andará lejos la madre, seguro. Claro, por detrás suyo ya viene. Por cierto, ¿sabrá que se dice de ella, no? ¿No? Pues no se preocupe, seguro que fue la infección que la mantuvo en cama, ya le explico yo. Sabrá, eso sí, que vino hace unas semanas a la casa de su difunta madre, que en la gloria esté. Y qué lástima, de verdad. A mí es que desde pequeña ya me levantó la atención, pero ya sabe, son esas cosas que una piensa y se calla porque debe, hasta que suceden, y luego ya es tarde. Así las cosas acaban como acaban, si de hacernos caso a nosotras cuantas desgracias nos ahorrábamos, ¿verdad? Vea que ya me estaba yendo por los cerros de Úbeda, perdone, perdone, que la he dejado a medias. Lo que quería hablarle es que se dice que es una libertina de ésas, y... pero acérquese que estos no son chismes de contar en alto, y que es mujer de mala vida, de burdel, vamos. Y seguro que esa niña suya no es de matrimonio, ni ella es viuda, ni creo que haya pisado iglesia alguna en su vida. Nada, nada, mala gente. Mejor no acercarse y dejarlas solas, que es como por ley deben estar. Aunque nos moleste a todos, que a este ritmo nos abrirán una casa de ésas aquí en la misma calle, pero claro, ninguno tenemos ni voto ni palabra y nos lo tenemos que aguantar. Y dicen que hay justicia... será para los insolentes.
¿Jacinta? ¿Es usted? Qué alegría encontrarla por aquí, nunca lo hubiese esperado. ¿Cómo le va? ¿Bien? ¿Aquí a pasar una mañana en el ajetreo de mercado? Aproveche y compre mujer, que no es mal momento. Y además es bueno eso de salir de casa, que yo desde ayer que no estoy tranquila, mire. Es como si la de Gertru me mirase desde lo lejos, ¿no le da la misma sensación? Pero mire, ahora para nosotras dos, en algún modo sí lo merecía, ¿no le parece? Quizá no como fue, que se conoce que la forzaron antes a la pobre, pero ya se sabe, a la gente a quien pasan las peores desgracias... y cuando el río suena es por algo, y nadie negará que se la vio entrar en lugares poco honestos. Sabe quién la encontró, ¿no? El Manolo, mi vecino de dos puertas más abajo. Yo, claro, no lo vi, pero según me dijo su mujer, y de eso lo que sé, a la muchacha le habían cortado el pescuezo después de... ya sabe. Qué mala es la gente. Y a saber si, por degenerado, también lo hizo después. Mire, se me erizan los pelos sólo al pensarlo. Cómo se puede concebir algo así. Si me dijo que su marido no había dicho ni pío desde la entrevista con los señores guardias, y de eso hará un par de días. Y otra cosa, ¿sabe de quién sospecho? Del Evaristo, que ya su padre fue muy buen cliente de antros malos y se le hace más de una querida. Y además, que me fijé yo, la miraba mucho por la calle, y más de una vez le encontré tras el ventanuco ese de su casa esperando a que pasase. Pues ya te digo, algo tiene que ver.
Buenas tardes, señora Jacinta. ¿Me permitirá pasar? Tengo algo muy nuevo e importante, ya verá. Sentémonos, que va para largo. ¿Cómo? No se moleste, si ya vengo comida de casa. Mire, vayamos a lo importante, ya verá que no exagero con las prisas. ¿Sabe que al señor Evaristo nada le han dicho por la muerte de mi vecina? Ya hace ocho días y nada. Sí, ya sé, malos nuestros policías. Y nos sentimos inseguros todos, sí, pero ese no es el caso. Y ya verá por qué lo digo, y es que ya no es el señor, sino el difunto Evaristo. Que sí, que sí, se le ha encontrado muerto hace un rato en su casa. ¿Parece justicia divina, a que sí? Y además nadie va a llorarle, porque no tenía a nadie más que a sus hermanos que desde siempre le han odiado. Si seguro que ahora están de festejo porqué les ha dejado la casa. Y mira, mejor, así estamos seguras de que no hace ninguna barbaridad más, ¿no le parece? Ya sé que no es bonito que esté así, contenta, por su entierro, pero qué quieres que te diga, no puedo remediarlo. Ya paso luego a confesar, que cosas tengo para explicar al señor cura. Y ya que hablamos de él, me dijo esta mañana en misa que le diese recuerdos, y que le preguntase por la enfermedad que le impedía asistir. ¿Cansada? Ya puede ser, después de estar malo pues sí es beneficioso reposar algo aún después de los síntomas, pero bien que la vi la otra mañana en el mercado tan sana. ¿Sabe?, me parece que no va porqué no quiere. Pues mire, usted se lo pierde, pero ya le digo que a quién Dios no protege le pasan cosas como a los desdichados vecinos. Y claro, ahora ya toda la calle es desdichada, porqué además de la mala fama tenemos llanto a toda hora de la hija de la muerta, la Evarista, que tiene lágrima perpetua la muchacha. Y peor aún cuando a mí me parece que estaría mejor en otra parte, que ahora ha venido a cuidarla su tía, pero no parece de muy buena pasta, así como la otra. Y es raro viniendo de Gertru, con lo coqueta y discreta que era ella. Y nunca faltó a misa además. Pero qué se le va a hacer, las cosas de la vida. Quizá fuera la parte de padre la que cogieron las hijas. Pero mire, yo creo que, por lo joven de la niña que ni tan sólo sabe qué le pasa, y por su forma de nacimiento en pecado, hasta se haría un favor a ella y a la niña su tía si la dejase para siempre. Y seguro que Dios no le guardaría enfado alguno por hacerlo, al fin y al cabo obra bien. Eso me recuerda... yo quería pedirle opinión sobre un tema. Hace siete, no, ocho días, que mi mejor cuchillo huele a sangre, y no consigo quitarle la peste. Se lo he traído, a ver que le parece y si conoce forma alguna de quitarlo. ¿Está llorando? No se espante mujer. Como ha sido muy buena amiga no quería ni que se enterase, pero ya no puedo hacer nada. Anda, venga, y le digo que no va a ser más que un momento. Ya sé que no lo merece igual que los demás, pero ni por los lazos de hace años puedo olvidar. Ha pecado, y yo debo hacer algo, entiéndame, que los que pecan deben ser castigados, y usted hasta estará de acuerdo conmigo, y así no lo harán más, y se redimirán en su muerte y verán la luz. Lo hago por ti, no por mí, ni por el cura. Vamos, un corte, nada más.
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