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O crónica de una batalla condenada al fracaso desde un primer momento. La confrontación, al menos, nos sirvió para aprender a moldear unas cuantas montañas con el papel de arrugar
Tras el desastre del desfiladero de Tántalos, un destacamento de marines espaciales se dirige a limpiar un nido tiránido en la superficie de Gorgona Caróntida. La misión consiste en aproximar una cabeza explosiva de gran potencia a la entrada del nido que se esconde al otro lado de las áridas colinas.
Listas de ejército
Hidras de Hierro
-Escuadra de 4 marines espaciales armados con bólter y sargento con espada y pistola bólter
-Escuadra de 3 marines con bólter, lanzallamas y sargento con hacha y pistola bólter
-Escuadra de 3 marines armados con fusiles de plasma, bólter y sargento armado con espada y puño de energía
-Escuadra de 3 marines armados con cañones de asalto, bólter y sargento con pistola
-Escuadra de 3 marines con lanzagranadas, lanzamisiles y sargento armado con bólter
Objetivo: dinamitar el nido tiránido llevando los explosivos de la segunda escuadra hasta su entrada
Nido tiránido
Las tropas se dividían en varias oleadas, y sumaban un total de:
-16 esporas explosivas
-2 enjambres devoradores
-32 termagantes armados con perforacarnes
-16 hormagantes
-24 genestealers
Objetivo: devorar a los intrusos
Turno 1
Las tropas de las Hidras de Hierro se desplegaron rápidamente para alcanzar lo más rápidamente posible la entrada del nido tiránido. La Escuadra 5 se quedó rezagada para poder brindar fuego de apoyo desde la retaguardia.
El enjambre tiránido se puso en marcha y rodeó a los invasores valiéndose de la cobertura que el accidentado terreno les brindaba y utilizando la velocidad de sus gantes.
Turno 2
Los marines continuaron su avance metiéndose en la boca del lobo sin temor alguno. Su fe ciega en el Emperador les impidió, seguramente, darse cuenta del modo en el que iban a ser aplastados por la pinza que formaban los tiránidos. Éstos, estoicos, recibieron las primeras salvas de explosivos sin inmutarse, a pesar de que cayeron cinco termagantes y cuatro hormagantes.
Turno 3
Temiendo quedar atrapados por las garras del enjambre, las escuadras que cubrían los flancos se separaron del grueso del avance, forzando a los alienígenas para que se trabasen en contacto con ellos.
La táctica pareció funcionar en una primera instancia y las fuerzas hostiles quedaron enganchadas con las escuadras de sacrificio mientras los explosivos avanzaban hacia el nido.
En el ataque combinado con la artillería de la retaguardia, cayeron media docena de termagantes, varias esporas y una escuadra de hormagantes. Las cosas empezaron a torcerse cuando los genestealers cayeron con sus afiladas garras sobre la escuadra primera, que fue totalmente eliminada.
Turno 4
La Escuadra segunda de marines espaciales continuó su avance ciego hacia el epicentro tiránido –del que no paraban de salir nuevos especímenes quitinosos. Se mascaba la tragedia: el resto del destacamento estaba totalmente disperso, aislados unos de otros en los valles que formaban las abruptas colinas.
Los tiránidos, con el pragmatismo propio de la mente enjambre, atraían el fuego pesado de la artillería sobre sus tropas de sacrificio, enjambres devoradores y termagantes, mientras sus criaturas más duras rodeaban y desgajaban a los supervivientes de la avanzadilla. Allí donde los genestealers y los hormagantes no llegaban, las oportunas esporas volantes terminaban el trabajo.
Al final del turno otra escuadra entera de marines espaciales había sucumbido a la mala explosión de una espora y otra se batía en retirada tras un ataque combinado de genestealers y hormagantes.
Turno 5
La escuadra 2, diezmada, continuó su avance suicida hacia el nido. Contra todo pronóstico, y ya en solitario, su sargento fue acabando con las penúltimas defensas de éste. En la retaguardia, los artilleros vieron con dolor cómo las líneas intermedias entre ellos y la avanzadilla eran totalmente barridas. Se imponía una retirada para luchar otro día.
Turno 6
Abandonado definitivamente por sus compañeros de la escuadra quinta, que habían perdido a un miembro de la dotación tras el contacto traidor, y posterior explosión, de una espora mutágena, el sargento de las Hidras de Hierro se trabó en combate personal con todo bicho viviente que se prestó a ello –y fueron muchos- hasta terminar destrozado, sollozante por el fracaso en su misión, bajo innumerables apéndice afilados.
Resultado de la batalla
Masacre a favor del nido tiránido.
Conclusiones
Necesitamos unos códex para nivelar los bandos que se enfrenten en las batallas. Así siguen siendo divertidas y tienen un componente épico muy curioso, pero creemos que no explotan todas las posibilidades tácticas disponibles.
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