La venganza de Malekith I


Relatos

23-11-2007 15:30
Por: sabelotodojj

Encontrado en: http://www.ociojoven.com/article/articleprint/985979/

Primera parte de la trilogía en que Malekith desea arrasar las tierras Yermas por venganza contra Grimgor Pielhierro. El rey elfo desea aniquilar a la raza piel verde consiguiendo miles de esclavos mientras que el feroz orco negro verá con ansias la posibilidad de derrotar al gran elfo y aumentar así su ya gran reputación.


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-Zí, jefe, nueztraz zozpechaz ze han confirmado. Loz orejotaz negroz de laz tierraz del oezte han dezembarcado en nueztraz coztaz. Han venido con una numeroza flota de gigantez barcoz negroz y muchoz guerreroz. Zegún miz aztutoz ezpíaz vienen ha ezclavizarnoz para realizar zuz duraz tareaz y formar parte de zu decoración (nueztra piel queda muy bien en zuz zillaz de montar y nueztraz cabezaz en vitrinaz y paredez). A mi entender, que pareze el adecuado, vienen lideradoz por un gran hechicero que dicen que ez zu rey montado en una gran beztia negra alada (muy parecido a nueztraz queridaz zerpientez con alaz, mi señor). Ze haze llamar: Malekith.

-Bien, Gorbut. Haz hecho un buen trabajo. Coge un jabalí y dirígete a laz tribuz maz zercanaz. Dilez que olviden zuz pequeñaz impertinencias y disputaz. Coméntalez que vamoz a arrollar a un mizerable ejérzito de orejotaz y que habrá carne para todoz. Vuelve pronto o tuz restos no dezcanzarán en paz... -acabó diciendo Grimgor.

A muchos kilómetros de distancia se encontraba el mayor ejército de esclavizadores elfos oscuros jamás visto. Habían traído a innumerables guerreros y bestias con el fin de capturar a miles de orcos para servirles de esclavos y recompensa. El mismísimo rey brujo lideraba aquella expedición y sólo había dejado un pequeño destacamento de cinco mil hombres en Naggaroth. Pensaban volver muy pronto y casi todos los partidos habiendo limpiado antes las tierras yermas y las montañas de la raza pielverde.

-¡Moveos, inútiles, despejad el camino! Vosotros, montad las tiendas en ese espacio. Los del fondo, id al relevo... Señor -dijo el general de la escuadra primera, arrodillándose anteriormente- estamos montando el campamento desde el final de la costa de donde desembarcamos hasta el principio de las llanuras. En tres días estará todo listo para la partida hacia las tierras Yermas. Pensamos que el ejército orco nos esperará en el principio de las altas montañas, pero ese factor nos beneficiará puesto que nuestros ballesteros se podrán situar con una buena posición de disparo y nuestras máquinas de guerra les harán estragos.

-Bien, bien... -respondió Malekith-. ¿Sabes algo de nuestras sombras?

-Sí, señor, se me olvidaba. Han devastado una pequeña escuadra de cien orcos. Parecían dispuestos a llegar y acabar con nuestro desembarco. mi señor. Seguramente crean que somos menos porque, si no, nos tienen infravalorados.

-Les costará mucho su despreocupación... partiremos en dos días.

-¡Jacob! -gritó Grimgor.

-Zí, mi señoría; ¿Qué dezea?

-Dime exactamente donde ze encuentran ezoz malditos orejotaz y de pazo, me traez el mejor mapa que tengaz -dijo mientras cruzaba el campamento vigilando los movimientos de sus chicos y aplastando el cráneo de un desafortunado snotling.

-Aquí tiene, mi zañor. Veamos... Loz orejotaz ze han pazado con zuz barcoz rodeando la izla de...

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-Déjate de chorradaz y ve al grano

-Zí, zí, jefe -dijo Jacob lleno de miedo-. Han dezembarcado en donde empieza la bahía negra desde el mar y para llegar hazta nozotroz han de pazar todaz laz llanuraz, cruzar todaz laz tierraz Yermaz y ezcalar laz montañaz.

-Zí, señor, un poco máz al norte.

-Envía a quien quieraz para decirlez que loz paren y que zi aguantan rezibirán refuerzoz. Dile a Mozgot que me vea en mi tienda.

-Zí. A zuz órdenez.

-Excelente, ¿por ahí no eztá la tribu de loz orocz Kara Azul?

Más tarde...

-Aquí eztoy jefe -dijo mozgot entrando en la tienda.

-Mozgot, como ya sabes, te he ezcogido como zub-generaldel ejérzito. Cubrirás el flanco derecho montando tu querida serpiente alada. Pero antez, doz cozaz: aunque zeaz el zub-general, no confío nada en ti, azí que me demuestras lo que valez en batalla o te demoztraré lo que ze hazer yo. Otra koza... recluta máz chicoz que loz que tenemos y... ¿Haz conzaguido a loz chicoz que te mandé?

-Mi señor, zólo han llegado treinta de elloz pero ezpero muchoz máz.

-¡¡Inútil!! Loz quería ya... eztá bien... me quedaré con cazi todoz loz chicoz. Zal con loz jinetez y loz que te mande y zigue recto hazta que te pille lo antez. ¡Lárgate ya!

Grimgor salió de su tienda y gritó:

-Todoz loz orcoz y goblinz que no lleven animal, que ze queden, loz demaz, iroz; iz en buzca de loz orejotaz para ensañarles quién manda en eztaz tierraz. ¡A por elloz!

Y diciendo estas palabras los orcos y goblins salieron hacia su destino.

Dos días después:

-¡Adelante, en camino! -gritó Malekith con su voz estridente y a su vez rajada.

-¡En marcha. Ya le habéis oído! -repitieron los jefes de las compañías.

Miles de elfos empezaron a desfilar por las tierras Yermas pensando en su posible botín. Tardaron un día entero hasta hacer el primer descanso. Iban muy lentos, al parecer del rey Brujo, ya que todavía no habían llegado a las primeras colinas puesto que las máquinas de guerra no podían ir rápido, y esto sumado a que una hidra enloqueció y empezó a luchar contra sus señores creando estragos a todo lo que tenía alrededor.

El rey brujo se desesperaba; sus guerreros Druchii nunca llegarían a las montañas a este paso. Además del hermoso botín que había oído que se podría lograr en las entrañas de las cuevas de los orcos y goblins y la gran cantidad de esclavos fuertes que conseguiría, había sabido de un gran orco que nadie lo conseguía derrotar. Uno del que decían que era su salvador y era el imbatible. Quería ver su poder y su fuerza; y luego le haría sufrir con su gran magia oscura y se retorcería de dolor delante de todos sus inferiores. Debilitaría su raza hasta que desapareciera de las mapas e historias.

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Todo esto lo hacía por odio, por desprecio y por venganza. A uno de sus mejores amigos y general de uno de los mas importantes ejércitos de todos de las tierras donde vivían los elfos oscuros lo había matado este orco. Sus arcas negras tenían la intención de desembarcar en el imperio, pero las impresionantes mareas los llevó a estas horribles costas. Su incursión siguió y aniquiló algunos ejércitos de goblinoides sin mucho esfuerzo, pero se topó con uno, del que sólo escaparon una decena de druchiis. Habían llegado a decir que era un ejército de criaturas gigantes, orcos mucho más grande que los normales y otros tan grandes como los primeros pero con una gran armadura. Pero, delante de todos éstos, se alzaba uno más grande que los demás, uno que aniquilaba decenas de guerreros elfos en cada hachazo que daba con su enorme hacha de batalla. Su ejército cayó en pocos minutos hasta que sólo quedó él al frente de su ejército, pues los que quedaban huyeron atemorizados. A casi todos les darían caza. Su jefe se adelantó sobre todos los demás pielesverdes y le gritó: “Ya conozez a la raza suprema; ahora la zufriráz en tu propia piel”. Se abalanzó sobre el elfo y en dos hachazos le destrozó su espada y escudo; y en el tercero, atravesó su armadura y le cortó en dos por la mitad de su cuerpo como si se tratase de un tronco podrido. De esta historia no había mas detalles, pero el rey de los elfos oscuros vengaría en poco tiempo el alma de su amigo para que pudiese estar tranquila. Pronto se encontraría delante de ese ejército.

El grupo de Grimgor salió cinco días después con una horda tremenda de enormes orcos y criaturas poco agradables a la vista siguiendo la ruta seguida por Mozgot. No dormían y los días pasaban a costa de muchas millas recorridas. Esperaban estar en poco tiempo en el campamento de los caras-azulez.

Los elfos estaban a punto de llegar a la mitad del tramo que les separaba para llegar al fin de las suntuosas colinas cuando llegaron tres sombras medio muertas jadeando hasta Malekith:

-Señor -dijo uno con la voz entrecortada-, se acercan muchos pielesverdes. Caras azules le cubren sus desamparados rostros y rayos mágicos surcan el cielo dejando estelas azuladas. Se acercan...

-Rápido, los ballesteros en posición. Colocad los lanzavirotes en círculo ahí arriba. Vamos...

Espoleando su montura, Seraphon levantó las alas dejando una humareda de polvo. Al rey de los elfos de Nagarond le recorrió un escalofrío por su maltrecho cuerpo. Miles de puntitos verdes se mezclaban con un azul espectral. A su orden, las ballestas de repetición rugieron y dispararon una salva de proyectiles dejando fuera de combate a la línea enemiga. Las hidras, enloquecidas, se soltaron de las aprendices y fueron directas al enemigo quemando toda forma viviente, fuese elfo u orco. Los orcos cargaron con una fuerza descomunal pero los corsarios los detuvieron en su afán masivo de destrucción. Goblins volaban por el cielo pero su caída era entorpecida por las malévolas arpías. Los jinetes oscuros y los caballeros gélidos arrasaban la pequeñas unidades de goblins y orcos, y donde más se ofrecía resistencia era en el regimiento de jabalíes orco. Se encontraba al frente de éstos uno de los jefes orcos descuartizando sin compasión a los atemorizados elfos. Todos los lanzavirotes se giraron hacia la impresionante unidad de más de cien jabalíes con sus respectivos orcos, pero en esto una gran serpiente verde descendió del cielo aniquilando cinco de estas dotaciones de disparo. Por la distracción, las otras tres no dieron en el blanco.

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En el centro de esta descuartizada batalla, se encontraban unidos los verdugos con sus largas espadas junto con la guardia personal del señor Malekith. No cedían ni un pie y no caía ninguno. Llegaban más y más unidades y las aplastaban y las hacían huir de manera similar una tras otra: Pero de repente, una gran roca cayó en medio de estas dos unidades causando muerte dentro del núcleo más sólido de los elfos. Los goblins empezaron a subir por encimad e la roca con el fin de robar y saquear todos los restos de los apuestos guerreros elfos, pero se encontraron con unas rápidas sombras que, sin darse cuenta, les habían atravesado con sus envenenadas dagas. La gran unidad de gélidos chocó con la inmensa horda de jabalíes provocando rugidos espectaculares. Los gélidos empezaban a avanzar cuando el general orco saltó de su jabalí para abalanzarse contra el señor elfo que dirigía a esa unidad. Quedó encima del gélido y, mientras el elfo intentaba traspasarle con su espada, el gigante orco cortó la cabeza del gélido provocando su desequilibrio y por tanto provocando su caída. El orco cayó encima del elfo mientras con una daga que tenía en la cintura cortaba el cuello del elfo.

Todo esto lo vio Malekith desde su gran dragón, por lo que descendió hasta el centro de la batalla provocando un círculo de miedo y admiración. Descendió de su dragón y se situó a escasos cinco metros de la gran bestia verde. Sus miradas se sostuvieron unos segundos interminables hasta que Malekith blandió su espada. El orco, sediento de sangre, se abalanzó contra él haciendo chocar los dos metales mágicos. Un gran duelo acababa de comenzar.


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