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Crónica del primer torneo al que asistí con enanos en esta edición, a 2.000 puntos.
Tras mis breves incursiones en esta edición decidí que la mejor forma de aprender sería ir a un torneo. Aún no conocía a fondo las reglas actuales, como tampoco dominaba las tácticas enaniles. Pero el movimiento se demuestra andando. ¡Nada mejor que unas palizas para aprender!
Mi ejército
Mi primera decisión a tomar sería con qué me presentaría. Sabía que la gran mayoría de participantes irían a saco, con sus mejores galas. La tónica habitual en los torneos de Morada de Héroes. Por eso tenía asumido que poco podría hacer. Sólo había jugado tres batallas en esta edición, dos a 1.500 puntos y una a 2.000. Las conclusiones que extraje es que mi capacidad estratégica sobre despliegue y movimiento estaba oxidada, me costaba captar los movimientos y jugadas. Así que me planteé hacerme un ejército que minimizara estas debilidades. Es decir, una lista de disparo puro (ni el despliegue ni el movimiento tienen tanta importancia con este tipo de contingente). Pero luego me lo pensé mejor: iba al torneo a aprender. Así que opté por un ejército promediado (en el que influyó muchísimo las minis que tenía, no poniéndome lo que no tenía aunque hubiera querido llevar).
Mi lista quedó así:
Señor de las Runas con Yunque
2 Señores del clan
2 de Atronadores
1 de Guerreros del Clan
1 de Barbaslargas
1 de Rompehierros
1 de Mineros
1 Cañón
1 Cañón de Salvas
La idea básica era debilitar al enemigo a proyectiles y que cuando llegara el combate mis guerreros dieran buena cuenta de ellos. Cabe destacar que incluí Rompehierros en lugar de Martilladores porque no tenía miniaturas de los otros y el Cañón normal porque no contaba con un Lanzaagraavios.
Los participantes
Al torneo acudieron diecinueve personas. Sorprendentemente (para mí) el ejército dominante resultaron ser enanos (cuatro normales y uno del Caos). Tan sólo había un Alto Elfo (Bujarion, que seguro algunos recordaréis su nombre) y un Elfo Oscuro (con Dragón e Hidra). También había dos Khemri, un Conde Vampiro, un Skaven, un Bretoniano, diversos Imperios y Caos, e incluso un ejército de Ogros.
Primera batalla: Condes Vampiro
Mi primer rival resultó ser un amigo de toda la vida, que desde hace incontable años juega con no muertos. Originalmente usaba Lamia, pero desde hacía algún tiempo Dragón Sangriento era su estirpe. Su ejército se me antojó algo extraño, si bien según me comentaron en torneo no funcionaba nada mal. Llevaba un Señor de los Vampiros a caballo, dos “nigromantas”, tres de esqueletos, una de tumularios, lobos, una hueste espectral y dos doncellas.
La batalla rememoró las mejores películas de serie B de la Hammer. Un montón de “vivos” (enanos) apostados en un lugar lanzando todo lo que podían a unos undeads que avanzaban imparables. Opté por desplegarme en la zona central, dejando el Cañón de Salvas protegido por mis unidades de combate. Los arcabuceros apoyarían desde sendos flancos, junto al cañón. Mi primera prioridad era matar a las doncellas que, a pesar del liderazgo de mis tapones, podían hacerme mucho daño. Mi rival desplegó sus lobos y huestes con intención de flanquearme, mientras el resto iba por el centro.
La batalla comenzó por mi parte, usando el cañón (de forma afortunada) para diezmar un poco a los esqueletos. El yunque usó la Runa de la Furia y mató a una doncella.
El turno de mi rival fue un avance (menos el señor vampiro y la unidad en la que se encontraba, que falló el chequeo de estupidez de la Corona de Condenación) en el que su magia fue inefectiva (de hecho una nigromanta sufrió una herida por disfunción mágica).
El turno siguiente supuso un duro revés para mi rival. Primero aparecieron los mineros por su retaguardia, con intención de estorbar su marcha. Cayó la otra doncella espectral por el yunque y el cañón le voló la cabeza a la nigromanta ya herida (¡falló el “cuidado señor”!). Con ella se le fue un mago y el libro de Arkham. Los Tumularios fueron mermados por el cañón de salvas, del mismo modo que una unidad de esqueletos y los lobos.
El turno de mi rival sirvió para colocarse cerca, muy cerca. Las huestes espectrales y los lobos supervivientes amenazaban ya mi flanco izquierdo (donde estaban arcabuceros y, por trayectoria de arrasamiento, mi cañón de salvas). El señor vampiro abandonó la seguridad de su unidad y se acercó a la de los tumularios, con intención de sembrar la destrucción seguramente al turno siguiente (estaba a salvo de mis disparos protegido por sus unidades y una colina. Su magia le permitió levantar algún esqueleto más, pero no dejé pasar ninguna danza macabra.
El turno crucial. Si lograba frenar su avance podría hacer mucho daño. Además el señor vampiro estaba solo, montado a caballo (por lo que la Runa de la Furia podía hacerle mucho daño). Lo primero que hice fue cargar con los mineros contra la unidad solitaria de esqueletos que el señor vampiro había dejado sola (que no había podido marchar por distancia y por eso la alcancé). Después resitué mis unidades de combate de manera que si había combates y arrasamientos no recibieran cargas por flancos, sino por frontales. Luego me planteé si hacer la runa ancestral o no. Con ella podría intentar mermar la hueste espectral y al señor vampiro. La decisión dejó de tener importancia cuando saqué doble uno (fallé la runa y me explotó el yunque). Mi mejor baza y el general muertos. Tras el duro revés continué mermando a los tumularios con el cañón de salvas (sólo quedaban el campeón y el portaestandarte) y a los esqueletos. Los arcabuceros mataron a los lobos espectrales, viendo que la hueste se les echaba encima. Los mineros mermaron a la unidad de esqueletos gravemente, pero aún quedaban algunos.
El turno de mi rival supuso la carga de la hueste contra mis arcabuceros, que acabaron perdiendo y huyendo. La hueste se trabó contra la dotación del cañón de salvas. Mi rival levantó más esqueletos pero no pudo realizar más cargas.
El siguiente turno sirvió para reafirmar mis posiciones, esperando la previsible carga del señor vampiro y demás. Mis disparos restantes mermaron un poco más a los esqueletos, destruyendo definitivamente una unidad. Los mineros terminaron destruyendo a sus esqueletos y la hueste espectral continuó barriendo y se trabó con mis barbaslargas tras destruir el cañón de salvas.
Turno no muerto de cargas. El Señor Vampiro se unió a la hueste espectral contra los barbaslargas. La unidad de esqueletos aún viva (donde estaba la otra nigromanta) cargó contra los mineros gracias a una danza macabra (se reorganizó en la fase de movimiento y se encaró a ellos). Los pobres mineros acabaron huyendo y siendo atrapados. El combate entre mis barbaslargas contra la hueste y el señor supuso una sorpresa. Yo he llevado años (y ganado torneos con Dragón Sangriento), así que conocía su debilidad. Mi campeón barbalarga se adelantó y lo desafió, a sabiendas de que el orgulloso vampiro aceptaría. Lógicamente acabó hecho fosfatina. Las huestes, por desgracia para mi rival, no hicieron bajas. Yo no podía pegar con nada (mi señor del clan no llevaba armas mágicas…). Los no muertos perdieron el combate y se llevaron dos heridas cada uno.
El turno final. No hubo disparos efectivos. Mi unidad de Rompehierros cargó contra los dos solitarios tumularios, esperando llevarse los puntos de la unidad. Ese combate terminó como estaba previsto, salvo por un pequeño detalle: El único miembro vivo tumulario tras mi asalto (el portaestandarte), atacó al señor del clan de la unidad… ¡y golpe letal! Eso fue un duro golpe. En el otro combate del señor vampiro desafié con el señor del clan que allí combatía… ¡otro golpe letal! De poco sirvió ya que por el resultado del combate tanto la hueste como el señor vampiro se convirtieron en polvo.
Ya imagináis el resultado de la batalla supongo.
Segunda batalla: Enanos
Al conocer la raza de mi siguiente rival me animé. Así podría aprender algo (además de un rival completamente desconocido). Para mi desgracia la batalla fue un auténtico agobio, ya que mi rival discutía cada regla, cada detalle, haciendo que el árbitro estuviera constantemente cerca. Lo más curioso es que no me discutía las reglas a mí, sino al propio arbitro. Seguramente mi rival debe ser un buen tío, pero algunos detalles de su comportamiento no me agradaron.
Sus huestes eran un mixto entre combate y disparo, pero una mezcla hecha a mi parecer con poco acierto. Llevaba para combatir una de guerreros del clan, una de barbarlargas y una de matadores. De disparo contaba con una de atronadores, unos montaraces, DOS cañones de salvas y CUATRO lanzavirotes. Sus héroes eran un matador enano (que iba solo, sin la unidad) y TRES Ingenieros unidos a los Lanzavirotes. Casi lo olvido, llevaba una de mineros lógicamente.
A la hora de desplegar me coloqué relativamente a distancia, no dejando que los cañones de salvas y sus arcabuceros pudieran dispararme ni aunque avanzaran un turno. Los míos tampoco podrían disparar. Pero yo sólo perdía los disparos de un cañón, no de dos como él. Además aún tenía el Yunque a mi favor. La escenografía formó casi un conglomerado en el centro de la mesa, un bosque, una colina, un elemento impasable, todo en medio obstaculizando la línea de visión. Mi rival desplegó sus máquinas en pleno centro, abarcando todo lo que no ocultaba la escenografía. Yo me “oculté” con mis unidades tras la misma escenografía (¡que asco de comportamiento enanil cobarde!). Aquí comenzaron las discusiones porque mi rival pretendía usar los montaraces como hostigadores en un bosque (aunque sabía bien que no podía porque en la partida anterior ya se lo advirtieron intentó colármela, sin éxito). Aún así los colocó en ese bosque (el cual no abandonarían en toda la batalla).
Mi rival comenzó la batalla avanzando con sus cañones, sus arcabuceros y las unidades de combate. Sus disparos de lanzavirotes se dividieron entre mi cañón y mis Rompehierros (que veía por una “rendija” que no tuve en cuenta al desplegar). Cayeron algunos rompehierros y un miembro de la dotación del cañón. Aquí quiero destacar un detalle que no me gustó en absoluto (y que según pude corroborar después, mi rival “usó” en otras batallas). Cada lanzavirotes tenía runas, pero era imposible identificar qué runas llevaba cada cual. Debías fiarte de él para creer qué llevaban. Eso no supondría problema alguno salvo por el hecho de que cada turno las runas “parecían moverse” de una máquina a otra. Las que tenía un turno una, el turno siguiente las llevaba otra… Pero claro, a lo mejor era yo que no me enteraba y me “liaba”.
Mi turno comenzó sin movimientos por mi parte. En la fase de disparo mi cañón logró despedazar dos matadores enanos. Declaré que el cañón de salvas intentaría disparar contra los mismos matadores, que no sabía si llegaría. Mi rival se quejó de que debía declarar los otros disparos (de los arcabuceros que había al lado del cañón) porque si no sabría si ellos también podían llegar o no. Discusión de varios minutos, el arbitro apareciendo y enseñándole el reglamento. Total, una pérdida de tiempo. Yo declaré el disparo confirmando que no llegaba ni el cañón ni los disparos de arcabuz, pero así podría “medir” mejor el turno siguiente. El “Runas” de mi clan decidió jugársela con la Runa Ancestral de la Furia (la única manera que podía tener de neutralizar los lanzavirotes). ¡Todo un éxito! Tres unidades afectadas. Tuve unas tiradas relativamente favorables, haciendo dos heridas a dos lanzavirotes y matando un miembro de la dotación del tercero.
Segundo turno. Sus mineros aparecieron a mi espalda, amenazando cargar contra la retaguardia de mis Rompehierros o incluso contra el “Runas”. Su ejército avanzó (menos las máquinas de guerra y arcabuceros esta vez). Sus virotazos este turno mataron otro miembro de la dotación del cañón e hirieron a la máquina. Otro Rompehierros cayó también. Sus arcabuceros mataron a un barbaslargas (a pesar de haber calculado, lo hice mal y llegaban a dispararme). Otra discusión: mi rival declaró que disparaba un cañón de salvas contra una de mis unidades de arcabuceros. Yo le dije que vale, pero que no llegaba (además que en la línea directa más cercana había una colina que impedía el disparo). Se encontraba a 60,1 cm. del arcabucero más cercano. Y claro le dije que “nanai” porque ese más cercano era atravesando la colina. Arbitro de vuelta a mi mesa para explicarle que la distancia se medía hacia la miniatura que podía ver, que no era precisamente la más cercana porque estaba oculta tras la colina… sin comentarios.
En mi turno aparecieron mis mineros a la espalda de sus lanzavirotes. Reorganicé a mis Rompehierros mirando a los mineros e hice retroceder a mis Barbaslargas para evitar bajas innecesarias. El yunque se la jugó una vez más, esta vez con la Runa Ancestral de los Juramentos. Y tuve suerte, mis Rompehierros cargaron contra los Mineros y mis propios Mineros contra tres de los lanzavirotes (estaban tan juntos que se trabaron en combate múltiple). Mi cañón logró hacer una herida al lanzavirotes que no estaba trabado. La fase de la sangre se saldó con la destrucción de los mineros de mi rival y la pérdida de varios miembros de las dotaciones de sus máquinas. A pesar de perder el combate, la tozudez de los enanos los mantuvo a todos allí.
El turno de la cobardía. Mi rival, viendo que no podría llegar a mi zona de combate, comenzó a retroceder con todo lo que había avanzado. El particular “duelo” lanzavirotes-cañón continuó, dejando otro miembro de mi dotación muerto. El combate entre mis mineros y la dotación se prolongó otro turno. Esta vez perdieron los míos, si bien se mantuvieron firmes.
Durante mi turno no hubo movimiento. Mi cañón disparó contra los matadores sin llegar a tocarlos y el “Runas” martilleó la Runa de la Furia a nivel normal, matando un miembro de la dotación del lanzavirotes. Los Mineros siguieron impasibles en combate, haciendo bajas y superando su chequeo de desmoralización.
Cuarto turno de la cobardía. Sus huestes continuaron corriendo hacia su zona. El lanzavirotes mató al tercer miembro de la dotación del cañón, dejando sólo vivo al Ingeniero. Otro combate en tablas por parte de los mineros, que lograron a pesar de perder el combate eliminar por fin un lanzavirotes y el maestro ingeniero que allí había.
Mi turno fue tranquilo. El cañón se ocultó de la línea de visión porque no tenía la intención de darle los puntos a mi rival. El yunque falló la Runa de la Furia (a nivel normal) y no podría “runear” el turno siguiente. El combate de los mineros tocó a su fin, muriendo honorablemente tras haber matado a un lanzavirotes y mermado a los otros.
Quinto turno. Los lanzavirotes dispararon y mataron algunos arcabuceros, la única unidad que tenían a distancia visible.
Mi turno supuso un literalmente “mirar”. El “Runas” no podía hacer nada y no tenía rival a distancia de ningún disparo. Tampoco había combates.
Último turno. Mi rival disparó sus virotes contra mis arcabuceros, que a pesar de las bajas resistieron el envite.
Aquí era donde se presentaba la clave de la batalla (aburrida y agobiante como pocas). En el momento actual estábamos en empate y ambos lo sabíamos. La única posibilidad de deshacerlo era que el “Runas” hiciera una actuación magistral y matara los lanzavirotes (entre ellos el que contenía al Maestro Ingeniero general de mi rival). ¿Qué podía pasar? Que me “petara”. Pues me la jugué con la Runa de la Furia y… ¡petó! Paz y después gloria.
Al contar puntos, a pesar de la muerte del yunque (que era mi general) mi rival tan sólo ganaba de 200 puntos, lo cual era un empate. Resumiendo una batalla patética.
Tercera batalla: Pues no hubo
Como habréis observado en el torneo éramos impares, por lo que uno se quedaba siempre sin jugar y se consideraba que había ganado. Pues bien, tras la pausa para comer resultó que dos de los participantes no se presentaron. Uno de ellos ya lo había advertido y el árbitro lo colocó como “el que no jugaba” y el otro era mi rival. Así que gané (hubiera preferido jugar la verdad). El caso es que, fruto de este suceso, me colocaba entre los mejores del torneo. Dependiendo de cómo acabaran los combates de los que llevaban más puntos podía quedar incluso segundo (primero no, porque por resultados el que ganara en la última partida vencía en el torneo).
Así que me dediqué a observar “las finales”. La primera enfrentaba a Khemri contra Skavens y la segunda a Altos Elfos (Bujarion) contra Enanos (un ganador de muchísimos torneos con Bretonia y Enanos, que en esta ocasión llevaba un ejército “light”, sin yunque, sin disparos excesivos, sin el estandarte de Strollaz). La batalla de los Skavens terminó a favor de las ratas. Un ejército con tres Ingenieros Brujos, Jezzails, Amerratadoras y Cañón de Disformidad suele hacer mucho daño. La batalla entre Elfos y Enanos fue una dura contienda en la que, a pesar de que Bujarion tenía todas las de ganar (Archimago, dos magos más, lanzavirotes, etc.), la suerte no estuvo de su lado y los Enanos le dieron para el pelo.
Resultado del Torneo
El ganador absoluto fue el Skaven, con tres masacres en su haber. El segundo clasificado el Enano, también con tres victorias pero con un poco menos de “gol average”. Y el tercero… ¡fui yo! Sorprendente y a la vez poco merecido. Sin la “masacre” de la tercera partida seguramente las cosas no hubieran sido así.
En resumen, aprendí mucho, me reí bastante durante todo el torneo (eso que el “Runas” me petara en las dos partidas se las trae). Espero que en el próximo, cuando tenga más “rodaje enanil” pueda presentar aún mejores batallas.
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