Mi nacimiento vampírico |
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27-12-2007 13:39
Por: SPIDY
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Encontrado en: http://www.ociojoven.com/article/articleprint/987289/ |
El día en que fui maldito... una noche que marcaría mi destino para siempre... apartado de lo que fui... convertido en un monstruo.
Hace tiempo que olvidé mi nombre, mi identidad. Hace tiempo que la gracia de vivir me fue arrebatada. La comida no me satisface, el agua no calma mi sed, el calor humano lo he olvidado por completo. La sangre fluye irregularmente por mis venas y con escasez. El concepto de la vida ha sido borrado de mi cabeza. El lujo, el aroma de las flores, la luz del sol, las risas de las personas, el cielo azul… son meros recuerdos que fluyen por mi cabeza. Condenado en la oscuridad, viviendo en los más inhumanos lugares, escondido de todo ser vivo, alimentándome de la sangre de las pobres personas que encuentro para poder subsistir un día más. ¿Cuál es el porqué de mi sufrimiento, de esta condena que no termina? Todo se lo debo a mi Sire. Ese desgraciado que me contaminó de su desgracia. El que me arrebató mi juventud, la vida, las ganas de vivir.
¿Cómo fue?
Era una noche del invierno de 1889. Todo estaba tranquilo, el cielo estaba despejado, la luna llena iluminaba radiante en el cielo, de vez en cuando se dejaban oír aullidos en la lejanía. Todo transcurría con normalidad hasta que el silencio se rompió cuando un jarrón de porcelana se estrelló contra el suelo y un grito agudo y escalofriante de mi madre recorrió toda la casa y seguidamente se oyeron disparos acompañados de la voz de mi padre diciendo: “¡Regresa del abismo de donde hayas salido, bestia demoníaca!”
Me asomé al pasillo para investigar realmente lo que ocurría y cuando llegué a la puerta de la habitación de mis padres, pude contemplar el cuerpo de mi padre en el suelo. Su piel estaba seca y su volumen había sido reducido considerablemente. En su cara se podía discernir claramente una expresión de horror y angustia.
Al fondo de la habitación, una figura con ropajes sucios y deteriorados cogía el cuerpo de mi madre mientras le mordía el cuello y poco a poco su carne iba perdiendo volumen. Cuando el cuerpo de mi madre ya no le era útil, la criatura se dio la vuelta y mostró su rostro desfigurado. Su piel estaba marchitada, donde debería haber nariz sólo habían dos orificios, su cabello eran escasos finos pelos blancos, parecidos a hilos, y había en zonas en que se podían distinguir los huesos. No era muy robusto, mas bien parecía frágil, pero segundos más tarde su complexión aumentó y parecía más fuerte, como si hubiese arrebatado la vida de mis padres en beneficio de la suya.
Se me acercó lentamente y se detuvo delante de mí. Hubo unos segundos en los que sólo se oía mi respiración acelerada, antes de que el ser horrendo me dijese:
-Pobre muchacho, te he dejado huérfano. Podría matarte para que te encontrases con tus padres pero mi sed está saciada. En este caso… te convertiré en uno de los míos; pareces tener mucha energía.
Seguidamente se me acercó, y me convirtió. Tras haberme clavado el mordisco con la firma de mi condena, se puso recto y me advirtió que una semana más tarde vendría a por mí a instruirme en la no vida.
Esa noche fue terrible, al igual que las que la siguieron. Sentí cómo por mis venas fluía algo viscoso, cómo todo órgano de mi cuerpo se contraía, se arrugaba. El dolor era fuerte y constante y pasadas unas noches despertó algo en mí fuera de lo normal: la sed por beber sangre.
Los días venideros no fueron mejores. La piel se me marchitaba, mi cuerpo se debilitaba, la nariz se me alargó en forma de punta y las orejas se me secaron y se vieron reducidas. El dolor era cada vez más agudo y más constante, notaba cómo los huesos también se veían afectados por el castigo que me había inoculado el endemoniado ser, ¡incluso la forma de mi cabeza se vio afectada cambiando considerablemente el cráneo y mi rostro! Pasado esto último, tal como me advirtió, vino el vampiro. Me instruyó en las normas de la supervivencia como un vampiro. Poco después de un año, mi Sire me dejó. Hasta ahora he tenido que sobrevivir por mi cuenta, apartado de la sociedad a la cual una vez yo pertenecí. Ahora vivo en las alcantarillas, con la compañía de las ratas y demás seres que habitan por estos lugares apartados de la mano de Dios.
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