Del amor y el tiempo: Hyperión, obra magna de Dan Simmons |
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11-01-2008 14:47
Por: manheor
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Encontrado en: http://www.ociojoven.com/article/articleprint/987718/ |
Comentario sobre esta obra del conocido autor de ciencia ficción
De aquí:
“En el balcón de su negra nave espacial, el cónsul de Hegemonía tocaba el Preludio en do menor de Rajmaninov en un antiguo pero inmaculado Steinway, mientras grandes y verdes saurios bramaban en los pantanos.”
A aquí:
“Planeamos sobre el río, en cuyas ondas y remolinos titilaban los últimos rayos del ocaso, y cobramos altura mirando los exuberantes prados y seductores bosques de nuestro nuevo campo de juegos, nuestro antiguo mundo. Nuestro nuevo mundo. Nuestro mundo primero, futuro y más bello.”
Media un ínterin de casi tres mil quinientas páginas, cuatro libros y siglos de deuda temporal entre la primera parte de la tetralogía compuesta por “Hyperion” y “La caída de Hyperion” y la conclusión que suponen “Endymion” y “El ascenso de Endymion”. Una sensación extraña, desde luego, se apodera del lector al cerrar el lomo del último libro tras haber leído las tres letras que ponen fin al sueño.
Es difícil, por no decir imposible, ofrecer una visión detallada y al mismo tiempo concisa, de una obra tan vasta. Así que creo que el mejor servicio que puede hacérsele a esta obra maestra para intrigar al lector a descubrir su magia es más el esbozo, las pinceladas justas que suponen los trazos fundamentales del cuadro, que tratar de explicar minuciosamente todo lo que esta tetralogía contiene.
Eso intentaré a lo largo de esta reseña.
1 Keats y Simmons: Historia de un amor.
“Aquí yace aquel cuyo nombre estaba escrito en el agua.”
Con este sencillo epitafio inscrito sobre su tumba, se despedía John Keats de la belleza de la vida, tras su muerte en la Piazza de Spagna el 23 de Febrero de 1821, con sólo veinticinco años, víctima de una tuberculosis que le hacía arrojar jirones sangrientos de sus pulmones sobre baldías de cobre, baldías sostenidas por las manos de su buen amigo Joseph Severn, pintor de la época con quien compartía una profunda amistad.
Siglo y medio después de su muerte, en 1989, “Hyperion”, también conocida como “Los cantos de Hyperion”, gana el premio Hugo y se convierte en la primera piedra de una saga destinada a hacer historia en la ciencia ficción. Simmons cristalizaba su pasión por las obras inconclusas del mítico poeta inglés —“Hiparión” y “La caída de Hiperión”— en una novela coral que se alejaba de la space-opera tradicional para mostrar un enfoque adulto y muy literario de la ciencia ficción que encontraría su prolongación en las sucesivas entregas también basadas en dos obras inconclusas del poeta inglés —“Endimión” y “El ascenso de Endimión”—.
Pero la figura de Keats en la obra de Simmons no se quedaría en su papel de inspirador de la obra. A medida que avanzamos en su lectura descubriremos que el poeta juega un papel fundamental en el cómo y el por qué se desencadenan los acontecimientos de la trama.
2. Hiperión, un primer paso:
Las claves para su éxito crítico y editorial se encontraban, por un lado, en su peculiar estructura narrativa. Hyperion se articula como una novela de muchas novelas. La situación inicial que nos plantea la obra es la siguiente: un grupo de siete peregrinos inician su andadura por el planeta Hyperion con el fin de encontrarse con una deidad pagana conocida como El Alcaudón, un ser capaz de controlar el tiempo y el espacio. El hecho de que dichos peregrinos no se conozcan entre sí permite a Simmons elaborar la historia como una colección de relatos largos en los cuales cada uno de los siete protagonistas revelará los motivos que lo han llevado a participar en esta peligrosa peregrinación, pues El Alcaudón es conocido por empalar a sus siervos en un árbol de espinas conocido como “El Árbol del Dolor”.
Por otro lado está la seriedad de la historia, la compleja red emocional que liga a sus personajes y la peculiar sensación de reconocimiento de los mismos por parte del lector a medida que sus historias se van narrando.
Y si le sumamos a esto una ambientación ciertamente espectacular en su plasticidad, con dosificadas e impresionantes escenas de acción y una criatura, El Alcaudón, de magnetismo innegable —se nos describe una escultura de mercurio líquido, a caballo entre el insecto y el dragón, con ojos facetados e iluminado por un láser rubí, cuatro brazos rematados por manos con escalpelos como dedos y un sin fin de espinas y bordes filosos recubriendo su apariencia— suponen los ingredientes básicos de una receta ganadora.
Pero su impresionante final dejaba la historia en suspenso, anticipando la venida de una novela que supondría el desenlace de lo planteado en ésta.
3. El amor como fuerza del universo: Desarrollando el núcleo de la historia.
“Quería trabajar en la idea de que el amor es algo más que una mera emoción que existe durante un tiempo y luego se disipa: es algo sólido, entretejido en la urdimbre del universo. Esto es, probablemente, tan serio como la filosofía”
Dan Simmons.
El punto más controvertido a la hora de valorar la obra de Dan Simmons parte del razonamiento planteado por el autor en el párrafo que abre este apartado.
Tras la publicación de “La caída de Hyperion”, las críticas positivas de la obra traslucían, no obstante, una cierta incredulidad ante la supuesta candidez del autor a la hora de presentar el amor como una suerte de quinta fuerza fundamental en la física del Universo, equiparable a la gravedad, el electromagnetismo o las interacciones fuerte y débil. Como respuesta, Simmons amplió el desarrollo esbozado, de manera algo embarullada y confusa, en “La caída de Hiperión” y lo moldeó en las dos siguientes novelas de la saga “Endimión” y “El ascenso de Endimión”.
A pesar de que la idea no deja de ser una licencia literaria, no por ello es menos hermosa. Se puede entender Hiperión en base a la idea, profundamente atea, de que, venida la muerte, los recuerdos de los seres que nos aman, su amor, es lo único que resta de nosotros. Pero, ¿a dónde van esos recuerdos? Ahí es donde Simmons encuentra su filón narrativo.
A lo largo de las dos últimas novelas de la saga, pero sobre todo en su conclusión, “El ascenso de Endymion”, Simmons planteará la existencia de esos recuerdos en una amalgama, alejada del espacio y del tiempo, conocida como el vacío que vincula, donde toda la existencia de vivos y muertos conforma un microuniverso de recuerdos y amor que pueden ser utilizados como energía aprovechable para rasgar el tejido del espacio y del tiempo.
El tiempo es otro tema fundamental en las novelas del que hablaremos a continuación.
4. Los granos de arena: Hyperión y el tiempo.
Desde el Alcaudón, hasta la impulsión Hawking, pasando por el motor Gedeón y la libreyección auspiciada por las enseñanzas de Aenea, mesías femenina en torno a la cual se articulan los dos últimos libros de la saga, el tiempo y su manipulación es un aspecto fundamental de la historia.
En sus dos primeras obras, su control por parte del Alcaudón y la burla de las deudas temporales que suponen la red de teleyectores que conectan todos los mundos de Hegemonía (el estado político conformado por la humanidad a lo largo de los planetas terraformados tras la Hégira de nuestro astro seminal: La Tierra) son los dos pilares argumentales que cimientan el continuo vaivén temporal al que se ven sometidos los personajes. No existe un atrás o un adelante determinados. Acontecimientos futuros precederán a los pasados y de muchos no conoceremos resolución hasta completar la lectura de los volúmenes dedicados a Endymion y su amada a Aenea.
Es en este tramo final de la historia donde la pretensión del amor como energía se funde con la manipulación temporal, articulando la omnipotencia espacial del individuo a través de su empatía, de su comprensión del dolor y de la memoria de todos los seres sintientes.
Esta empatía es lo que provoca la lucha entre lo natural y lo artificial, entre el Tecnonúcleo y Aenea.
5. El parasitismo y la empatía: El hombre y la máquina. Elige de nuevo.
“Elige de nuevo”
Estas tres sencillas palabras constituyen la doctrina de Aenea, doctrina que se enfrenta, por un lado, a la dictadura teológica de la Iglesia católica encarnada por la fuerza militar Pax coaligada con el Vaticano y, por otro, a la amalgama de inteligencias artificiales que constituye la esfera de consciencias hijas del silicio conocida como el Tecnonúcleo.
Frente a la imposición doctrinal de la Iglesia y el parasitismo sin corazón del Tecnonúcleo, la respuesta de Aenea es sencilla: Elige de nuevo. Cada vez que tengas ocasión: elige de nuevo.
Pocos pasos existen entre este planteamiento y lo propuesto por Steven Spielberg en su canto a la tolerancia de “Encuentros en la Tercera Fase”. Con este sencillo mensaje, Aenea (y Simmons en boca de su personaje) nos anima a derribar los prejuicios que nos atan a la concepción de una inteligencia ajena como un igual a nosotros, no en cuanto a su nivel intelectual, sino con respecto a la empatía que debemos compartir todas las formas sintientes que habitamos el universo. Una idea interesante, pero que no logra esquivar completamente el maniqueísmo de convertir al Tecnonúcleo en el “malo” de la historia porque su comportamiento es, intrínsecamente, parasitario, necrófilo en su forma de reproducción.
6. Estilo: Virtuosismo y variedad.
“Tendidos entre los muertos. Más muertos vendrían. Miles. Millones. Risa de vientres muertos. Largas hileras de tropas emergiendo de naves-puente para entrar en las llamas.
—Sí —jadeó Moneta.
Liberó las manos, las deslizó sobre los hombros húmedos de Kassad, le pasó las largas uñas por la espalda, le aferró las nalgas para estrecharlo más. La erección de Kassad le atravesaba el vello púbico, le palpitaba sobre el monte de Venus.”
Hyperión.
“Estrías llameantes hienden el Árbol Estelar, más allá de bellas rosetas de llamas anaranjadas y rojas. Por un instante creo que el sol despunta en la curva interna de la Biosfera, y los calamares, ángeles y cometas de irrigación reciben la luz tal como Aenea y yo horas antes, cuando cabalgábamos en la matriz de la heliosfera, pero pronto comprendo lo que estoy viendo.”
El ascenso de Endymion.
“El coronel Fedmahn Kassad gritó y atacó al Alcaudón. El paisaje surrealista y atemporal -una versión minimalista del Valle de las Tumbas de Tiempo, modelada en plástico e incrustada en una gelatina de aire viscoso parecía vibrar ante la violencia de la embestida de Kassad. Durante un instante el Alcaudón se había multiplicado como reflejado por miles de espejos -Alcaudones en el valle, en la árida llanura-, pero con el grito de Kassad todos se redujeron a un solo monstruo”
La caída de Hiperión.
“¿Dónde comenzar? ¿Con ella? Ella es la que te interesa y es la única persona de mi vida a quien deseo recordar por encima de todo y de todos. Pero quizá debería comenzar por los sucesos que me condujeron a ella y luego aquí, recorriendo gran parte de esta galaxia y mucho más.”
Endimión.
Si una imagen es mejor que mil palabras, las palabras sobre palabras, escaso valor tienen. Por eso, la visión directa sobre la variedad de estilos y la belleza de su prosa es la mejor manera de comprender cómo escribe Dan Simmons su epopeya espacial.
Por un lado está la mezcolanza. Escenas contadas como si se tratara de un diario, diálogos teatrales, uso del presente, secuencias contadas desde múltiples puntos de vista, diálogos teatrales... Todo tiene cabida en “Hyperion”, pues Simmons es un narrador que concibe la experimentación formal como válida siempre que este recurso sirva para clarificar o apoyar el ritmo narrativo, nunca para interrumpirlo.
Pero el denominador común a ésta y otras obras del autor, es su estilo lírico y profuso en imágenes y en descripciones profundamente cinematográficas. Simmons gusta de desarrollar sus novelas con un enfoque sensorial, que permita al lector adentrarse en lo narrado con una percepción nítida y espectacular de la narrativa.
Si le sumamos a lo ya comentado su capacidad para integrar en el relato un cuidado trasfondo científico de lo contado, comprenderemos por qué Simmons es considerado uno de los mejores narradores de finales del siglo veinte y uno de los intocables dentro del género al que se adscribe esta tetralogía.
7. Conclusiones:
Se podría escribir mucho más sobre “Hyperion”, analizar sus múltiples juegos metaliterarios o desgranar con profusión cada tema planteado, así como la estructura formal que lo vertebra. Pero, para que negarlo, resulta mucho más interesante (y provechoso) el leerse las novelas.
Un cuarteto imprescindible y un artista único, al que una vez descubierto es difícil abandonar.
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