Encontrado en: http://www.ociojoven.com/article/articleprint/988494/ |
Y es una versión casi dedicada a un comentarista que, entre otros piropos, me dijo que me documentase bien. Sabio consejo, pero supongo que jamás creyó hasta qué punto estoy empapado del tema.
Hola amigos, ¿qué tal? Bienvenidos a la segunda, tercera o cuarta entrega del temita. Este nuevo artículo llega pronto, lo sé, pero es que el anterior fue un poco injustamente puesto en duda. En él, un comentarista (que no citaré, se dice el pecado pero no el pecador) me daba la lección de que los científicos del IPCC son expertos en la materia y son independientes de cualquier gobierno, y yo, que las cojo al vuelo, le voy a decir expresamente a él (si me permitís el resto) hasta qué punto son expertos en la materia y son independientes de cualquier gobierno. Aviso, no vale reírse.
A ver, cuando en la ciencia se meten los políticos para falsearla, la ciencia pasa a llamarse política. Mi comentarista preferido también se preguntaba por qué considero que la ciencia es cosa de científicos. No sé, supongo que para él la ciencia estaría mejor en manos de los futbolistas. Y el cine lleno de raperos, claro.
En esto del cambio climático lo peor no es que muchos promulguen falsedades sino que los científicos más honestos sean silenciados. Muchos científicos de renombre han renunciado a seguir en la brillante e indiscutible IPCC a causa de esas aberraciones. Y esto es meritorio, pues no sólo tuvieron el coraje de hablar del fraude que hay en este tema sino que además arriesgaron con ello sus carreras y sus investigaciones.
Los problemas fueron identificados pronto en ese pseudo-informe de preparación que es el Resumen Para Políticos (a partir de ahora SPM, por sus siglas en inglés o por Sólo Para Molestar, como prefieran). Resumidamente, en él se publican las recomendaciones a los políticos antes de saber las conclusiones del Informe de Evaluación Final, todo ello sin tener en cuenta las conclusiones de los que lo revisen. De todos modos da igual, esas conclusiones se cambian para que se adecuen a lo que quieren, y punto.
Esto me recuerda a la escena del arresto al jardinero en Alicia en el País de las Maravillas donde la Reina de Corazones decía ¡primero la condena, el veredicto después! La brillante IPCC lleva por bandera un culpable hasta que se demuestre su inocencia, ¿y era así? Eh, dije que no vale reírse. Esto de llegar a las conclusiones sin analizar las evidencias en mi pueblo se llama prejuicio. Diantres, amigo, ¡los expertos de la IPCC contradicen la esencia de la investigación científica!
En 1995, el autor principal del informe, Benjamin Santer (sí, colega, estoy mejor documentado de lo que creías), hizo cambios en el informe para amoldarlo a las conclusiones del SPM. ¡Ay, qué mentiroso! ¿Pero por qué hizo esto nuestro Pinocho? Pues quizás porque el SPM es la parte política del documento y es la que manda, aunque luego sea vestida con adornos de ciencia.
El borrador original de Santer decía literalmente: ¿Cuándo ocurrirá la detección y atribución no ambigua de un cambio de clima inducido por el hombre? Bajo la luz de la gran señal y de las incertidumbres de ruido discutidas en el Capítulo, no es sorprendente que la mejor respuesta a esta pregunta sea “No lo sabemos”. Muy bonito y literario ese bajo la luz, ¿no les parece? No sé por qué lo eliminó en el nuevo informe que cambia así: El cuerpo de evidencias estadísticas apunta ahora en dirección a una discernible influencia humana sobre el clima global. Ahí, Santer, con contundencia, que no te tiemble el pulso que si no se va a notar.
Es cierto que la mayoría de los científicos que tomaron parte de esto no pudieron ver el SPM antes de su publicación, pero tampoco les salva el que ahora sigan callados. De todos modos, muchas veces esto no es así, lo cierto es que la mayoría están censurados, y que nuestro santo informe fue escrito en una sesión llena de burócratas, que no de científicos, que como dijo nuestro comentarista la ciencia no es asunto de ellos (vale, no daré más carga con esto).
La cosa es que, para el que no se haya dado cuenta, los hombres de ciencia necesitan el dinero y las subvenciones de los políticos, para lo cual algunos (léase los lumbreras del IPCC) no dudan en lanzar mensajes catastróficos que les asegure plata. En fin, que cuando se redactó el SPM yo no estaba allí, pero sí Richard Lindzen (el meteorólogo más reputado al otro lado del charco), quien da este testimonio: el SPM fue firmado por 51 personas y no por 2500, como los traviesos del IPCC nos dicen.
Pero los chanchullos de tu intocable IPCC no acaba ahí, amigo, ahora te cuento. Pasa que los científicos que critican Kioto son miles. Todos encabezados por mí, claro, y comandados por Singer, Mackitrik, MaCyntire, Seitz y nuestro Lindzen. Por si no te has coscado, te estoy dando nombres. Y te voy a dar muchísimos más. Todos estos critican que el IPCC y la prestigiosa revista Sciencie (habéis leído bien) censuran sus estudios anticalentamiento estilo Luc Hamill no mentía en OcioJoven (el climatólogo alemán Dennis Bray demostró que sólo un 10% de los científicos creían que los cambios climáticos eran fruto del hombre, pero Science se negó a publicarlo). Ahí van: Robert Essenhigh, de la Universidad Estatal de Oregon, Robert Gagosian y William Curry del principal instituto oceanográfico del mundo, oficialistas españoles como Millán Millán o Bailarón del Instituto Nacional de Metereología, Peter Clak, Howard Conway, Gerald Dickens, Gerard Bond, Jonh Gribbin, Laurence Hetch, Jack Sauers, etc... Hasta en su contra está el Informe del Pentágono del 2004 (inteligencia militar pura y dura).
¿Y dónde está el fallo de la sagrada IPCC? Pues está en que sólo son 2.500 expertos que únicamente se basan en simulaciones hechas por ordenador y de ahí no los saques. Con el Paint nos han colado unas gráficas más falsas que las monedas de 3 euros (léase el famoso palo de hockey de Mann y Bradley, donde quitaron el calentamiento medieval para que el actual parezca mayor). Por esta canallada Nature tuvo que pedir perdón en el 2004. Como se ve, los expertos del IPCC son en su mayoría burócratas científicos así que no les busques ni un sólo especialista en ciclos solares o un honesto paleoclimatólogo. Gente tan prestigiosa que nos alertan de una glaciación como ya dijera, ejem, Luc Hamill en el otro artículo, no tienen cabida en el IPCC. Me refiero a Soon, Baliunas, Landscheidt, Jawarowski, Lindzen, Michaels... o los rusos Abdusamatov, Kondratyev, Bokov, Masnich, Bashkirtesev... No se me olvide, la Academia de Ciencias Rusas también ha rechazado la tesis de la picarona IPCC.
Por cierto, mis informes detallan algo más. El creador de la magnífica IPCC fue Bert R. Bolin, un fanático de las simulaciones por ordenador, las mismas simulaciones que Michael Crichton en su libro Estado de miedo tilda de peligrosas diciendo que deberían llevar una etiqueta como los paquetes de tabaco tipo Simulacion por ordenador, podría ser errónea y no cumplirse. Estos modelos matemáticos e informáticos para predecir el futuro son un fraude y, por ejemplo, no tienen en cuenta los movimientos de aire vertical o la presión atmosférica. El tipo que los creó, Lewis Fry Richardson, pretendió hacer una teoría matemática para entender la guerra, con eso lo digo todo. Pero es peor, el tal Bolin hizo carrera especulando sobre la acción humana en el cambio climático basándose en estudios de Roger Revelle, otro que estaba apañao: era un paranoico obsesionado por el peligro del CO2 que, como veremos más adelante, es un CO2 más bueno...
Con esto queda claro que en este tema eso de que hay consenso es un bulo. Por supuesto, no existe consenso alguno dice Dr. Fred Singer, presidente de The Science & Environmental Policy Project, distinguido profesor de la Universidad George Mason y profesor emérito de la Universidad de Virgina. No hay siquiera consenso sobre si la atmósfera está actualmente calentándose, y menos aún sobre si la humanidad es la responsable. Lo que sí hay es la misma corrupción que había en los informes que hizo la ONU sobre las armas de Irak (fuente: Bethell, 2006). Ahora, eso da igual, la prensa bebe de informes falsos y dice que hay consenso. Es que si el calentamiento de sólo 0,5ºC en un siglo se dice que es natural (como dije yo, ejem), pues se acaba el negocio de Kioto donde se compra y vende el CO2 en un mercado de 200.000 millones de dólares (para más señas, la corrupción de la ONU ha sido denunciada por Eric Frattini en un libro homónimo). A algunos hasta les han regalado un Nobel gracias a este tinglao. Por ejemplo, Greenpeace gana más que el Real Madrid y se está forrando desde que se inició el calentamiento en 1988 (si tiene casi 3 millones de socios que pagan unos 18 euros al mes, hágase el cálculo).
Muchacho, porfa, no me seas más ingenuo e infórmate un poquito antes de tachar las cosas, que al final siempre se ve que tras todo está el dinero, si no, no se politizaría esto. Ejemplo: el NERC, esa institución inglesa que se está forrando con el calentamiento, pide 9 trillones de dólares. Total, ya puestos... Que no sé si alguien lo recuerda, pero del mismo NERC proviene el informe de Stern que leyó Blair anunciando el fin de nuestros días y otras lindezas. Pero este Stern no es un cualquiera, es un miembro de la ONU y, córcholis, es el vicepresidente del Banco Mundial (cuando investigo miro hasta la caspa de mis sospechosos). A todo esto, el NERC ya ha recibido 20 millones de libras para salvarnos. Vaya, pues gracias, muchas gracias.
Como se ve, estamos en una guerra de multinacionales que tratan las energías renovables (que son las British Petroleum, Shell, Sharp, Siemens, Acciona, Enron, etc...) por hacerse con el pastel. Ése es el origen de la fobia contra el CO2 que, repito, es bueno, no te hace daño ni te roba la cartera. Otro dato os va a soltar éste que según el amigo se había documentado fatal: las conferencias de Al Gore no las paga papi, chaval, curiosamente las paga Acciona (visita www.todosolar.com y luego me cuentas).
Bueno, que nos metemos más en faena: a por el CO2. Veréis, el eje central de esa teoría del calentamiento global debido al hombre (y digo teoría porque no hay consenso en cualquier cosa que vaya más allá de admitir que hay cambio climático) se basa en la emisión de CO2 por parte de nosotros vulgares mortales. En el documental del Channel 4 se muestran datos impactantes como que la cantidad de CO2 que emite el ser humano no sobrepasa el 1% del total. Eh, esto lo dicen los científicos, no un un individuo que no pertenece al mundo de la ciencia. Pero en fin, que voy a daros más pelos y señales, ¿no? ¿No era eso lo que se me criticaba? Pues voy a hacerlo por una vez, aunque OcioJoven no publique en LaTeX, que es lo que más me echa atrás...
El CO2 humano anual es de 6.000 millones de toneladas, que se queda en 1.500 porque la mitad la absorben las plantas y océanos y la otra mitad la agricultura y ganadería. Al respirar emitimos al año unos 2.500 millones de toneladas y en la atmósfera hay 750.000 totales (información suministrada de Essex & MaCkitrick, 2003), por lo que es imposible que el CO2 humano pueda producir un cambio climático. Punto y pelota.
El CO2 actúa como el cristal de un invernadero: retiene el calor que sale de la tierra por la irradiación solar infrarroja. Este efecto es bendito, bueno y natural, da prosperidad como dijera Arrenhius, su descubridor, y luego corroborara Budyko, otra autoridad. Además, según el Dr. Ruddiman, de la Universidad de Virginia (como mi compi de clase), el CO2 nos favorece en que retrasa la glaciación.
¿Y qué dicen los expertos del IPCC? Pues que el aumento de temperatura en un siglo ha sido de 0,6ºC y sólo la mitad se debe al CO2. Vamos a ver, el actual es de 380 ppm (parte por millón), cantidad que ya teníamos en el antiquísimo periodo Carbonífero y no pasó nada. En el Cámbrico teníamos 7000 ppm y en la época de los dinosaurios 3000 y 6000 ppm (datos sacados de Scotese, 2001, y de Berner, 2001) y nada contaminaba ni la temperatura media pasaba de 22ºC. Durante más del 90% de la historia de la Tierra, las condiciones han sido mucho más cálidas que ahora. Tan recientemente como hace 125.000 años, las temperaturas eran tan elevadas que los hipopótamos y otros animales tenían su hábitat en la Europa del Norte... En fin, que en nuestro aliento tenemos 50.000 ppm y nadie se muere. Pero eh, no reirse, que ahora viene lo mejor. Resulta que el CO2 preindustrial está mal medido, como ya demostraran Wagner y Van Hoff, por lo que ¡el aumento actual es todavía menor al estipulado! Es sólo de 40-50 ppm. En resumen, que el CO2 no aumenta la temperatura, pues de los años 40 a 70 éste subía y la temperatura en cambio bajaba 0,3ºC debido a los, atención, ¡ciclos solares! (gracias por el dato a Murray Mitchell jr, 1976).
Luego la mayor parte de los científicos del mundo mundial (que no están en el IPCC, aclaro), rechaza la hipótesis de que el CO2 haya calentado la atmósfera. Son 18.001 (contándome a mí) quienes la rechazan en la llamada Petition Oregon de 1997 (puede verse en www.oism.org), presidida por Frederick Seitz, un ex-miembro del IPCC y ex-presidente de la Academia de Ciencias de U.S.A., que abandonó su cargo por el mal rollito que había allí. Oh...
Por cierto, hay dos obras centradas especialmente en este tema y adsequibles para el gran público. Una es Guía políticamente incorrecta sobre el ecologismo llena de datos científicos. El otro libro es Las mentiras del cambio climático. Por unos 20 lerus cada una, ya tenéis más pruebas científicas que las que da el demagogo de Al Gore. ¿Pero quién es este señor? ¿Es el Capitán Planeta o qué? ¿Quién es, aparte de político, para que se le tenga que tener más en cuenta que al resto de los científicos no gubernamentales? Estoy esperando la respuesta...
A mí me pareció muy sospechoso que un pseudo-presidente americano se hubiese consagrado como el abanderado de la ecología mundial. Igualmente me pareció también sospechosa la noticia que cierto periódico publicaba en su edición de 28 de Febrero del 2007 en la que afirmaba que Al Gore gastaba 30.000 dólares de energía eléctrica al año en su mansión de Nashville. Pero si somos justos hemos de añadir que Al Gore ha decidido poner placas solares para apaciguar esta crítica. No obstante, esta decisión la podía haber tomado hace veinte años, cuando comenzó su vida ecologista, ¿no? Al Gore, con-ta-míname, mézclate conmigo...
Seguimos. En su megadocumental, me resultó curioso que presentase imágenes de glaciares y montañas con años de diferencia a los supuestos según decían. De la relación del CO2 con el calentamiento global ni hablemos, que ya hemos dado datos de periodos concretos en los que el aumento del CO2 implicó una reducción del calor. Por último, echo de menos en la peli a Monica Bellucci y también que no se hablen de los diversos ciclos solares en los que el Sol genera más calor. Y, como vamos a ver ahora, esto es importante. IPCC, toma nota.
El Dr. Theodor Landscheidt (para algo tenía su e-mail) ha desarrollado un exclusivo sistema analítico que liga la actividad y los movimientos solares con los eventos climáticos de la Tierra. Así, Landscheidt predijo de manera correcta y con toda precisión La Niña de 1999-2000 y El Niño del 2002-2003 con tres años de anticipación a su ocurrencia. Sí, ya vemos que la ciencia falla... Por eso el Dr. Bokov predijo la catástrofe de Sumatra del 2004 con su sistema sísmico-sinóptico basado también en ciclos solares.
A lo nuestro. El análisis de la actividad solar en los últimos 2.000 años indica que, en contra de las especulaciones del IPCC sobre un calentamiento inducido por el hombre de 5,8°C en los próximos cien años, se espera un largo periodo de frío con su pico más alto por el año 2030. Este pronóstico puede ser acertado ya que otros pronósticos a largo plazo han resultado ser correctos años antes de su ocurrencia (otra vez, El Niño y La Niña con ricos helados de piña). De hecho, acaba de salir un estudio de unos chinos que vaticinan un brusco enfriamiento para los próximos veinte años (fuentes: Zhen-Shan, L. y Xian, S, 2007). Pero esta noticia no saldrá en los grandes medios: sólo el terror global del último informe de la IPCC llega a nosotros.
Los científicos que están resignándose a reconocer el importante papel del Sol en el cambio climático son conversos que creyeron en la religión del IPCC cuyo mandamiento era el forzado solar es considerablemente más pequeño que las fuerzas radiativas antropogénicas. En realidad, esto no es nada nuevo, ya hubo una multitud de publicaciones desde el siglo XIX, y especialmente en las décadas recientes, que suministran evidencia de fuertes relaciones Sol-Tierra en meteorología y clima ignoradas por el, cómo no, IPCC. Ah, sí, me falta mencionar las fuentes. Ahí van: (Koppen, 1873; Clough, 1905; Brooks; 1926; Scherhag, 1952; Bossolasco et al., 1973; Reiter, 1983; Eddy, 1976; Hoyt, 1979; Markson, 1980; Schuurmans, 1979; Landscheidt, 1981-2001; Bucha 1983; Herman and Goldberg, 1983; Neubauer 1983; Prohaska and Willett, 1983; Fairbridge and Shirley, 1987; Friis-Christensen and Lassen, 1991; Labitzke and van Loon, 1993; Haigh, 1996; Baliunas and Soon, 1995; Lassen and Friis-Christensen, 1995; Lau and Weng, 1995; Lean et al, 1995; Hoyt and Schatten, 1997; Reid, 1997; Soon et al. 1996; Svensmark and Friis-Christensen, 1997; White et al. 1997; Cliver et al., 1998; Balachandran et al., 1999; Shindell et al., 1999; van Geel et al., 1999; Berner, 2000; Egorova et al., 2000; Palle Bago and Butler, 2000; Tinsley, 2000; Hodell et al., 2001; Neff et al., 2001; Rozelot, 2001; Udelhofen and Cess, 2001; Pang and Yau, 2002; Yu, 2002).
Las conclusiones del IPCC de que el factor solar es despreciable vienen de unas observaciones de la NASA disponibles desde 1979 que muestran que la irradiancia total del Sol, aunque no es constante, cambia un inapreciable 0,1%. Pero este argumento no tiene en cuenta que las erupciones solares tienen un efecto mucho mayor que la irradiancia total: el flujo magnético que nos llega desde el Sol se ha incrementado por un factor de 2,3 desde 1901 (santa palabra de Lockwood, 1999) mientras que la temperatura global sobre la Tierra se incrementó 0,6°C. De acuerdo a los datos más recientes, la Antártida se ha enfriado de manera considerable (dicho por Doran, 2002) en vez de haberse calentado. Lo mismo pasa con Groelandia (Johanessen, 2005), por mucho que ahora nos digan lo contrario, aunque haya partes que se deshielen por causas naturales (Braithwaite, 2002). De hecho, el informe del IPCC miente en eso de que el hielo del mundo se derrite. Un tal Fowland, miembro del IPCC, constató en el 2006 que los glaciares de los Himalayas ganan nieve y lo excusó descaradamente con el calentamiento (se nota que el IPCC pagó el estudio). Claro, a más calor, más nieve, todo encaja...
¿Entonces qué pasa con el cambio climático? Pues la verdad es que hay muchos científicos, como Landscheidt o Jawarowski, que nos avisan de una cercana glaciación, pero la malvada IPCC los censura para que nadie sepa la verdad. De hecho, Kioto rechazó enérgicamente la llamada Declaración Leipzig de 1995 firmada por el famoso científico Sir Fred Hoyle (el creador del vocablo Big Bang) quien anunció, junto con su colega Chandra Wikramasinghe, que nos estamos acercando a una glaciación inminente (consultar el libro Calor Glacial, 2005). Según el Dr. Bokov, se iniciaría en el 2010. Hace un par de años, el Dr. Kabhibullo Abdusamatov, jefe de la Estación Espacial rusa, dijo exactamente lo mismo. Muchos científicos solares como Solanky, Soon y Baliunas, de la Universidad de Harvard, hacen idénticos pronósticos. Lástima de que el IPCC ningunea los ciclos solares, ¿no?
Pensándolo bien, como las glaciaciones se producen cada 100.000 años, que tocara una sería lógico, que nos viene hasta con retraso (gracias al CO2). Antes de las glaciaciones siempre hay calentamiento, sequías e inundaciones y luego llegan inviernos muy fríos. Todo eso está pasando ahora, ¿o sí? El reciente maremoto del Índico es típico de eras glaciales. Como ya hemos dicho, el hielo en Groenlandia y la Antártida aumenta...
La teoría del calentamiento del IPCC no se sostiene, jo-li-nes, que el auténtico barómetro de la Tierra, la Antártida, se lleva enfriando desde hace unos treinta años. En zonas de Ross, después de miles de años de deshielo, el hielo está aumentando ahora. Pero tranquis, que el leve calentamiento de planetas como Marte muestra que lo que está ocurriendo es normal.
En resumen, miles de científicos viven del cuento, de investigar el CO2, que es tan bueno que se insufla en los invernaderos, pero pasa que ningún periodista se molesta en comprobar los datos falsos. La buena IPCC nos presenta un informe para políticos sin bibliografía ni notas ni ninguna prueba de la influencia humana (se puede bajar de www.ipcc.ch para echar unas risas). Encima sólo nos suelta las mismas especulaciones de siempre hechas con simulaciones por ordenador (lo cual no son pruebas científicas), negando los ciclos solares, la dinámica oceánica y de nubes, los rayos cósmicos, las temperaturas nocturnas y los trabajos de Jawarowski o Landscheidt. El informe miente continuamente con datos erróneos como que éste es el máximo calentamiento polar en 125.000 años (hace 70.000 tuvo lugar el Evento Dansgaard-Oegscher 19, dato soltado por Lang, 1999).
Y la prueba de la influencia humana no aparece en ningún sitio, lo único que aparece es el vocablo probablemente 19 veces en la tabla principal de predicciones. Y tampoco hay referencias a ningún científico u obra, salvo a los propios informes de la ONU, pero eso no vale, así no juego. No hay referencias en las gráficas de metodología, parámetros o autores sino que hemos de creerlas porque nos sobra la fe. También el informe de la IPCC ignora el mínimo solar de Gleissberg del 2030, y lo mismo hace con el ciclo solar de Suess y el ciclo Mayewski de corrientes marinas. Idem de la gráfica de predicción del futuro de CLIMAT basada en la evolución de los isótopos de oxígeno en el hielo realizada durante años por expertos de la Universidad de Columbia-LDOE (Hay, 1976).
El informe además da la espalda a los ciclos de Milankovicht y deja sin explicar las olas de frío que arrecian en todo el mundo y causan miles de muertos desde el 2003. Y podría seguir, por ejemplo en la gráfica de la página 16 no se incluyen los aerosoles volcánicos para así distorsionar los datos, y en la siguiente página nos ocultan los datos de la cubierta de nieve de la Antártida. Luego, el informe miente con que este calentamiento sea algo inusual, pues ya hubo uno en la Edad Media, hace 1.100 años, que en Inglaterra hasta se cultivaba la vid (así lo corroboran H.H.,Lamb, Climate History and the modern world , 1982; H.H. , Lamb, The Changing climate, 1966).
Es absolutamente notable lo inferior y unilateral que es este informe, dijo el Dr. Nils Axel-Mörner, profesor de Paleogeofísica y Geodinámica de la Universidad de Estocolmo. ¿Dónde están todos nuestros especialistas sobre los reales niveles del mar de nuestra Comisión y del IGCP? Ellos han podido decir poco y nada en este informe. Si la ciencia es tratada de esta manera, está destinada a equivocarse.
Para el remate, dicen que todos los textos y gráficos pueden ser modificados en el futuro... No están ni seguros. Será por eso que quieren que les paguemos una nueva oficina mundial para salvarnos del cambio climático por el módico precio de 200.000 millones de dólares anuales.
Hace unos 3 ó 4 años estuve en una conferencia de Antonio Ruiz de Elvira y no, en ella no fue donde vi la famosa gráfica que desmentía el cambio climático. Ruiz de Elvira dice que lo que anuncia la IPCC va a misa, pero mucho me temo que las pruebas científicas se presentan en revistas científicas, no en ruedas de prensa. El IPCC, tras 6 años, al fin ha reconocido su error en su definición de cambio climático (ver página 2, nota 1). En fin, mi estimado comentarista, esos eran los expertos, ¿no? :)
Pues ahí están mis datos. Perdón, quise decir los datos. Como se ve, no lanzo críticas cínicas, ni estoy muy equivocado, amiguete. Al contrario de lo que me dijiste, no intento ser abogado del diablo. Yo soy independiente. Yo informo y critico el mayor fraude científico del siglo, y seguiré haciéndolo. El tiempo ya me está dando la razón. Hace mucho frío, un frío inexplicable en zonas como Australia o Argentina. Yo no voy de iluminado, pero lo que digo es nuevo para la mayoría de la gente. Es, además, información pública. ¿Qué vende más periódicos? ¿Una información veraz, o una noticia sobre catástrofes? Es mejor para todos vivir en la ignorancia, ¿eh?
Saltó en la prensa el bulo de que Exxon-Mobil pagaba a científicos por refutar este pseudoinforme, algo que yo hago gratis. Que por cierto, se descubrió al poco que el bulo lo lanzaron Greenpeace y tres burócratas: Roger Pielke, Rick Piltz y David Viner. Sorpresa: los tres miembros del IPCC. ¿Una estratagema fallida?
El último dato que te voy a soltar. Frederick Seitz, ex-presidente de la Academia de Ciencias de U.S.A. y cabeza más visible de la declaración Petition Project de 1997, era miembro del IPCC y se dio de baja de allí. Sus palabras: jamás he presenciado una corrupción más perturbadora en la revisión de datos científicos que los eventos que condujeron a este informe del IPCC (visto en Calor Glacial, página 116).
Él no es el único. Rosa Compagnucci, investigadora del Conicet, también participó en los informes del IPCC del 2001. Para ella no está claro que el aumento de unos grados en la temperatura tenga relación directa con el dióxido de carbono emitido por los humanos en los últimos 200 años. No se trata de escepticismo sin más, que sus afirmaciones están basadas en informes: ya hubo un calentamiento entre los años 800 y 1.300, que fue lo que permitió los viajes por América de los vikingos y que hizo que Groenlandia, hoy cubierta de hielo, fuera bautizada con un nombre que remite a tierras verdes: Green land, explicó. Aquel calentamiento estuvo basado sólo en la actividad solar.
Uf, al fin, eso era todo, todas mis cartas sobre la mesa. Juego limpio. Si ahora tuvieras a bien de no esconderte y, si puedes, proporcionarme los datos que supongo en su momento tendrías para tiznar mi amor a la ciencia, quizás podría analizarlos con lupa. Pero te advierto, los analizaré con una lupa de lente muy, muy, muy bien pulida.
Bibliografia aconsejable:
Adler, N. O. de and Elías, A. G. (2000): Solar variability associated to ionospheric, stratospheric, and tropospheric parameters. In: Vázquez , M. and Schmieder, B, ed.: The solar cycle and terrestrial climate. European Space Agency, Special Publication463, 509-512.
Blizard, J. B. (1987): Long-range prediction of solar activity. In: Rampino, M. R., Sanders, J. E., Newman, W. S. und Königsson, L. K., eds.: Climate. History, Periodicity, and predictability. New York, van Nostrand Reinhold, 415-420.
Bucha, V., l 983: Direct relations between solar activity and atmospheric circulation.
Butler, C. J. (1996): A two-century comparison of sunspot cycle length and temperature change – the evidence from Northern Ireland. In: ESEF The Global Warming Debate. Cambridge, European Sciencce and Environment Forum, 215-223.
Cliver, E. W., Boriakoff, V., Feynman, J. (1998): Solar variability and climate change:Geomagnetic aa index and global surface temperature. Geophys. Res. Lett. 25, 1035-1038.
Eddy, J. A. (1977): Climate and the changing sun. Clim. Change 1, 173-190.
Landscheidt, T.(1995a): Global warming or Little Ice Age? In: Finkl, C. W., ed.: Holocene cycles. A Jubilee volume in celebration of the 80th birthday of Rhodes W. Fairbridge. Fort Lauderdale, The Coastal Education and Research Foundation (CERF), 371-382.
Landscheidt, T. (2000 b): Solar wind near Earth: Indicator of variations in global temperature. In: Vázquez, M. and Schmieder, B, ed.: The solar cycle and terrestrial climate. European Space Agency, Special Publication 463, 497-500. Reid, G. C. (1997): Solar forcing of global climate change since the mid-17th century. Clim. Change 37, 391-405.
Schuurmans, C. J. E (1979).: Effects of solar flares on the atmospheric circulation. In: B. M. McCormac und T. A. Seliga, ed.: Solar-terrestrial influences on weather and climate. Dordrecht, Reidel, 105.
Van Geel, B., Raspopov, O. M., Rennsen, H., van der Pflicht, J., Dergachev, V. A., and Meijer, H. A. J. (1999): The role of solar forcing upon climate change. Quaternary Science Rev. 18, 331-338.
Venegas, S. A. and Mysak, L. A. (2000): Is there a dominant timescale of natural climate variability in the Arctic? J. Climate 13, 3412-3434.
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