Epístola truncada


Otros Relatos

13-03-2008 15:56
Por: velectric

Encontrado en: http://www.ociojoven.com/article/articleprint/988904/

Microrrelato

Mis últimas gotas de sudor recorren mi cuerpo fatigado. En la franja de las dos a las cuatro de la madrugada, con exactitud, mis piernas flotan encima de la cama y en unos segundos me clavo en el suelo, junto a la ventana, y comienzo a mirar la oscuridad. Y me cercioro entre ella de tu silueta, que, aburrida de tanta quietud, empieza a moverse como un baile íntimo de olor a sales de baño y a vértigo de discusiones.

No puedes verme. Por supuesto que no. Pero es mejor así, porque parecemos algo peligroso y mal visto por el mundanal ruido, ruido que no nos deja ser humanos a flor de piel. Más vale que bailemos toda la noche nuestra música atmosférica e incomprendida y sacrifiquemos a Penteo en aras de la carne y del vino que nos tienta. Los racimos son la fruta fresca que exprimiremos en lo turgente mientras maldecimos el olor rancio de la mezcolanza de la parroquia.

Te llevo de la mano en estas dos horas y te enseño a volar. Porque puedo perdonar otras cosas, pero jamás que no planeemos zizagueando ni toquemos la alcoba, el harén o el nicho oscuro, donde guardaré mis huesos en el futuro. Te invito también a contemplar mi máquina del tiempo intertextual y que seas la bella Dido(o Bulma si es que te parezco demasiado clásico). El tiempo se va acabando…

Te invitaría a una ducha con leche de almendras. Te invitaría a que los expulsaras de Plutón, nuestro microplaneta preferido. Espera. Le voy a dar a la pausa.

Ahora puedes contemplarme (si quieres); seré todo tuyo. ¿Pero qué haces? ¡No! ¡A pausa! ¡Nunca a parada!

 

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