Crónica Torneo Fantasy Morada Febrero


Batallitas

21-02-2008 15:16
Por: Alexgodmir

Encontrado en: http://www.ociojoven.com/article/articleprint/988990/

Crónica del torneo de Warhammer Fantasy de Febrero de Morada de Héroes al que asistí con mis enanos, a 2.000 puntos.

Recibí un correo electrónico avisándome de este torneo y, como tenía disponibilidad para asistir y no jugaba desde Noviembre, pues me decidí. Ciertamente valoré crearme una lista para el evento, si bien la vagancia me pudo y envié la última lista que tenía en el ordenador.

Mi ejército

Mi lista es sin duda el ejemplo típico de huestes enaniles en torneo, preparada para dar guerra a cualquier rival. Reconozco que no es completamente de mi agrado. Pero es eficaz y ganas.

10 Ballesteros con escudo
10 Guerreros enanos con armas a dos manos y Montaraces
15 Barbaslargas con armas a dos manos, campeón y músico
10 Mineros con prospector, músico y taladro a vapor
14 Martilladores con grupo de mando y Runa del Coraje
14 Martilladores con campeón y músico
2 Lanzavirotes con Runas de Penetración (uno con Runa Ignea) y sendos ingenieros.
2 Cañones Organo
1 Señor de las Runas con Yunque (una Runa Rompehechizos)
1 Señor del Clan con arma a dos manos (Runa de Gromril)
1 Señor del Clan con arma a dos manos (Runa del Rencor y de la Piedra)

Los participantes

Había 20 participantes y la distribución de razas era la siguiente:

2 Altos elfos
2 Caos
1 Conde Vampiro
1 Elfo Oscuro
1 Elfo Silvano
2 Enanos
2 Hombres bestia
1 Hombre lagarto
3 Khemri
3 Imperios
1 Mercenario
1 Skaven

De los participantes, cabe destacar el Elfo Oscuro, que iba con Guardia de la Ciudad (que se permitió en el torneo) y uno de los Altos elfos, que llevaba dos dragones. El resto de ejércitos no llamaban la atención: eran más o menos los habituales de torneo, compensados y culoduros.

Primera batalla: Altos Elfos

Se me encogió el ánimo al saber que mi primer rival sería un orejudo. Por lo que tenía entendido la gran mayoría de generales que iban a un torneo, conscientes del número de enanos que asistían, incluían de base el objeto mágico hecho única y exclusivamente contra el Yunque. Eso me limitaba y lo temía. Al margen de esto, ¡eran Altos Elfos!

Sus huestes eran relativamente compensadas, sin centrarse en ningún punto en concreto. Llevaba una unidad de Yelmos, otra de caballería ligera, un águila, sombríos, infantería con arcos y lanzas, arqueros, dos carros, dos lanzavirotes, un príncipe en corcel, un portaestandarte de batalla a pie y un par de magos.

Desplegué colocando mis máquinas de guerra dominando el centro de la mesa, para poder abarcar cualquier objetivo (eso sí, ligeramente retrasadas). Mis ballesteros cubrieron el flanco derecho junto a los Montaraces mientras el grueso de mis tropas (Martilladores y Barbaslargas) se mantenía en el flanco izquierdo, medio ocultas tras una colina. El Yunque se situó detrás de la línea principal de mi ejército. Mi rival colocó sus caballerías frente a mis ballesteros, acompañadas por un carro. Por el centro situó otro carro, la infantería y el águila. Sus lanzavirotes estaban situados en los flancos

Escogió magia del saber del fuego, todo hechizos de ataque (bola de fuego, explosión ardiente, deflagración infernal). La única excepción fue el hechizo de protección propio de los Altos elfos.

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El azar quiso que él comenzara y avanzó hacia mis huestes, de manera poco decidida. Su águila se colocó mirando a mis máquinas, como sus carros. Su caballería avanzó por el flanco, buscando la relativa cobertura de una colina. En su fase de magia descubrí que la unidad de Yelmos portaba el estandarte que proporciona dados de energía adicionales. A pesar de tener más dados que yo, sólo logró lanzar con éxito un hechizo de protección a sus Yelmos. Su objeto portahechizos con las llamas del Fénix también fue detenido. Sus disparos se centraron en mis lanzavirotes, logrando dañar una máquina de guerra y matar a un miembro de una dotación. En el resto de disparos sus flechas rebotaron miserablemente contra las armaduras enanas.

En mi turno no avancé, consciente de que podía aguardar al enemigo. Mi fase disparo resultó muy efectiva. Mis dos lanzavirotes destruyeron sus carros, un cañón órgano mató a tres Yelmos. El otro tuvo problemas y no disparó. Me arriesgué a usar el Yunque y, para mi sorpresa, mi rival no llevaba el objeto diseñado contra él. Así que un rayo cayó sobre el águila y la redujo a pulpa sanguinolenta. Mis ballesteros fueron inefectivos.

El segundo turno de mi rival supuso un nuevo avance, si bien ninguna de sus tropas estaba a distancia de carga aún. En su fase de magia logró lanzar el hechizo de protección a sus Yelmos una vez más, sin que yo dejara pasar ningún hechizo más. Sus lanzavirotes continuaron disparando a los míos, logrando destruir una de las máquinas. Sus flechas hicieron un par de bajas dispersas en mis guerreros. Sin combate, su turno concluyó.

En mi segundo turno aparecieron mis mineros, detrás del lanzavirotes del flanco izquierdo, que se encontraba cerca de sus arqueros. Mis tropas mantuvieron su posición. Mi fase de disparo resultó menos efectiva que el turno anterior. El cañón órgano dejó la unidad de Yelmos tan sólo con el portaestandarte y el general Alto elfo (el otro, cómo no, tuvo problemas y no disparó). Mi lanzavirotes superviviente disparó contra la infantería elfa, causando un par de bajas. Mis ballesteros mostraron a la caballería ligera élfica cómo se dispara, matando a uno de ellos. El Señor de la Runas obró su habilidad y consiguió que los Mineros cargaran contra el lanzavirotes. El combate fue breve, para los orejones. Mis enanos arrasaron y se trabaron en el flanco de los arqueros elfos que se encontraban en su camino.

El tercer turno elfo se inició con la carga del Príncipe, acompañado del portaestandarte de la unidad de Yelmos, contra uno de los cañones órgano. En su fase de magia mi rival colocó de nuevo el hechizo protector sobre la unidad de Yelmos. Luego lanzó sendos hechizos de fuego sobre una de mis unidades de Martilladores (la cual era su objetivo desde el inicio de la batalla). Pues los dispersé todos menos uno: la deflagración infernal. Ese hechizo (junto con algo de suerte con los dados) hizo que mi unidad quedara reducida a dos miembros (y uno era el señor del clan que estaba unido a ellos). A pesar del duro golpe, no sucumbieron al pánico. En la fase de disparo el lanzavirotes elfo continuó centrando su atención en el homónimo enanil, sin éxito. Los arcos de los sombríos lograron hacer bajas suficientes para que mis Montaraces chequearan por pánico, huyendo cobardemente. En la fase de combate la caballería elfa destripó a la dotación del cañón, haciendo que la dotación del lanzavirotes que no tenía máquina sucumbiera al pánico. La caballería arrasó hacia delante. Las otras dos máquinas se mantuvieron firmes. Mis mineros ganaron el combate a los arqueros y éstos fueron atrapados (mis enanos parecían haber bebido Red Bull, a juzgar por sus tiradas de persecución). El arrasamiento hizo que me trabara con el flanco de su infantería.

Mi tercer turno se inició con el fallo de chequeo de reagrupamiento de los guerreros, en cambio la dotación sin máquina sí que se reagrupó. La mermada unidad de Martilladores buscó cobertura tras el cañón de salvas abandonado, para evitar ser objetivo del lanzavirotes. Mis Barbarlargas se encararon ante una posible carga del príncipe y el portaestandarte Yelmo en los turnos siguientes. Mi otra unidad de Martilladores mantuvo su posición, en espera de acontecimientos. Mi fase de disparo resultó efectiva. El cañón órgano aún vivo tomó buena cuenta del Príncipe élfico y el yelmo. El lanzavirotes y los ballesteros mostraron una pésima puntería. El Yunque, en cambio, descargó un rayo sobre los sombríos, matando los suficientes para que un fallido chequeo de pánico los hiciera salir del campo de batalla. En la fase combate mis mineros lograron vencer en su asalto por el flanco, si bien los elfos mantuvieron su posición.
El cuarto turno elfo se inició con la carga de los jinetes de elfos contra mis ballesteros. Mis enanos, a pesar de poder reaccionar disparando, no lograron baja alguna. En la fase de magia no ocurrió nada. Los disparos del lanzavirotes elfo lograron eliminar a la mermada dotación de su homónimo enanil. En el combate de los jinetes contra los ballesteros los elfos lograron desmoralizar y destruir a los enanos. Los mineros perdieron el combate contra la infantería elfa y fueron perseguidos y atrapados.

Mi cuarto turno resultó breve. No había movimientos. En la fase de disparo centré el cañón órgano sobre la caballería ligera, que fue erradicada. El Yunque tuvo problemas, si bien tan sólo le paralizaron el turno en curso.

Quinto turno elfo. La infantería élfica se reorganizó mirando al grueso enanil, desde la distancia. La magia élfica sólo logró materializar el hechizo de protección contra la infantería. Su lanzavirotes se centró en mi cañón órgano, matando a un miembro de la dotación.

El quinto turno de mis enanos resultó igualmente breve. No había movimientos. El cañón órgano registró problemas y no dispararía ni este turno ni el siguiente. El Señor de la Runas actuó de la misma pésima forma que el anterior, peor si cabe porque no podría usarse ni este turno ni el siguiente.

El sexto turno elfo sólo incluyó un disparo de lanzavirotes inefectivo y una fase de magia igual.

Mi último turno fue menos movido aún (sin poder usar ni el cañón ni el Yunque).

Resultado: Victoria a mi favor:

Una batalla en la que la fortuna estuvo de mi lado en líneas generales. Además mi rival no parecía tener muy claro cómo desarrollar su estrategia y esa indecisión me permitió sacar ventaja.

Segunda batalla: Hombres Bestia

Mi rival era un jugador no demasiado veterano y eso se le notaba enseguida. Sus huestes a pesar de ello estaban relativamente compensadas. Lleva dos grandes unidades de bestias (que emboscaban), un carro, dos de mastines del caos, ogros dragones, un gigante, centigors y dos unidades de bestigors. Sus personajes eran un caudillo, un portaestandarte beligor, otro beligor que emboscaba y un chamán de rebaño.

Desplegué una vez más con mis máquinas de guerra dominando el centro de la mesa (menos un lanzavirotes en el flanco derecho). Mis unidades de combate se quedaron en el flanco izquierdo, tras la cobertura de un bosque. Los ballesteros cubrieron el flanco derecho. El Yunque se mantuvo en la esquina de la mesa, flanco derecho. Mi rival colocó el gigante, los ogros dragón y el carro frente a mis unidades de combate, cubiertos los ogros por los mastines. En el centro colocó sus dos unidades de bestigors, con más lobos ante sí. El otro flanco era territorio de los centigors. Mis montaraces terminaron desplegando tras un bosque, en el flanco izquierdo.

Una vez más los dados decidieron que mi rival comenzara y éste avanzó con todo con decisión (como todo jugador del Caos que se precie). Su carro quedaba protegido por los ogros y el gigante. Su magia, como cabe suponer, resultó dispersada.

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En mi turno tan sólo moví mis montaraces para bordear el bosque mientras miraban al gigante. No avancé con nadie más. Mi fase de disparo se inició con uno de mis cañones órgano destruyendo a una unidad de mastines (el otro, para variar, tuvo problemas). Uno de mis lanzavirotes ensartó varios bestigors de una unidad (que veía tras haber matado a los mastines). El otro hizo dos heridas al gigante. Mis ballesteros no lograron hacer baja alguna y el Yunque por su parte lanzó un rayo sobre los centigors, causando una única baja y reduciendo su capacidad de movimiento para el próximo turno.

El segundo turno de las bestias no se inició con carga alguna, pues nadie estaba a distancia aún. El cuerno sonó y las dos unidades de bestias aparecieron a mi espalda, justo detrás de mis cañones y mis unidades de combate. Avanzaron la tropas caóticas hacia mi línea, algunos más rápido que otros (el carro seguía evitando la visión de los lanzavirotes). En la fase de magia ningún hechizo salió.

Mi segundo turno se inició con una valerosa carga de mis montaraces contra el gigante. Los mineros aparecieron tras los centigors. Allí se dedicarían a estorbar tanto los movimientos de éstos, como de la unidad de bestigors cercana. Una de mis unidades de Martilladores pivotó para mirar las bestias que habían surgido a su espalda. En mi fase de disparo los lanzavirotes mermaron las unidades de bestigors que tenían frente a ellos. El cañón órgano logró matar a un ogro dragón, provocando que éstos huyeran por pánico (el otro no disparó, para variar). Los ballesteros acabaron con la unidad de mastines que quedaba. El Yunque resonó en el campo de batalla y mis Martilladores cargaron contra una de las unidades de bestias. En la fase de combate los montaraces que luchaban contra el gigante le hicieron tres heridas (sí, lo dejaron a UNA). El monstruo como respuesta barrió con el garrote y causó numerosas bajas. El combate resultó a favor del Caos y los enanos fueron aplastados mientras huían. Los Martilladores hicieron un respetable número de bajas a la unidad de bestias, si bien el beligor que iba con ellos compensó el daño y, a pesar de perder el combate, se mantuvieron firmes.

El tercer turno de las bestias se inició con la carga de la unidad de bestias no trabada contra uno de mis cañones. Los ogros dragón se reagruparon y los centigors se giraron para mirar a los mineros de su espalda. Las dos unidades de bestigors avanzaron (tan sólo una pudo marchar, la otra no). El gigante se dirigió hacia mis unidades de combate del flanco izquierdo, seguido del carro. En la fase de magia continuó la tónica: nada salió. Los centigors me sorprendiendo usando hachas arrojadizas contra mis mineros y matando a uno de ellos. En la fase de combate la unidad de bestias trabada fue aplastada por los Martilladores, que los atraparon y se chocaron con el flanco de la otra unidad de bestias que había cargado contra el cañón. Ese combate terminó mal también para el Caos, huyendo la unidad (la unidad de Martilladores no podía perseguir de nuevo y la dotación de la máquina tampoco).

Mi tercer turno se inició con una carga de mis Martilladores contra la unidad de bestias que huía, que puso más tierra de por medio entre sus pezuñas y mis enanos. Mis Mineros cargaron contra los centigors. En la fase de disparo uno de mis lanzavirotes por fin veía al carro de bestias y lo ensartó. El otro disparó al Gigante y falló. Los cañones órgano redujeron a fosfatina la unidad de bestigors más cercana (bueno, quedaban dos). Los ballesteros contribuyeron también a ello. El Yunque tuvo problemas y no hizo nada (ni haría el próximo turno). En la fase de combate los Mineros les mostraron a los centigors de qué estaban hechos sus picos y los cuadrúpedos salieron corriendo para no volver.

Cuarto turno de las bestias. El gigante cargó contra la unidad de Martilladores más cercana por su retaguardia (me confié que el gigante no sobreviviría al turno anterior y mira…). Los ogros dragón recorrieron parte de su camino de huida y la unidad de beligors superviviente cargó contra mis Barbaslargas. La unidad de bestias que huía del turno anterior salió del campo de batalla. En la fase de magia, de nuevo, nada. El combate entre los Barbaslargas y los beligors terminó en tablas, habiendo bajas en ambos lados. El gigante comenzó a agarrar enanos de la unidad de Martilladores y meterlos en el saco. Los enanos no lograron dañarlo (sí, aún le quedaba una única herida y yo le pegaba con enanos de HA 5 y F6). Perdí el combate pero me quedé ahí.

Cuarto turno de los enanos. Mis Mineros se acercaron maniobrando torpemente, lejos ya de toda acción. Ganaría un cuadrante. Mis Martilladores no trabados se giraron en dirección a la zona de combate. Mi señor del clan que estaba en la unidad de Martilladores trabada con el enano se movió por la unidad buscando encontrarse con el gigantón. En la fase disparo mis máquinas de guerra eliminaron a los Ogros dragón (menos un cañón que me explotó). Los ballesteros tomaron cuenta de los únicos supervivientes de la otra unidad de bestigors. El Yunque no podía hacer nada. En el combate entre el gigante y los Martilladores un barrido con el garrote dejó a los enanos mermados. Tan sólo el señor podía pegar… y no logró herir (sí, con tres ataques de F6 y al gigante le quedaba aún UNA sola herida). Una nueva victoria del gigante, si bien los enanos se mantuvieron firmes. El combate entre Barbaslargas y bestigors terminó con la derrota de los enanos, que fueron atrapados.

Quinto turno de las bestias. La unidad de bestigors que había masacrado a los Barbaslargas cargó contra el lanzavirotes que tenía más cerca. En la fase de combate esa unidad destruyó a los enanos de la dotación. El combate del gigante resultó una vez más pésimo (enanos muriendo pero sin huir).

Mi quinto turno se inició con el avance de los Martilladores que no estaban trabados hacia la zona caliente del campo de batalla. En la fase de disparo mis máquinas supervivientes y el Yunque aniquilaron a la unidad de bestigors que había destruido el lanzavirotes el turno anterior. Combate del Gigante… ¡Sin comentarios!

Sexto y último turno de las bestias. Lo único que le quedaba en la mesa era el gigante. Y… ahí se quedó, sin morir (matando un enano más).

El último turno de los enanos. Mis martilladores no trabados avanzaron para, con suerte y el Yunque, cargar contra el Gigante este último turno. No disparé, porque no había nada a que hacerlo. El Yunque... tuvo problemas. Y la refriega final entre el gigante y mis Martilladores… digamos que aquel día los gigantes tenían el azar de su lado.

Resultado: Victoria a mi favor:

A pesar del “tema gigante” la batalla me salió a pedir de boca. De todos modos tuvo bastante que ver que mi rival no era demasiado experimentado al maniobrar.
Estado del torneo

Generalmente en mis crónicas no suelo mencionar resultados, situación de los participantes ni nada similar, primordialmente porque lo considero secundario. Pero, como habréis notado, a estas alturas del torneo sumaba dos victorias seguidas y, como supondréis, estaba entre los que tenían opciones de victoria. Así que creo justo mencionar cómo se desarrollaba todo en las “altas esferas” del torneo.

Los demás generales que sumaban dos victorias eran tres: el jugador Alto elfo con dos dragones, el Skaven y uno del Caos. Cabe destacar que dos de los jugadores habituales en los puestos de cabeza (el otro Enano, que suele ganar muchos torneos y uno de los Imperiales) empataron entre sí, motivo por el cual fueron descolgados de la cabeza.

Tercera batalla: Caos

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De los tres rivales posibles se me antojaba a priori el más asequible. Pero, de todos modos, si había sumado dos victorias no sería únicamente por la suerte. Eso seguro. Su huestes eran el ejemplo típico de lista para llegar y masacrar (los más viejos recordarán que yo he sido jugador del Caos muchísimo tiempo y sé de lo que hablo). Todo unidades rápidas y de fuerte pegada. Su único punto débil era la ausencia de magia (y de anti-magia). Así que para él yo resultaba el rival más apetecible de los posibles. Sus huestes contaban con un Señor del Caos Absoluto en montura monstruosa y dos Paladines legendarios, ambos en corcel (uno del Caos Absoluto y otro de Khorne). Contaba con dos caballerías del caos (una elegida del Caos Absoluto y otra de Khorne), una unidad de Centigors, dos de Mastines del Caos, una de Jinetes bárbaros, un Gigante, una unidad de Furias y otra de Aulladores.

Desplegué, nuevamente, mis cañones en el centro y los lanzavirotes en mis flancos (todos ellos retrasados). Mis huestes de combate se situaron tras las máquinas y los ballesteros, que cubrían el flanco derecho. El flanco izquierdo lo dejé a cargo de mis montaraces tras un bosque que los cubría. Mi rival colocó sus Caballería elegida, su general y los jinetes bárbaros en mi flanco derecho, relativamente a salvo por la escenografía y los mastines que tenían delante. En el centro situó la caballería de Khorne, ambas unidades de demonios y el gigante. Una vez más los demonios y los mastines cubrían al resto de unidades. El flanco izquierdo quedó a cargo de los Centigors.

Como en las dos batallas anteriores el azar quiso que no comenzara. Mi rival avanzó con todo decididamente hacia mí (eso sí, cubiertos por los mastines). Sin magia o disparos poco más podía hacer.

En mi turno inicial no me moví un ápice, consciente que él vendría a mí. En la fase de disparo logré matar con mis ballesteros un par de los mastines que protegían la unidad de elegidos, los suficientes para que uno de mis cañones disparara contra la unidad de caballeros. Ese disparo redujo la unidad a dos miembros (el portaestandarte y el personaje). De ese modo logré dejar en mi línea de visión al general y su montura. Mi otro cañón lo miró con ojos golosos. Tras la andanada únicamente el demonio que hacía las veces de transporte sufrió dos heridas. Mis lanzavirotes lograron herir levemente al gigante. El Yunque obtuvo problemas y no actuaría ni este turno ni el siguiente.

El siguiente turno de mi rival significó colocarse ante mis narices con todo lo que no podía cargar. Lo que sí pudo hacerlo fueron los Demonios, que se trabaron con mis dos cañones. Los mastines del centro cargaron contra los Martilladores que tenían enfrente. La caballería elegida cargó contra mi lanzavirotes y los jinetes bárbaros contra los ballesteros. La caballería de Khorne no tenía ángulo ni línea de visión para cargar y los centigors, a pesar de verse sujetos a furia asesina, tenían un bosque delante que obstaculizaba su línea de visión. Los combates fueron sangrientos. Los mastines que habían cargado contra los Martilladores fueron aplastados y, sorprendentemente, perseguidos y atrapados. Además la persecución enanil hizo que se trabaran de frente contra los caballeros de Khorne (cabe destacar que los centigors que estaban dentro del bosque se encontraban a distancia de chequear por la muerte de los mastines, pero este turno estaban sujetos a la furia asesina así que no se vieron obligados a hacerlo). Ambas unidades de demonios quedaron trabadas en combate, ya que los enanos, tozudos como ellos solos, mantuvieron la posición al empatar ambas refriegas. La caballería elegida destrozó a la dotación del lanzavirotes y fue a chocarse de frente contra la unidad de Martilladores que guardaba su espalda. Los jinetes bárbaros, a pesar de haber cargado, encontraron en los enanos un rival duro y se quedaron trabados con ellos.

Mi segundo turno se inauguró con el fallado intento de los Mineros por aparecer. Los Barbaslargas se decidieron a cargar contra las furias que se hallaban trabadas con la dotación de uno de los cañones. Mi fase de disparo fue nula, ya que todo lo que podía lanzar proyectiles estaba trabado, destruido o no podía (como el Yunque). La única excepción fue el solitario lanzavirotes que no logró impactar al gigante. En la fase de combate los Martilladores que habían arrasado a los mastines y estaban trabados con los caballeros de Khorne vencieron el combate, obligando a huir a los siervos del Caos. Esta vez, como era de esperar, no lograron alcanzarlos (si bien se quedaron a cuatro centímetros, sí, y eso persiguiendo caballería). El combate entre las furias, la dotación del cañón y los barbaslargas duró menos que los demonios, al desaparecer en una nube de azufre. El combate entre los aulladores y la otra dotación acabó mal para lo enanos, que fueron atrapados y destruidos. El combate del turno anterior entre jinetes y ballesteros supuso la derrota de los servidores del caos, que huyeron. El combate más decisivo, entre la unidad de elegidos y mis Martilladores, resultó sorprendentemente negativo para mis enanos. Perdieron sin hacer baja alguna y fallaron su chequeo de desmoralización, huyendo y siendo atrapados (sí, una unidad de quince Martilladores con grupo de mando completo y un señor del clan no lograron hacer nada contra un portaestandarte y un paladín del caos… además de huir con liderazgo nueve y siendo tozudos). Ahí se vio que la batalla estaba decidida.

En el tercer turno del Caos el gigante cargó contra el lanzavirotes aún intacto, los aulladores contra la dotación del cañón que había a su lado y el general del caos contra los ballesteros. Los centigors a su vez salieron del bosque que les obstaculizaba la línea de visión y se colocaron para poder cargar contra los Montaraces el turno siguiente. La unidad de Khorne que había huido el turno anterior se reagrupó. En la fase de combate los aulladores mataron a la dotación del cañón, el gigante hizo lo propio y se trabó con los barbaslargas. El señor del caos destripó a los ballesteros y permaneció en su puesto, mirando al Yunque.

En mi tercer turno, perdida ya toda esperanza, lancé a mis Martilladores contra los caballeros de Khorne una vez más y mis Montaraces maniobraron para recibir la cargar de los centigors. El Yunque obtuvo problemas nuevamente cuando se disponía a lanzar un rayo sobre el general enemigo. En la fase de combate los barbaslargas fueron diezmados por el gigante, que venció el combate, los desmoralizó y atrapó. Los Martilladores que se encontraban en combate cerrado con los seguidores de Khorne se mantuvieron impasibles a pesar de perder esta vez el combate.

El cuarto turno resultó la sentencia definitiva. Podría comentarlo con más detalle, pero sería alargar mi agonía. El Señor de Caos cargó contra el Yunque y destripó al Señor de las Runas, mis Martilladores y Montaraces fueron destruidos.

Resultado: Derrota en mi contra:

Una batalla en la que los resultados dispares del azar decidieron la batalla. Tanto la estrategia de mi rival (a saco hacia mí), como la mía (me quedo atrás y aguanto) eran más o menos correctas y adecuadas. El hecho de que mis proyectiles no lograran mermar lo suficiente sus unidades hizo que me destruyeran al llegar al combate. Cabe destacar que hubiera podido quizás forzar un empate si la unidad de Martilladores no hubiera huido después de un combate con dos miniaturas (el portaestandarte y el personaje). Pero supongo que es cosa del azar. De todos modos la batalla no se hubiera vuelto a mi favor tampoco.

Resultado del Torneo

Tras esta última batalla mi rival resultó ser el ganador absoluto del torneo, al ser el único con tres victorias en su haber. La otra partida en el grupo de cabeza (Skaven vs. Altos Elfos) terminó en empate. Al final quedé en octavo puesto (los que ganaron en la última batalla sumaron más puntos que yo). El segundo puesto fue para el Alto Elfo, el tercero para el Skaven y el cuarto para el otro enano, que masacró en su última batalla.

Tengo un sentimiento dispar ante el torneo. Me lo pasé muy bien y tuve opciones reales de ganarlo, si bien fueron los emparejamientos quienes lo decidieron así. Si el azar hubiera querido que me enfrentara en las batallas iniciales al Skaven, el Alto elfo o algún Imperio seguramente ni habría llegado tan lejos.

 

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