No es País para Viejos |
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10-03-2008 18:54
Por: OcioJoven
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Encontrado en: http://www.ociojoven.com/article/articleprint/989382/ |
Todo sobre No es País para Viejos.
La historia empieza cuando Llewelyn Moss encuentra una camioneta rodeada por varios hombres muertos. En la parte trasera hay un cargamento de heroína y dos millones de dólares. Cuando Moss coge el dinero, provoca una reacción en cadena de violencia, que la ley, representada por el desilusionado sheriff Bell, no consigue detener. Mientras Moss intenta huir de sus perseguidores, especialmente del misterioso cerebro de la operación que se juega las vidas de otros a cara o cruz, la película pone al descubierto la delincuencia en Estados Unidos y amplía su significado hasta incluir temas tan antiguos como la Biblia y tan contemporáneos y sangrientos como los titulares de esta mañana.
Todo sobre No es País para Viejos
- Página 1. Sinopsis e Índice
- Página 2. Opiniones del Equipo OcioJoven
- Página 3. La Novela
- Página 4. El Reparto y los Personajes
- Página 5. Los Decorados
- Página 6. Cormac McCarthy y el Nuevo Oeste
Opiniones del Equipo OcioJoven
No es país para viejos... y quizás tampoco lo sea para jóvenes (Akhul)
¿Qué es lo importante en esta historia? Responder a la pregunta tácita del título. Entender por qué y para qué, y si, en realidad, vale la pena. Desde luego, no es el cierre clásico de Hollywood, pero es que tampoco es la historia clásica de Hollywood. Y precisamente por eso, da el miedo que da, y hace pensar todo lo que hace pensar.
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Cuando llega el otoño (manheor)
Los Cohen abrazan este sentimiento, convirtiendo al film en un canto al crepúsculo, al ocaso, ejemplificado visualmente en esos desiertos de horizontes inabarcables que aluden (en el recuerdo, en el pasado) a otro tiempo en el cine, un tiempo de largas cabalgatas al crepúsculo y de revólveres y bisontes poblando las praderas. Un tiempo ya extinto, sólo perdurable en la memoria y en el celuloide, que atrapa el pasado en un crisol intemporal, imperecedero.
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La Novela
El autor Cormac McCarthy, disidente literario que ha alcanzado el nivel de leyenda moderna, ya era muy conocido por sus extraordinarias historias con el cambiante Oeste estadounidense de telón de fondo cuando publicó No es país para viejos en 2003. La novela, una de sus historias más viscerales, se convirtió en un éxito instantáneo. Es una dura historia llena de suspense y de humor acerca de la huida de un hombre honrado que encuentra 2,4 millones de dólares en la zona fronteriza de Texas. También medita acerca del bien y del mal en el moderno Oeste, que se ha convertido en una tierra más violenta y anárquica que la mítica frontera de antaño.
La historia se basa en algunos de los temas más evocadores que Cormac McCarthy ha explorado en diez novelas que ya se consideran clásicas: el final del estilo de vida del Lejano Oeste; el último enfrentamiento del honor y de la justicia contra un mundo roto; la lucha del hombre con fuerzas siniestras; la oscura comedia de violencia de los tiempos modernos; el encuentro entre la tentación, la supervivencia y el sacrificio, y para completar la mezcla, un toque de amor y un resquicio de esperanza en medio de la oscuridad.
Los complejos personajes y temas simbólicos típicos del novelista pueblan No es país para viejos, y era obvio que Joel y Ethan Coen deberían recurrir a sus dotes para transformar el poder de la palabra escrita en imágenes brillantes y diálogos concisos. Es difícil encontrar a dos cineastas más capaces de llevar con éxito a la gran pantalla el humor desolador y la austeridad de los personajes de Cormac McCarthy. Se dieron a conocer con la comedia negra Sangre fácil, a la que siguieron algunas de las películas contemporáneas más ingeniosas: Arizona baby, Muerte entre las flores, Barton Fink, la oscarizada Fargo, El hombre que nunca estuvo allí y O Brother, entre otras. En esta película, los hermanos Coen han sabido unir la voz compleja, matizada, a menudo humorística y de varias lecturas de Cormac McCarthy con su particular visión. El resultado es una película increíblemente convincente llena de acción.
Los hermanos Coen conocieron la novela de Cormac McCarthy a través del productor Scott Rudin. “Nos la trajo porque pensaba que podía gustarnos”, recuerda Ethan Coen. “Y así fue. También se nos ocurrió que podríamos hacer algo con la historia”.
“Es lo más cerca que estaremos nunca de hacer una película de acción”, añade Joel Coen. “Es una historia de persecución en la que Chigurh persigue a Moss, y el sheriff les sigue a los dos. Y eso se traduce en una gran actividad física para conseguir un objetivo. Nos interesó desde el punto de vista de película de género, pero también porque subvierte lo que se espera del género”.
Los hermanos Coen se pusieron manos a la obra para adaptar la historia a una tensa estructura cinematográfica, subrayando el humor negro y desarrollando la trama a partir de la interacción entre Llewelyn Moss, que encuentra dos millones de dólares entre los restos de un trato que salió mal, y los personajes antitéticos que van detrás de él: el escalofriante psicópata Chigurh, en un extremo, y el sheriff Bell, un hombre profundamente honrado, en el otro. La película llevó a los hermanos Coen a un nuevo territorio.
“Hay mucho humor en la novela, aunque no puede considerarse humorística”, dice Joel Coen. “Sobre todo, es muy negra, y esa fue la característica que adoptamos. El libro también es violento, sangriento. Es posible que sea la película más violenta que hayamos rodado. En ese aspecto, creo que refleja fielmente la novela”.
La visión recogida en el guión de los temas tan americanos de Cormac McCarthy, su ritmo rápido y el tono de humor negro no tardó en atraer a algunos de los mejores actores del momento.
Tommy Lee Jones, que da vida al sheriff Bell, leyó la novela poco después de su publicación. Le atrajo entonces, y su curiosidad aumentó cuando se enteró de que los hermanos Coen la adaptarían para el cine. “No cabe duda de que Cormac McCarthy es el mejor novelista vivo de Estados Unidos”, dice el actor. “Sus obras plantean cuestiones que pueden intrigar a las personas que hacen cine”.
Josh Brolin es otro fan del autor y leyó la novela mucho antes que el guión. “Es una de las historias más asombrosas, violentas y con la jerga más perfecta que leí en mucho tiempo”, dice. “A pesar de ser una historia lineal, tiene una estructura increíble. Me encanta el trío formado por Moss, Chigurh y Bell; es como si fueran una única persona dividida en tres”.
En cuanto al guión, Josh Brolin dice: “Es un viaje emocional muy básico que también trata de los principios humanos del bien y del mal, de la tentación y del honor”.
Josh Brolin interpreta a Llewelyn Moss, el veterano del ejército estadounidense que se mete en un auténtico lío cuando decide apoderarse de una importante suma de dinero perteneciente al negocio de la droga. “Me parece que Moss lo hace por su esposa Carla Jean”, dice el actor. Siente un profundo amor por ella y quiere ofrecerle una vida mejor, hacerla feliz, por eso coge el dinero”.
El aclamado actor español Javier Bardem encarna a Chigurh, el asesino que simboliza a los siniestros personajes que pueblan el mundo de la droga en las zonas fronterizas. No había leído el libro, pero reconoce que el guión se apoderó de él inmediatamente: “Me pareció una historia muy poderosa acerca de la violencia, de cómo controlar y detener la enorme oleada de violencia que asola al mundo”.
Al leer el guión, la reacción de Kelly Macdonald, que interpreta a Carla Jean, la joven esposa de Moss, fue muy similar a la de su compañero de reparto, aunque también le atrajo el humor: “Me pareció realmente divertido”, dice: “Los personajes estaban tan vivos que parecían salir de las páginas. Me gustó ese humor sarcástico, es lo que me convenció”.
El Reparto y los Personajes
El núcleo de No es País para Viejos son sus personajes, los hombres y mujeres que viven en un Oeste que ya nunca será el mismo, un lugar en que la anarquía ha construido un nuevo mundo poblado por traficantes internacionales donde las viejas reglas ya no se pueden aplicar. Contra este telón de fondo, el sheriff Bell se convierte en un pilar de la historia, un policía estoico, filosófico, con un humor sarcástico y una moral sólida como una roca, que no puede con la nueva generación de delincuentes procedentes del negocio de la droga y con la violencia que han desatado en la tierra que tanto ama. Asombrado ante esa nueva realidad, el sheriff Bell representa la profunda nostalgia por antiguas y más honorables costumbres.
“Dado el título de la novela, no sorprende que la película retrate la impotencia del sheriff Bell ante los tiempos que corren, su envejecimiento y los cambios que se forjan a su alrededor”, dice Joel Coen.
“Supongo que por eso el libro transcurre en los ochenta y no en el presente”, añade Ethan Coen. “Era la época en que el negocio transfronterizo de la droga empezó a ser realmente brutal, lo que permite que el sheriff reflexione en voz alta”.
Cuando se plantearon quién podría interpretar a ese fascinante y reflexivo personaje, los hermanos Coen pensaron inmediatamente en Tommy Lee Jones. “Hay muy pocos actores capaces de encarnar un papel así”, dice Joel Coen. “El sheriff Bell es el alma de la película y, por otra parte, la región es parte del sheriff, por eso necesitábamos a un actor que la entendiera”.
Sigue diciendo: “Es un papel que necesita una tipo de sutileza que sólo un gran actor puede aportar. Si sumamos esos requisitos a todos los demás, no se tarda mucho en pensar en Tommy Lee Jones. Es tejano, la región forma parte de él”.
Para el actor, el papel era irresistible, aunque tuvo una duda inicial: “He interpretado a varios policías tejanos”, dice. “Por eso me lo pensé un poco antes de aceptar, pero no pude resistir a la idea de trabajar con material de Cormac McCarthy”.
De hecho, el sheriff Bell tiene poco que ver con los papeles que Tommy Lee Jones ha interpretado hasta ahora. El actor se sintió conmovido por los esfuerzos que hace su personaje para entender la absurda realidad del mundo que le rodea; ve que ese mundo empeora a pesar de hacer todo lo posible para mejorarlo. “A medida que avanza la historia, el sheriff Bell se da cuenta de que no está a la altura de esa monstruosa forma de delincuencia, pero también empieza a entender que la desilusión es inútil”, explica el actor.
Los hermanos Coen tuvieron más dificultades en encontrar al actor idóneo para dar vida a Llewelyn Moss, ex combatiente de la guerra de Vietnam, un buen y honrado tejano que jamás habría ido contra la ley si dos millones de dólares no se hubieran cruzado en su camino.
“Moss es un hombre normal que se ve atrapado en una serie de circunstancias extraordinarias y que, sin pensarlo mucho, decide quedarse con un montón de dinero que no le pertenece”, explica Ethan Coen. “Luego se pasa el resto de la película intentando evitar las consecuencias de su decisión. Digamos que está en el centro de la acción”.
Joel Coen añade: “En esta historia hay un bueno y un malo, Moss está entre los dos”.
Pero esa cualidad intermedia demostró ser más difícil de conseguir. “Creíamos que sería muy fácil encontrar a Moss”, recuerda Ethan Coen, riendo. “Pensamos que bastaba con tener al típico chico bueno, pero descubrimos que era difícil dar esa impresión sin ser aburrido y, una vez más, sin ser de la región”.
Por fin, los hermanos Coen encontraron a un actor capaz de aportar el suficiente dinamismo y con el necesario toque al estilo Oeste para el papel. Se trataba de Josh Brolin, un actor en ciernes.
“Josh creció en un rancho, por lo tanto sabía de dónde venía Moss”, dice Ethan Coen. “Era perfecto para el papel”.
Josh Brolin creció en la California rural y sintió una afinidad inmediata hacia su personaje. “Moss es una compilación de muchos de los chicos que conocí de joven”, dice. “Tenían principios, pero creo que actuarían como Moss en las mismas circunstancias”.
El tercero en discordia es Anton Chigurh, un hombre despiadado que no deja testigos a su paso. Este personaje único y oscuro debía recaer en un actor capaz de una gran intensidad interpretativa.
“De hecho, en el libro se describe a Chigurh como alguien carente de sentido del humor”, dice Joel Coen. “Aparte de eso, hay pocos datos sobre el personaje. Es un hombre implacable, con un aura misteriosa. No se sabe de dónde viene”.
Sigue diciendo: “Necesitábamos un actor capaz de construir a Chigurh aunque sin revelar demasiado, manteniendo la sensación de misterio, por eso escogimos a Javier Bardem”.
Javier Bardem está entre los grandes talentos internacionales. Fue nominado a un Oscar al Mejor Actor por su interpretación del poeta cubano Reinaldo Arenas en Antes del anochecer, y ganó el Premio al Mejor Actor del Festival de Venecia por su notable trabajo en Mar adentro. Con el papel de Chigurh, el actor se enfrentaba a uno de los mayores retos de su carrera, el de encarnar a un malo mítico con un alma muy oscura.
El actor dice: “Uno de los temas de la película es la enorme oleada de violencia que azota el mundo, y Chigurh simboliza esa violencia porque no tiene raíces, siempre va un paso más allá, no se le puede detener”.
A la hora de desarrollar el personaje, Javier Bardem trabajó muy de cerca con los hermanos Coen. “Hablar con Joel y con Ethan sirvió para cambiar mi perspectiva. El personaje se hizo más interesante, más complejo y incluso más divertido”, dice.
Además del trío masculino, hay dos mujeres. La actriz escocesa Kelly Macdonald, nominada a un Emmy y a un Globo de Oro por “La chica del café”, interpreta a Carla Jean, la esposa de Moss. Los cineastas se quedaron impresionados con la prueba de la actriz: “Siempre hablábamos de que era imposible imitar a una persona de la región, pero dimos el papel a Kelly Macdonald, una actriz escocesa de Glasgow”, dice Joel, riendo. “No creía que pudiera interpretar a una chica del oeste de Texas, pero nos demostró lo contrario”.
La actriz supo apreciar la descripción que se hace del personaje en el guión: una joven con carácter que trata a su marido de igual a igual. “Tienen una buena relación”, observa Kelly Macdonald. “Cuando leí el guión, me dio la impresión de que se llevaban muy bien. Se toman el pelo, pero se quieren mucho”.
A Tommy Lee Jones también le gustó la actriz. “Kelly imita el acento del oeste de Texas a la perfección”, dice el actor. Todo un cumplido de parte de un auténtico tejano. “Entre toma y toma es una escocesa de puta cepa, pero cuando se encienden los motores, se convierte en una tejana de pies a cabeza”.
Otra importante relación en la película es la existente entre el sheriff Bell y su esposa Loretta, un personaje que ayuda a definir a Bell. Los cineastas escogieron a Tess Harper, nominada a un Oscar y a un Globo de Oro, nacida en Arkansas. Los hermanos Coen han admirado su trabajo desde que la vieron en Tender Mercies/Gracias y favores, sobre todo porque tiene la habilidad “de transmitir mucho en poco tiempo”.
Hablando de su personaje, la actriz dice: “Loretta es la roca que sujeta al sheriff a la orilla. Es su refugio en medio de la tormenta”.
Los Decorados
No es País para Viejos transcurre en uno de los paisajes más viscerales y emblemáticos de Estados Unidos, las desoladas y pedregosas tierras fronterizas tejano-mejicanas, donde el río Grande separa los dos países. Para capturar con autenticidad los solitarios paisajes aplastados por el sol, el equipo técnico y los actores se desplazaron a las secas llanuras del oeste de Texas y a los desiertos de Nuevo México. Los hermanos Coen volvieron a colaborar con el director de fotografía Roger Deakins, nominado a cinco Oscar.
“Los decorados naturales son una de las razones por las que queríamos rodar la película”, explica Ethan Coen. “Rodamos nuestra primera película (Sangre fácil) en Texas, en Austin concretamente, pero habíamos ido al oeste de Texas, y el paisaje nos atraía mucho antes de que leyéramos la novela”.
Sigue diciendo: “Los decorados naturales son una parte íntegra del libro, de la historia. El lugar es un personaje más. El paisaje es magnífico, pero desolado, no es nada pintoresco. No es fácil vivir en estos parajes, y eso también tiene su importancia en la película, la supervivencia en un ambiente tan duro”.
Joel está de acuerdo con su hermano: “Es una tierra inhóspita con una historia de violencia. Al igual que en la novela de Cormac McCarthy, el paisaje es un personaje, no debe separarse de la historia”.
Roger Deakins recalcó esa sensación mediante una fotografía muy austera que permitía que los decorados cobraran vida inesperadamente. Recuerda que en las primeras conversaciones con los hermanos Coen “hablamos del calor, de la luz y de los colores del motel y de las calles de noche”. El director de fotografía también tenía ideas propias. “Veía No es País para Viejos como una película de Sam Peckinpah”, dice. “Da la sensación de ser una película de época, pero el mundo contemporáneo se entromete. Pensé sobre todo en Quiero la cabeza de Alfredo García, de Peckinpah, donde los personajes viven acorde a las reglas de un tiempo pasado sin tener contacto con el mundo moderno”.
Para aumentar la tensión, el director de fotografía se sirvió de la luz como de un instrumento para contar la historia de No es País para Viejos: “Me gustó el contraste entre la luminosidad del exterior con la oscuridad de los interiores, y la tonalidad blanquecina del paisaje con los colores llamativos del mundo nocturno”, dice. “Una de las dificultades era conseguir una transición suave entre la noche y el amanecer en el lugar donde transcurre el trato y en el río. La única solución fue rodar al amanecer y al atardecer, y recrear un ‘amanecer falso’ con luces”.
Pero Roger Deakins cree que el paisaje sólo es el telón de fondo para lo más importante dentro del encuadre, los personajes. “Todas las películas que he iluminado se basan sobre todo en los personajes”, dice. “Siempre siento que ante todo fotografío a los personajes. Por muy bonita que sea una toma, si no aporta nada al desarrollo o a la ambientación de la película, no tiene ningún sentido. Me gusta fotografiar caras, y los actores de esta película están entre los mejores”.
El trabajo del director de fotografía con los hermanos Coen ha sido muy aclamado; fue nominado a un Oscar por Fargo, Barton Fink y El hombre que nunca estuvo allí. Para él, su relación creativa con los hermanos es la base de una colaboración de éxito. “Nos conocemos bien y vemos las cosas del mismo modo”, dice. “Espero que la fotografía funcione para esta historia y sea la más idónea”.
El enigmático montador británico Roderick Jaynes, que ha montado todas las películas de los hermanos Coen desde Sangre fácil, también se ha ocupado de esta.
El rodaje empezó en Marfa, Texas, una zona muy agreste a unas tres horas y media de El Paso. Conocida por ser el lugar donde se rodó la épica Gigante en los años cincuenta, Marfa, con una población de 2.030 habitantes, se enorgullece de su principal atractivo turístico: el Hotel Paraíso, donde James Dean, Elizabeth Taylor, Rock Hudson y Dennis Hopper se instalaron durante el rodaje.
El joven diseñador de producción Jess Gonchor, que se ha ocupado, entre otras, de El diablo se viste de Prada y del drama intimista Truman Capote, siguiendo las instrucciones de los hermanos Coen, empezó a buscar localizaciones para las escenas más dramáticas de la película. En su opinión, la clave residía en el comedimiento. “El guión de los Coen es una obra maestra, no quería intentar superarlo. Quería limitarme a apoyar la historia con el diseño de los decorados”, explica.
Uno de los mayores retos para Jess Gonchor fue la casa de madera de Ellis, donde el sheriff Bell, al borde de la desesperación, pide consejo a su tío, un ex sheriff. “Prefabricamos la estructura en Santa Fe para que Joel y Ethan pudieran seguir el proceso. La pintamos, envejecimos y dimos los últimos toques antes de cargarla en un remolque y llevarla a Texas”.
A pesar de la distancia entre un decorado y otro, el tiempo imprevisible, los insectos y otros animales venenosos, y las altísimas temperaturas que tuvieron que soportar, rodar en decorados naturales permitió a los cineastas plasmar la singular y desolada atmósfera de la zona fronteriza de Texas.
Una vez acabado el rodaje en Texas, todo el equipo se trasladó a Nuevo México. En este estado rodaron en Las Vegas, una ciudad histórica a unos cien kilómetros de Santa Fe. Las calles y edificios atemporales al estilo tejano hicieron la vez de una pequeña ciudad de Texas. También fue el lugar donde Jess Gonchor erigió otra de sus maravillas prefabricadas, el paso fronterizo de Eagle Pass.
La falsa frontera se colocó en el puente de la autovía de University Boulevard, por lo que se cerró el paso a los vehículos durante una semana mientras se alzaba y colocaba la estructura de acero de más de 100.000 kilos. Los habitantes de Las Vegas lo tomaron con humor, pero los turistas no acababan de entender por qué la frontera se había trasladado tan al norte de repente.
La ambientación también incluye las cabezas de los protagonistas, sobre todo la de Javier Bardem, que luce un evocador corte de pelo diseñado por el oscarizado estilista Paul Leblanc (Amadeus). “Trabajé muy de cerca con Mary Zophres, la diseñadora de vestuario, y los ‘chicos’ (los hermanos Coen) para conseguir el aspecto físico del personaje de Javier”, dice el estilista. “Queríamos que pareciera extraño, que diera miedo, pero sin exagerar. Diseñé un corte de pelo que transmite la sensación de misterio, que obliga a preguntar: ‘¿De dónde será este hombre?’, pero sin dejar claro que es un asesino. Es un corte algo ‘bihistórico’, podría funcionar en el siglo XVII y en los años setenta del siglo XX”.
Paul Leblanc, que ya había trabajado con los hermanos Coen en O Brother y Ladykillers, estaba encantado de volver a trabajar con ellos a pesar de haberse retirado. “Son mis cineastas favoritos”, dice. “Siempre están dispuestos a colaborar. Además, creo que se interesan sinceramente por los cortes de pelo, se centran mucho en esas cosas. Al fin y al cabo, el pelo es como todo, sirve para crear el personaje”.
Cormac McCarthy y el Nuevo Oeste
En No es País para Viejos, los hermanos Coen han adaptado la obra de Cormac McCarthy, autor considerado como uno de los novelistas más importantes del momento. Apodado el “Shakespeare del Oeste”, se ha convertido en la poderosa voz de una zona en pleno cambio. En sus diez novelas, los inolvidables personajes, a menudo parias, hombres solitarios que intentan retener un sentido del honor y de la libertad que ya no existe en Estados Unidos en la época actual, han cautivado la imaginación de millones de lectores. Describe un modo de vida, una forma de ser condenadas a desaparecer. Este tema va aún más lejos en su novena obra, No es país para viejos, una tensa historia de crímenes en la frontera entre Texas y México en los años ochenta.
Después de la aclamada obra No es país para viejos, el autor cambió de rumbo y escogió una ambientación aún más dura que el Nuevo Oeste, un mundo posapocalíptico de cenizas y devastación donde un padre y un hijo luchan por sobrevivir en La carretera. Esta nueva novela fue aclamada como una obra maestra y galardonada con el Premio Pulitzer 2007.
No es país para viejos quizá contenga la prosa más directa y la acción más salvaje del autor. Como todas sus novelas, explora la zona fronteriza entre Texas y México, que se convierte en el terreno metafórico donde la integridad y la justicia se enfrentan con la apatía y la violencia. En un artículo publicado en The Guardian, la aclamada autora Annie Proulx dice que Cormac McCarthy “ha transformado la típica historia entre un bueno y un malo en literatura seria”. Alan Cheuse, en el Chicago Tribune, dice que más que cualquiera novela anterior de McCarthy, esta “es el testamento inesperado y poderoso del profundo sentimiento humano y de la esperanza ante la desesperanza”.
Con No es país para viejos, Cormac McCarthy regresó al oeste de Texas, donde transcurre su célebre Trilogía de la frontera, que incluye tres novelas de aventuras unidas entre sí ubicadas en la zona fronteriza entre Texas y México: Todos los hermosos caballos, adaptada al cine por Billy Bob Thornton; En la frontera, la historia de un joven que viaja a México e intenta proteger a una mujer loba, y Ciudades de la llanura, donde se unen los personajes de las dos anteriores.
El autor fue aclamado por su lírica evocación de la esencia del Nuevo Oeste, un lugar que no ha perdido su carácter majestuoso y agreste, pero de donde han desaparecido los valores morales y los héroes.
En todas las novelas de Cormac McCarthy, entre las que también están Meridiano de sangre, que trata de la Guerra Civil, y Suttree, una historia al estilo de Faulkner que transcurre en el Tennessee rural de los cincuenta, el paisaje siempre ocupa un lugar importante. Se sirve de la desolación de las zonas yermas, de su belleza y majestuosidad, para reflejar los sentimientos de sus personajes, dando mayor profundidad a la narración. En No es país para viejos, la frontera, representada por el río Grande, se convierte en una encrucijada metafórica, mientras los personajes la cruzan una y otra vez en una mareante persecución.
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