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Entrevistamos al autor de El código secreto: El misterio de las 300 holandesas
Es gratificante para cualquier lector, en su búsqueda de nuevas sensaciones literarias, encontrar de vez en cuando esa pequeña joya en forma de historia atrayente que te atrapa sin remedio. Eso es lo que me ocurrió con 300 Holandesas (título abreviado del libro “El código secreto: El misterio de las 300 holandesas”), de Jorge Sabaté Martí, al cual tengo el placer de hacerle esta entrevista con la intención de navegar por los entresijos de su mente y de su obra.
Jorge Sabaté nació en Barcelona en 1966 donde se licenció en Ingeniería Agrícola y Biología. A los veintiocho años cursó el Master en Periodismo de la Universidad Autónoma de Madrid y el diario El País. Actualmente reside en Madrid, donde ha trabajado para diversos diarios, revistas y portales digitales como periodista económico, crítico musical y periodista tecnológico. Es usuario de PDA y trabaja como responsablede la sección de Nuevas Tecnologías del portal y la revista Consumer.es Eroski. “El código secreto: El misterio de las 300 holandesas” es su segunda novela, tras la publicación en 1997 de “Abril”. También ha participado en el libro de cuentos “Lavapiés” y en la antología “Escritores suicidas”.
El tema de la desaparición de la capa de ozono es algo preocupante hoy en día. ¿Crees que has ubicado la novela en un futuro bastante probable?
No exactamente; buscaba una metáfora de la desprotección a la que progresivamente se ven sometidas las sociedades capitalistas en esta época de desigualdades crecientes, y la capa de ozono de pareció una imagen interesante. Pero en realidad se refiere al Estado Socialdemócrata tal como lo conocemos: el filtro de las pasiones más hobbesianas del hombre. Hobbes es célebre por su frase: “el hombre es un lobo para el hombre”.
Me ha encantado encontrarme en la novela unas pequeñas gotas de humor, como la camiseta listada que usa el policía. ¿Es una forma de hacerle llegar al lector el mensaje de una manera más amena o querías hacer un libro que no fuese demasiado serio dentro de la Sci-Fi?
Ambas cosas. Buscaba un toque de humor que ironizara sobre las pasiones que en nuestro país creemos importantes y realmente a la larga la historia las juzgará como una anotación a pie de página. Dentro de doscientos años los historiadores dirán: “los españoles eran unos grandes apasionados de un juego llamado fútbol”. Por otro lado, era un guiño de un catalán que vivía en Madrid (ciudad de la que sigo considerándome habitante, aunque sea en el territorio de la nostalgia dulce), y que entonces era más forofo del Barça que ahora que ha regresado a Barcelona.
Imagino que los estudios que posees y tus diferentes ocupaciones (desde Biología hasta crítico musical) te habrán servido para colocar diferentes elementos que pululan por la historia, desde los animales y la flora adaptada al nuevo ecosistema a la música que se va oyendo.
Sin duda. Ha sido lo más divertido de montar la novela; mezclar mis conocimientos e inventar un mundo plagado de referencias personales. Por otro lado, no es un mundo tan alejado de cómo yo concibo el Madrid en el que viví. Es una ciudad fascinante, que mezcla lo popular con lo moderno de una forma que yo sólo he visto en ciudades como La Habana, Recife o San Salvador de Bahía. En cierto modo, es la ciudad más “sudaca” (valga el apelativo en sentido positivo) de Europa. Una especie de imagen especular de Buenos Aires, que es la ciudad más europea de América Latina.
Al final del libro, el protagonista sugiere que lo que le sucede después es otra historia. ¿Va a haber segunda parte o será un libro diferente pero con los mismos protagonistas?
Todo el mundo que lee la novela me pregunta lo mismo y me halaga. Pero de momento no tengo planeada la segunda parte en África, a pesar de que a mi familia pertenecen dos de los más grandes expertos españoles sobre este continente; el trabajo absorbe mi tiempo, y yo considero que para escribir se necesita una independencia y entrega absolutas. Si vuelvo a escribir una novela, cambiaré de vida: dejaré el trabajo y me dedicaré a hacer colaboraciones esporádicas. Es algo que me estoy planteando últimamente. Pero de cambiar, sería a medio plazo; quizás el año que viene.
¿Cuáles dirías que son “tus escritores de cabecera”?
Ufff, soy muy ecléctico. De hecho, cuando quedé finalista del Premio Minotauro era el gran tapado, porque nadie me conocía en el ambiente. No soy un escritor de ciencia ficción al uso, pero me gusta que las novelas tengan un rango de acción sin olvidar el componente intelectual. Yo diría que me muevo entre Coetze y Pedro Juan Gutiérrez, pero en medio de ese abanico cabe mucha gente: Don DeLillo, Boumil Hrabal, el Philip Roth de 'El teatro de Sabbath', Baroja, Hemingway, Roberto Bolaño, Vargas Llosa, Delibes, Jim Thompson, Jesús Moncada, Phillip K. Dick... ¡Qué sé yo!
Tu primer libro, “Abril”, es de 1997 y éste es del 2006. ¿Te cuesta abordar la escritura de un libro, prefieres ir despacio para no dejar ningún cabo suelto o quizás escribir es un hobby?
No es un hobby, pero la vida del escritor es muy dura; cuando es independiente de corrientes y besamanos, porque no tiene ninguna visibilidad; y cuando tiene visibilidad, el problema es que se pasa el día besando manos. En serio, el precio del éxito puede ser muy alto, y uno no está para corrillos con el carácter que tiene. Así que escribo cuando puedo entregarme en cuerpo y alma a ello, cuando tengo independenciapara contar lo que me da la gana y no me falta para bajar a comprar el pan. Me gustaría ser como Vargas Llosa, que se pela el culo en la silla hasta que le sale el texto, que suele ser magistral, pero no tengo tanta vocación.
Por otro lado, Abril es una novela negra de inicios, más inclinada a mis neuras personales que a dirigir con buen pulso el guión. Eso sí, tiene un componente estético que fascinó a mucha gente. ¡Si hasta tuvo buenas críticas en 'el Babelia'!
¿Hay algo tuyo en el protagonista de “300 Holandesas” o quizás en algún otro personaje?
No hay nada mío, salvo quizá que me acababa de separar. Por lo demás, dirigí mi enfoque hacia el mundo que veía, el mundo que se transformaba, y se transforma, poco a poco en lo que antes había visto en mis viajes por América Latina: una desigualdad que marca el ritmo de vida de la gente.
¿Cómo ves el género de la Sci-Fi en el panorama español? ¿E internacionalmente?
No soy un gran experto, la verdad. Ya te he dicho que me colé de rondón en un mundo al que no pertenecía. Tengo una gran capacidad camaleónica a la hora de escribir una novela. Pero por lo que he visto en España, el problema que están teniendo es el de siempre; no se toman en serio y escriben para adolescentes sin pensar en que a los adolescentes también les interesan los grandes temas. Eso les da unos buenos dividendos, pero no los saca de conformar un género menor. Escritores de ciencia ficción han sido en un momento u otro Orwell, Burgess, Bradbury, K. Dick, Arthur C. Clarke; gente de mucha altura intelectual. La lección que se saca de ellos es que se pueden contar las grandes cosas de la vida a través de este género, que me parece dignísimo. El panorama internacional lo desconozco, desgraciadamente. Me han pasado libros de Terry Pratchett, pero no me ha calado en absoluto. En cambio Cory Doctorw sí me gusta.
Escribo reseñas (soy mejor lector que escritor) en una página (www.ociojoven.com), donde varios compañeros escriben relatos de Sci-Fi y otros géneros. ¿Podrías darles algún pequeño consejo desde tu experiencia?
Que lean literatura de otros géneros y también a los clásicos; que abran sus miras y reflexionen sobre lo que quieren contar. No todo van a ser historias de la Tierra Media, pero si se tiene algo interesante que contar, se puede ambientar perfectamente en la Tierra Media y el protagonista puede ser un hobbit. ¿Por qué no? Al fin y al cabo, Don Quijote vivía en su Tierra Media particular.
¿Recuerdas qué o cuál fue tu primer escrito?
Una paja mental en la que trataba de explicar mi vida a los demás y de paso me ligaba a la chica que me gustaba. Es el típico comienzo. Nada lírico ni trepidante.
Con la experiencia que tienes, ¿es difícil hoy en día que un libro de un escritor novel sea publicado? ¿Cuál fue tu experiencia?
Es muy difícil, al menos en este momento, pero habrá un 'boom' literario pronto, aunque sensiblemente diferente al actual. Se producirá en la Red y en forma de licencias Creative Commons. Y será una gran fuente de historias para el cine del futuro, que será completamente digital.
Respecto a mi experiencia, me he presentado a muchos premios, he quedado finalista en dos y soy tendente a pensar que el mundo editorial tal como lo conocemos toca a su fin; aunque puedo estar equivocado. Y me alegraría de ello. Hay que ser muy bueno para triunfar sin padrinos, y no es mi caso.
¿En qué proyectos literarios andas actualmente?
En leerme 'Las Benévolas', de Jonathan Littell, que es más largo que un día sin pan, pero muy interesante. No escribo nada desde hace años, principalmente por causa del trabajo. Estoy en una época de mi vida en que me considero más periodista que escritor, aunque eso puede cambiar.
Espero que con esta pequeña entrevista y la reseña publicada en la página de su libro os haya picado la curiosidad por este autor y su obra.
Muchas gracias, Jorge, por tu tiempo y por tus respuestas, y a ver cuándo podemos leer tu próxima novela.
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