Zhen Yian II |
|
12-05-2008 18:16
Por: Ravenath
|
|
 |
Encontrado en: http://www.ociojoven.com/article/articleprint/991437/ |
Los opuestos pueden convivir muy cerca los unos de los otros. Riqueza y pobreza. Competitividad y generosidad.
El monje no apareció por casa de Zhen Yian hasta que no pasaron tres semanas, tiempo que éste aprovechó para despedirse de los vecinos de la aldea. Todos le echarían de menos, pero más de uno suspiraba de alivio ante la idea de librarse de semejante bestia.
Cuando el monje llegó, permaneció de visita tres días en casa de Zhen Yian. No fue hasta el último día cuando su padre le comentó la idea del ingreso de su hijo en el templo. El monje, bastante joven para su cargo, miró a Zhen Yian a los ojos durante un momento que pareció eterno para éste último. Por un momento, sintió lo mismo que en el combate con los lobos, hacía ya casi un mes. Si el monje le hubiese mantenido la mirada durante un instante más, no habría podido resistir la tentación de lanzarse sobre él para comprobar quién era el más fuerte.
Decidió llevárselo, para alivio de su padre. Recogió sus cosas esa misma tarde y partieron al día siguiente.
El camino hacia el templo fue largo y pesado. Y aún se hizo más largo cuando el monje, de nombre Xiao Wang, le dijo que debían pasar por la capital a recoger a unos familiares que iban de visita al templo.
Sin embargo, el tedioso viaje valió la pena. La capital era una verdadera obra de arte. Amurallada con muros de piedra roja rematados en su parte más alta por tejados negros con almenas que escondían guardias preparados para cualquier eventualidad. La ciudad estaba compuesta por edificios de una manufactura casi perfecta, con adornos esculpidos directamente en la piedra con una perfección nunca vista por Zhen Yian. Sin duda, este artista debía tener las puertas del cielo esperándole para ser adornadas. Los motivos utilizados para estos adornos estaban relacionados con los guerreros inmortales de la montaña Zu, la que se dice es la puerta de entrada al Segundo Mundo, morada de los inmortales que dedican toda su vida al perfeccionamiento de su arte. Tantas leyendas había en la tradición popular sobre la montaña Zu que ningún pueblo escapaba de su conocimiento.
La belleza de la capital tentó a Zhen Yian a quedarse. Pero al volver su vista al monje, este deseo se esfumaba en el aire. Sus andares denotaban una tranquilidad que sólo pueden ostentar los que se sienten completamente seguros de sí mismos. No alardeaba, pero tampoco tenía miedo de nada. Debía ser muy fuerte. Si el templo tenía a más como él, debía llegar hasta allí y ser aceptado como fuera.
Conforme se acercaban a su destino, Zhen Yian se daba cuenta de que esta portentosa ciudad también tenía su zona pobre. Desde luego, no eran como las chozas de su aldea. Éstas eran más resistentes. Mejor construidas. Sin embargo, comparadas con el esplendor visto hasta ahora en el resto de la ciudad, dejaban claro que los que vivían en ellas eran los menos favorecidos de la capital.
Por fin encontraron a los familiares del monje. Xiao Wang saludó a sus abuelos, que esperaban en la calle, como si supieran que llegarían sobre esa hora. Eran dos ancianos encorvados, pero de aspecto robusto. Se notaba que habían trabajado mucho a lo largo de sus muchos años y que aún retenían un poco de ese vigor que te da el trabajo duro del campo. Se echaron al hombro su pesado equipaje y comenzaron a andar, a duras penas, tras Xiao Wang y Zhen Yian. Sin embargo, éste último no pudo evitar volverse hacia ellos y, sin mediar palabra, quitarles sus pesados sacos, atárselos a la espalda fuertemente y proseguir su camino, mientras los dos ancianos se deshacían en agradecimientos.
Volvieron a pasar por la zona lujosa de bellos grabados, estatuas de oro y artesanía esculpida en jade. Zhen Yian volvió a sentir la punzada de la tentación, pero ahora no podía echarse atrás. Ahora sí que estaban de camino al templo. Salieron por las mismas magestuosas puertas por las que entraron. Mientras las cruzaban, la tentación de quedarse fue paulatinamente sustituida por el ansia de llegar a su destino.
Continuará
|
 |
| |
|
|
|
|
 |
|