Un Master, un destino |
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04-09-2002 11:01
Por: WIZARD
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¿Qué sentimientos desprende el rol? Veámoslo desde la perspectiva de un Master, mi caso más frecuente.
El gélido hedor de la noche empaña contínuamente la cristalera de mi habitación en mis vanos intentos de aclararla con mi zurda. Observo detenidamente cómo el fuerte viento que a lo largo de la tarde arreció, ahora es tormenta bañada en lluvia granizada. El calefactor incandescente propaga su insuficiente abrazo por mis piernas, y mi calenturienta mente navega por otros mundos mayores...
La taza de té aún humea y el ordenador no cesa en su bajada masiva de archivos, todo ello acompasado por la sutil melodía instrumental de una batalla épica gemida por los altavoces. Cedo un instante a las líneas de mis manos y allí encuentro una historia perdida en el tiempo, un acontecimiento que sucederá nuevamente y cuyo final se oculta para todos.
La habitación se halla vagamente prendida en luz, con una par de velas encubiertas por dos candelabros osudos, formando figuras fantasmagóricas en las paredes y el techo.
Ayer no pude dormir pensando en este día, en el frío de su tacto, en la ímpetu de su lluvia... la puerta suena dos veces y se abre en manos de un rostro conocido. Una mochila colgante en su hombro derecho sonsaca libros y un monopatín que sobresale. Muestra un saludo con la mano libre de la carga y se tumba en mi cama con los brazos en cruz y profiriendo un suspiro de alivio. Sus huellas mojadas se expanden velozmente hasta fusionarse con la piel de las alfombras de lana, abigarrando sus formas y sintetizando charcos secos. Yo le saludo con la mirada entrecerrando los ojos y vuelvo a dirigir mi atención hacia el ventanal. Mefresín corre veloz casco en mano desde su moto mal aparcada, y mientras trasciende entre salpicantes charcos con vida propia y un cúmulo de cubos de agua cayendo del irancundo firmamento, Yolanda se deja ver entre la lejanía nublosa. Su paraguas de conejos rosas es bien conocido, aunque poco podría hacer contra el azaroso viento, cada vez más fortalecido.
Leo se halla sentado sobre el camastro ojeando una serie de anotaciones con evidente rostro de preocupación. Instintivamente mis labios sonríen irónicamente en un intento de mostrar picardía; su final está cerca...
Tras el umbral de la puerta se suceden voces de alegría y saludo hasta que se personalizan los dos vistos. Primero Mefresín, y luego Yolanda, en un corto espacio de tiempo. El casco se precipita violentamente sobre la papelera mientras una serie de insultos y maldiciones salen despedidas en boca de su dueño. Ella, más delicada y con modales, abandona su paraguas protector en el baño y accede entre nosotros desproveyéndose de su abrigo aterciopelado. A continuación se turnan una serie de saludos protocolarios que acaban con Mefresín en simbiosis con el ordenador, con una melodía más fúnebre merced a Leo, y con Yolanda decorando la mesa con un paño negro y una serie de papeles y lápices sobre ella.
Un relámpago ciego flagela entre mis ojos enrojecidos del mal sueño. No sudo, no presento preocupación alguna, ni tengo miedo como mis seguidores. Soy un conocedor absoluto, he visto el destino incierto, sé los sucesos que acontecerán y que les azotará a todos. Poseo sus vidas.
Entran Marcelo e Isabel, los dos últimos. Ambos me observan entre risas transmitiéndome un "hola" macabro y pleno de sentidos ocultos. Leo se apoltrona cerca de la cadena musical y vuelve a suspirar con sus ojos ajustados al techo, a la vez que Mefresín se frota las manos y me desvía la mirada con interrogación. Yo recorro a todos paulatinamente, memorizo sus miedos, los estudio, encapsulo cada sentimiento que manan, contemplo sus auras y las desencripto... y me encamino hacia la mesa.
Yolanda ocupa ya su silla acolchada a mi derecha. El resto del grupo va tomando su asiento caóticamente hasta proceder a la ordenación habitual. La silla es el primer acercamiento hacia los rayos que pueblan nuestras mentes, es el primer salto a dar hacia el nuevo mundo; con el paso del tiempo se va convirtiendo en algo tan personal que se vuelve intransferible del todo. Isabel extrae del bolsillo de su chamarra un saquito de cuero y lo deposita sobre la superficie de la mesa. De él salen los artífices, mis instrumentos del poder, el medio para comunicarse con el otro plano. Los lápices recién afilados comienzan a brillar en su interior prestos a hacerles daño o a agraciarles con mercedes a todos. Y la hoja, un folio asido cientos de veces con un tinte apergaminado que se muestra ante cada uno de ellos; ahí se ven a ellos mismos, es la vitrina de la realidad dónde quedan descubiertos sus virtudes y defectos, sus puntos débiles, sus habilidades innatas, sus capacidades ante la vida que gime en la estancia... El canto negro da paso a una alegoría en manos de un grupo musical de percusión y viento, mientras un muro infranqueable de oscuridad se alza ante mis vasallos. Yolanda lo observa con ingenuidad, y Leo presenta su máscara de enfrentamiento. Seguro que hoy vuelve a intentar en vano hacerme una brecha... ¡pobre iluso!.El resto de compañeros dan inicio a su secretismo mediante el susurreo. Cavilan e idean sin que yo les oiga. La lluvia comienza a caer ahora con una fuerza innatural, golpeando con rabia la cristalera acompasando la música que ya nos envuelve. Miro la sombra de mi pantalla abierta, contenedora de varias hojas con escritos variopintos y con un libro entreabierto. Allí están escritos los porvenires de mis queridos acólitos, y yo se los leeré para fortuna o desdicha de los mismos. Tomo el afilado lápiz cual espada mandoble, aferro unos dados de cristal para prenderme en la magia del mundo que nos llama, y termino de abrir el libro para que las puertas se abran. Suena un ruido volcánico en nuestras cabezas, las luces pierden su escaso brillo para renacer con más fuerza, y la mesa... deja de existir.
Ahora Mefresín se presenta como un apuesto elfo con un arco trenzado enganchado en su porte. A su vera Yolanda vestida con atuendos negros y rasgados sigue en su meditación arcana para la búsqueda de un respuesta. Leo, siempre malhumorado y con un físico de tormento, rebate su hacha de doble vertiente hacia la funda de su espalda mientras grita un 'seguidme'. Isabel se halla algo más distante, reclinada bajo la cúspide de una colina frondosa y rozando el sendero de arena grisácea. Un águila altanero le circunda a unos 500 metros de altura, graznando y moviendo continuamente su cabeza. Por último Marcelo, de baja estatura y de aire gruñón. Su raza enana no le impide nunca hacerse de notar. Es el semi-líder de barbas rojas entrecortadas.
Entretanto, mi voz se expande por ese mundo cual Dios todopoderoso al que ellos tratan de sortear. Cada objeto que veo se va dibujando ante ellos, y sus actos conscientes quedan controlados por mi veredicto final. Soy un elegido, un visionario, un vidente con capacidad de creación.
La partida de rol ya ha empezado. Todos conocemos las reglas de este mundo, y todos trataremos de cumplirlas y sortearlas, dependiendo de nuestro carisma; esa cualidad es la única que aún resta de esta vida, pues en esta nueva dimensión nuestro cuerpo metamorfosea, nuestras palabras cambian, nuestros oídos oyen sonidos inexistentes, y los ojos observan ideas. Durante largo tiempo seremos felices sin tener alegrías y gemiremos de dolor sin tener heridas. Y yo... nunca moriré pues como Dios que soy, la inmortalidad me circunda. Seguiré creando hasta que mi imaginación se agote o hasta que mis creaciones me rechacen por castigador o sorteador de normas.
Tengo sed de sangre... se acerca un confrontamiento épico... aunque también deseo risas y donaire, por lo que la fiesta de las Mil Lanzas acaecerá esta noche bajo un manto estrellado de luces luminiscentes. ¡Ahhh! mis venas están henchidas y mis dados comienzan a temblar. Mefresín me observa con los ojos íntegramente abiertos a la vez que Leo niega con la cabeza repetidas veces. Cayeron los dados de cristal... la pantalla se fusiona con la mesa, y mi mirada se centra en un párrafo del libro. Adiós realidad... hasta dentro de un par de horas... ahora toca cubrir otra vida.
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| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
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esta chido |
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14-01-2004 15:44 |
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el tema esta bien elegido. Un diez para tu trabajo
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RE: esta chido |
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14-01-2004 22:26 |
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Bueno... el tema es bastante genérico (tema RPG), opuestamente a la vivencia del mismo sobre uno. Esta es mi expresión de su matiz sobre mi vida, el cómo lo siento y cómo lo abarco.
Celebro que te gustase.
Atentamente,
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Me uno a tu religión!!!!! |
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02-11-2002 01:02 |
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Oye hombre, eres realmente admirable. Un escritor por naturaleza sin duda. Déjame decirte que admiro mucho tu capacidad literaria y que sigas escribiendo por favor.
AH!, calificación (demás está decirlo), EXCELENTE.
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Yo tambien !! |
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04-07-2003 09:43 |
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Ja...soy master pero al lado tuyo me dan ganas de tirarme a un pozo sin fondo...!
IDOLO!
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RE: Yo tambien !! |
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14-01-2004 00:42 |
NecroMANtis (Hermano de wizHard) dijo: Ja...soy master pero al lado tuyo me dan ganas de tirarme a un pozo sin fondo...!
IDOLO!
Estamos todos en ese pozo son fondo... ten presente que siempre hay alguien mejor que nosotros mismos, y por ello estoy seguro que hay alguien mucho mejor que yo... como tú por ejemplo, por tu sencillez y tu honestidad.
Agradezco tus ánimos.
Atentamente,
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RE: Me uno a tu religión!!!!! |
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04-11-2002 09:23 |
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¡Je!... estimado wizHard... entre mi escasa vanidad, mi timidez, y la locuacidad de tus comentarios voy a quedarme atónito y sin palabras. Gracias, de verdad, gracias.
Admirar es una virtud que nace de uno mismo, pero que crece en el interior del resto de observadores, por lo que, sois vosotros los verdaderos artífices de la fantasía de un excelente.
Atentamente,
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