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La Muerte esta tan segura de su victoria, que nos da toda una vida por delante.
Escoltados por ya solo por un comando de espectros, ya que el resto había vuelto a la órbita, bajamos a toda velocidad, como en caída libre, hacia la superficie del planeta. El aspecto de éste me sorprendió bastante, dado que la mayoría de la zona estaba cercada por una especie de viscosidad de un tono morado y sobre la que, según científicos del DUT se nutren las estructuras biológicas; aunque me dio la impresión de que era el único que prestaba atención al "paisaje".
El contacto con tierra había sido muy duro. A pesar de sonar ha roto, la compañía no pareció impresionarse por el impacto, ya que se dieron cuenta de dónde habíamos aterrizado, en los alrededores de una “ciudad” zerg. Aquella era sin duda alguna, una despiadada misión suicida.
Por fin los fuertes asientos que nos mantenían sujetos cedieron y nos permitieron ponernos en pié. Nos quedamos de pie con el arma en mano unos minutos, esperando a recibir ordenes u objetivos de algún superior; pero nadie hablaba, solo se oían los choques de las naves contra el suelo y el silbido de los espectros por el aire.
Al fin llegó un coronel de tipo Fantasma y con un tono grave nos dijo:
“Instalaremos una resistencia aquí mismo, a unos kilómetros de donde nuestros satélites han detectado fuerzas alienígenas. Se compondrá de dos búnkers, dos lanzaderas antiaéreas por radar y algunos depósitos de suministros donde almacenaremos los víveres. Los soldados patrullarán por turnos, cada turno se compone de 4 horas hasta nuevo aviso. Ya recibirán órdenes más precisas de sus capitanes asignados. Esta fortificación es provisional y se mantendrá hasta que vengan los refuerzos de la Tierra. Ahora, soldados, tienen que asegurar el perímetro, quiero grupos de seis compuestos por tres marines, dos murciélagos y un fantasma, los rangos se asignarán mañana por la mañana... ¡¡¡MOVEOS!!!
Acto seguido, todos abandonamos la nave rápidamente, no se si por orden del coronel o más bien por dejar lejos la nave, que tanta inseguridad inspiraba. Al salir vimos que, como yo había supuesto, nuestra nave, al igual que las ocho restantes, estaba seriamente dañada. Fue entonces cuando me vino a la cabeza un oscuro pensamiento, el porqué de esta misión suicida: no iban a venir refuerzos, el nuestro era un viaje de ida pero nunca de vuelta, siempre se supo que no volveríamos, solo teníamos que investigar... ¿Somos únicamente conejillos de indias...? ¿Por qué ese desinterés por nuestra vidas, acaso no somos humanos como ellos...? Decidí entonces no compartir con nadie mi conclusión, no quería ser el causante de un desastre aún más grande, aunque ese pensamiento o hacía más q rondarme e indicarme q daba igual lo que hiciera... no había esperanza, estábamos condenados.
Al ver el planeta nuestras esperanzas cayeron aún más, no teníamos la luz que tanto añorábamos de la tierra, si siquiera un atisbo..., era sombra eterna. Rápidamente los soldados se dispersaron sin saber a dónde ir. Uno de ellos comenzó a llorar y a gritar, estaba histérico y no paraba de corretear de un lado al otro del campamento. Cuando parecía que había fijado el rumbo, dio la impresión de que de huía hacia una cueva cercana. En ese momento un fantasma lo tumbó, muerto de un disparo en la nuca, fríamente, no hubo dolor ni remordimiento, fue más bien un acto de caridad, pero todos comprendimos que cualquier intento de salir de allí era inútil. Si no nos mataban los superiores lo haría el enemigo, y quién sabe si no nos torturaría..., debíamos seguir adelante. Entonces y deseando no seguir el futuro de ese pobre infeliz, nos agrupamos rápidamente como pudimos, y nos dividieron en grupos de seis.
En seguida dos jóvenes marines, Axul y Euforia, se unieron a mí. El primero era el típico héroe de batalla, fuerte y algo estirado, pero sin dejar de ser corpulento; su pelo era negro y sus ojos oscuros, aunque en aquél condenado planeta todos los ojos eran oscuros. Lo que más me llamaba la atención de él era que ni su traje de combate ni su arma eran las reglamentarias, la armadura era más gruesa y ya estaba abollada por muchos sitios, además tenía varias inscripciones sobre ella; el arma parecía de mayor calibre y alcance, aunque seguía utilizando las mismas municiones q el resto. Euforia era un tipo muy callado y según me pareció él venía directo de otra batalla pero su equipo era completamente nuevo. Creo que en ese momento me di cuenta de que yo podía ser el único novato en aquél campamento...
Se acercaron dos murciélagos y un fantasma al que le habían destinado nuestra custodia. Entre los murciélagos se encontraba el mismo que había visto antes tan relajado en el carguero de tropas, ahora podía distinguir en el interior de su casco su barba de color rojo cobrizo, creo q por eso lo llamaban Rojo. El segundo murciélago era una bella joven, su cabello era rubio, y brillaba al resplandor de la llama de su arma. Nunca me dijo su nombre, así que la llamaba simplemente rubia.
El fantasma era otro fantasma más, a mi todos me parecían iguales, todos altos y esbeltos. Y era extraño porque, a pesar de ser tan esbeltos, todos tenían una gran fuerza. Había rumores de que tenían implantes bióticos y, aunque yo no hacía caso de los rumores, éste en concreto no me pareció tan descabellado.
Antes de que nos presentásemos el fantasma nos señalo la cueva a la que aquel pobre hombre trató de huir y nos mandó a inspeccionarla. Mientras íbamos rubia comenzó una conversación:
-Por fin hemos llegado, pensé que no lo contábamos- suspiró.
-Si, pero... - me quedé callado, pensando en que íbamos a ser carnaza, simples cebos sin esperanza de regresar nunca a casa.
-¿Pero qué?, a qué te refieres- me dijo Axul con cierta preocupación y sorpresa...
-No te preocupes- dijo Rojo con un tono tranquilizador- todos estamos intranquilos y sabemos lo que se avecina.
En ese momento me di cuenta de que, a pesar de conocer las verdaderas intenciones del mando terrestre, ninguno de mis compañeros parecía desesperado. Y pensé <> pero no me pareció que tuvieran alguna confianza en sus mandos, a medida que hablaban sobre sus batallas anteriores, decrecía mi confianza en salir de aquel espantoso sitio.
Continuamos hasta llegar al borde de la gruta. Había una cierta corriente de aire, por lo que supuse que saldría por otro lado. Me acerqué al fantasma con intención de comunicárselo pero se me adelantó y dijo en voz alta:
-Bien, entremos- dijo el Fantasma.
Íbamos en silencio, mirando con cuidado hacia los lados iluminados únicamente por el foco recto de nuestros trajes. Era un túnel ancho y largo, bastante oscuro también, tanto que nuestras linternas no pudieron servirnos de mucho. Desde nuestras escafandras no podíamos percibir olores, de haberlos percibido hubiésemos caído al suelo asfixiados por el nauseabundo hedor.
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