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Cronicas de Vaarun- Sombras sobre el más grande reino


Relatos de Fantasía

07-11-2002 11:18
Por: Alaun

El viento helado parecía bailar entre las ramas de los árboles de la región de Paradus...

Capítulo 1: El Ataque a Portualias. la caída del Guerrero

El viento helado parecía bailar entre las ramas de los árboles de la región de Paradus. Próximo el invierno la noche era tremendamente fría y un grupo de guerreros se afanaban frente a una pequeña hoguera a los pies de uno de los enormes árboles tan típicos en la helada Paradus. El grupo observaba atentamente a un anciano que parecía buscar su posición en un plano que agarraba con ambas manos. Éste suspiró y meneó la cabeza negativamente.

- Definitivamente no sé donde nos encontramos.- concluyó tirando el plano al suelo.
-¡Maldita sea! Esto nos sucede por abandonar tan apresuradamente esa maldita ciudad.- dijo irritado un hombre alto, de ojos azules y cabello negro. Vestía una gastada armadura y cargaba una espada larga. Al cuello llevaba atada una túnica.
- ¿Y que íbamos a hacer?- repuso la mujer que se encontraba a su lado.- Esos seres eran insensibles a nuestras armas.
- No lo sé, Kira, pero... hemos salido de allí totalmente a ciegas, sin ninguna referencia de hacia donde íbamos.

Junto a estas tres personas descansaba un enano, aún jadeante como consecuencia de la apresurada huida. A su lado, apoyada sobre las raíces salientes, su arma, un espectacular hacha que brillaba al contacto con la luz de la fuego. Tenía una larga barba canosa y su rostro estaba repleto de arrugas esparcidas por todos lados, sin duda era muy viejo. Y a su vez, al lado de este, acurrucados dos niños, que luchaban por contener las lagrimas frente a aquel grupo. Su edad no debía de ser superior de 12 años.
- No es muy difícil darse cuenta de que esos seres eran consecuencia de algún tipo de invocación.- sugirió otro hombre, alejado unos cuatro metros del grupo, sentado sobre otra de las raíces salientes. Era difícil percibir su presencia en la noche pues vestía ropajes negros.
- ¿Una invocación? ¿te refieres a que puede haber sido un mago quién...? ¡Jamás!- sentenció el anciano.- Más bien diría que es la consecuencia de alguno de los rituales estúpidos que lleva a cabo tu gente.
- ¡No empecéis!- suplicó Kira, la mujer.- No es hora de otra de vuestras discusiones.
- No fui yo quién empezó, además, tampoco quiero que el abuelo se sofoque.- dijo sonriente el hombre.
- Estúpido nigromante.- masculló el anciano.
- ¿Y ahora que podemos hacer?- preguntó el guerrero.- ¿Alguna sugerencia?
Kira negó. El anciano se puso en pie.
- Corel... no creo que nos hayan seguido pero aún así es posible... no es buena idea permanecer en el mismo sitio por mucho tiempo. Además, caminar entre las sombras de la noche es un punto a nuestro favor, será más difícil localizarnos...
- Sé que tienes razón, Higgins... pero, ¿hacia donde podemos ir? No es muy inteligente movernos sin saber donde nos encontramos. ¿Talot? ¿Alguna sugerencia?

El enano despertó sobresaltado al oír su nombre. Se rascó la cabeza y miró indeciso al grupo.

- ¿Preguntabais algo?
- Nada, déjalo... sigue durmiendo amigo.
Se volvió a recostar y cerró los ojos.
- ¿Y tú?

El nigromante se volvió y esbozó una irónica sonrisa.

- Nos encontramos al norte de Portualias... las estrellas indican eso...
- ¿Al norte? -dijo acercándose al mapa.-
Entonces si continuamos rectos nos encontraríamos con el reino de Tisheen ... pero no creo que sea buena idea ir allí, en aquellas tierras el clima es ya puramente invernal y no vamos equipados con ropas adecuadas.
- ¿Y hacia el este?- preguntó Kira.
- Si vamos hacia el este nos dirigimos hacia el mar de Bareen... creo que en sus costas se asienta una pequeña aldea...
- Se llama Watts...
- ¿Cómo dices, niño?- le preguntó Higgins a uno de los infantes que se había acercado a ellos..
- Esa aldea se llama Watts.
- Conoces la zona, ¿no es cierto?
- Sí... pero ¿y mis padres? ¿y mis hermanas? ¿qué ha sido de ellos?
- Habría sido mejor que los hubiéramos dejado morir juntos.- se quejó el nigromante.- Solo van a suponer un estorbo...
- ¿Mis padres han muerto?
Kira se acercó rápidamente al pequeño y lo abrazó mientras este sollozaba. Miró con dureza al nigromante.
- Eres un insensible, Saulo.- le reprochó.
Este se encogió de hombros sonriente.
Corel fijó su vista en el horizonte, pese a encontrarse a una distancia relativamente grande de Portualias aún se percibía la luz del fuego consumiendo la ciudad.
- Espero que no nos hayan seguido...- masculló.
- No lo creo. Su misión sería reducir a cenizas la ciudad... no les debemos interesar lo más mínimo.- contestó Higgins.
- ¿Pero de han salido? Si son parte de un hechizo como dice Saulo, ¿quién puede tener tanto poder como para conjurarlo?
- La magia que yo conozco no es capaz de crear semejantes criaturas.
- Higgins, ¿y el poder de los Antiguos?
- No creo Kira, para poder hacer uso de él es necesario tener un absoluto control del libro de Kaín y no conozco a nadie en el Gremio de hechiceros que llegue a tales niveles.

Saulo dejó lanzar una risa burlona y Higgins le lanzó una mirada que habría helado la sangre a cualquiera, sin embargo el nigromante hizo caso omiso.

- Ahora que lo pienso... me veo en la obligación de abandonaros momentáneamente. El Gremio debe de tener noticias de lo sucedido en Portualias.
- ¿Te vas?- le preguntó Kira preocupada.- ¿Al Consejo? ¿Después de tanto tiempo?

El mago asintió y se acercó a Corel que aún observaba el mapa. Con su bastón señaló en él.
- Podemos encontrarnos dentro de una semana en el reino de Baras. Allí podré comentaros lo que decida mi Gremio. Existe en él una taberna... creo que se llama “El Potrillo feliz”.
Kira dejó lanzar una carcajada.
- ¿De donde sacan esos nombres?- se preguntó en voz alta.
- Ya sabes que en Baras tienen un gran sentido del humor...- le respondió el mago riendo a su vez.
- Sentido del humor es lo que sobra ahora..- susurró Corel.- No me parece mala idea, Higgins. Tal vez alguno de ellos desee acompañarte... un mago más siempre será mejor compañía. Y además, ahora tenemos el problema de estos dos chiquillos... ¿qué podemos hacer con ellos?
- Yo voto porque vengan con nosotros.- respondió Kira separándose del pequeño al que abrazaba.
- ¿Qué? ¿Estas loca?
- ¡No Corel! No pienso separarme de ellos. Decidimos salvarlos, ¿no? Pues es responsabilidad nuestra que hacer con ellos.
- ¡Se pusieron en mi camino! ¿Iba a dejar que el caballo los arroyará?- se quejo Corel.
- Las mujeres y su sentido maternal...- suspiró el guerrero.
Kira hizo caso omiso del comentario.
- Mírala, con lo ruda guerrera que es y en el fondo es toda una madraza.- comentó Higgins en voz baja a Talot respondiéndole éste con un resoplido.
- Bien, creo que es hora de partir... nosotros iremos directamente hacia Baras, luego allí... ya veremos... te esperamos en esa taberna... ¿cómo se llamaba?
- “El Potrillo feliz”.- contestó Higgins.
Kira volvió a reír y Corel no pudo reprimir la risa.
- Yo viajaré hacia el sur, el Consejo del Gremio se encuentra en esa dirección.- concluyó el mago.
Higgins fue despidiéndose de sus compañeros haciendo caso omiso de Saulo y de Talot, que dormía. Se acercó a los pequeños que ya no sollozaban pero parecían ausentes.
- Espero veros en nuestro futuro encuentro, tened cuidado...- les dijo.
Y levantándose, se montó sobre su caballo y se encaminó hacia el sur despidiéndose con el brazo del grupo, adentrándose en la negra oscuridad perdiéndose a su vista a los pocos segundos.
- ¡Que los dioses os bendigan! ¡Id con cuidado!- se oyó decir en la lejanía.
El grupo, a excepción del nigromante y del enano que aún dormitaba, permanecieron unos segundos con la vista fija en el horizonte, intentado percibir la figura del anciano mago. Tras esto Corel se giró y pidió que comenzara la marcha.
- Si queremos llegar a Baras obligatoriamente debemos cruzar Watts y el mar de Bareen. Espero que Higgins pueda averiguar a quién pertenecía aquel ejercito. Tenemos que ir con cuidado para no encontrarnos con ellos.
Cada uno se montó en su caballo, montándose uno de los niños con Kira y otro de ellos con Talot, que no aceptó de buen grado aquel nuevo acompañante en su pequeño pony.
- Tú tienes que dirigirnos, amigo.- le indicó Kira a Saulo.
- No será problema.- respondió éste.

Todos conocían en el grupo que por las venas de aquel nigromante corría sangre elfa. En numerosas ocasiones se habían visto obligados a hacer uso de su infravisión para desgracia del mago que sentía un natural desagrado hacia Saulo, aunque tal sentimiento era mutuo. Por todos era conocido el odio que magos y nigromantes se procesaban abiertamente, provocando en más de una ocasión alguna guerra y poniendo en serios peligros a algún que otro reino pese a que nadie sabía muy bien de donde nacía ese odio acérrimo.

Los pequeños fijaron sus miradas en la pequeña luz que era posible observar a lo lejos, su ciudad Portualias siendo consumida por las llamas. Tantos años de trabajo para lograr levantarla sería solo cenizas antes del amanecer.
Kira, que se dio cuenta de este gesto por parte de los niños los miró comprensiva y esbozando una sonrisa les dijo:
- Os juro por todos los dioses que el que ha hecho esto no saldrá impune... os doy mi palabra.


Podía oír el ruido de las olas al chocar contra la dura pared de roca. Se bajó del caballo y decidió continuar a pie. Agarró con fuerza las riendas del animal y le obligó a caminar. Pasearon por el pequeño bosque de robles que rodeaba el edificio del Consejo. Higgins disfrutaba de aquel contacto con la naturaleza, lejos del bullicio de la ciudades. Sobre las copas de los árboles era posible observar el impresionante edificio del Consejo rodeado siempre por la niebla. Frente a él se alzaban las dos torres de marfil situadas en los extremos de la imponente arquitectura. Situado sobre un imponente acantilado las olas chocaban con fuerza sobre la pared de piedra. Con el dedo pulgar de la mano se levantó su desgastado sombrero de color.

 



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