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¿Qué se esconde entre las palabras de nuestra historia? ¿Qué pretendemos enseñar con nuestros pasos?
Tal vez con poca luz,
sobre una mesa combada por el peso
de las palabras que aún no he escrito,
busco con mi pluma,
entre verso y verso,
el secreto de esta extraña vida
a la que siempre parecen faltar frases
para que parezca una historia con sentido.
Me pregunto si, a lo mejor,
me ha faltado la vista
para ver más allá de las sombras
que proyecto sobre este papel;
puede que la perdiese
sin haberme dado cuenta;
que mis ojos se cansaran
o que las lágrimas no me dejen ver.
¿O fue que nunca conté
con una buena luz?
Por eso rasco mis párpados
y dejo el trabajo,
como siempre,
a medio escribir.
Sé que hay una palabra,
a lo más dos o tres
-pienso mirando el techo
de mi habitación-,
que pueden ayudarme, enseñarme
a comprender
una verdad tan simple
que jamás me pueda negar:
que la grabe sobre el papel
y me diga: ya está.
Este no puede ser un asunto complicado.
Bastaría con un breve vistazo,
para darme cuenta.
Sin embargo, aquí sigo,
dándole vueltas a esta estrofa
que no acaba de encajar.
Quiero recorrer las frases que dejo
para quien las quiera escuchar.
Entender cada acento,
cada punto y seguido,
porque ahí está el misterio:
en lo que quiero decir;
en esa idea eterna que se esconde
en un silencio inescrutable
que no logro descifrar.
Y aquí, adivinando enigmas
cuya respuesta no importa;
descubriendo verdades
que en nada se diferencian
de cualquier mentira,
continuo con mi criminal engaño,
-criminal para aquello
por lo que vine a esta tierra-
llenando hojas y hojas de papel
para expresar con millones de sílabas
aquello que se puede expresar
con dos palabras.
¡Y yo quiero vivir!
Vivir sin pensar en los fines,
aprovechar el camino
y decir que siempre pude crear un verso,
una poesía para cada ocasión.
Vivir pensando que existen
buenas maneras de hacer
un gran relato
con los pasos que voy dando,
sin buscar simplemente un final espectacular.
Vivir sabiendo que me sobrará
un segundo para marcar
con pequeñas piedras mi sendero.
Tal vez admita, entonces, que el sentido
de la vida, de mis palabras, sea simplemente
intentar buscarlo.
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