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Las Cuatro Historias: Una Búsqueda (IV)


Relatos de Fantasía

27-11-2002 11:56
Por: Valente

Caminar entre sombras es lo mismo
que dar vueltas por sendas mal seguras
en el fondo sin fondo de un abismo.
Juntando a la verdad mil conjeturas,
veía allá a lo lejos, desde el coche,
agitarse sin fin cosas oscuras,
y en torno, cien especies de negruras
tomadas de cien partes de la noche.

"El Tren Expreso" Primer Canto, Estrofa IV.
Ramón de Campoamor.

IV

Tardó muy poco tiempo en darse cuenta de que era el único que podía verla. Sus amigos no hacían gesto alguno ante la monumental aparición que se desarrollaba claramente en sus sentidos.

La puerta de la fortaleza estaba recubierta de llamas azules. Los relieves y ornamentaciones habían adquirido vida propia e intentaban escapar, entre agudos chillidos y espasmódicos movimientos. Resultaba un espectáculo especialmente dantesco comprobar como la piedra de la que estaban compuestos aquellos seres, crujía y se deformaba en cada grotesco movimiento y aún así mantenía la consistencia.

Miró con ojos huecos a Álvaro, sintiendo su presencia escasamente, al igual que la de sus amigas. A pesar de que extendiendo su mano podía alcanzarlos, las distancias se deformaban en su percepción de tal manera que era imposible para él sentir la cercanía de las personas que lo rodeaban, mientras que la horripilante visión que se desarrollaba en derredor parecía abalanzarse cada vez a mayor velocidad sobre él.

La violenta y diabólica sinfonía proseguía, mientras tanto, bajo la influencia del tremendo incendio, que lamía con sus llamas la piedra de la zonas más altas de las torres y parecía alimentarse antinaturalmente de los gritos de terror, casi cánticos de gloria al dolor. El castillo convertido ya en una enorme hoguera gritaba y se retorcía como un ente con vida propia. Sin embargo, Javier notaba, con angustia y pánico, que bajo aquella queja se escondía un obsceno delirio de placer. En efecto, la piedra entonaba una canción morbosa bajo la música del crepitar del fuego que iba in crescendo hacia un éxtasis que explotó en una ola de fuego y destrucción, provocando que cayera al suelo impulsado por la onda expansiva. Una andanada de calor inmenso recorrió su cuerpo, abrasando su piel, mientras amenazadores susurros relamían sus oídos con burla y desprecio. Se encogió, formando un ovillo con sus brazos y piernas, e intentó obviar el dolor y aquellas maliciosas voces hasta que, paulatinamente, fueron desapareciendo.

Abrió los ojos, con temor a que su pesadilla estuviese esperando que lo hiciera, pero sólo vio a Álvaro, inclinado sobre él. Levantó la cabeza e intentó localizar el castillo, encontrando sólo en pie el gran pórtico de entrada desnudo de imagen o icono alguno, abiertas sus puertas de par en par. Nada quedaba en él que recordase su antiguo aspecto, aunque por su colosal tamaño y la sobriedad de su forma ojival impusiera todavía respeto.

Mientras Álvaro le ayudaba a levantarse, se percató que la entrada daba paso a una insoldable oscuridad, como si tras él se escondiera algún lugar sin iluminación, aunque él fuera capaz de ver únicamente el arco de entrada. Se encaminó, obviando las preguntas de sus amigos, meros rumores en su conciencia, hacia el enorme portal. Tras él empezaron a andar sus compañeros, siguiéndolo de cerca. Se detuvo justo en el umbral de la puerta e introdujo, con reticencias en un principio, la mano en la negrura. No sintió nada cuando la vio desaparecer tras la impenetrable cortina que separaba ambos lados y no encontró resistencia alguna al sacarla de nuevo. A su lado, Javier observaba atentamente sus pasos y, ahora sí, pudo escuchar la voz de Ana preguntando, evidentemente incómoda y asustada, sobre el motivo de todos los acontecimientos que se estaban desarrollando aquella noche.

-Habéis llegado lejos –comentó una voz que consiguió romper el recogimiento en el que se encontraba Javier; suavemente, como si se tratara de una caricia, abriendo el paso hacia sus sentidos y dejando que todo cuanto lo rodeaba inundara poco a poco su entendimiento.
-Tú... –se limitó a decir Álvaro mirando fijamente al oscuro personaje, embutido en una gabardina y que se encontraba a escasos metros de ellos.
-¿Qué coño pasa aquí? –preguntó Luisa, sobretodo enojada- ¿Quién es ese? ¿Qué está pasando?
-Mi nombre es Julián, señorita. Encantado de volvernos a ver.
-¿Qué haces tú aquí? –preguntó Álvaro, impidiendo con un gesto que cualquiera de sus compañeros pudiera decir nada.
-Vengo a ayudar, evidentemente.
-¿Qué sabes de la puerta? –Javier había recuperado plena conciencia sobre sus actos y, aunque sentía de algún modo la presencia del portal a su lado, sus sentidos eran incapaces de ver más allá que lo que lo hacían los de sus amigos. Su pregunta había sido planteada como algo instintivo. Nada era casual en aquel lugar y menos la presencia de aquel individuo, capaz de sacarle de su estado de letargo mediante la mera entonación de unas pocas palabras.
-De la puerta sé que te va a llevar a otra parte, por supuesto.
-¿Qué puerta? ¿Qué has visto? –interrogó Álvaro a Javier, sin dejar de mirar en ningún momento al recién llegado por el rabillo del ojo.
-Ha visto el Paso hacia el otro lado –le contestó Julián como si la cuestión se la hubieran planteado a él- en cierta manera te ha enseñado la puerta que abre la comprensión de tus preguntas.
Durante la conversación, Ana y Luisa permanecían inmersas en un inquieto mutismo, demasiado confundidas como para expresar en voz alta las dudas que circulaban por sus cabezas. Hasta que Luisa, llegado el momento en que la rabia y el deseo de tomar las riendas de una situación totalmente incomprensible y descontrolada desquiciaron su prudencia y su sentido común, pronunció en voz alta:

-Quiero saber qué diablos está ocurriendo y quiero saberlo ya. No me gustan que jueguen conmigo y me mientan –la frase iba dirigida evidentemente a todos los allí presentes.
-Me encuentro con una persona con carácter. Me alegra. Os hará falta de buen seguro esa fuerza para superar las pruebas de vuestra vida, sean cuales sean.
-Parece que tú, al menos, tienes muy claras cuáles serán esas pruebas –comentó Javier, recuperando su sonrisa confiada, con la mente completamente despejada, sin dejar que nada de lo que había vivido en los anteriores minutos le afectara.
-Y tú haces bien en sonreír, es una de las virtudes más encomiables en un ser humano: su capacidad de siempre permanecer alegre, a pesar de lo luctuoso de las circunstancias que se ciernen sobre él.
-Déjate de esos jueguecitos de mierda. Sé que sabes mucho, me has guiado hasta aquí, me has manejado y quiero saber porqué. ¿Quién eres tú? ¿Qué sabes? ¿Qué es lo que pretendes hacer o que hagamos?
-Como siempre, veo que te muestras intratable y decidido. Está bien, Álvaro, os contaré parte de lo que quieres saber y el resto tendrás que averiguarlo tú, por tu cuenta, ya que yo simplemente me he dedicado a observar.

Dicho esto, el hombre observó a Ana y le lanzó una escueta sonrisa e hizo un gesto de aprobación con la cabeza, mientras el resto de los presentes permanecía callado.

-Las respuestas se obtienen escuchando ¿verdad Ana? –le preguntó sin que obtuviese más que una simple reacción en un leve parpadeo de ojos de la mujer. Como si eso le bastara, el hombre volvió a asentir y se rascó, en un movimiento despreocupado, el mentón antes de empezar a hablar:
-Por todos vosotros es conocido el hecho de que Javier tiene extraños sueños desde hace unos meses. Que no os preocupen mis palabras. Sé muchas cosas de vosotros, más de la que imagináis. También Álvaro ha sido especial, pero él desde hace mucho tiempo; desde que tiene conciencia de sí mismo, incluso antes, podía ver algo más que lo que sus sentidos le ofrecían. Ha tenido desde el principio una conexión con un lugar lejano y misterioso –en este punto Julián quedó en silencio y miró a los ojos a los cuatro, evaluándolos-. Por desgracia esta cualidad única antes era patrimonio de todos los seres humanos. Era el Regalo que les habían otorgado. Pero después... después llegó el tiempo en que se fue perdiendo en la marea del tiempo y con ello, se desató uno de los mayores horrores que el hombre puede llegar a conocer.

“Por desgracia, a pesar de que algunos seguían poseyendo el Regalo, la existencia de éste se fue confundiendo, como ocurre con todo aquello que dejamos arrastrar por el olvido, con las leyendas y la ficción. Pronto formó parte únicamente de las creencias, de meras entelequias de la concepción humana. Esa lejanía propició que algo que necesitaba del conocimiento para seguir subsistiendo adquiriera poco a poco una conciencia de sí mismo...”

-No entiendo... ¿Qué es ese regalo del que hablas? –preguntó Luisa.
-Ese Regalo, mi impaciente oyente, es en parte eso que llamáis “alma”. Muchos hablan sobre ella, la pueden usar en sus discursos y hasta creer que es una idea romántica, pero apenas nadie conoce ya su verdadera esencia. Para simplificar, os diré que es una de las dos partes de la que os componéis: la que define vuestro carácter de seres elegidos. Por desgracia lo único que puede mantener vuestra conexión con el alma, y por lo tanto con vuestra propia existencia, son las manifestaciones de la reminiscencia que ha quedado en vosotros por el contacto con vuestro espíritu durante miles de años. A ese resto residual lo llamáis arte.
-Espera ¿nos estás diciendo, si creo seguir bien el hilo, que los seres humanos estamos perdiendo el alma y que lo único que la mantiene unida a nosotros es nuestra capacidad artística? –dijo Ana, expandidos sus rasgos en una mueca de incredulidad.
-Es un buen acercamiento, sí.
-¿Y qué es lo que ocurre con ese alma? ¿Se va de copas con Satán al Purgatorio? –se burló Álvaro- esto es ridículo.
-Puede que lo sea, en efecto, por eso puedes marcharte cuando quieras o, si lo prefieres, quedarte y escuchar el resto de mis delirios antes, para estar seguro que tratas únicamente con un loco muy bien informado.

Álvaro le mantuvo la mirada al hombre, apretando sus labios y endureciendo sus facciones.

-Veo que te quedas –sonrió Julián- muy bien, entonces prosigo.
“Lo cierto es que esa conexión con el alma se ha ido debilitando. La espiritualidad ha ido dando paso lenta, pero inexorablemente, a un materialismo que os hace comportarnos cada vez menos como seres únicos y más como animales extraordinariamente refinados por un intelecto superior. Mientras todo esto transcurre, el alma adquiere por su propia naturaleza y deseo de existencia una conciencia y forma propia.
-Se parece a la teoría de Gaia –comentó Javier- una pluralidad de conciencias, ignorantes individualmente de la existencia del gran plan en el que se hayan inmersas...
-Bastante buena aproximación también. Veo que me encuentro entre gente culta -hizo una pausa para tomar un poco de aire antes de continuar-. Esa concienciación sirvió para crear una realidad alternativa que fue adquiriendo una forma propia siendo moldeada por la conexión que todavía mantenían los seres humanos sobre ella. Pronto hubo dos mundos. El físico y el, por llamarlo de alguna manera, espiritual. Claramente diferenciados, todavía uno dependía del otro; pero pronto esa dependencia se fue debilitando igualmente, reflejándose cada vez de forma más débil los actos del mundo físico en el espiritual, hasta que sólo fueron pálidas y deformadas representaciones que se fueron independizando de su fuente creadora.
-Todavía no nos has contado nada de lo que queremos saber... ¿por qué eso sueños? ¿Por qué sabías de la muerte de mis padres? ¿Qué tiene que ver todas esas visiones de mi subconsciente con los sueños, con mis padres, con el atentado? –cortó el discurso de nuevo Álvaro, demasiado impaciente como para seguir escuchando.
-Por desgracia Álvaro esas respuestas no te las puedo dar, las has de buscar por ti mismo, pues desconozco la manera de satisfacer tus dudas. Y por eso os he guiado hasta aquí, para que vayas al único lugar donde podrás entender todo. Tienes que atravesar la puerta situada en este trágico lugar. La puerta que Javier ha logrado ver tras entrar en contacto con el cuadro de tu madre.

Las palabras que acababa de escuchar despertaron de nuevo en Javier la sensación de que la puerta estaba justo tras de sí, esperando con sus puertas abiertas a que alguien se sumergiera en la negrura que resguardaba. Se dio la vuelta pero no descubrió los imponentes moles de piedra cortada y encajada que componían el arco ojival. El espacio donde podía intuir la presencia de la construcción estaba únicamente ocupado por el más completo vacío.

-No la verás, ahora que has perdido el nexo, me temo –aseguró Julián-. Necesitas, además, para cruzarla la ayuda de Álvaro, que es el único que puede atravesarla y ayudaros, en el caso de que queráis acompañarle, a hacerlo.
-¿De qué estáis hablando? –Álvaro se removió inquieto y se acercó a Javier, mirando alternativamente a éste y al extraño hombre que les acompañaba aquella noche.
-Estoy hablando de una entrada que Javier ha podido ver en una de sus visiones y que se encuentra justo detrás de ti. Si quieres comprobarlo...

El joven miró por encima de su hombro para intentar averiguar si las palabras que escuchaba eran ciertas. Nada vio en un principio pero poco a poco su percepción se fue alterando y deformando, empañándose la imagen que contemplaba. La realidad se moldeó hasta hacer aparecer, como si siempre hubiera estado allí, la roca desnuda de la que estaba formada el impresionante pórtico. Abrió los ojos desmesuradamente y, apenas conteniendo la sorpresa, hizo un gran esfuerzo por no apartarse del lugar. Tuvo que asimilar aquella aparición, intentando descartarla como un ingenioso truco de efectos especiales. Pero su propia mente se negó a que lo hiciera y lo aceptó como algo muy real, haciendo que sintiera, aterido por el sudor frío que recorría su cuerpo, inundando su cuerpo, la intranquilidad y la angustia.

-¿Tienes vértigo verdad? Es la sensación habitual cuando se puede ver tan de cerca la inmensidad que aguarda al otro lado. Más allá te esperan las respuestas a las preguntas que me has planteado, pero también, tenlo en cuenta, te encontrarás con nuevas dudas y cuestiones. De ti depende pensar si te atreves a aprender nuevos temas que desconocer.

Álvaro, en efecto, se asomó a la insoldable negrura y fue asolado por el vacío al que se estaba enfrentando. Parecía como si tras aquella sombra se escondiera un ser ávido de alimentarse de la existencia del joven y lanzara cientos de brazos y zarcillos que lo apresaban y empujaban y reclamaban hacia su fatal boca. Consiguió zafarse de aquella influencia apartando el rostro de la puerta y fijándose de nuevo en Julián.

Sus tres amigos podían ahora notar con precisión la existencia del portal, aunque no pudieran verla, aunque Javier casi alcanzaba a imaginarla, pues su forma estaba grabada a fuego en su memoria.

-¿Qué vas a hacer? ¿Entrarás? –le preguntó Julián a Álvaro- ¿pedirás a tus amigos que te acompañen si decides entrar?

En la cabeza del aludido bullían cientos de pensamientos. Aquello era demencial, increíble. Sin embargo confiaba fervientemente en aquella puerta. Era la única explicación plausible para creer que su existencia incompleta se debía a que le faltaba algo que conocer, algo que vivir y que hasta entonces había permanecido en su posibilidades como una utopía.

-Entraré –dijo sin querer pensar más-. No quiero razonar y llegar a la conclusión de que todo esto sea una locura. No puedo hacerlo –suspiró, estremeciéndose de pies a cabeza- no puedo pedir a mis amigos que me acompañen a donde voy, sea donde sea. Ya han sufrido bastante –y sin decir más se lanzó hacia la entrada, siendo tragado por la negrura. Ante los ojos de sus amigos su cuerpo desapareció como si se hubiera vuelto invisible al atravesar una cortina transparente.
-Si os dais prisa, podréis seguirlo –comentó Julián, con una enigmática sonrisa destacando en su rostro semioculto por las sombras.

Javier se encogió de hombros y contrajo su rostro en un visaje de simulada indiferencia, atravesando justo detrás de Álvaro el enorme pórtico.

-¿Tendrán bares por allí? –preguntó jocosamente.

Ana y Luisa se miraron un instante, procesando la información que habían recibido aquella noche. Tampoco tardaron mucho en decidirse, puesto que le urgía adentrarse tras sus compañeros. Ambas compartían la impresión de que si no lo hacían, probablemente no volverían a verlos. Andando con cautela, las dos cruzaron el umbral, cogidas del brazo, mirando hacia atrás, reteniendo la imagen de lo que veían.

-Nos vamos de excursión... y yo con tacones –pensó Luisa en voz alta.
-Es que mira que eres pija –le reprochó en broma Ana, justo antes de que ambas desaparecieran, dejando a Julián como el único ocupante del solar.

 



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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   Del tiron
10-02-2004 20:36
Acabo de empezar a leer las cuatro historias y ya voy por la quinta entrega.Me encanta,m gusta como esta escrito Creo que me lo voy a leer todo del tiron,no voy a esperar para saber que pasa!!



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