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Tras reunirse con Higgins en el Potrillo Feliz descubren que el guerrero esta siendo objetivo de algún tipo de magia Elfa que lo acaba llevando a su total recuperacion. Corel se siente en la obligación de viajar a Lauriel tal y como le pedia la dama Elfa que se comunicaba con él. Mientras permanecen en la posada discuten acerca de que hacer y averiguar cual es la situación... desean conocer el verdadero origen de los llamados cartirios y Higgins puede tener encontrar algunas respuestas.
Capítulo 3: El Potrillo Feliz. La Dama de los Elfos.
El “Potrillo Feliz” era poco menos que un agujero excavado en la ladera de una pequeña elevación habilitado para crear en él una taberna. Muchos decían que sus dueños, el matrimonio formado por Janis y Morge Campoire, habían tenido una excelente idea pues sobre la ladera en la que se asentaba la taberna habían construido un hostal, parada obligada para todos aquellos que se vieran sorprendidos por la noche en su viaje por la carretera principal de Baras. No es que no hubiera más posadas por todo el reino pero ninguna gozaba de la reputación, bien merecida por otro lado, de la que disfrutaba el Potrillo Feliz.
Cuando Kira y el grupo llegaron hasta sus puertas la taberna estaba a rebosar. La gente, deseosa de entrar dentro, esperaba agrupada en pequeños grupos charlando. Un pequeño y orondo personaje salía y entraba en el estacionamiento llevando y trayendo bebidas y comidas.
- Perfecto... ¿cómo vamos a encontrar a Higgins aquí?- se quejó Kira.
Nadie reparó en ellos a excepción del orondo hombre. Detuvo su marcha y los saludó con la mano. Edgard, divertido, devolvió el saludo. Tras esto continúo con su trabajo.
- ¿Quién será?- preguntó Thomas.
- Es Morge Campoire...- les informó uno de los hombres que habían ayudado a trasladar a Corel.- Dueño del Potrillo Feliz.
- ¿Ese es Morge?- el enano lo miró sorprendido.
- Oiga, perdone.- le dijo Kira a Morge en un momento en el que cruzaba por su lado.
- Sí, esperen un momento. Enseguida los atiendo... disculpen la espera.
- Es que buscamos a una persona...
- ¡Esperen, esperen!
Morge se acercó a otro grupo y tomó nota en una pequeña libreta. Después, abriéndose paso entre la gente que obstruía la entrada a la taberna, desapareció en ella.
- Será mejor esperar.- opinó uno de los hombres.
- ¡Mago Higgins!- comenzó a gritar Thomas ante las risas de Talot.
- ¡Sí! ¡Sí! ¡Aquí estoy!.- les gritó un anciano sentado en una colina no muy cercana, con vistas a las murallas de Barastur, que se veía a lo lejos, y levantando el brazo animándoles a que se acercaran. Se incorporó y esperó a que estuvieran lo suficientemente cerca.
- ¡Hola! ¡Como me alegro de veros!- les decía mientras los abrazaba uno a uno radiante de felicidad. Al acercarse al nigromante, que observaba la escena inmerso en su habitual mutismo, lo saludó con la mano. - ¡Veo que estáis bien los dos!- abrazó a Edgard y Thomas.- Un momento... ¿y Corel?
- Está allí... en aquella carreta, donde están esos dos hombres.- le respondió Kira secamente.
El mago corrió hacia ellos y observó preocupado a Corel.
- ¿Qué le ha sucedido?
- ¿No lo sabes?- le preguntó sorprendido Talot.
- No, ¿cómo iba a saberlo?
- Pero... ¿no lo curaste tú?
- ¿Curarlo? ¿Cuándo?
- No entiendo... ¿qué sucede aquí?
- Lo mismo me pregunto yo, Kira. ¿De que me habláis? Contármelo todo.
- Nos atacaron los seres que destruyeron Portualias.- le respondió la mujer.- Nos enfrentamos dos veces con ellos.
- ¡Y estáis vivos!- exclamó sorprendido.
- Sí, sin la ayuda de Saulo no estaríamos aquí ahora.
El mago miró fijamente al nigromante.
- Gracias.- le dijo.
- La primera vez fue antes de llegar a Watts. Huimos pero Corel decidió enfrentarse a uno de los cartirios.
- ¿Cartirios? ¿Se llaman así?
- Eso averiguó Saulo... cuando llegamos a la aldea estuvimos esperando a Corel pero no llegó y Edgard decidió ir a buscarlo... en secreto...
- ¿Se escapó?
- Sí, así es. La guardia de Watts hizo una búsqueda para encontrarlos y Talot, Saulo y yo nos unimos a ella. Cuando encontramos a Edgard estaba escapando de cuatro de aquellos seres. Volvimos a enfrentarnos a ellos... y nos habrían matado de no ser de nuevo por Saulo. Escapamos y entonces nos dieron la noticia de que habían encontrado a Corel. Lo habían envenenado con una daga de Martuk pero Wallace, el curandero de Watts, logró detener el progreso del veneno.
- ¡Ese curandero debe ser excepcional!
- Pero cuando veníamos hacia aquí, en el tralla, se curó milagrosamente. Pensé que habías sido tú...
- ¿Yo? ¿Kira? ¿cómo? ¿cuándo?
- No... no lo sé.
- ¿Y si está curado por qué está así?
- Lleva todo el viaje balbuceando cosas... delira... habla de una dama elfica... de guerras... incluso nombro al Elfo Gashbriel.
- Que cosas más extrañas.
- Pero si no has sido tú... ¿quién?
- No lo sé... tal vez esos delirios de Corel no sean tales...- opinó Higgins.
- ¿A que te refieres?
La conversación fue interrumpida por el mismo Morge. Los observó con curiosidad, se carraspeó la garganta.
- ¡Siento muchísimo la espera! ¡Siento también que no puedan encontrar espacio dentro de la taberna! Pero... estamos totalmente desbordados. ¡Cualquiera diría que la gente huye de la misma Barastur! Cosa imposible, por supuesto.
- No tiene porque pedirnos disculpas.- le disculpó Talot.
- ¡Oh! Claro que es necesario. A su servicio, Morgen Campoire.- les hizo una reverencia.
El grupo hizo lo mismo a excepción como no de Saulo.
- Que grupo tan extraño de gente, ¿no? Les diré si me permiten comentarlo. ¿Están de paso o se van a quedar unos días?
Kira miró interrogante a Higgins que mantenía la mirada fija en aquel orondo personaje.
- Yo... no, no lo sé. ¿Higgins?
El mago pareció sorprenderse.
- ¿Eh? Oh, no. No creo que nos quedemos mucho tiempo. En cuanto nos sea posible nos iremos de aquí.- respondió con tono misterioso. Kira permaneció unos instantes mirándolo curiosa.- Pero si fuera posible si nos sería conveniente alquilar una habitación en el hostal de la taberna... nuestro amigo no se encuentra bien.
- Habitaciones... habitaciones...- comenzó a repetir el pequeño hombre pensativo. Después pegó un pequeño brinco y dibujó una sonrisa en su rostro.- Creo que hoy mismo una se queda libre. Es espaciosa, bien ventilada, creo que sería perfecta para ustedes.
- ¡Pues perfecto entonces!- concluyó Higgins.
- Pero no quedará libre hasta bien entrada la tarde. Tendrán que esperar.
- No hay problema, gracias. Estaremos por aquí.
Morge se alejó pegando pequeños saltos pero a meno de diez metros de distancia se detuvo y volvió tras sus pasos.
- ¡Que despiste! ¿Desean algo?
El grupo se miró entre sí.
- Creo que no...- respondió el mago.
- Yo aún no he desayunado.- se quejó Talot.
- Edgard, Thomas, ¿no tenéis hambre?.- preguntó Kira.
Los niños negaron.
- Bien, pues traiga solamente comida para Talot.
- ¿Aquí fuera? No,no,no. Venga, conmigo, amable señor y le mostraré el menú.- le sugirió Morge a Talot mientras se dirigían hacia la entrada del Potrillo Feliz.
- ¿Qué te dijo el Gremio?
- Kira, no creo que sea momento de hablar acerca de ello. Está noche os hablaré de ello.
- Están pasando cosas muy raras... no entiendo nada...
- No te alteres. Ni yo mismo sé muy bien que sucede...
Corel se agitó comenzando a balbucear de nuevo. Higgins se acercó hasta él y sujetó con fuerza su mano.
- ¿Y lleva así desde ayer?
- No lo sé muy bien. Creo que desde hoy por la mañana.
- Gashbriel...- susurró el guerrero.- Dama... ¿qué me pasa?
- ¿Ves? Delira.
- Calla un momento... Corel... ¿puedes oírme? Soy Higgins.
- El cáliz está vacío. La guerra... la unión...
- ¿Qué guerra? ¿qué unión? Kira, sujétame el bastón.
- ¿Qué vas a ha hacer?
- Quiero saber que es lo que está viendo.
- ¿Puedes hacerlo?
- No es un conjuro demasiado difícil...
Silencio, déjame que me concentre.
El mago comenzó a susurrar unas extrañas palabras y tras ello su cuerpo se puso rígido. Se sintió desfallecer y comenzó a ver algo.
- Un valle... unas montañas... el cielo... parece sangrar...- dijo con dificultad.- Dos bandos... hombre y Elfos... van a enfrentarse...
- ¿Entre ellos?
- No... no... contra un mal mayor... una fortaleza... la batalla va a empezar... ¿Quién es? ¿Quién es esa mujer?
- ¿Qué mujer?
- Sostiene una copa.
- ¿El cáliz del que habla Corel?
- Es... es una Elfa.- susurró ignorando la pregunta.- No puedo... no puedo más... es demasiado para mi...
Soltó la mano de Corel y calló al suelo tembloroso. Algunos de los hombres que estaban en el lugar se quedaron mirándolo.
- ¿Qué? ¿Qué te pasa?
- Magia Elfa... contra eso no puedo hacer nada...
- Magia Elfa. ¿La están utilizando con Corel?
- Sí.
- ¿Por qué?
- No tengo las respuestas a todo, Kira. Corel está presenciando algo que está por venir... eso creo, creo haber intuido que esta teniendo una visión del futuro tan oscura como el más negro de los abismos. Gashbriel y todo su ejercito de Elfos están en su visión, también creo haber visto Hombres...
- ¿Y esa Dama?
- Es raro. Parecía como si ella estuviera fuera de lugar, sujetando ese cáliz. Tal vez sea la que está llevando a Corel ha ese estado de aparente locura.
- ¿Crees que puede matarlo?
- No, no. Sí de algo estoy seguro es de una cosa... lo está ayudando. Muy seguramente haya sido esa Elfa la causante de esa milagrosa curación.
- Elfos... ¿qué tienen que ver en todo esto?
El mago se encogió una vez más de hombros.
- Al menos ahora parece más relajado.- dijo en relación a Corel que parecía descansar más placidamente.
- Hablan de cosas muy extrañas... Elfos, guerra...- comentó uno de los hombres.
- Perdonen a mi compañero. – se disculpó el otro.- No queremos ser groseros pero nosotros debemos de irnos ya. Nos esperan.
- ¡Ah! Sí, claro. Perdón, me había olvidado por completo de vosotros. Higgins, ayúdame a bajar a Corel de la carreta.
- No, no. No hace falta. Díganle a Morge que nos haga el favor de meterla en su establo, mañana por la mañana regresaremos a por ella.- les dijo uno de los hombres.
- ¡Gracias, de verdad!- exclamó Kira sonriéndoles.
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