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¿Quién dijo que los ladrones no corren riesgos en su trabajo? a esta pareja se le atravesó su fechoria.
Era una noche de invierno. En el descampado donde descansan Luar y su adoptado, Rick, esta nevando.
Luar en una de sus guardias estaba apoltronado contra un enorme tronco caído en la orilla del descampado, tallando lo que ya empezaba a tomar forma de un colibrí de pico cerrado. Siempre había tallado la madera con una antigua navaja que conservaba desde su niñez.
Se disponía a levantarse cuando divisó una figura tras el follaje. Luar, con los movimientos de un experto cazador comenzó a acercarse hacia la extraña silueta; sigiloso, alcanzó unos arbustos desde los cuales divisó a dos hombres a no más de tres seis metros, que discutían la mejor forma de robar a Rick, que se encontraba durmiendo placidamente junto a la hoguera semi-extinta.
Rick venía de una familia de esclavos que murieron quemados tras intentar una rebelión contra su señor. Luar encontró a Rick, con 15 años, vagando solo y desorientado por el bosque, tras escuchar su trágica historia decidió adoptarle hasta que fuera capaz de sobrevivir por si mismo.
Cuando los ladrones comenzaban a adentrarse en el descampado, una antigua, pero afilada navaja atravesó la rótula de uno de ellos, que cayó al suelo gritando y revolviéndose agonizante. Cuando el otro ladrón se giró, advirtió como un hombre de complexión bastante grande se acercaba a todo correr mientras desenvainaba una larga espada.
El ladrón desenvainó su espada ancha, aún estupefacto por el giro de las circunstancias.
Luar se acercaba a todo correr hacia el sorprendido ratero y arremetió con un golpe que el ladrón desvió a duras penas
- Entrar en este descampado ha sido un grave error, que vais a pagar. -Dijo Luar en un tono templado y convencido.
El ladrón arremetió a la desesperada con un golpe de espada poderoso pero desequilibrado; Luar, con un movimiento tremendamente rápido desarmó al ladrón que, totalmente aterrado, se dejó caer de rodillas sobre la nieve.
Aún gimoteaba palabras incomprensibles para el oído humano cuando un espeluznante grito le hizo levantar la vista y ver que el extraño humano, tras haber recuperado la navaja atrapada en la rótula de su compañero, se alejaba hacia el centro del campamento.
- Marchaos, sois tipos afortunados.
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