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Un relato de un ataque silvano a sus primos de Ulthuan.
Tensé el arco, apunté y...
-¡cómo se te ocurre fallar eso!
La voz de mi capitán retumbó en el bosque.Estaba tenso. Se notaba. Algo debía pasar.
-¡no me mires así!
Ahora sí estaba seguro.
Tras nuestro duro entrenamiento regresé a mi dulce morada a disfrutar de su calidez, cuando algo me heló la sangre.
Era un sonido distante, muy lejano, pero muy nítido y audible. Era el cuerno de Orión. Nunca se había usado... hasta ahora.
Me quedé en el lugar donde estaba a espera de acontecimientos, cuando una mano rugosa me apretó fuertemente el hombro. Aquello me sobresaltó. Resultaba ser una dríade. Su voz ronca era casi ininteligible, pero pude sacar alguna idea de lo que balbuceaba.
Era un mensaje del capitán y decía que debía ir YA hacia El Claro De Loren.
Me armé con mi arco y mis flechas y fui allí tan rápido como pude.
Cuanto más me acercaba, más se oía aquel cántico, que era nuestra declaración de muerte a esos herejes de Ulthuan,traidores de la herencia élfica.
Comenzó la guerra. No hay vuelta atrás. Los cuernos resonaban y se oían en los castillos bretones, los bailarines entonaban cánticos y todos nosotros éramos un bosque.
Los espíritus nos apoyaban y teníamos que aprovechar esto.
Fuimos hasta el castillo del Rey bretón, que estaba acurrucado en su sillón, temeroso de una posible invasión. Qué cobarde era aquel hombre.Éste agradeció su gesto de alianza y nos proporciono algunas armaduras y monturas.
Comenzaba la gran marcha. Nos dirigíamos a Tilea para comprar algunos barcos, que nos regalaron (un tileano regalando cosas?????????) extrañamente.
Zarpamos el día siguiente. Nuestros magos hicieron más llevadera la ruta y llegaríamos a Ulthuan antes de lo previsto. La calma reinaba en los barcos, pero todos sabíamos que no era así.
Todos estábamos melancólicos. Unos daban vueltas, otros tenían la mirada perdida, otros fijaban la vista al mar. Athel Loren estaba lejos, qué iba ser de ella, preguntaban algunos.
Orión pareció darse cuenta de esto y arengó a sus desmoralizadas tropas, que afrontaron el viaje con fuerzas renovadas y cánticos de guerra.
-Hemos llegado-.
La fortaleza era imponente. Las torres parecían llegar al mismísimo cielo y las puertas brillaban deslumbrando a todos. Orión hizo callar a los maravillados elfos, argumentando que todo esto es obra de Khaine.
Hizo sonar el cuerno. El ejército alto elfo salió de sus puertas y parecía estar dispuesto a defender lo suyo. Tyrion miró con arrogancia a sus primos, son unos salvajes, fue lo que dijo, lo cual sería su perdición. Orión hizo sonar otra vez el cuerno y gritó:
-¡Por Kurnous, el cazador!
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