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Esta mexicana, que es mucho más que la invitada de La Ley para su MTV Unplugged, sigue cosechando los frutos de Lotofire, su último trabajo. Con visitas esporádicas a nuestras tierras chilenas, se ha ido ganando el respeto de toda la escena musical sudamericana.
Ely Guerra se inició en esto de la música no porque creyera que tenía talento, sino porque era su vocación. En su familia siempre anteponían las disciplinas atléticas antes que las artísticas, y se dio cuenta que la música era el vehículo para expresar sus sentimientos.
Era una niña a la que le desarrollaron un gran sentido atlético por encima de otras disciplinas. Su primer contacto con lo que sería su carrera fue a través de la música portuguesa que escuchaba su vieja. Siendo adolescente se acercó mucho a la música cubana y ahora escucha a P. J. Harvey y Joni Mitchell, entre otros.
Surgió, bajo su propia definición, como una cantante de pop-rock. Su primera producción, Ely Guerra, fue un tibio comienzo, que no reflejaba para nada quién era ella realmente y qué quería transmitir.
En su segundo disco exhibió considerables avances en el terreno lírico y musical. Este material, realizado bajo el sello EMI, llamado Pa' morirse de amor, fue el verdadero comienzo de la carrera de Ely Guerra. Pero llegó el turno de LotoFire (mezcla entre la flor de loto y "fire", "fuego" en inglés), nombre de su tercer disco, publicado en 1999 y editado en Chile recién ahora. Con este disco se sitúa como un talento importante en el panorama del rock mexicano. En el disco participaron músicos importantes como Chris Whitley, quien tocó con Arto Lindsay.
En agosto de 1998, aparece junto a Julieta Venegas en la portada de la prestigiosa revista estadounidense Time, donde impactó a sus seguidores al presentarse rapada. ¿Por qué lo hizo? Quería que sólo la tomaran en cuenta por su talento musical y no por lo bonita que es. Y lo hizo sin preguntarle a nadie.
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