Valente (Cuarta Parte) |
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18-02-2003 16:05
Por: Beetlejuice
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Encrucijadas, caminos, cambios, dolor... todo te lo depara la vida... todo lo tienes que sobrellevar...
Capítulo cuatro
Ambos guerreros corrieron, en dirección al mercado donde, según el criado de Ana, había un disturbio ocasionado por seguidores de la Dama Sangrienta. Según lo dicho por el sirviente, los asaltantes eran magos y eran tres. Vengerin iba delante de Valente al principio pero pronto este la adelantó, corriendo hasta el mercado cercano con una velocidad inusitada, deseoso de llegar. Vengerin iba ligeramente detrás de él cuando los dos llegaron al mercado… o a lo que quedaba de él. La escena era dantesca: puestos quemados, llamas, gente corriendo, gritos y risas… las risas de los tres magos que estaba en el centro de todo aquel alboroto y que obviamente habían provocado.
Los dos guerreros se quedaron un rato observando a los magos. El que vestía la túnica más adornada parecía el jefe del grupo. Era un humano, de pelo cano, largo y suelto libre hasta la cintura. Vestía una túnica muy adornada, tanto que llegaba a exagerar. Era roja, con multitud de adornos dorados y azules. También llevaba al cuello unos cuantos collares y las muñecas llenas de pulseras de oro, también sus orejas estaban adornadas con unos pendientes enormes del mismo dorado metal. Vestía una capa azul, de lino o algún tipo de tela similar, con adornos y bordados en dorado y rojo. Su apariencia llamaba la atención por su ostentosidad y por sus ademanes de líder. Los otros dos magos iban ampliamente más sencillamente vestidos. El elfo, un elfo alto y bien parecido con el cabello negro azabache, llevaba una túnica de color pardo, con una capa del mismo color, más o menos, solo algo más oscuro. Este lucía un simple collar y una pulsera en la mano derecha. El otro mago era obviamente un ogro, era alto y de un aspecto desagradable. Vestía una túnica con armadura en la parte superior, no llevaba ni adornos ni nada similar… era el que más alto reía de todos ellos.
Después de observar la diversión de los magos un rato no muy largo, ambos guerreros se acercaron a ellos. Los hechiceros notaron la presencia de ambos y los miraron con sorna, con esa diversión maligna latente en sus ojos.
-Vaya… si son el gran Valente y su compañerucha. Es todo un honor, ¿verdad, chicos? –el líder de los magos habló, con un extraño acento en su tono de voz, a parte de la evidente burla de sus palabras.
-Si, Askapio, es todo un honor tenerlos aquí, ¿venís a nuestra fiestecita? –la voz del orco era la clásica para los de su raza.
-La fiesta se terminó para vosotros –el tono de Vengerin era de increíble decisión, como siempre que ella hablaba, rara vez había duda en su voz.
-¿Qué? ¿Vuestro amiguito elfo no va a soltar ningún chascarrillo ni ninguna frase de chico malo asusta-niños? –Valente, siempre con su burla por delante, le habló al grupo… pero, aunque estaba bromeando, su rostro estaba mortalmente serio y duro.
Los tres magos rieron a la broma, era una risa algo falsa, se notaba, pero aún así rieron. Vengerin aprovechó para ir poniendo su mano en el puño de su espada, lista para desenfundar al menor movimiento de los lanzadores de conjuros.
-Nuestro amigo Affy no habla mucho, eso si… -el líder del grupo soltó una risa siniestra –lanza unos conjuros muy buenos.
Nada más decir esto, el elfo empezó a lanzar conjuros, proyectiles mágicos y orbes cromáticos en su mayoría, pero a gran velocidad. Vengerin y Valente empezaron, cada uno por su lado, a esquivar la magia del mago. Al final, Valente terminó agachado detrás de una enorme fuente del mercado y Vengerin no muy lejos, detrás del muro de una casa derruida. Los magos, ante el estruendo provocado por su compañero elfo y ante los rápidos movimientos de los guerreros, pronto les perdieron la vista.
-Ese mal nacido lanza conjuros de forma muy rápida –comentó Vengerin en baja voz al cercano Valente –es magia intuitiva, estoy casi segura.
-Bueno y ¿Cuál es el plan? –Valente oteaba por encima de la fuente, sin arriesgarse mucho, para controlar los movimientos de los magos.
-¿Plan? ¿Quién ha hablado de un plan? –Vengerin no podía observar sin ser vista, por lo que se mantenía perfectamente oculta.
-Vamos, Vengerin, no me bromees, tú siempre tienes un plan, ahora lo tienes también –Valente tragó con fuerza -¿Verdad?
-Claro que tengo un plan –Valente sonrió ante las palabras de su compañera –El plan es salir con vida mientras les zurramos a los malos, aunque nos superen en número y poder.
-Y… ¿Cómo lo hacemos? –Valente tenía algo de desesperación en su rostro.
-¿Y yo que sé? –Vengerin admitió con franqueza.
Valente iba a replicar, pero un estallido brutal cortó la conversación en seco, al estallar tanto la fuente como el muro cercano, empujando a ambos guerreros lejos. Cuando el humo se disipó, los tres magos estaban allí, de pie y delante de ellos, mirándolos con amplia cara de burla y malicia. Los tres magos llevaban en sus manos unas esferas luminosas. Valente miró a su compañera, preguntándole con los ojos que qué conjuro era ese… pero la mirada que le devolvió Vengerin le decía claramente que no tenía ni idea.
-Vaya, compañeros… me parece que la Gran Dama Sangrienta se va a sentir muy satisfecha con esto –el líder parecía que disfrutaba mucho con su trabajo, se notaba en el tono de su voz.
Pero algo pasó que ellos no previnieron… Un fuego súbito subió desde el estómago de Valente al oír pronunciar el sobrenombre de la demonio. El fuego subió, en una oleada súbita que le lleno el pecho, le inflamó el corazón y se reflejó en sus ojos. Para cuando los tres magos pudieron ver el fuego terrible que se reflejaba en los ojos del guerrero, ya fue tarde. Valente se levantó del suelo con una velocidad brutal, tomando su espada, espada que empezó a refulgir de un color azul brillante, y seccionando las tres manos de los tres magos de un solo tajo limpio y terriblemente rápido. El dolor llenó las mentes y los cuerpos de los atacantes mientras Valente se paró, respirando con evidente dificultad y mirando a los tres conjuradores. Vengerin, sobrepasando su sorpresa inicial, se levantó rápido también y desenvainó, poniéndose al lado de su compañero y en frente de los magos. Los hechiceros todavía bramaban y maldecían, agarrando cada uno sus muñones apuntados y sangrantes, sin pensar en nada más y sin poder hacer nada más. Cuando Valente consiguió, después de lo que a él le pareció un esfuerzo inhumano, respirar de nuevo a un ritmo más o menos normal, se colocó muy cerca del líder de los magos y le habló con tono no muy sereno.
-Ahora me vas a decir donde se esconde ella, o te cortaré algo más que la mano –Valente afianzó su argumento acercando la espada a su oponente herido.
El mago miró con una rabio contenida y con evidente impotencia a los dos guerreros pero en especial le dedicó una mirada de odio a Valente. El guerrero ni se inmutó, solo se limitó a acercarse más a él, impaciente. El mago abrió la boca, parecía que iba a decir algo… pero fue cortado por el sonido de la guardia de la ciudad, acercándose al grupo. Vengerin envainó su arma y se paró con los brazos cruzados delante de los magos, justo cuando un grupo muy nutrido de soldados rodearon tanto a los magos como a los guerreros. Valente solo relajó su postura, nada más, no envainó su espada ni nada similar, siguió allí, con su arma desenvainada y esperando. De entre el grupo de guerreros salió uno que destacaba por encima de los demás por su uniforme. Los otros vestían armaduras completas y portaban lanzas, parecían un grupo muy armado y compacto pero este soldado vestía diferente. Su armadura laminada era muy hermosa de contemplar solo por su brillo. Sobre su pecho, un escudo con los símbolos de la ciudad… su gran muralla y sus gárgolas, todo en dorado. Su casco no le tapaba la cara, la cual se veía perfectamente. En lo alto del casco, una enorme pluma roja, que lo hacía resaltar por encima de sus soldados.
-¿Qué ha pasado aquí? –Preguntó el hombre con tono muy calmo… un hombre muy guapo, según lo poco que se veía.
-Estos hombres –dijo Vengerin –han provocado todo esto con su magia, nosotros los hemos detenido.
-Nosotros no hemos hecho nada, señor –el elfo se sobrepuso al dolor y fue el primero en hablar –Han sido ellos, nosotros los queríamos parar pero ya podéis ver cómo nos han dejado.
-Son siervos de la Dama Sangrienta, señor –dijo con esfuerzo el líder de los magos.
-Maldito mentiroso… -Valente, se abalanzó sobre el mago, intentando darle una estocada pero los guardias y la propia Vengerin lo pararon justo a tiempo.
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