|
LA CARAVANA:
Ocurrió que hace ya algunos años, no demasiados, jugamos una campaña de D&D mi grupo habitual y yo. Gracias a Dios mi amigo Iky iba a ser el master, y yo por fin podría jugar (en realidad no me gusta hacer de master, solo escribir módulos). A modo de resumen, pues fueron muchas sesiones de varias horas, repasaré un poco la trama y las anécdotas, a mi parecer, más divertidas.
LA CARAVANA:
Ocurrió que hace ya algunos años, no demasiados, jugamos una campaña de D&D mi grupo habitual y yo. Gracias a dios mi amigo Iky iba a ser el master, y yo por fin podría jugar (en realidad no me gusta hacer de master, solo escribir módulos). A modo de resumen, pues fueron muchas sesiones de varias horas, repasaré un poco la trama y las anécdotas, a mi parecer, más divertidas.
El viento rugía, y yo, Eric Maenthill, Hechicero de Batalla elfo gris, vagaba por las planicies en busca de venganza; paré a descansar mi errar, cuando una caravana de mercaderes llamó mi atención. Basta con decir que algunos nos alistamos como guardianes (la verdad es que había gastado mi último oro hacia tiempo) y partimos con la caravana tan pronto estuvo lista. El grupo lo componían, aparte de mí, un minotauro berserker (Conan, creo que se llamaba... original el nombre), un paladín-samurai llamado Helber, un guerrero-mago-ladrón-sacerdote de nombre Rankón (y porque no podía coger más clases, que si no...) y yo mismo, un hechicero de batalla (es un kit de guerrero mago, algo así como un hechicero guerrero ducho en las artes de la guerra y la estrategia) de cabello negro, buen porte y marcadas canas. Me agradaba viajar en compañía... poco sabía yo de la mala suerte (o ineptitud pura y dura, de la que yo tampoco me libré) que nos acompañaría.
Nuestro primer escollo fue un concurso de fuerza, al que se apuntó nuestro gargantuesco minotauro... El caso es que olvidamos leer la letra pequeña, en la que, por decirlo de algún modo, se advertían las trampas que seguramente usarían los contendientes. El caso es que la cosa se puso fea, y ambos guerreros se estaban matando encima del cuadrilátero, así que disimuladamente, o eso creía yo, intervine con mi magia... Lo que, unido al carácter de Rankón provocó una pelea de bar de proporciones épicas. Yo, de convicciones netamente "pacifistas" procuré ayudar a mis compañeros sin segar ninguna vida, tratando de poner en marcha una "retirada estratégica", pero nuestro buen "multiusos" empezó a convocar una esfera de energía mágica en medio del atestado salón (he de confesar que lo incité a hacer algo de magia, aunque no pensé que tratara de volar el local... con nosotros dentro)... Escapamos a duras penas con el cuerpo malherido de nuestro forzudo.
Más tarde el paladín se ocupó del minotauro, sanando sus heridas más graves con su poder sagrado (esto iba a ser la tónica del viaje, ya que el samurai paladín se paso media aventura curando al minotauro). Todo iba bien hasta que, cabalgando junto a la caravana algo nos asaltó... eran sabuesos de ojos rojizos, y nuestros ataques parecían no causarle efecto alguno, pues sus heridas sanaban al instante... eran sabuesos troll. Desenfundando mi Fangflight, mi recién obsequiada espada larga, cargué contra uno de ellos... que se aferró a mi brazo derecho, dejándolo inútil y obligándome a pelear tan solo con mi daga. Al resto tampoco le iban demasiado bien las cosas, pues el minotauro calló inconsciente sobre su enorme caballo, no sin antes acabar con uno de los asquerosos perros infernales. Esa noche sobrevivimos por poco... lo cual iba a ser algo común a partir de entonces.
Tiempo después, una vez hubo sanado mi brazo (primero sanó el minotauro, lo que propició que algún que otro enfrentamiento lo afrontase a brazo zopo), topamos con una ciudad algo extraña. Las gentes del lugar temían "algo", pero rara vez hablaban... así que mi pintoresco grupo y yo decidimos investigar. No obtuvimos gran cosa, así que volvimos a la ciudad dispuestos a divertirnos un poco. Yo por mi parte trataba de convencer a una bella campesina de lo hermoso del amor libre, aunque si he de ser sincero parecía un poco reacia... no solía ser libertino, pero aquella noche no quería ser el único que quedase sin pareja... más aún con algún que otro esperpento algo "amanerado" que rondaba por ahí, así que decidí recurrir a mi magia para impresionarla, a fin de cuentas era de noche, ya recuperaría mis hechizos estudiando por la mañana; aunando fuerzas invoqué un pequeño muro de hielo, pues la manceba aún no me creía mago poderoso... ella quedó con la boca abierta... demasiado abierta y demasiado tiempo en ese ademán... ¡se había convertido en madera!¡y el resto del poblado también... y yo estaba siguiendo el mismo camino!. Instintivamente me aparté, jadeante y sudoroso (mas no por lo que a mi me hubiese gustado) y corrí, tullido, en busca de mis amigos. Tras los saludos precipitados y los aún más acelerados preparativos partimos de nuevo a investigar la situación. Al cabo de unos minutos topamos con una especie de manada salvaje... de perros de... ¿madera? ¡quien sabe!, yo no me paré a preguntar... con un crepitar de mis ropajes de mago alcé mi voz... "¡¡¡¡¡Bola de fuego!!!!!!!"... el proyectil de llamas impactó en el centro de la manada, desperdigando a sus miembros y eliminando, según creo, a más de una bestia.
|
 |