Red Hot Chili Peppers en Madrid |
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29-01-2003 17:53
Por: Making
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Cuesta creer que grupos como Red Hot Chili Peppers puedan colapsar por dos días consecutivos el Palacio de Vista Alegre a precio de 30 euros. Pero eso era debido a los muchos escépticos que pensábamos que los guindillas picantes californianos se encontraban hace tiempo bajando la ola que les había llevado tan lejos años atrás.
 Anthony Kiedis |
Nos equivocábamos, están en la cresta y después del concierto que dieron en Carabanchel me tendré que tragar mis palabras con chili picante. Los Red Hot tienen sobre el escenario más tablas que nadie y cada miembro del grupo es un excepcional virtuoso de su instrumento. Pero además tienen algo que no se aprende con el tiempo; están completamente locos.
Están como para encerrarlos, pero cuando esos cuatro sujetos se juntan ante 15.000 personas, no hace falta nadie más para llenar un enorme escenario y dejar que esa locura se prenda entre el público más rápido que la pólvora.
Sin más preámbulos encendieron a la concurrencia con un directísimo By The way que hubiera bastado para lapidar a los detractores de su último trabajo. Después un tenue paseo por las canciones del Californication (Around the world, Scar Tissue) nos llevamos la primera sorpresa de la noche: Frusciante, el más introvertido de la banda, aparece sólo en el escenario, guitarra en mano y se marca un "All the young dudes" de David Bowie que no se lo esperaba nadie.
 John Frusciante |
En el repertorio la fórmula que se aplicaría durante todo el concierto la que emplean todas las estrellas anglosajonas que nos visitan "He venido a presentar mi último trabajo y punto", no hubo más de cuatro o cinco clásicos en un concierto que sobrepasó la hora y media.
A todos aquellos que como a mí, su último trabajo les parezca insoportable, deberían haber estado escuchando allí sus canciones. En directo, los temas de pop fofo de "By the way" mutan en rock sin concesiones, aunque siempre quedará el vacío del punk y la cera que daban tiempos atrás. El gran ausente de la noche fue el "funky", no parecían el mismo grupo que salía a tocar en los conciertos de George Clinton y con la gran familia del funk de la Costa Oeste. Pero bueno, para compensar toda está carencia los músicos realizan unas improvisaciones pactadas que hacen que el público se suba por las paredes.
 Chad Smith |
Tras una hora larga de concierto nadie se había sentado aún en la grada, los de abajo todavía resistían la tormenta chileriana dando saltos. Y aunque a mitad del concierto se habían vivido las horas más tranquilas se rompió la calma con una frenética versión que no podía faltar; ese Fire de Hendrix a doscientos por hora que se ha convertido en su estandarte desde finales de los ochenta.
Un emocionadísimo Flea (bajo) nos despedía lleno de buenos sentimientos, "el amor lo es todo, muchas gracias" decía con cara de niño y vestido tan sólo con unos pañales naranjas. Sinceramente creo que ellos estaban tan emocionados como el público, algo que ocurre en muy pocos conciertos y que hace que la cosa marche muy bien.
 Flea |
Parece cerrar una estupenda velada, un Under the Bridge que nos hizo mirar atrás, pero sin nostalgia. Han cambiado, es cierto que son indiscutiblemente más blandos, pero tienen mucha mecha, mucha creatividad y lo mejor, siguen estando completamente locos.
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