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El Amor de la Muerte (final)


Terror y Supense

18-03-2003 17:01
Por: DreamLord

Al fin conoceremos cual es el destino de aquellos dos caminantes que dejamos dormidos en el banco de un parque

El amor de la muerte (final)



Se había hecho de día, pero como terminaría?



Un buen rato después, cuando Mimi ya había dormido suficiente, se levantó, dándole las gracias y estirando sus músculos entumecidos.

-Que hora es?…

-Mmm…espera que lo miro…

-Es igual, no lo hagas, es temprano todavía, con eso me basta.



Él sonrió y se levantó despacio, entumecido también por aquella postura algo incómoda; no, no estaba demasiado acostumbrado a dormir sentado en bancos del parque; aunque el despertar había sido el más dulce que recordaba en años.

Y hubiera seguido recordando más cosas de tiempo atrás, si no hubiera visto a Mimi correr sobre la hierba con los pies descalzos, hacia alguna gente mayor, vestida toda con ropa de deporte, practicando Tai-Chi.

Tomando sus botas, se dirigió hacia donde se encontraba y la admiró un rato, mientras ella imitaba los movimientos de los ancianos.

-Oh, vamos ven, no me dejes sola.

-Oh no, yo no sé de estas cosas…

-Venga, sí que sabes…-Mimi sonrió de una manera que nadie hubiera podido resistir, pero él no acudió por su sonrisa, aunque era encantadora por sí misma, sino porque tenía la sensación de que ella sabía de sus habilidades.

Se puso junto a ella y tomándola de las manos la guió despacio por el aire, acercándose al suelo como si fueran mariposas, desplazando sus pies en movimientos coordinados, como si ella no tuviera necesidad de ayuda, pero se sintiera a gusto con su presencia.



Cerraron los ojos y sus manos unidas acariciaron el viento, y las hojas que un árbol iba perdiendo despacio. Tras un buen rato, fueron ralentizando sus movimientos, hasta quedar detenidos, y sólo entonces abrieron los ojos.

-Mmmmm… no hay nada como un poco de ejercicio relajante antes de comer ¿verdad?

-Sí, tienes razón…



Mimi se puso las botas y miró a su alrededor.

-Qué comemos?.

-Pues no sé ¿qué te apetece?

-Hace tiempo que no hago una buena comida…

-De acuerdo.



Lo que menos se imaginaba es que una buena comida iban a ser dos bocadillos de queso fresco y pan con tomate, no es que fuera mala comida, sino que imaginó algo con más sustancia, sentados en sillas y alrededor de una mesa.



-No te gusta el bocadillo?.

-Si, está bueno…- Y siguió masticando, acompañado de aquella chica tan especial.

Siguieron paseando y miraron juntos las callejuelas estrechas de la parte vieja de la ciudad y, mientras paseaban, Mimi hizo alarde de una memoria sorprendente, narrándole historias que parecían salidas de la imaginación más inverosímil de un cuenta cuentos. Poco a poco, la tarde se iba oscureciendo mientras ellos hablaban y se contaban cuentos, historias y sin darse cuenta, sus manos hablaban su propio lenguaje.

Despacio, como si todos los caminos condujeran al mismo lugar, y llegaron a un parque escondido en la ciudad, con unos pocos árboles que enceraban unas farolas de principio de siglo.

Se adentraron despacio, apartando ramas sin podar, y viendo algún que otro gato pasar delante de ellos.

Al final, cansados de tanto pasear, se sentaron en el banco del parque y respiraron durante un rato, mientras de fondo, el podía oír el sonido de los mecanismos automáticos de las farolas, que poco a poco se iban encendiendo.

Mimi entonces se levantó de un pasmo.



- Que hora es?

- Casi las nueve…faltan…mmm…ocho minutos.

- Yo, verás…tengo que irme ya…pero…

- Pero?…no te preocupes, si has de irte, vete, ya nos veremos si tu quieres…-



Mientras Mimi parecía debatirse entre la vida y la muerte, él sentía que la perdería para siempre, como cada vez. Era la misma sensación que sentía cada noche, como si perdiera algo, pero nada podía hacer, así que se resignaba a aceptarlo y vivir lo mejor posible.



-Dime, ¿qué te queda aquí?…

-¿Aquí?…no entiendo la pregunta…

-¡Oh, vamos! ¡Recuerda!, ¡Recuerda de una vez!…



Mimi se irritó visiblemente, aunque una lágrima negra como el azabache corría por su mejilla…mientras todas las farolas terminaban de encenderse…



-Mimi, no sé que deseas que recuerde, no acabo de entenderlo…

-Cada noche te sientes solo, Cada noche te parece perder algo, pero te resignas, y lo aceptas, ¿verdad?

-Eeeee…sí, pero ¿qué? y ¿cómo? ¿sabes tu algo al respecto?

-Tengo que irme…y todo terminará…



Se acercó a Mimi y la miró a los ojos, sin saber qué vería, pero con la esperanza de que tal vez ella se calmase un poco…pero lo que vio fue algo distinto…Fue una mirada de adiós, una mirada que creía conocer, pero que no sabía localizar en su memoria. Hasta que alguna neurona suelta, recordó su antigua función, y devolvió parte del recuerdo que Mimi le había abierto al dejarle reflejarse en sus ojos.



-Hace mucho tiempo…recuerdo…

- ¡Sí! ¡Recuérdalo, por lo que más quieras!



Aquellas palabras de Mimi le golpearon como si fueran un tren a toda velocidad…”por lo que más quisiera…por lo que más quisiera…”…Ella…ella tenía algo que ver con aquellas cinco palabras.

La tomó de las manos y muy despacio besó sus palmas…



-Ya tienes que irte?…

-Sí…nada puedo hacerle…

-Te echaré de menos…

-No lo harás…no tienes memoria…



Él la miró, despacio, mientras una lágrima caía de su mejilla… Ahora sí tengo memoria, te recuerdo…recuerdo hace cien años, cuando me dijiste que volverías…y aquí estás…



-He de irme…

-Lo sé…

-Oh, maldita sea…



Mimi separó sus manos y despacio comenzó a alejarse, y mientras lo hacía, el entonó unas palabras…



Y recordaré tus suspiros…

y recordaré tus palabras…

y los haré versos…

deseando ser piedra,

para recordarlos siempre…

y tenerte en mi mente…

hasta el fin de los tiempos.



Mimi que lo oía, pensó por un momento y miró el reloj del parque…un minuto, un simple minuto más…

Se dio la vuelta y corrió hacia él, mientras descolgaba un anj de plata de su cuello.

La vio llegar como un soplido de viento y sintió como unas manos frías como el hielo le acariciaban el cuello y algo extremadamente frío comenzaba a congelar su pecho.



-No temas, sólo es algo para que no vuelvas a sentir que te abandonan…



Él la abrazó y despacio dejó que el frío le fuera tomando, mientras oía a Mimi pronunciar unas palabras.



Serás piedra

Y como si plomo fueras,

Nadie te moverá

Nadie querrá hacerlo,

Solo los pájaros te verán

Y las flores vendrán cada cien años

A cuidar de ti

Hasta el fin de los tiempos.



Mimi abrió los ojos y pudo sentirle rígido, frío, sin vida…Y pudo sentir también el viento que sopló despacio, transformándola en nieve y haciéndola desaparecer en el aire.

Tan solo quedó una escultura de piedra de un hombre abrazando el aire, junto a unos ropajes negros y un sombrero muy simpático, tal como lo hubieran definido un día antes.



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Y pasaron los años, y las ciudades cambiaron, y los árboles murieron y plantaron otros nuevos, la ciudad creció y se hizo más alta, más oscura, más inanimada, y aquel pequeño parque permaneció casi intacto. Y la muerte vino y se llevó a muchos; y extrañamente, cada cien años, una rosa aparecía junto a la escultura que nadie conocía, y nadie miraba.

Y fue así, durante mucho tiempo. La ciudad desapareció y volvió, todo creció de nuevo a su alrededor, pero la escultura permaneció inmutable, abrazando el aire…

Mucho tiempo después, cuando ya ni siquiera quedaban rosas…una lágrima rodó hasta llegar al suelo…

Y el aire dejó de ser abrazado, mientras una rosa caía al suelo.

Aquella figura casi pierde el equilibrio, pero una mano surgida de la nada, la tomó y la atrajo hacia si…



-Wow…casi me caigo…

-Llevas mucho tiempo en la misma postura…creo que deberías practicar aquellos ejercicios de nuevo…

-Sí, tal vez…



Y delante de él, Mimi, sonriente, sin su sombrero ni sus botas, le daba la mano desde una brecha en la nada, mostrándole un campo verde y unos árboles al fondo.



-Así que ya terminó todo ¿eh?

-Sí, sólo quedas tú…

-Ah, interesante, no sabía que yo también tendría que hacerlo

-Bueno, ya te puedes imaginar cómo van las cosas…

-Sí, aunque tampoco importa…



Ambas figuras, recortadas cada una en su mundo, rieron ampliamente y mientras todavía sonreían con los ojos entrecerrados, él avanzó hacia la brecha, dejando tras de si una rosa de aire, y un universo exhausto y muerto.

Mientras cruzaba la brecha, tuvo una sensación extraña, como si hubiera muerto.



-Que extraño es morir…

-Si, bueno algo sé de eso…

-Cada cien años, verdad?

-Si.



Y mientras Mimi sonreía y la brecha se cerraba, se besaron, despacio, como si hiciera millones de años que lo esperaban.



Fin.

(por fin lo terminé)

 



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