Lanzas y Hachas (II) |
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06-03-2003 17:27
Por: Munnin
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Aqui viene la segunda parte de la gran batalla que aconteció entre el Emil, Duque de Lenoir, y el poderoso rey enano Uleric Fergson.
Los caballeros del reino volvieron a formar en la cuña bretoniana, la célebre formación que les habìa hecho invencibles en la carga.
El rey enano se movió entre sus martilladores para hacer frente a los griales. En cuanto lo distinguió, el duque Emil levantó su espada de doble puño y lo descargó con todas sus fuerzas sobre el casco de Uleric. Se oyó algo semejante a un campanazo que casi le sacó el arma de las manos. Golpeó dos veces más sin resultado, pero la cuarta, un tajo horizontal, encontró un punto débil en la armadura de gromril, justo en el cuello. La sangre enana manchó el acero del duque.
Pero el rey enano, rugiò como un oso y contestó al ataque con su hacha, que manejaba con una fuerza terrible. Los caballeros de grial caìan uno tras otro a los pies del líder de los enanos, sin que les sirvieran de nada su habilidad ni sus armaduras.
Emil gritó al ver la flor de la caballería destruída y atacó una y otra vez. Los martilladores caían ante él mientras picaba espuelas para que su semental, que echaba espuma por la boca, se abriera paso entre ellos.
Entonces se oyó la nota aguda y clara de una trompeta, y el trueno de los cascos de los caballos en una carga, y supo, aunque no podía verlos por el estrecho visor, que sus fieles caballeros venían en su ayuda.
Y así fue: Los caballeros del Reino, al ver a su señor en peligro, cargaron contra los fieros enanos con las lanzas en ristre. Lanzaban gritos invocando a la Dama para que les diera fuerzas, y quizá la Señora les oyera, porque mataron a todos y cada uno de los martilladores que quedaban, sin excepción.
Uleric quedó solo, rodeado de enemigos. Los caballeros quisieron derribarle azuzando contra él sus monturas, pero resistió sus embates como la roca resiste las olas que rompen contra ella.
Alzó su hacha. A pesar del uso que le había dado y la sangre que había probado, aún brillaba con el brillo frío de la muerte. Trazó un arco con ella, y todos los que se encontraban en ese arco, fueran caballeros o caballos, cayeron y murieron.
Emil atacó con más furia aún. Ya había perdido a los griales y no iba a permitir que más caballeros murieran aquel día. Golpeó con fuerza y habilidad, pero no sólo el duro gromril protegía al rey enano: alguna extraña clase de magia le impedía herirlo (el rey enano tenía una tirada de salvación por armadura de 1+ que podía repetir y una tirada de salvación especial 4+. Es decir, tenía que sacar tres o menos tres veces seguidas para resultar herido con mis cuatro ataques de F6).
La frustración le volvía loco. Más y más caballeros caían ante Uleric, que cantaba con voz ronca en su ruda lengua. Una unidad casi intacta de enanos, al mando del herrero rúnico superviviente, corría en apoyo de su rey. Las doncellas lo vieron e invocaron con su magia rayos para que les fulminaran: A pesar de los poderes del herrero rúnico, muchos enanos cayeron.
En medio de la llanura seguían peleando el duque y el rey, dos de los más fieros guerreros que el Viejo Mundo hubiera visto jamás. Aullaban y jadeaban como animales. El hacha enana hirió al duque en un costado, a pesar de la armadura encantada que lucía, pero siguió golpeando con su espadón, que casi no tenía ya filo.
Gognir, el herrero, al ver a su señor tan apurado, se adelantó para ir en su ayuda abandonando la apretada formación de guerreros del clan. Invocó a los dioses que moran bajo las montañas y arremetió contra el Duque de Lenoir.
Éste, fuera de sí, le decapitó, y la sangre del valiente herrero rúnico salpicó el yelmo del rey Uleric.
Éste se llevó un guantelete al visor del casco y pareció vacilar, como si la muerte le hubiera conmocionado Entonces Emil de Lenoir lanzó un grito presagiando la victoria.
- ¡El Rey y la Dama!
Y agitó la espada sobre su cabeza. Y Uleric, para vergüenza de los suyos, huyó, y Emil le persiguió, y dejó que su agotada montura lo pisoteara.
Al ver esto, los enanos que aún quedaban y que se dirigían hacia el Duque lanzaron gritos de lamento, y aceleraron el paso.
Emil los miró con un cansanció infinito. Se despojó del yelmo adornado con un hipogrifo dorado y se retiró la cofia de malla. Envainó la pesada espada, cuyo filo parecía el de una sierra, e hizo señal a sus dos doncellas para que se acercaran.
Las dos hermosas hechiceras situaron sus caballos junto a él, y esperaron sus órdenes.
Emil señaló a los enanos avanzaban al paso, jurando venganza, agitando su estandarte de bronce y sus armas de acero.
- Matadlos.-fue lo único que dijo.
Y las doncellas alzaron sus manos y desgarraron el cielo: truenos y rayos cayeron sobre los enanos mientras seguían avanzando. Sabían que ninguno lo conseguiría, pero continuaron porque su rey había muerto y su matador aún vivía y ellos no podían volver a su montaña con una noticia como esa. Prefirieron morir, sin ningún herrero rúnico que les protegiera.
Y cuando por fín cesaron los rayos sólo el Duque Emil de Lenoir y sus dos hechiceras y unos arqueros de leva que contemplaban la escena sobrecogidos.
No era en realidad una victoria: Los caballeros del Grial y del Reino había sido exterminados, luchando por su señor y por la Dama del Lago, y los caballeros Noveles habían perdido el honor al abandonar el campo de batalla y caído en desgracia. El mismo Duque había sido herido y sus mesnadas, aniquiladas.
Ordenó a los arqueros que despojaran a Uleric de sus armas y armadura y que remataran a todos los enanos supervivientesy los enterarán. La armadura del enano fue colocada sobre un pedestal en el gran salón del castillo. Elduque mandó grabar una frase en el pedestal: "duerme, no le despiertes".
Había aprendido lo amargo que es luchar contra los enanos.
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