1. Del diario de Laurana |
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21-04-2003 22:37
Por: Molisar
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Frases del Diario de Laurana
Veo lejos.
Solo bruma. Solo vacío.
Aun así siento, angustía, dolor.
Todos gritan alla arriba. Y se ve una gran sombra.
¿Qué es todo esto?
Casí me desmayé. El bárbaro me sostuvo.
Un gran dragón, nos habló. Un gran vacío me cubre.
Fuego mata a todo el pueblo entero. Apreto los puños.
Escucho esa amenaza de muerte y vuelvo en mí.
Casí se sale el corazón del pecho.
Todos están afectados.
Ni yo me puedo calmar.
Nos marchamos.
De nuevo, al mar.
Esconde cosas el mar.
Por eso le respeto.
Los veo a todos.
El joven semikender, conversando tan rápido y fluído.
Quisiera saber hablar tantas estúpidecez.
Aerin está con una lobita jugando. Agachada sonríe. Creo que no sorrío así hace mucho tiempo.
Veo la cielo. Y Rakú responde: aquí estoy.
El bárbaro y el capitán, se hablan. Son extraños, corajudos y maleducados.
Se dejan llevar por sus emociones más básicas.
Un semielfo y un ranger.
¿Cuánto más nos va a pasar?
Mi respuesta no se hace esperar.
Se me eriza la piel.
Consagro el lugar, y la luz me permite ver claramente: la bruma se transforma y para ellos soy indetectable. Son muertos vivientes.
El bárbaro abre los ojos como platos.
- Mi espada no mata a la niebla. Elfa ¿que puedo hacer?
Sin poder responderle me desvanezco, me vuelvo bruma.
Veo a Aerin y al semielfo atrapados por cuatro de estas criaturas.
Hechizo a Aerin y la vuelvo indetectable. Ella está paralizada.
La arrastro como puedo y llego hasta el semielfo.
El pobre está inconciente.Al final aunque sea un desertor, está luchando con nosotros.
Me arrodillo.Lo curo.
Una sombra fantasmal.
El bárbaro va de frente contra ella. Otra vez no…
Voy hasta el,
-Bárbaro, es un hechizo que te doy no te asustes-le digo
El sólo se detiene para tomar impulso y herir al espectro.
De lejos ataco con mis flechas mágicas, sin dejar de vigilar a Aerin que corre para ayudar al ranger.
Caen dos de la compañía.
Voy y trato de ayudarlos.
Es imposible algo con lo que no puedo.
El espectro desaparece y con el la bruma.
Todos están bien.
Visito a Grunt, a Frederick, a Nolek.
¡Que extraños son los hombres!
Te dan la palabra y cuando los necesitas no te ayudan.
Hablan y ocultan cosas.
No hablan.
Te llaman y si preguntas su motivo te tiran la puerta en la cara.
Es de madera vencida por el tiempo y el salitre.
Todos los demás están adentro de este camarote.
Subo a proa.
Rakú no se ve.
La llamo y mi voz se la lleva el viento salado:
“ au aika awawie”
(lejos crueles han pasado)
-voy Laurana.
Me siento en el piso.
Se monta en mi brazo.
Y me quedo con ella.
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