Los condenados de Ulthuan (2a parte) |
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13-05-2003 18:43
Por: Elltharion
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El asalto al castillo es cuestión de dias, los goblins han reunido un immenso ejercito capaz de derrotar cualquier otro que gose oponersele...Continuación de la misteriosa historia de los Condenados de Ulthuan.
Snaik se despertó del trance. Su aprendiz Kinrzhok “el manitaz” había entrado en su rudimentaria tienda de cuero y pieles de bisonte:
- Maldito zeaz! Acabaz de interrumpirme en una entrevizta con el Gran Verde! – rugió el maestro encolerizado.
- Perdoneme gran zeñor, ezte guzano immundo no quería moleztar en abzoluto. Zolo venía a dezirle que los exploradorez ya han regrezado. – se apresuró a disculparse el otro.
Snaik salió de su habitáculo, refumfuñando sobre la ineptitud de ciertos goblins de su tribu. Delante de él, veinte lobos enormes, con sus respectivos jinetes, formaron y practicaron una torpe reverencia montada que acabó con tres de ellos por el suelo.
Acto seguido, el jefe del grupo, Troz, descabalgó y se dirigió a su líder con una voz potente y cavernosa, muy rara en un goblin:
- Como vez, gran zeñor, hemoz vuelto enteroz de la mizión que noz encargazte. Topamoz con una expedizión de torpes skavenz, tal y como profetizazte y los aniquilamos a todoz con una única y devaztadora carga.
- Bien hecho, Troz. Zupongo que ademaz me habréiz traído lo que hoz pedí…
Otro jinete se acercó con su montura, depositó un fardo de mediano tamaño encima de una gran roca que había a modo de mesa y volvió a su posición dentro de la formación.
Snaik, complacido e impresionado de la disciplina de estos goblins, se acercó a la mesa ceremonialmente, pareciendo estar realizando algún ritual en el que los dioses le autorizarían para utilizar tan preciado objeto contenido dentro de ese trapo.
Cuando por fin llegó, no pudo contener más su emoción y los desenvolvió ràpidamente. De dentro salió una cabeza en miniatura de lo que parecía un feroz orco negro. Hasta estaba equipada para la guerra, con un casco todo metalizado y reforzado con toda clase de pinchos. De su boca salían dos enormes colmillos muy afilados, también provistos de piezas metalizadas, signo claro de que también se usaban en las batallas. El detalle más relevante de toda la cabeza era un enorme cuerno provinente de la frente , que traspasaba el casco grácias a un agujero hecho a medida:
- Kontemplad la kabeza de Blok! Gran zeñor de la guerra destruktor de taponez!- gritó él, pero en ver que sus subordinados no sabían de qué hablaba, les reciminó- Eztupidaz larvaz kria moho…El gran Blok! Héroe de la guerra del gran zopapo…El que hizo el trato kon el demonio Griz’el!- gritó ya desesperado
Finalmente, los goblins más “inteligentes” captaron lo que quería decir y lo explicaron a sus compañeros menos iluminados con palabras que ellos entendían mejor que las de su jefe.
- Bien zerebroz de mozquito, ahora que me habéis entendido, preparad el ekipo necesario para la marcha - y a sus generales - Zeñorez, zíganme, tenemos que preparar el azalto.
- Otra vez no! - gritó Skrnagask desesperado - Ya es la séptima vez! Qué les pasa?
Hacía días que intentaba animar a los cadáveres de los caballeros bretonianos caídos en la batalla anterior, pero cada vez que alzaba a uno, se desmoronaba al instante, convirtiéndose en polvo.
- Cómo puede ser? Estoy seguro de que lo hago todo a la perfección…No! - se alarmó por fin en comprender el motivo por el qual no conseguía someterlos a su voluntad – No puede ser, creí que sólo eran rumores…Como puede vencerme esta diosa en el campo que más controlo?
Todos los recuerdos de cómo descubrió tal hazaña le vinieron a la memoria. Hace decenas de años, había encargado a un mozo que le trayera un ejemplar del poder mágico de las bendiciones, en previsión del ataque que ocurriría años después. Cuando ya terminaba su lectura, descubrió un apartado dedicado a la protección contra la profanación de cadáveres, en el que se indicaba cómo la dama concedía esa bendición a los caballeros que más fieles le eran. No prestó mucha atención, pues pensaba que las bendiciones sólo afectaban a los ánimos de los soldados y que bajo ningún concepto, influían mágicamente. Más aún cuando tenía que impedir su poderoso arte.
Ahora, justo cuando más necesitaba a estos caballeros entre sus filas, le fallaban sus poderes frente a una cosa que creyó inexistente.
“Almenos los hombres a pie no tienen esta protección” pensó “ y tengo a su general!” se recordó para animarse “Pero este pequeño fracaso me retendrá más tiempo. Tendré que buscar refuerzos en algún sitio.”
Skazz paró con su escudo una antes ornamentada espada, ahora oxidada. Sin ningún miramiento, atravesó al debilucho goblin con su enorme machete yu propinó una patada a otro que se le acercaba a trompicones.
- Ya bazta! -gritó enfurecido el jefe del grupo de orcos de Skazz, un enorme y feroz orco negro asignado a su unidad por el mismo Snaik, con la esperanza de que pudiera contener a la, siempre dispuesta a pelearse, tribu de Zorek Ozo Zangriento- Komo no paréiz oz parto la krizma con miz propiaz manoz!
Pero no dejó tiempo para que respondieran, antes de terminar la frase ya había empezado a repartir la ración diaria de puñetazos que necesita todo orco o goblin para que se comporte como Gorko manda. Se deshizo de un empujón al primero que se encontró, cogió dos cabezas que encontró por allí y las estampó entre ellas, provocando unos ruidosos gritos de dolor por parte de los agredidos.
Justo cuando empezaba a gustarle se oyó una voz por encima de toda lo que ya era batalla campal:
- Ze puede zaber que está pazando akí?!
El propietario de esta voz estaba situado delante de una tienda que todos reconocieron como la del jefe de los jinetes de lobo. Estaba recubierta de pieles de oso negro que él mismo había cazado en sus numerosas expediciones al bosque de Derkwood, donde aquella especie era famosa por su tremenda ferocidad cuando se sentían acosados:
- Komo podéiz eztar luchando entre vozotroz kuando tendréiz pelea de zobra dentro de pocos díaz? Guardaoz ezta energía ke tenéiz para el kombate. -y, girándose hacia el interior de la tienda- Ya eztá zolucionado, zeñor. Podéiz zalir.
Snaik salió de la tienda apoyado en un largo bastón y envuelto en sus túnicas de batalla, provista de numerosos bolsillos donde esconder los componentes de los hechizos. Su cara, ahora pintada y llena de runas arcanas salvaguardadoras de cualquier ataque terrenal, mostraba una rígida mueca de zeriedad:
- Todoz loz detallez ya eztán ultimadoz. Empieza la konkizta del mundo en el nombre de Gorko y Morko!
Y todas las tropas respondieron con un impresionante grito.
- Señor! Señor! Los exploradores han vuelto! – era el capitán de la guardia delpuente, quién así había hablado.
- Y bién?- contestó su señor, noble de la región y dueño del castillo en el que se encontraban.
- Los lugareños tenían razón al decir que las tribus de pielesverdes de la región se habían marchado. Los exploradores aseguran haber rastreado palmo a palmo tod bosque, llanura o montaña existente, señor, y no han encontrado ningún rastro.
- Entonces, cuál es el problema?
- Se han agrupaod, señor, han formado un immenso ejército capaz de derrotar al del mismisimo Magnus. Sus guerreros se cuentan por miles y solo la avanzadilla supera en dos a uno a nuestro ejercito, señor.
- Diós mío! Tenemos que prepararnos para el asalto! Sin duda alguna quieren conquistar este punto clave en el comercio imperial!
- No hay tiempo, señor. Ya están aquí.
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