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Narro la leyenda gallega de Breogan desde el punto de vista de un joven celta
Breth en la conquista de Irlanda
Breth, un joven muchacho celta, estaba en la ciudad de Brigantia, al pié de la Gran Torre. Hasta allí había seguido al gran rey Breogán, el mítico padre de la nación gallega. Era una mañana clara y el poderoso rey había subido hasta lo alto de la Torre. Breth observó a su señor bajando de las alturas con su hijo Milé. El joven se acercó con cuidado para conseguir captar algo de la conversación que mantenían padre e hijo. Por lo visto, Breogán aseguraba que había visto las verdes praderas de Eire, hoy conocida como Irlanda, desde lo alto de la Gran Torre e intentaba alentar a Milé a la conquista de estas tierras. El valiente Milé, que había nacido en el reino de Galecia, harto de la paz que reinaba en esta extrema parte de Europa y ansioso de aventuras, aceptó la proposición de su padre.
Breth era amigo de Amerghin, uno de los siete hijos de Milé y Bardo Real de Galecia. Cando oyó la conversación, fue corriendo junto a su amigo e le contó todo. Amerghin sonrió y dijo con humor:
-¡Este padre mío...! ¡Mira que le gusta la acción!
-¿Piensas ir con él? -preguntó Breth.
-No -dijo Amerghin-, yo prefiero quedarme aquí tocando a gaita.
-¿Y alguno de tus hermanos piensa ir con él? -dijo Breth.
-No creo -dijo el Bardo-, pero no porque no quieran ir. No creo que mi padre les permitiera ir. Es peligroso. ¿Por qué preguntas tanto por eso?
-Es que quiero ir con tu padre -contestó el joven-. Ya tengo dieciocho años y quiero ser ya un hombre.
-Ah, entiendo -dijo Amerghin-, quieres hacer un acto de honor para que se te considere un hombre.
-Sí.
-Lo siento -dijo el Bardo-, no creo que puedas ir. Cuando mi padre tiene algo en la cabeza, lo intenta hacer lo antes posible. Seguramente partirá mañana mismo.
Y así fue. Al día siguiente, el gran y valiente guerrero Milé partió en una nave fuertemente armada rumbo a Eire. Llevaba varios guerreros más y se adentró en el mar. El rey Breogán lo despidió en el puerto de Brigantia y observó cómo se alejaba en el horizonte. Breth también vio como se iba la enorme nave rumbo al norte. Amerghin tocó una preciosa canción para despedir a su valiente padre.
Ahora tan solo tenían que esperar a que Milé volviese con las noticias de la conquista de Eire. Un hombre como le podría conseguirlo. Sin embargo, pasaban los días e no recibían noticias de Milé. Su padre, Breogán, estaba preocupado. Si fuera algo más joven iría a buscarlo él mismo, pero ya era viejo. Breth acompañaba a Amerghin e intentaba animar a su amigo, que estaba tan preocupado o más que su abuelo. No perdía la esperanza de volver a ver a su padre. Quizás había tenido algún imprevisto que estaba retrasando su llegada. Pero, por otro lado, Eire era un lugar desconocido para ellos, no sabían lo que se iban a encontrar en aquel lugar. Esto era lo que más inquietaba a Amerghin.
Unas semanas más tarde, recibieron la noticia de que Milé había muerto en Eire. Por lo visto, en esta tierra el valiente hijo de Breogán había resultado muerto a manos de los tres reyes de los “Túatha de Dannan”, que eran unas tribus celtas pre-gaélicas que habitaban Irlanda. Sus siete hijos recibieron la nueva con gran pesar. Locos de rabia, los siete hermanos, entre los que se encontraban los legendarios Eber, Eremon y también Amerghin, y acompañados por Breth, se lanzaron al mar para vengar a su padre.
Diviciacus, un viejo y experimentado druida, acompañó a los valientes guerreros en su travesía para ayudarles en la inminente batalla. Prepararon una formación de varias naves e se dirigieron a la aventura. Breth ayudo como el que más en los preparativos e todos vieron en él a un muchacho trabajador y valiente. A los barcos les llamaron Milessios en honor al padre de los siete hermanos, Milé. Ahora sólo tenían que esperar a llegar a las costas de Eire y vengar la muerte de su padre. Los barcos Milessios navegaban rápidamente hacia el otro lado del mar y todos estaban impacientes por llegar. Breth pasaba la mayor parte del tempo con su amigo Amerghin, pero algunas veces hablaba con los otros hermanos del Bardo, especialmente con Eber e Eremon, de los que admiraba su valor e inteligencia. Los dos hermanos adiestraban al joven muchacho en las ancestratrales técnicas de combate celtas.
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