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El Imperio del Mal. Capitulo VII


Relatos de Ciencia Ficción

21-05-2003 15:38
Por: Gandalf_Mithrandir



techLos dos companeros son apresados por los cazarrecompensasCAPÍTULO 7º: El planeta de cazarrecomp
Así, Jhon empezó a gemir y babearse fingidamente, haciéndose el enfermo. El vigilante se fijó en él curiosamente, por no se lo creyó. Después se dio cuenta de su aspecto enfermizo y fue a atenderle. “Que se nos muere”, pensó el vigilante. Cuando el vigilante abrió la puerta y entró, Tanin le arreó un buen golpe en la cabeza, dejándolo sin sentido. Después Tanin y Smith, dando puñetazos y patadas a los vigilantes, lograron llegar junto a sus armas. Con las armas en las manos les sería más fácil escapar del edificio carcelario e ir junto a su nave.
-Por aquí -gritó el remuliano.
-¿Por qué por allí? -replicó Jhon.
-Sigo mi instinto -respondió Tanin.

Corrieron por el edificio rápidamente. Se les cruzaron varios vigilantes con armas paralizadoras, pero Tanin y Jhon se limitaron a dispararles con sus armas. Pronto salieron del edificio y se situaron en las calles de una gran ciudad. Ahora sólo faltaba hallar su nave espacial, pero... ¿dónde la encontrarían?, era como buscar una aguja en un pajar. No sabían por donde empezar.
-¿Dónde estará nuestra nave espacial? -le preguntó Jhon Smith a Tanin Mcmorth.
-En aquel lugar -respondió el remuliano señalando con el dedo a un edificio.
-¿Cómo lo sabes?
-Porque escrito en la entrada pone “HANGAR DE NAVES ESPACIALES DE LAS CAPTURAS” -se limitó a responder Tanin, ante el ridículo que había cometido Jhon.

Así que se dirigieron a ese hangar y, al llegar a la entrada, un hombre les detuvo, diciendo que no estaban autorizados para entrar allí, y Tanin sacó su FULMINATION y se la puso al guardián en la sien. En los oídos del hombre sonó un “Quieto o te mato, llévanos al hangar” bastante convincente. De esta forma el remuliano y Jhon avanzaron hacia el hangar con el hombre agarrado. Aquel tipo gemía debido al miedo que tenía a ser asesinado por el arma de Tanin. Pronto llegaron al lugar donde se encontraban innumerables naves espaciales ajenas al planeta.
-¿Dónde está la nuestra? -gritó el remuliano-. A ver. ¡Responde de una vez!
-¿Cuál es? -preguntó temblando el hombre.
-¡La de la Unión Estelar! -chilló furioso Tanin Mcmorth-. ¡Responde de una vez!
-Síganme.

Los dos compañeros acompañaron al vigilante por un grupo de naves espaciales que estaban colocadas en sus respectivos sitios de descanso. Al final, en una de las plazas, estaba su navío estelar, el de la Unión Estelar. Estaba magníficamente cuidada, pero todavía se le notaba la carga que rodeaba al vehículo: la nave estaba rodeada por una luz azul brillante.
-Desparalízala -ordenó Tanin.
-No puedo -gimió el hombre.
Tanin apretó un poco más el gatillo.
-Yo creo que SÍ puedes hacerlo -dijo el remuliano, intensificando su tono de voz.
-Es posible que sí -rectificó el otro temblando-. Como quiera usted, señor.

El hombre sacó de su bolsillo una especie de mando a distancia de televisión y, cuando apretó un botón rojo, la luz azul brillante se extinguió. Una vez ocurrido esto, el remuliano y el humano subieron por unas escaleras y entraron en su nave. Una vez dentro, conectaron los mandos de manejo y, en conjunto, la nave entera. Con una serie de maniobras, consiguieron sacar la nave del hangar y después del planeta. El hombre que estaba en el hangar llamó a los remulianos oscuros para avisarles de la noticia.
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Mutator, que estaba en su sillón de mando, fue distraído por un soldado. Era el mismo que le había dado la noticia de que los miembros de la Unión Estelar habían sido capturados. Le estaba llamando. Mutator le miró rudamente y le habló:
-¿Y ahora qué quieres?
-Señor -gruñó el soldado-, siento comunicarle que los dos prisioneros, miembros ambos de la Unión Estelar, se fugaron de la celda donde habían sido encerrados.
-¿¡Qué!? -gritó furioso Mutator-. ¿¡LOS DEJARON ESCAPAR ESOS INEPTOS!? -de la ira que sentía le pegó un tiro láser al soldado y lo mató. Se irguió de su sitio y apretó el botón de la radio. Sus órdenes sonaron contundentes-. Quiero que le den una recompensa de 1000000 de créditos al que atrape a esos dos.¡Vamos, RÁPIDO!
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Joe y Morf estaban bebiendo en el bar de la fortaleza y divirtiéndose mucho. Estaban tomando un güisqui y un bourg respectivamente. Las risas de la taberna sonaban cada vez más fuertes. Las risotadas sonaban como cañones en el campo de batalla. Había un gran ambiente en aquel lugar, pero no era precisamente agradable.

Un altavoz sonó en el bar que anunciaba que el que consiguiese capturar a los fugados recibiría la importante suma de 1000000 de créditos, cantidad sólo soñada por algunas personas.
-¿Oíste eso, Morf? -preguntó Joe.
-¿Qué si lo oí? -exclamó Morf-. ¡Uf!¡1000000 de créditos!¡Menuda fortuna!
-Tenemos que capturarlos -dijo Joe-. Seremos los hombres más ricos del planeta si lo hacemos.
-¡Tienes razón! -gritó el hombre-perro mientras lanzaba fuertes ladridos.

De esta forma, los dos amigos se dirigieron a su nave espacial y fueron en persecución de Tanin y de Jhon.
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La nave del remuliano y del humano estaba aún muy cerca del planeta de los cazarrecompensas. Sin embargo, Tanin aún no había conectado el hiperespacio. Era extraño que aún no lo hubiera hecho. Jhon le miraba de forma extraña.
-¿Por qué no conectaste todavía el hiperespacio? -preguntó-, estamos muy cerca del planeta.
-Aún no puedo -respondió el alienígena-. Y tiene una sencilla razón: el rayo paralizador bloqueó el sistema de cálculo de la nave. Hay que esperar un poco antes de que funcione bien.
-¡Tenemos que arriesgarnos! -exclamó el humano-, ¡y ahora mismo!
-¡Estás loco! -respondió Tanin-. Si hacemos eso lo más seguro es que nos estrellemos contra un meteorito o contra una estrella. Acabaremos hechos parrilla, ¿entiendes?

En ese momento la nave de Joe Montana y Morf Cánido les alcanzó en el espacio. La nave se dirigía a ellos con rapidez, moviéndose perfectamente por el cosmos. Grandes pilotos debían manejar el vehículo. La nave de la Unión Estelar se alejó de la otra, pero el navío estelar de los cazarrecompensas les siguió muy bien por donde iban. Disparó sus rayos paralizadores, que difícilmente logró esquivar Jhon a los mandos de su vehículo.

El remuliano volvió a la cápsula de disparo y comenzó la batalla con los cazadores de recompensas. Estos observaron que Tanin y Smith eran unos muy buenos pilotos y decidieron dividir la nave en dos. El vehículo de los cazarrecompensas era un Rooter, una nave que constaba a su vez de dos sub-naves, las cuales podían ser divididas. De esta guisa, Morf y Joe atacaron al navío estelar de los misioneros. Les dieron en varias partes, produciendo distintos daños. La batalla la tenían prácticamente perdida, pues se enfrentaban ahora a dos pilotos muy buenos. Jhon, para ponerle las cosas más fáciles a Tanin, conectó el sistema alternativo de disparo, que se controlaba con los mandos de manejo de la nave. La batalla seguía en el espacio con rayos y rayos por todas partes. Joe y Morf lanzaban rayos paralizadores, mientras que los dos misioneros respondían con rayos láser. A Tanin le era difícil destruir cualquiera de las naves, como ocurría con sus enemigos. Cualquiera de los bandos podía ganar la batalla. Los disparos sonaban fuertes y los espectaculares rayos iluminaban varios metros del espacio. La batalla seguía a una velocidad demencial. Los rayos enemigos chocaban entre sí, produciendo grandes explosiones ruidosas y luminosas. Las naves de los cazarrecompensas pasaban muy de cerca de la de los miembros de la Unión Estelar. Cuando estaban muy cerca se encargaban de disparar a discreción sus rayos paralizadores, que Jhon iba duramente esquivando.

Tanin apuntó con el arma de su nave al vehículo de Morf. Así, pulsó los botones que accionaban el disparo. El rayo láser dio de lleno en la nave espacial enemiga, que explotó, produciendo un enorme ruido, seguido de un fuego luminoso.
-¡Morf!¡No! -gritó apenado Joe Montana tras la muerte del hombre-perro-. ¡Grrrrrr!¡Vais a morir!¿¡Cómo os atrevéis a haberle hecho eso a mi amigo!?

El cazarrecompensas empezó a disparar al navío estelar de Tanin y de Jhon. Pero ahora no eran rayos paralizadores, eran rayos láser. El humano estaba realmente enfadado, y quería matarles, aunque ello sacrificase su recompensa de 1000000 de créditos. Los rayos impactaron en varias zonas de la nave de los misioneros, produciendo varios daños en la carrocería del vehículo. La nave tembló, casi tirando al suelo a los dos amigos. Tanin disparaba también a su vez, pero el enemigo esquivaba los rayos perfectamente. ¡Y mira que el remuliano pensaba que sin la otra nave tenía la batalla perdida! La batalla seguía alrededor del planeta de los cazarrecompensas. Tanin iba ajustando el visor del disparo para realizar sus ataques de una forma más precisa, pero esto no le ayudó mucho. Joe Montana seguía esquivándolos perfectamente. Era muy difícil derribar a un piloto tan experimentado.

Tanin seguía intentando batirle sin lograrlo. Ya estaba pensando en huir al hiperespacio y afortunadamente el sistema de cálculo ya funcionaba. Jhon entró en el hiperespacio, pero acto seguido les siguió el cazarrecompensas. El humano no conseguía zafarse de su perseguidor. La batalla ahora se desarrollaba en el hiperespacio. Jhon quiso intentar de nuevo lo de la pared del túnel, pero Tanin le detuvo antes de que hiciese cualquier cosa.
-¿Por qué me detienes, Tanin? -preguntó extrañado Smith.
-Sencillamente porque no creo que ese hombre caiga en esta trampa -respondió el remuliano.

Dicho esto, Tanin se concentró de nuevo en la dura batalla que estaba realizando. No era capaz de vencerlo. Hacía tiempo que no se enfrentaba a un piloto tan bueno como Joe Montana. Los rayos se oían en el hiperespacio como cañones en la batalla más grande. Jhon no podía distraerse ni un solo momento en pilotaje o serían fulminados por el cazarrecompensas.

El vehículo enemigo se acercaba al navío estelar de Jhon y Tanin. Estaba ya a unos pocos metros. De repente, al humano se le ocurrió un plan que no podría fallar... si le salía bien. Si lo conseguía Joe Montana no tendría salvación de una muerte segura. Si decirle nada al remuliano, Jhon Smith cambió de dirección en el túnel del hiperespacio. Tanin le miró de una forma extraña. Con calma le dijo:
-¿Por qué cambias de dirección?
-¡Calla ahora! -exclamó el humano-, es un plan.
-¿Y cuál es? -preguntó el remuliano-. Anda, cuéntamelo de una vez.
-¡Ahora no hay tiempo! -dijo Smith-, lo único que te puedo decir es que es un plan muy arriesgado.

La batalla seguía presente en el hiperespacio. Joe Montana les persiguió por el camino que había cogido el humano en el túnel del hiperespacio. Un rayo nuevo volvió a impactar en la carrocería de la nave de la Unión Estelar. Ésta estaba muy dañada. Otro impacto dio de lleno de nuevo en la carrocería. Ahora estaba al límite de su capacidad y no aguantaría un impacto más.

“Es por aquí”, pensó Jhon, “ahora tengo que hacer algunos cálculos y...”. Con unas maniobras, Smith detuvo el hiperespacio y llegó a la entrada de un campo de meteoritos. Entonces se alejó de éste para no ser arrollado por los pedruscos. Justo detrás llegó la nave de Joe.
-¡No! -chilló al ver que estaba enfrente de un súper meteorito de dimensiones descomunales-, ¡maldición!

Joe Montana se estrelló junto a su nave contra el meteorito, provocando la explosión del vehículo y, consiguientemente, la muerte de su piloto.

Tanin no se podía creer lo que había conseguido realizar Jhon Smith, una auténtica proeza.
-¡Increíble lo que has hecho! -exclamó-, ¿cómo lo has conseguido?
-Suerte -se limitó a responder el humano.

 

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