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Lance estaba al lado de un tipo alto y robusto, sin saber que Eric estaba justo detrás de él, lanzándole miradas de odio. Lance miró al tipo alto y, cuando el otro le devolvió la mirada, apartó rápidamente los ojos. Era un hombre rubio y de ojos azules, con un uniforme rojo que carecía de mangas, dejando ver sus musculosos brazos. A pesar de llevar el mismo peinado que Lance, su cara no era en absoluto ridícula. Tenía una mirada seria y severa, y no parecía tener miedo en nada.
-Veamos -prosiguió Fujishoto-, que empiecen a combatir Gars y, er…, ¡Lance!
Lance dio un respingo y se adelantó un poco. Al ver a su adversario avanzar, caminó con más confianza. Ambos subieron a una especie de tatami circular de arena y se hicieron una reverencia. Lance desenvainó su espada y observó a Gars, que portaba una larga cadena terminada en una bola con pinchos. En cuanto sonó el ¡Gong!, Gars se lanzó al ataque, desplegando su arma contra Lance. Éste, con un ágil movimiento, hizo que la cadena se enroscara en su espada y tiró de ella. Gars salió disparado en dirección a Lance, y el joven lo remató con un puñetazo. Hubo murmullos de admiración en la sala y le Maestro le dio su enhorabuena, porque había demostrado su destreza, aunque no era suficiente para derrotar a los guerreros más veteranos del templo. Eric lo miró impresionado, pero para sus adentros se decía que no era para tanto, que lo haría cualquiera.
Cuando llegó a su sitio, Lance observó que el tipo alto y robusto le observaba. Lance le devolvió la mirada y el hombre sonrió, diciéndole:
-Veo que eres muy hábil con la espada, creo que serás un gran guerrero.
-Gracias -respondió Lance-, aprendí mucho en mi casa, con mi padre.
-¿De dónde eres? -preguntó el tipo alto.
-De Goelia , ¿y tú?
Al oír el nombre del pueblo, el tipo se quedó pensativo, y luego dijo:
-Ya sé lo que pasó en Goelia , lo siento mucho. ¿A dónde te mudaste después del ataque?
-No me mudé -respondió Lance-. Yo y mi madre fuimos los únicos que se quedaron en el pueblo tras la masacre.
-¿No me digas? -exclamó el hombre-. Si te interesa saberlo, yo soy de Itory, al oeste de aquí.
Lance y el tipo siguieron hablando mientras el Maestro organizaba combates y, llegado un momento, dijo:
-Ahora me gustaría probar las habilidades de un novato contra un veterano. ¡Que suban al tatami el principiante Eric y el veterano Lot!
Eric se adelantó, pasando por delante de Lance, quien al fin cayó en la cuenta de quién era. Lo recordaba como un niño de su pueblo que, después de la batalla contra Zork, empezó a mirarlo mal. En ese instante, también le lanzó una mirada asesina. Entonces, el tipo alto sonrió y le dijo a Lance.
-Creo que es mi turno.
-¿Tú eres Lot, el veterano? -exclamó Lance.
El hombre asintió y sonrió.
Eric, sonriendo maliciosamente, subió al tatami y esperó a Lot, que portaba la misma arma que Gars, esa cadena larga terminada en una esfera de hierro con pinchos. El hombre se arrodilló, cerró los ojos y alargó la cadena de su arma con las dos manos. En cuanto sonó el “Gong”, Eric desenfundó su espada y se lanzó hacia su oponente. Alzó la tizona y descargó un potente golpe pero, en el precioso momento que la hoja golpeaba la cadena del arma de Lot, se produjo un fuerte destello y una gran energía recorrió el cuerpo de Eric, lanzándolo hacia atrás, sin sentido. Lance miraba boquiabierto la escena. Nunca había visto nada igual. Lot bajó del tatami y se acercó a Lance.
-¡Eso ha sido increíble! -exclamó el joven-, ¿cómo lo has hecho?
-No es nada del otro mundo -dijo Lot-, ya aprenderás a hacerlo. Sólo tienes que acumular la energía de tu cuerpo en tu arma.
Después de las pruebas, el Maestro Fujishoto mandó a todos los presentes ir a la sala de entrenamiento. Las prácticas iban a comenzar.
Lance llegó junto a sus compañeros a un enorme gimnasio, repleto de magníficos aparatos para entrenar. Hasta el lugar también fueron Lot y Eric. Lot fue directamente hacia una de las máquinas y empezó a ejercitarse. El Maestro dio a cada principiante una hoja de ejercicios provisional, para los primeros días. Según el papel, esos días tendrían que ejercitar el cuerpo y el alma, haciendo actividades de pesas y agilidad, para luego ser instruidos en las enseñanzas del dios Seth. Estos días pasaron con rapidez, para luego pasar a cosas más serias. Empezaron a instruirles en las técnicas de combate del templo, mientras seguían estudiando la disciplina que les impartían los profesores.
Lance pasó dos años de duro entrenamiento en el Templo de Seth, y consideraba que ya estaba listo para abandonar el lugar y buscar el lugar donde se encontraba el Demonio Rojo. Así lo expuso ante Fujishoto, quien escuchó al joven respetuosamente, y luego le dijo con voz ronca:
-Si crees que estás preparado, tendremos que hacerte una prueba, un combate.
-¿Tendré que luchar con algún novato? -preguntó Lance, recordando el primer día de su estancia en el templo.
-No -respondió el Maestro-, creo que tendrás que luchar contra otro veterano. Lot, por ejemplo.
-¿Por qué no yo? -gruñó Eric desde la puerta de la sala. Ese día, el guerrero había seguido a Lance, preguntándose a dónde iba en lugar de estar en la sala de entrenamientos, puntual como todo el mundi.
-He dicho Lot -dijo Fujishoto con voz de reproche-, y si desafías mi autoridad, serás expulsado de inmediato del templo.
-Eso no me importa -dijo Eric-, yo sólo quiero luchar contra Lance.
-De acuerdo -repuso el Maestro-. Si vences a Lance, te permitiré continuar en el templo. Si fracasas, serás expulsado.
Eric aceptó las condiciones y sonrió con malicia. Lentamente se acercó al tatami e hizo una señal a Lance para que también se acercara. El joven hizo caso de la señal y ambos subieron al círculo de arena. Lance hizo una profunda reverencia, propia del templo, pero su oponente no le devolvió el saludo. Se limitó a desenvainar su espada y a sonreír. Cuando sonó el “Gong”, Eric saltó como una fiera sobre el joven, quien detuvo el ataque con la hoja de su espada. Su oponente lanzó otra serie de fieras embestidas que Lance detuvo con dificultad. Entonces se fijó en la creciente ira que se adueñaba de Eric y se alejó de él de un salto.
-Pero, ¿qué te pasa? -le preguntó Lance-, ¿qué te he hecho?
-Quiero vengarme por lo que le hizo tu padre al mío -gruñó Eric, furioso-. Por su culpa mi padre murió en la batalla contra Zork.
-Pero Eric, había que ir. No podemos permitir que el Demonio Rojo se haga con el control de Nortia.
-¡Eso no me importa! -aulló su adversario-. ¡Mi padre sigue muerto, maldito bastardo!
Eric volvió a atacar a Lance, quien se vio obligado a detener con rapidez las embestidas. El joven comprendió que su oponente no se detendría hasta darle muerte, así que fue esta vez el que atacó. Eric se sorprendió ante la destreza de Lance y saltó hacia atrás. Cuando tocó el suelo, se lanzó de nuevo hacia su adversario, y las espadas volvieron a entrechocar. Las chispas brotaban de las armas cuando se cruzaban. En cierto momento, Eric volvió a brincar hacia atrás y concentró su energía corporal en la espada. Un rayo luminoso brotó de la hoja de su arma y se disparó hacia su enemigo, pero Lance absorbió la energía con la suya. Todos los asistentes se quedaron boquiabiertos, incluidos Eric, Lot y el propio Maestro Fujishoto. La técnica de la absorción de energía sólo la dominaban los alumnos más veteranos del templo, como Lot. Lance aprendía rápido y bien. Eric apretó los dientes con furia y corrió hacia su oponente. Éste dio un salto por encima de Eric y, cuando cayó al suelo, acumuló su energía en la espada y lanzó un rayo. Antes de que Eric pudiera volverse, el rayo impactó en él y lo lanzó fuera del tatami. Había perdido. Ahora debería abandonar el templo para siempre. El hombre se incorporó, furioso, y lanzó una mirada asesina a Lance.
-¡Esto no acabó aquí! -aulló-. ¡Nos volveremos a encontrar, y entonces de mataré!
Miró furioso a la gente, que le abucheaba con gritos de “¡Fuera, fuera!”. Entonces salió corriendo y abandonó el templo. El Maestro miró al vencedor, sonriente, y dijo:
-Has demostrado tu calidad como guerrero. Aquí ya no te podemos enseñar más. Creo que estás preparado para partir.
-Me gustaría decir algo, si se me permite -dijo Lot, adelantándose de repente.
-Creo que es un viaje muy peligroso para una sola persona -afirmó Lot-. Después de todo, el Demonio Rojo es el brazo derecho del Señor de la Oscuridad. Yo me ofrezco a acompañar al joven Lance.
-Me parece bien -dijo el Maestro-, quiero decir, si Lance está de acuerdo.
-Por supuesto -dijo el joven-. Eres bienvenido, Lot.
Así fue que Lance y Lot abandonaron el Templo de Seth esa misma noche y se encaminaron rumbo al Templo de Zorbom, según consejo de Lot.
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| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
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Muy bueno |
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04-07-2004 04:12 |
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Las partes de acción están muy bien escritas. la naración mejor que la primera parte. Me gusta que le pongas cierto humor al relato. ¿Por qué Eric no intentó matar a Lance antes de que éste se fuera de su casa? No sé. Esa parte me parece que queda en el aire. También, ¿por qué no intentó matarlo mientras dormía cuando estaban en el templo? Otra cosa es que, cuando Lance llega al templo y hacen la primera pelea para recibir a los nuevos, el maestro llama a Lance por su nombre. ¿cómo lo sabía?
De resto, me ha encantado.
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RE: Muy bueno |
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21-07-2004 13:00 |
Gracias por comentar. Puessss, supongamos que Eric no tenía fuerza suficiente para enfrentarse a Lance (después de todo, Lance ya sabía esgrima antes de ir al templo), mientras dormía en el templo había vigilancia, y los Maestros lo saben todo  .
Un saludo
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Una continuacion |
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24-12-2003 04:09 |
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El estilo mejora aunque poco. Siguen siendo demasiado hechos para tan pocas líneas y hay un punto que no acepto: Una madre nunca puede pedir venganza a un hijo. Sí, puede hacerlo, pero no es "políticamente correcto hacerlo" o al menos yo NO lo haría. Quizás un padre sí, por orgullo, hombría, frustración pero no una madre. El diálogo también necesita una revisión y la situación del "pelo-cresta" aunque pretende darle un toque de humor, no lo consigue. Luego tenemos la acumulación de energía en la espada que quizás no sea demasiado original pero no está mal aunque quizás haya sido narrado con tanta rapidez que uno llega a pensar que puede hacerlo con el cuchillo de casa.
Bueno, quizás me he pasado pero mejor una crítica eficaz que no un cúmulo de adulaciones, ¿no?. A por los siguientes.
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RE: Una continuacion |
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12-02-2004 00:17 |
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Gracias por opinar. En los primeros capítulos voy un tanto rápido, es cierto. Para mi gusto mejoran algo más tarde.
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