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La cara de la muerte


Warhammer 40.000

30-05-2003 20:03
Por: edud

Un nuevo planeta de investigar...y una historia que sucedio en realida...
Llevaban en sus rostros la muerte personificada

Recuerdo aquellos días de gloria, de grandes batallas en las que mi ejército y yo íbamos a lo largo y ancho del espacio conocido llevando la sabiduría del Emperador.

Luché con muchos a mi lado, buenos amigos algunos y malos enemigos otros. Lloré la pérdida de aquellos que me acompañaban en mis batallas, en mis días de gloria y en mis días de pena, no lloré por aquellos que me odiaban aunque me dieron lástima porque murieron odiando a uno de los suyos.

Yo era un hombre valiente y que no conocía el miedo, me enfrenté a muchos engendros que harían huir al más valeroso de los hombres y volver loco al más cuerdo de todos ellos. Grandes batallas gané en el pasado, contra enjambres de Tiránidos veloces y mortales como el rayo, contra elegantes y majestuosos Eldars, contra ejércitos del Caos corruptos y podridos por el odio, contra Orcos salvajes y despiadados, contra letales y avanzados Tau... Pero de nada sirvieron esas experiencias de batallas ganadas contra Ellos.

Recuerdo aquel día, me encomendaron la misión de reconocimiento de una zona en el planeta Nerlau 3. No me gustó que se utilizara mi ejército para ese cometido, ya que mi ejército estaba formado por guerreros, no por exploradores pero si esa era la voluntad del Emperador... Amén a su sabia palabra.

Llegamos a ese planeta después de atravesar el Espacio Disforme, el aterrizaje fue como tantos otros, sin percances. El planeta poseía un clima bastante cálido, demasiado para mi gusto, con una vegetación mas bien escasa y de pocos seres vivos a la vista, la mayoría insectos que volaban de un lado a otro sin rumbo.

Mi ejército se dividió en dos escuadras de quince soldados, la primera escuadra estaba comandada por mí y la segunda por mi hombre de confianza, mi mano derecha era como un hermano para mí, fuerte, honrado y leal.

Empezamos a explorar la zona. Eché de menos una escuadra de motos y un par de landspeeders que reconocieran la zona con más rapidez que nosotros, pero estaban en otros lugares librando batallas y allí eran más necesarios que aquí.

Al cabo de una hora andando uno de mis soldados avistó una construcción a lo lejos, de color negro como la oscuridad y verde luminoso como el jade. Decidí acercarme con mi escuadra para ver qué era y mandé a mi mano derecha que me siguiera de cerca con su escuadrón. Que estúpido fuí al acercarme a aquella construcción de aquel planeta.

Fue muy extraño, mientras andábamos hacia aquel monolito daba la sensación de que nos miraba, que nos escudriñaba con su piedra de color verde como el mar y nos llamaba para que nos acercáramos.

Yo no estaba preparado para aquello, del monolito empezaron a salir formas humanas e insectos. Eran mecánicos. Vi el rostro de la muerte, impasible y frío, frío como el hielo y brillante como el acero. Aquellas formas humanas mecánicas llamadas Necrones poseían un rostro de hierro, tan brillante como el sol y tan terrorífico como los engendros del Caos, tenían unas armas que disparaban una energía verde que parecía estar canalizada desde el propio infierno, cuando impactaban en mis hombres el metal de sus Servoarmaduras se desacía y penetraba hasta la carne y en ese punto, la carne le seguía igualmente hasta quedar solamente los huesos. Tuve miedo, mucho miedo.

Mis hombres caían de uno en uno, intentaban repeler el ataque enemigo pero era inútil, aquellos seres, los Necrones, se volvían a levantar del suelo como zombis, se autorregeneraban cuando el disparo del bolter de alguno de mis hombres impactaba en alguno de aquellos androides. Avanzaban impasibles, como un ejército que marcha al compás de los tambores, avanzaban y avanzaban, y mientras avanzaban oía el crujir de los cráneos y huesos de mis hombres muertos que eran pisoteados una y otra vez por Necrones.


Otro tipo de Necrones que eran como serpientes con cuerpo de hombre, aparecían delante de algunos de mis soldados, los descuartizaban y desaparecían como si nunca hubieran estado allí, a mis soldados no les daba tiempo a reaccionar y morían rápidamente hechos trozos. No me dio tiempo a nada, ni siquiera a dar la orden de retirada a mis soldados, solamente intentábamos no caer muertos a los pies de aquellos que llevaban el rostro de la muerte en su cara.

Cuando sólo quedábamos unos pocos intentando sobrevivir a aquella masacre lo vi. Vi a un ser que se suspendía en el aire, elegante y volátil, majestuoso y mortal. Era tan bello y a la vez tan horroroso, era la muerte personificada, ordenaba a esos androides con majestuosidad inigualable, les ordenaba matar y descuartizar sin piedad y veía como mis hombres morían a manos de esos seres.

Estaba petrificado de horror al ver a ese ser que se suspendía en el aire mientras mis soldados caían y caían muertos a mi alrededor. Un atisbo de valor surgió en mí como una chispa que enciende un motor, y fue de tal forma que pude gritar la retirada, llamé a la nave por el intercom para que nos recogiera, les di las coordenadas mientras mi hombre de confianza luchaba a mi lado con una mezcla de valor y miedo. Aguantamos hasta que la nave llegó, no tardaron mucho en llegar hasta nuestra posición, pero a mí me pareció una eternidad, aguantamos a duras penas las embestidas de los Necrones, cuando estábamos subiendo al transporte los tres hombres que quedábamos de treinta y dos que comenzamos la exploración, un rayo verde atravesó al soldado que quedaba de mi escuadrón, su armadura se pudría al igual que su carne mientras un aullido de dolor se apagaba hasta que se convirtió en huesos y caían hacia una masa de metal brillante y verde que formaban los necrones. Mientras nos elevábamos un escarabajo Necrón se avalanzó sobre el transporte y empezó a corroer el blindaje de la nave, mi mano derecha, mi hermano, disparó una ráfaga de balas con su bolter de asalto para eliminar al escarabajo y uno de los disparos impactó en el escarabajo, desvió su atención hacia él y eso le costó la vida. El escarabajo se lanzó hacia él como la luz, fue rápido, tanto que no me dio tiempo a reaccionar, el escarabajo arrastró a mi compañero hacia el vacío.

Ahora ya estoy viejo, vivo en las catacumbas de una iglesia de marines espaciales, luchando contra aquellos demonios de metal, los cuales se han convertido en mis demonios interiores, lucho una y otra y otra vez, lucho contra ellos día tras día, noche tras noche, hora tras hora, minuto a minuto... Lucho una vez más por sobrevivir contra aquellos que son la muerte personificada.

 



Edad oscura: Inquisidor
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