La venganza del cazador (5ª parte) |
|
31-05-2003 22:05
Por: Darth Cable
|
|
 |
|
Un nuevo peligro se cierne sobre el destino de Alexander, ¿encontrarán en el reino de los cíclopes la ayuda que tanto necesitan?
Canoth observó a su alrededor. A pocos metros de él estaba su compañero Arthion; ambos rodeados de los cadáveres de sus enemigos. La mayoría de los dragones estaban calcinados. Solo algunos estaban reconocibles, y los que mejor se mantenían aún eran los de Dracof y el anciano. Decidieron dejarlo todo como estaba. Debían regresar rápidamente, sus cuerpos necesitaban energía para seguir viviendo. Solo les costó una fracción de segundo. No debían hacer otra cosa que concentrarse en el lugar al que querían ir y conocer la esencia de algún ser que estuviese en el lugar en cuestión. Al llegar algunos vampiros les salieron al paso; pero al reconocerlos se retiraron, no tenían ganas de enfurecer a dos de los lugartenientes más poderosos de Gorath. El sombrío cañón en el que se encontraban estaba repleto de aquellos seres inferiores; si de ellos dependiese, habrían destruido a todos esos advenedizos y arrasado el mundo en pocos días. Pero su Señor tenía otros planes, encontrar al humano que le había derrotado en el pasado y acabar con él, al igual que con los que le habían ayudado. Para ello, aparte de a los vampiros tenía a alguien más a sus órdenes. Siguieron avanzando, cuanto más se acercaban a su destino menos de aquellos molestos seres había; hasta que llegó el momento en el que no vieron a ninguno. De improviso un enorme dragón bajó volando desde las alturas. Todo su cuerpo era de color negro; excepto, sus ojos. Unos ojos rojos, tan rojos como las llamas del mismísimo Infierno. La bestia los examinó, y tras observarlos, les permitió seguir su camino. Parecía que el Señor del Abismo había reforzado la zona. Aunque solo los habían detenido dos veces sentían numerosas presencias observándoles. Un demonio apareció de entre las sombras de un saliente de rocas.
- Llegáis tarde. Os esperábamos desde hace una hora.
- Nos entretuvieron en el valle. Pensábamos que acabaríamos pronto; pero quisimos jugar un poco.- contestó suavemente Canoth.
- Arthion, ambos sabéis que nuestro tiempo es limitado. No debemos perderlo así como así. Os he disculpado frente a Gorath, pero esta será la última vez.
- Sí, lo sabemos Magnus. ¿Aunque quién te crees que eres para reprendernos nada?- preguntó Arthion en tono irritado.
Magnus se volvió. De haber sido en otra época habría machacado a su compañero, pero ahora atesoraba cada ápice de energía que desprendía su cuerpo. Gorath había jugado bien sus cartas. Prometiéndoles volver a la vida en nuevos cuerpos, pero sin mencionar que esos cuerpos estaban ligados al espíritu del Señor del Abismo; cuanto más permanecían en el mundo exterior, más poder consumían, y en consecuencia se volvían más débiles. Aún recordaba su anterior cuerpo, forjado por la mano de los dioses; y ahora, no era más que un demonio. Un demonio con aspecto humano; sus cabellos rubios y su complexión atlética. Sus manos huesudas y frágiles, su joven rostro reflejaba una falta de años, pero él había vivido desde casi el principio de los tiempos, aunque eso ahora no importaba.
- ¿Qué quiere que hagamos ahora?- preguntó de improviso Arthion mientras caminaban a través de las dos paredes de negra roca.
- Arcturus, rey de Silvaniath, ha traicionado a nuestro Señor. En estos momentos se dirige a los dominios de los cíclopes. Nuestra misión es capturarle y traerlo vivo para dar cuenta de sus actos.
- ¿Nosotros tres contra todos los cíclopes? Será un juego de niños.- se jactó Canoth.
- Vosotros no intervendréis. Iré yo solo. Gorath quiere probar su nuevo ejército. Desea ver de lo que son capaces los guerreros que trajo consigo Menth antes de caer frente al Elegido.- respondió Magnus.- Aún tendremos tiempo si acabamos con ellos antes de que el joven humano desate sus poderes y recupere sus armas.
- Las armas están a buen recaudo.- dijo de súbito una voz.
Los tres brujos se volvieron. Justo detrás de ellos se erguía un enorme dragón negro de dos cabezas. Su cuerpo era enorme, mucho más grande que el de Dracof; y desprendía una inmensa aura mágica. Aunque se habían encontrado con cientos de criaturas, esta era una de las que más les impresionaba. Las oscuras artes de Gorath se veían latentes en la poderosa criatura. Sus alas raídas se agitaban con el fuerte viento que discurría por el cañón.
- Mientras yo tenga una de los dos objetos no tenemos nada que temer. Pero llevará tiempo dominarlo. La magia de nuestro Amo no es poderosa en el mundo físico por ahora. Y la nuestra es demasiado débil como para convertirlo a la oscuridad en pocas horas.
- Está bien, ¿qué debemos hacer ahora?- preguntó Arthion.
- Vosotros dos volveréis junto al cuarto brujo, regresad a los Infiernos, allí recuperaréis vuestra energía.- el dragón hizo una breve pausa y continuó.- Tu Magnus toma al ejército que se te ordenó. Ya están preparados y dispuestos a seguir tus órdenes. Sabes lo que debes hacer; así que, marcha ya.
|
 |
| |
|
|
|
|
 |
|