Ahora que estás en un desierto... ¿has comprado algo para beber? |
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01-06-2003 21:43
Por: Tatharina
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MASTER: Os estáis acercando al desierto. Lo notáis por que la temperatura está subiendo considerablemente. De hecho, aunque acabáis de beber hace unas horas, tenéis que hacerlo de nuevo.
ÓRPAL: Oye... ¿y queda mucho de camino? Es que se me está acabando el agua.
MASTER: ¿Cómo que se te está acabando el agua? Lleváis unos 12 días de camino, aún os quedan otros dos para llegar al desierto, más lo que tardéis en encontrar la aldea del clérigo. Teniendo en cuenta que, con el calor del desierto, tenéis que beber dos veces al día en vez de una, como siempre.
ÓRPAL: Pues entonces sólo me queda agua para día y medio.
MASTER: (Riéndome inocentemente) ¡Tío! ¡A quién se le diga...!
LEGIAN: Pues yo tengo agua para 2 días más, en esas condiciones.
TODOS: Y nosotros.
MASTER: ¿Y tú, Draco?
DRACO: Pues yo... tengo agua para unos 3 días más.
¿Qué puedo decir? Fue ese el momento en que mi garganta se secó completamente. No podía pronunciar ni una sola palabra. Entonces se me ocurrió una idea: ¡Un riachuelo! Es verdad que se encontraban continuamente animales muertos de sed a ambos lados del camino (no hacía ni dos minutos, por ejemplo), pero eso ahora daba igual. Allí mandaba yo y podían encontrarse un riachuelo de agua fresca, pura y cristalina si me daba la gana. ¡De alguna forma tenía que salvarlos de una muerte segura en el desierto de Anauroch!
MASTER: Bueno, está bien. Veis a lo lejos un arroyo.
DRACO: ¿Se puede beber el agua?
MASTER: ¡Claro! (Vaya preguntita, ¿para que te lo iba a poner en estas circunstancias, chico? ¿Para practicar tu estilo espalda?)
ENTRE TODOS: Dejamos las mochilas y las armaduras y nos metemos dentro para refrescarnos.
Allí saltaron al agua (todos menos el bárbaro). Me tranquilizó bastante escuchar al paladín recomendar al grupo que rellenasen sus cantimploras en el agua fresca del arroyo. De hecho él, así lo hizo. Unas horas después de haber descansado, continuaron el camino. Así llegaron al desierto. Tras subsanar los problemas de piel de Legian (un semi-drow) con lociones que dejé que se inventara el mago (con ingredientes como arena, rocas y chorraditas por el estilo), luchar con un escorpión y sobrevivir a una tormenta de arena, les aconsejé que bebieran. Este fue el fin...
LEGIAN: ¡En fin! ¡Sólo me queda agua para un día más!
ÓRPAL: ¡Pues yo ni para eso!
AXEL, RYO Y LAO: ¡Ni yo!
GAEL: Yo, después de rellenar algunas de las mías, tengo para un par de días más.
DRACO: Yo tampoco tengo...
¡Dios, lo que sentí! Es indescriptible. Estaba desesperada. ¡Y ya no podía hacer que surgiera de la nada un arroyo salvador! Se me ocurrió que apareciese entre las arenas un oasis pero... ¿tendría algún sentido entonces la aventura del dragón? (¡recordemos que estaba buscando comida lejos de su tierra porque en ella las altas temperaturas lo habían secado todo!) No, esa no era la solución. Realmente... ¡No la había! Me resigne al triste destino de la aventura más interesante que había leído en toda mi vida: Vhalaar, el Dragón Azul transformado en semielfo explorador había llevado a la perfección al grupo de personajes hasta el desierto para acabar con él. Daba igual ahora si la causa de su muerte era la sed, pero... el caso es que Draco correría la misma suerte. ¿¿¿Cuántos de vosotros habéis mandado un Dragón asesino a un desierto para matar a vuestros PJs y se os ha muerto de sed antes de poder intentarlo??? Lo único que se me ocurrió fue olvidarme de su sed, hacer que el dragón atacase y, cuando acabaron con él (y él con ellos, ya que mató a Ryo, Áxel y Lao), actuar como si el mago tuviese demencia senil:
GAEL: ¿Y cómo volvemos ahora al pueblo?
MASTER: Oye, Órpal, ¿tu no tenías un hechizo de puerta mágica?
ÓRPAL: (Mirando su hoja de hechizos) ¿Yo? Pues... no...
MASTER: Sí, sí que lo tienes.
ÓRPAL: No, no lo tengo.
MASTER: ¿No te acuerdas de que te lo dio el clérigo en Tinio?
ÓRPAL: ¿A mí?
MASTER: Sí, a ti. Y si no te acuerdas es igual, te lo apuntas. Ahora lo usas para transportaros a Tinio y punto.
Y así fue. Se transportaron todos a la aldea de Tinio, encontraron al verdadero Draco durmiendo cómo un bebé, lo despertaron, le contaron su increíble aventura y compraron, tras repetírselo mil veces, comida y, sobre todo, AGUA. ¿Tomarán ejemplo para la próxima aventura? Visto lo visto, yo no lo sé. El caso es que en el pueblo, Legian se empeñó en comprarse un halcón porque “tenía dinero de sobra”. ¿Y qué pasa con el agua? Como dijo uno de los PJs más tarde: “¡Para eso están los arroyos!” (en medio del desierto...). ¡En fin! ¡Qué desgracia para un master!
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