Live, rock sin etiquetas |
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11-06-2003 04:59
Por: Flashman
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La banda de Pensilvania hace alarde de clasicismo en su nuevo disco "Birds Of Pray"
LIVE – “Birds Of Pray” (2003)
Después del relativo fiasco de su anterior disco, “V” (el único que no alcanzado el disco de oro en USA), perjudicado notablemente por los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 (salió tan solo una semana después de la fatídica fecha), los norteamericanos Live retornan al sonido que les ha llevado a ser una de esas bandas que conjugan calidad artística, el éxito comercial y el respeto de público y medios. Birds Of Pray se llama ésta nueva propuesta que va directa a satisfacer a la masa de gente que disfrutó con discos como The Distance To Here (1999), Secret Samadhi (1997) o el millonario Trowing Copper (1994), sin duda, uno de los mejores discos de rock de los 90.
De primeras, no se aprecia apenas ruptura con su linea tradicional, cosa que si ocurría en V, pero aquí abandonan los experimentos funkys, la electrónica y los escarceos con el rap presentes en su anterior cd, quizá escaldados por la mediocre respuesta de la afición. Incluso la producción se muestra menos opulenta (a diferencia del apabullante Throwing Copper) que otras veces, mas discreta, con unos temas más cortos, como pretendiendo hacer valer la máxima de “menos es más”, pero en ningún momento el disco peca de insuficiente o parco en esta faceta.
La verdad es que técnicamente no hay peros que poner, la coherencia preside toda la grabación y en el paladar queda un sabor a rock clásico de corte americano, demasiado cañero para los adeptos al pop y demasiado blando para los rockeros más duros. Rock a secas y sin aditivos. Pero la banda de Ed Kowalczyck no trabaja en función de las etiquetas que cada uno le cuelgue, hacen rock por sus potentes guitarras, sin mayor artificio, con algún aporte acústico si acaso, y con buenos temas de esos que se quedan fácilmente en la memoria como Heaven, The Sanctify Of Dreams, Lighthouse, Out Of Dry…, la verdad es que son bastantes los que se ajustan a esa descripción.
Los de Pensilvania se saben una banda asentada, con una identidad propia y con un hueco hecho entre un público fiel, al que no han querido someter a sobresaltos como los devaneos que V hacía con la modernidad (pese a sus buenos resultados artísticos). Es, sin duda, una apuesta segura.
Calificación sobre 10: 7,5
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